El dedazo

Debo confesar que durante años estuve obsesionado con el fenómeno político del dedazo. De joven no podía entender cómo un presidente le pasaba el poder a su sucesor mientras millones de mexicanos veían el cínico espectáculo sin protestar y como si fuera lo más normal.

 

Ahora Enrique Peña Nieto ha hecho lo mismo. La única diferencia es que su destapado, José Antonio Meade, no tiene asegurada la presidencia.

 

Los priístas no han aprendido nada. En la selección de Meade no existió ni la menor pretensión democrática. No hubo votaciones ni convenciones. Nada. Peña Nieto sacó su dedo y escogió a Meade. El, religiosamente, le pidió al Partido Revolucionario Institucional (PRI) “háganme suyo”. La caballada lo abrazó y, a cambio, ahora le toca a Meade defender un partido responsable de fraudes históricos, de las masacres de Tlatelolco y de Tlatlaya, y del encubrimiento de propiedades como la colina del perro y la Casa Blanca, entre muchas otras cosas.

 

¿Trabajar con alguien como Peña Nieto no te hace su cómplice?

 

La primera pregunta que hay que hacerle a Meade es si investigará, de manera independiente, a Peña Nieto y a su esposa por la compra de una casa de siete millones de dólares a un contratista del gobierno. Me imagino la respuesta.

 

Me imagino, también, la resistencia de Meade para criticar a un gobierno en el que han asesinado a más de 93 mil mexicanos, en el que desaparecieron a 43 jóvenes de Ayotzinapa y en donde la impunidad rasca el 100 por ciento. Meade, aunque fuera un santo, nunca podrá zafarse de ese abracito de lado, con palmaditas, que le dio Peña Nieto cuando se anunció que iba por la presidencia.

 

Una amiga que conoce bien a Meade me llamó para decirme que es una persona muy capacitada. Quizás. Pero el punto no es ese. Lo escogieron de una manera antidemocrática y está mortalmente ligado a Peña Nieto.

 

Hace 18 años que no había un dedazo en México. El último fue en 1999 cuando el presidente Ernesto Zedillo aprobó la candidatura de Francisco Labastida.

 

En esa ocasión, por lo menos, hicieron un teatrito. Labastida ganó más votos que su contrincante dentro del mismo partido pero, aún así, hubo que esperar la bendición tradicional del presidente.

Lo asqueroso del dedazo de Peña Nieto es que ni siquiera buscó el apoyo de otros. ¿Para qué? Me recuerda tanto los dos dedazos de Carlos Salinas de Goartari; primero por Luis Donaldo Colosio y luego por Ernesto Zedillo. Burdos y totalmente personales.

 

Lo que está muy claro es que en México todavía existe un grupito que cree que puede perpetuarse en el poder por sus contactos personales y con las prácticas más oscuras. Seguramente ya llevo muchos años en el extranjero y se me ha olvidado cómo funcionan las cosas en México. Pero en Estados Unidos, por ejemplo, sería impensable que un candidato ganara la nominación de su partido -Demócrata o Republicano- solo porque así lo quiso el presidente en turno. Ni Donald Trump hubiera podido hacer eso.

 

Para Peña Nieto este dedazo (versión 2017) era la mejor opción y no me sorprendería que intentara usar recursos del gobierno para apoyar la campaña de Meade. La principal preocupación de Peña Nieto es que el próximo presidente lo vaya a investigar por corrupción o por no proteger los derechos humanos, y que sea el primer expresidente mexicano en una cárcel. Por eso necesitaba a un candidato incondicional y, aparentemente, lo encontró en Meade.

 

Pero quizás ni eso salve a Peña Nieto. Primero, su candidato tendría que ganar y eso está por verse. Segundo, los candidatos presidenciales en México son famosos por traicionar a quien los escogió (¿o ya se les olvidó lo que le pasó a Salinas de Gortari durante la presidencia de Zedillo?). Y tercero, las faltas de Peña Nieto son tan grandes que nada ni nadie podrá defenderlo. Ya es hora que los expresidentes empiecen a sentir un poquito de miedo.

 

Esta terrible falta de cultura democrática no es exclusiva del PRI. Si cualquier otro partido en México da un dedazo -o peor aún, un autodedazo- habrá que denunciarlo con la misma fuerza.

 

El dedazo es la mayor señal de arrogancia del viejo sistema político. El primero de julio del 2018 los mexicanos decidirán si quieren más de lo mismo. Y el PRI ya nos dio un adelanto.

 

 

Los magos del “Fake News”

Por Jorge Ramos

Donald Trump miente muchísimo. Pero casi seis décadas viviendo en México y cubriendo América Latina como periodista, me han preparado muy bien para dudar de casi todo lo que dice el presidente de Estados Unidos.

 

Hay mentiras muy obvias. Cuando Trump dijo que los inmigrantes mexicanos eran “violadores” o que su ceremonia de toma de posesión fue la más grande en la historia, bastaba ver las estadísticas y un par de fotos para darnos cuenta que eso no era cierto.

 

El problema es que Trump miente más de cinco veces diarias, en promedio. Un recuento del diario The Washington Post concluyó que Trump mintió o hizo afirmaciones engañosas en 1.628 ocasiones durante sus primeros 298 días de gobierno.

 

Pero por alguna extraña razón esto no me escandaliza. Me fogueé en Latinoamérica y estoy acostumbrado a políticos que mienten regularmente. Yo conocí a los magos del fake news antes que Trump se apareciera.

 

Hugo Chávez era un gran mentiroso. Recuerdo cuando el candidato Hugo Chávez me aseguró en 1998 que si llegaba a la presidencia entregaría el poder en cinco años o menos y que no nacionalizaría empresas privadas ni los medios de difusión. El dictador se murió luego de 14 años en el poder, censuró a todos los canales y estableció las bases para el actual desastre económico que vive Venezuela. (Aquí está el video con las tres mentiras de Chávez)

 

Cuando le pregunté al candidato Chávez sobre Cuba, me dijo: “Sí es una dictadura”. Pero una vez que llegó a la presidencia, Chávez nunca lo volvió a repetir. Al contrario, buscó la orientación de Fidel Castro.

 

Fidel Castro también fue un gran mentiroso. Bajo la excusa de la soberanía y la defensa de la revolución, impuso un sistema con él como único líder. Esa democracia a la cubana lo dejó en el poder durante 52 años (desde 1959 hasta el 2011). Y luego, groseramente, le transfirió el poder a su hermano, Raúl, por dedazo.

 

Los políticos mexicanos perfeccionaron el arte del dedazo. Desde 1929 hasta el 2000 el presidente en turno escogía a su sucesor. Pero lo asombroso era todo el teatro que se inventaban para tratar de hacernos creer que el pueblo los había elegido.

 

 

 

 

Hay muchos ejemplos. Pero recuerdo particularmente la fraudulenta elección de 1988 en que Carlos Salinas de Gortari “ganó” 1.762 casillas con 100 por ciento del voto. Es decir, ese día en esos lugares de votación nadie pensó distinto y todos -¡todos!- votaron por él. Esa es una mentira preciosa, por cínica e improbable.

 

Para enterrar el fraude de 1988, y con ayuda de otros partidos políticos, se quemaron todos los votos para que nadie, nunca, los pudiera contar. (Aquí está una vieja entrevista con Salinas de Gortari en que él me insiste, en el minuto seis, en que no hubo fraude en 1988. )

 

En conclusión: el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mintió por siete décadas para atornillarse en el poder y seguramente volverá a mentir en el 2018. Si lo dejan…

 

Políticos de México, Cuba y Venezuela me han enseñado que, de entrada, no se les puede creer. Siempre hay que dudar de la versión oficial. La duda debe venir inmediatamente después del saludo. Pero mi escuela es muy extensa.

 

En América Latina he entrevistado a políticos que dicen que no son millonarios y que luego les aparecen lujosas casas y cuentas en el extranjero. He escuchado a candidatos decir que no van a reelegirse y luego cambian la constitución. He oído todo tipo de promesas, desde luchar contra la criminalidad y la impunidad hasta reducirse el salario y no gastar más de lo que tienen. Todas se han roto.

 

Los mentirosos de la derecha y de la izquierda son igual de brutales. Fidel Castro es equivalente a Augusto Pinochet. No hay diferencia. Los dos violaron los derechos humanos, los dos mataron, los dos se impusieron con violencia y los dos usaron la mentira para controlar.

 

Gracias a tantos años de recorrido por América Latina ya no me sorprenden las mentiras de Trump. Es un tipo como tantos otros que he conocido. La diferencia es que con las redes sociales sus mentiras se vuelven virales. Pero estamos bien entrenados. Fidel, Chávez, Salinas de Gortari, Pinochet y compañía son los verdaderos magos del fake news. Ellos son los maestros.

 

Haciéndole “bullying” a México

Por Jorge Ramos

 

Empecemos con el horror. Desde que Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia han asesinado a 91,284 personas en México.

 

Estas son las cifras oficiales de homicidios dolosos desde el primero de diciembre del 2012 hasta el 30 de septiembre del 2017. Y este es el verdadero desastre: el gobierno de Peña Nieto está cerca de convertirse en el más sangriento de la historia contemporánea de México. Más, incluso, que el gobierno de Felipe Calderón cuando la guerra contra los narcos cobró 104.089 vidas. Las cifras son solo comparables a zonas de guerra.

 

Este es un gravísimo fracaso como líder. Es la repetición de los errores. Peña Nieto lleva casi cinco años haciendo lo mismo y que no ha aprendido nada. Los últimos dos años han sido particularmente violentos: 20.547 mexicanos fueron asesinados en el 2016 y en el 2017 ya llevamos 18.505 homicidios (y aún faltan las cifras de octubre, noviembre y diciembre). Los muertos se amontonan.

 

El otro problema es la impunidad. La mayoría de los crímenes queda sin investigarse, sin juzgarse y sin sentencia. México es el cuarto país del mundo con mayor impunidad, solo superado por Filipinas, India y Camerún, según el Indice Global realizado por la Universidad de las Américas. Pero en México no pasa nada.

 

Peña Nieto es un presidente sumamente impopular, según las últimas encuestas, y los mexicanos deberían estar furiosos con la manera en que ha gobernado. Pero la gran ironía es que el enojado parece ser él.

 

Hace poco Peña Nieto dijo que “a veces se escuchan malas voces que vienen de la propia sociedad civil que condenan, que critican y que hacen bullying sobre el trabajo que hacen las instituciones del estado mexicano.”.

 

Pero eso no es bullying. Ni malas voces. Son críticas legítimas por la impunidad, por las muertes y por la corrupción que ha imperado en su sexenio. Si hay críticas a la policía es, sencillamente, porque ha hecho muy mal su trabajo. ¿Cómo explicar, si no, las muertes, los secuestros y los feminicidios?

 

 En un país de casi 130 millones se calcula que hubo más de 24 millones de víctimas de algún delito en el 2016, de acuerdo con una encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

 

Si hay críticas al ejército es porque no han podido encontrar una estrategia exitosa contra los narcos y por su participación en la matanza de Tlatlaya. Los militares ejecutaron a 15 de las 22 personas que murieron en junio del 2014, según un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

 

Si hay críticas al sistema de justicia es porque no es creíble que nadie sepa dónde están los 43 estudiantes de Ayotzinapa que desaparecieron hace más de tres años. El gobierno ha dado tantas versiones que parece, más bien, que está obstruyendo su propia investigación. Si no se puede resolver el caso más emblemático en el país, no hay mucha esperanza para otro tipo de delitos.

 

Y si hay críticas a la corrupción es por la larga lista de gobernadores priístas acusados de enriquecimiento ilícito y la falta de fiscalización del presidente -¿de verdad no se dan cuenta en Los Pinos lo que se gastan sus gobernadores?

 

Pero el peor caso de falta de transparencia lo protagonizó el propio presidente y su familia. Cuando la primera dama compró una casa de siete millones de dólares a un contratista gubernamental y surgieron serias dudas, en lugar de encargar la investigación a un organismo independiente, Peña Nieto se la asignó a un subalterno. Por supuesto, su empleado lo absolvió de cualquier delito. Pero lo más absurdo de todo es que el presidente crea que los mexicanos se tragaron su cuento.

 

Espero que el próximo presidente investigue al que se va en un año. No, no son los mexicanos quienes le están haciendo bullying a las instituciones. Al contrario. Es el propio presidente, Enrique Peña Nieto, su policía, su ejército y su gobierno quienes le están haciendo bullying a México. Ya van 91.284 personas asesinadas en cinco años. Eso sí es bullying.

 

Posdata. Mis disculpas a Paulina Chavira, “cuidadora de palabras”, que ama el español y de quien tanto aprendo en Twitter (@apchavira). Ella nos ha repetido una y mis veces que no se dice “bullying” sino acoso

El Dream Act y la supervivencia política

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

Mientras entramos en un etapa crucial para el futuro de los Dreamers, sectores republicanos parecen entender que no tomar acciones para ofrecer a estos jóvenes un camino a la ciudadanía, particularmente tras la revocación de DACA, podría incidir en su futuro político.

 

Hace pocos días, un grupo de congresistas republicanos de distritos a través del país abogó por la aprobación del Dream Act este año. Aunque algunos han apoyado el proyecto de ley durante años, otros han ido entendiendo los cambios demográficos de sus distritos y la realidad de que evadir un tema con consecuencias tan reales sobre individuos, familias, comunidades —así como la economía e incluso nuestras fuerzas armadas—, también puede resultar en consecuencias políticas desfavorables.

 

Recientemente el gobernador republicano de Ohio, John Kasich, quien luce cada vez como alguien que buscaría retar al presidente Donald Trump en las elecciones de 2020, reiteró que su Partido Republicano tiene que reencontrar su camino y su dirección tras el lapsus que ha supuesto la elección de Trump. Y una de las formas de hacerlo, según Kasich, es ser pro inmigrante “y solucionar el problema de DACA”.

 

Con las elecciones de medio tiempo el año entrante, los republicanos tienen un enorme reto ante sí. Pueden seguir asumiendo posturas que les granjeen el favor de la base ultraconservadora que apoya a Trump pase lo que pase, pero como probaron las elecciones del 7 de noviembre en Virginia y otros puntos del país, hay un sector del electorado que ya ha perdido la paciencia ante el extremismo y la política divisiva y rechaza a quienes asuman estas posturas.

 

De hecho, una de las varias lecciones de esos comicios, particularmente en Virginia, es que el libreto antiinmigrante de Trump no es infalible.

 

Muchos argumentarán que hay que poner a prueba el argumento en estados rojos donde dominen los republicanos, pero eso equivaldría a ignorar algunas realidades, entre otras, que hay sectores republicanos, sobre todo con más altos niveles educativos, que no necesariamente están cómodos con la agenda extremista y la retórica antiinmigrante que domina a su partido, y que el otro bando, los sectores más liberales, progresistas e incluso moderados, están listos para dejarse sentir en las urnas. La selección de candidatos dispuestos a garantizar que se atraiga y se movilice a los votantes también es vital.

 

Como quedó demostrado en 2016, no se trata únicamente de señalar cuán antiinmigrante es Trump o sus clones, sino de entusiasmar a ese elector a que salga a votar.

 

Lo que sí queda claro camino a 2018 y 2020 es que abogar por una solución permanente para los Dreamers puede rendir buenos frutos políticos para los republicanos, particularmente los vulnerables. No hacerlo, solo seguirá energizando a sus opositores, como demostró Virginia. Su superviencia está en juego.

 

La guerra es contra los inmigrantes

Por Jorge Ramos

 

Donald Trump tiene una nueva obsesión. Se llama “migración en cadena”. Quiere terminar con la práctica de muchos inmigrantes que, una vez legalizados, traen a sus familiares a vivir con ellos a Estados Unidos.

 

La migración en cadena es, en realidad, lo más normal del mundo. Supongo que al presidente le gusta estar con su familia. Bueno, a los inmigrantes también. La ley migratoria de 1965 -que es la que aún rige al país- enfatizó la reunificación familiar y, por lo tanto, ha aumentado dramáticamente el número de inmigrantes que viene de América Latina y de Asia.

 

En Estados Unidos había unos 43 millones de inmigrantes en el 2015 (13.5 % de la población), según el Migration Policy Institute, y los países con más inmigrantes son, en este orden: México, India, China, Filipinas, El Salvador, Vietnam, Cuba, República Dominicana, Corea del Sur y Guatemala.

 

Pero esto no parece gustarle al presidente Donald Trump. “La migración en cadena es un desastre para este país y es horrible”, dijo en una entrevista con la cadena FoxNews. Lo que pasa es que antes de 1965 la mayoría de los inmigrantes que entraban a Estados Unidos eran de Europa y ahora ya no.

 

Cuando Trump habla en contra de la “migración en cadena” usa palabras clave -o code words, en inglés. Lo que realmente está diciendo Trump es que no quiere a más inmigrantes asiáticos y latinoamericanos. Le está diciendo a los inmigrantes: tú te puedes quedar pero tu hermano o tu padre ya no pueden venir.

 

Si Trump pudiera, cambiaría las actuales las leyes migratorias. El dice que quiere implementar un sistema basado en el mérito de los solicitantes. Eso suena muy bonito. Pero en la práctica le daría preferencia a inmigrantes potenciales de países ricos donde ya se habla inglés y donde tienen mayor escolaridad.

 

Pero este no es el único ataque de Trump contra los inmigrantes. La lista es grande: quiere reducir a la mitad el número de inmigrantes legales; acaba de eliminar el TPS (o programa de protección temporal)

para nicaragüenses y podrían seguir hondureños, salvadoreños y haitianos; terminó con el porgrama de DACA que beneficiaba a 800 mil Dreamers -que llegaron ilegalmente como menores de edad al país;

insiste en construir un muro inútil y costocísimo en la frontera con México; durante su campaña presidencial propuso prohibir la entrada al país a todos los musulmanes y le llamo criminales y “violadores” a los inmigrantes mexicanos; y en lugar de perseguir criminales sus agentes detuvieron durante varios días a una niña de 10 años y con parálisis cerebral -Rosa Hernández- luego de una operación.

 

Donald Trump es es el presidente más antiinmigrante que ha tenido Estados Unidos desde los años cincuenta, cuando se puso en práctica la brutal Operación Wetback. En esa operación, según la versión oficial, más de un millón de mexicanos fueron deportados de Estados Unidos y decenas murieron en el proceso de expulsión. Durante la campaña electoral Trump jugó con la idea de deportar a 11 millones de indocumentados en dos años. El proyecto es irrealizable pero la simple idea es peligrosa y ha generado duras ofensas contras los inmigrantes.

 

Trump aparentemente está intentando revertir el proceso de tolerancia y diversidad que llevará a Estados Unidos a convertirse en una nación de minorías en el 2044. En ese año todos los grupos étnicos del país -afroamericanos, latinos, asiáticos, nativos y blancos no hispanos- serán minorías, según una proyección de la Oficina del Censo. Y su estrategia parece ser la de expulsar al mayor número de inmigrantes posible y, al mismo tiempo, evitar la entrada masiva de más extranjeros.

 

¿Qué país va a prevalecer? ¿El de Trump o el de una nación que se creó con inmigrantes y que los sigue cobijando? Trump ha ganado casi en todo en su vida pero en este punto no lo hará. ¿Por qué? Porque llegó muy tarde.

 

Quince días después que Trump anunciara su candidatura presidencial en el 2015, la Oficina del Censo informó que más de la mitad (50.2%) de todos los bebés menores de un año en Estados Unidos ya no eran blancos. Trump tiene una idea vieja y nostálgica de Estados Unidos. Y mi única consolación es que saber que, al final y en la batalla más importante, Trump va a perder.

Eliminar el DACA y el TPS,

igual que deportación masiva

 

Por Frank Sharry

Director Ejecutivo de America’s Voice

 

La semana pasada, el Departamento de Seguridad Nacional anunció su decisión de terminar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para 2.500 nicaragüenses, con un periodo de eliminación de 12 meses; aplazar una decisión sobre 57.000 hondureños con TPS, desencadenando una extensión automática de 6 meses; y no dio a conocer decisión alguna sobre el futuro de 50.000 haitianos beneficiarios de TPS, sino que lo hará en pocos días. A continuación compartimos un comunicado de Frank Sharry, Director Ejecutivo de America’s Voice Education Fund, al respecto.

 

La cruel decisión del gobierno de Trump que afecta a nicaragüenses profundamente arraigados a Estados Unidos es parte de su intención de revertir el TPS, con el fin de potenciar su estrategia de deportación masiva.

 

Los pasos clave que ha dado el gobierno revelan sus intenciones. Primero, el gobierno de Trump aniquiló toda noción de las prioridades respecto de cómo aplicar la ley, exponiendo a los 11 millones de inmigrantes indocumentados, independientemente de su patrimonio y contribuciones, a la deportación.

 

Segundo, el gobierno lanzó un ataque a jurisdicciones locales que prefieren enfocarse en la seguridad pública, en lugar de ayudar y ser cómplices de la fuerza de deportación de Trump.

 

Tercero, el gobierno revocó DACA para jóvenes inmigrantes, poniendo en riesgo de deportación a 800.000 jóvenes, con unos 20 años viviendo en Estados Unidos y con un promedio de 26 años de edad. Ahora están desarticulando sistemáticamente las protecciones de 300.000 beneficiarios de TPS, muchos de los cuales han formado sus familias, establecido negocios y han hecho sus vidas en Estados Unidos.

Eso es precisamente lo que significa una estrategia de deportación masiva.

 

Parece que al gobierno no le interesa mantener unidas a las familias, ni a trabajadores esenciales en industrias fundamentales, ni evitar que países vecinos se conviertan en estados fallidos. Parece que le importa más recibir el aplauso de la derecha que quiere expulsar a los inmigrantes, no dejar pasar a los refugiados, prohibir la entrada de musulmanes y cortar la inmigración que entra legalmente al país.

 

Esto no es lo que somos. No nos cruzaremos de brazos mientras este gobierno destruye la Estatua de la Libertad. Alzaremos nuestras voces con la esperanza de que una medida de cordura influya en las decisiones del DHS sobre Haití, El Salvador y Honduras. Y hacemos un llamado al Congreso a cerrar filas para que quienes tengan TPS sean formalmente reconocidos como lo que ya son: residentes permanentes de Estados Unidos.

 

El “bullying” presidencial

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

Con un presidente como Donald J. Trump, que se comporta como un bravucón de barrio, que se crece amedrentando e intimidando, no es de sorprender que las políticas de su administración reflejen su naturaleza, particularmente en materia migratoria.

 

Tampoco es de extrañar que tal y como hacen los bullies, estas políticas se ensañen con aquellos que consideren vulnerables u objetivos fáciles de atacar. O, como en este caso, de deportar.

 

Los ejemplos son varios. Trump lleva meses jugando con la estabilidad emocional, económica y familiar de miles de Dreamers. De afirmar que abordaría el tema de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) “con corazón”, el presidente no tuvo reparos en rescindir, el 5 de septiembre, el programa que ha beneficiado a 800 mil jóvenes colocándole una fecha de expiración, el 5 de marzo, para, según él, darle tiempo al Congreso para que solucione legislativamente la situación de los Dreamers.

 

Pero en lugar de someter a votación una versión limpia e individual del Dream Act que legalice a estos jóvenes que tienen el apoyo de una mayoría de los estadounidenses, incluyendo muchos republicanos que apoyan a Trump, el Congreso republicano y la Casa Blanca comienzan a pasarse la papa caliente en un cruel juego político que pretende que el reloj corra y no se arribe a ninguna solución.

 

Ahora se debate si la solución debe atarse a la medida de gastos que mantendrá el gobierno operando a principios de diciembre. Supuestamente Trump y senadores republicanos abogan por esperar y dejar el asunto para luego, pero quienes hemos seguido este tema durante años sabemos que “luego” equivale a “nunca”.

 

Algunos demócratas aseguran estar dispuestos al cierre del gobierno si el futuro de los Dreamers no se aborda en el plan de gastos o si no hay un acuerdo para considerar una medida independiente este año.

 

Dejar a los Dreamers en el limbo es garantizar que sean blanco de deportación. Pero si algo han demostrado los Dreamers es que no se dejan amendrentar.

 

Otro ejemplo del bully presidente en materia migratoria fue el cruel y vergonzoso caso de Rosa María Hernández, una niña indocumentada de 10 años de edad y con parálisis cerebral, detenida por la Patrulla Fronteriza y enviada a un centro de detención tras una cirugía de emergencia.

 

Cual si se tratara de un violento criminal, los agentes hicieron guardia en el hospital mientras la niña era operada y en proceso de recuperación. Rosa María fue finalmente liberada y retornada a su familia.

 

 

Pero eso no borra los excesos de agentes migratorios que como su bully presidente buscan objetivos fáciles en lugar de centrarse en los verdaderos “bad hombres” a los que Trump tanto aludió. Una niña de 10 años con una discapacidad tuvo la misma prioridad que un criminal para las autoridades migratorias.

 

Y hablando de objetivos fáciles, nada como centrarse en grupos de inmigrantes de los cuales el gobierno tiene toda su información. Como los beneficiados con el programa de Estatus de Protección Temporal TPS), algunos de los cuales no gozarán más de este privilegio, como los nicaragüenses.

 

Pero nada como seguir buscando objetivos fáciles para deportación. Y como le gusta lo fácil, a Trump le resulta muy sencillo echar mano de un lamentable incidente aislado para deshacer programas migratorios como el de la lotería de visas que busca garantizar que haya diversidad migratoria.

 

Tras el ataque terrorista en Nueva York perpetrado por un ciudadano de Uzbekistán que llegó a Estados Unidos mediante la lotería de visas, Trump pidió el fin del programa.

 

Al acoso de un bully hay que hacerle frente. Y los excesos de Trump, el bully en jefe, hay que neutralizarlos alzando la voz, votando por un cambio, involucrándose. En el fondo el bully es un cobarde y ese cobarde no podrá contra una comunidad inmigrante valiente y luchadora.

Puerto Rico se levanta

Por Jorge Ramos

 

SAN JUAN. Hay veces en que lo mejor de un país sale en los momentos más difíciles. Y no dudo en llamar a Puerto Rico un país -con su propia historia, cultura y lenguaje a pesar de ser una colonia de Estados Unidos- y en reconocer que está viviendo uno de los momentos más angustiantes y definitorios de su historia moderna. Pero unos días aquí me convencieron que esta isla va a salir adelante y que, aunque hoy parezca imposible, las cosas podrían estar mejor que antes del huracán María.

 

El 70 por ciento de la isla aún no tiene energía eléctrica. Durante tres días no encontré un solo semáforo que funcionara. Las noches son profundamente negras y el ronroneo de los generadores se pelea con el canto de los coquíes. Pero algo pasa cuando no hay luz, internet ni señal de celular. Por principio, la gente habla más entre sí.

 

El bar El Local se transformó, de pronto, en un centro comunitario. Millennials y jóvenes con los tatuajes más coloridos que he visto se cocinan ahí desayuno, comida y cena desde hace casi seis semanas. Cada quien trae lo poco que tiene y lo comparte con los demás. En medio del caos y las carencias, este grupo ha encontrado una especie de felicidad.

 

Lo mismo vi en lo que era un club de playa y que se ha transformado en la cocina central de un inusual movimiento social y gastronómico. El chef José Andrés juntó a unos 60 chefs de toda la isla y, a través de su fundación World Central Kitchen, han preparado y distribuido más de dos millones de comidas para los más necesitados.

 

El día que visité la cocina vi un mar de miles de panes con jamón (y mucha mayonesa) y a decenas de voluntarios haciendo sandwiches. “Hazlos como si fueran para ti”, es su mantra. A un lado, uno de los cocineros condimentaba una gigantesca olla con pollo antes de mezclarla con arroz amarillo. Una hora después, subido en un food truck, me tocó ver cómo esa comida se repartía a niños y mujeres de Loíza, una de las comunidades más golpeadas por los huracanes. Solo ese día repartieron 148 mil comidas que llegaron a los lugares más apartados de la isla. Es imposible perder la esperanza cuando eres testigo de algo así.

Mi impresión es que en Puerto Rico nadie descansa. Me reuní con los dos líderes principales de la isla, el gobernador, Ricardo Roselló, y la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz. Tienen estilos muy diferentes y no me atrevo a criticarlos porque pocas veces en mi vida he visto a dos políticos trabajar más duro.

 

Roselló es un joven académico de 38 años de edad. Este es su primer puesto político. Y le ha tocado maniobrar con el peor desastre natural en la historia moderna de la isla, con un prepotente presidente Trump que se aplaude solito por una ayuda tardía y deficiente, y con una deuda impagable de 70 mil millones de dólares. Yulín es una guerrera que desde el paso del huracán María duerme en un colchón en una esquinita del principal centro de acopio de víveres y medicinas en San Juan. Sus críticas a Trump han sido fulminantes y se ha convertido en la voz rebelde de los puertorriqueños.

 

Pero tanto Roselló como Yulín se quejan del trato desigual que reciben los puertorriqueños de Estados Unidos. Y tienen razón. Trump nunca lanzó rollos de papel toalla a las víctimas de los huracanes en Texas y la Florida pero, en cambio, si lo hizo en Puerto Rico. Los puertorriqueños tienen una representante en el congreso en Washington pero no puede votar en ninguna propuesta de ley, aunque tenga que ver con la isla. Y si un puertorriqueño está en la isla durante una elección presidencial en Estados Unidos, tampoco tiene derecho a voto.

 

El huracán María ha demostrado que el tener un pasaporte azul de Estados Unidos no es ninguna garantía de que serás tratado igual que el resto de los ciudadanos estadounidenses. Dudo que el maltrato y la falta de respeto de Trump hacia los puertorriqueños tras el huracán vaya a alentar el movimiento independentista. Para un latinoamericano, lo admito, es difícil de entender porque el pájaro no vuela cuando la jaula está abierta. Pero este desastre natural ha dejado muy claro que el futuro de la isla depende de los puertorriqueños y de nadie más.

 

Puerto Rico se dio cuenta que pudo solo y se levanta. La solidaridad es el premio.

 

El silencio de las infamias

Por David Torres

 

Cada vez que surge un nuevo caso de evidente acoso contra los inmigrantes, se desdibuja la razón de ser de un país como Estados Unidos. Su imagen se desgaja, su historia contemporánea se resquebraja y su legado como “motor” del mundo se hace polvo.

 

¿Quién alaba a un país en el que agentes migratorios vestidos de civil detienen sin orden judicial a un trabajador inmigrante que realiza sus actividades en una propiedad privada, como en el caso de Oregon?

 

¿Quién puede mostrar respeto a una nación en la que la Patrulla Fronteriza custodia la habitación del hospital donde una niña indocumentada de 10 años que sufre parálisis cerebral se recupera de una cirugía realizada de emergencia, con la intención de deportarla una vez que sea dada de alta?

 

¿Quién entiende a un gobierno que se enfrasca en una batalla legal (y la pierde) contra una adolescente indocumentada que decide optar por el aborto porque es su decisión, y en la que ningún político puede ni debe influir, independientemente de su postura respecto al tema?

 

Son casos en los que el trabajador Carlos Bolaños, la niña Rosa María Hernández y la adolescente centroamericana a la que se denominó ‘Jane Doe’ aparecen de repente ante la nación y el mundo como ejemplos de la infamia que está padeciendo, la mayoría de las veces en silencio, una buena parte de la comunidad inmigrante en este país.

 

Ya hemos visto en otras ocasiones cómo el acoso de las huestes envalentonadas del régimen contra los inmigrantes no tiene límite, ya sean agentes de migración o simples seguidores del actual ocupante de la Casa Blanca. En los centros comerciales, en las cortes, en los hospitales, en las escuelas, en los aeropuertos, en la calle… prácticamente en todas partes ese acoso se respira.

 

De hecho, la tierra de “salvación” que promovía el país está quedando solo como el remanente de un discurso envejecido en apenas unos cuantos meses de la actual gestión gubernamental.

 

En fin, la vuelta de tuerca que está por producirse en la sociedad estadounidense con estos y muchos más ejemplos de acoso contra

 las minorías, especialmente la inmigrante, determinará el rumbo del país, el tipo de nación que en verdad quiere ser Estados Unidos, dividido literalmente en dos segmentos sociales contrapuestos: por una parte, la supremacía que defiende el color del odio; por otra, la amalgama sociocultural que ha solidificado la pluralidad del país.

 

Esa dicotomía es la barra de equilibrio en la que se balancea la experiencia de ser inmigrante aquí. Este país no puede –no debe– retirar la red de salvación, sino a riesgo de hacer colapsar su propia historia.

 

Una simple propuesta

para México

Por Jorge Ramos

Aquí hay una propuesta para combatir la corrupción en México. No es perfecta ni acabaría con el encarcelamiento de todos los corruptos. Pero sería un gran primer paso. La propuesta es crear una Comisión Internacional contra la Corrupción en México (CICCM), con el apoyo de Naciones Unidas.

 

Primero hay que reconocer que los mexicanos, solos, no hemos logrado terminar con la corrupción. Al contrario. Tenemos muchos políticos corruptos, muchas instituciones totalmente enviciadas y muchos procesos -desde elecciones y asignaciones de contratos hasta pago de multas y obtención de licencias de conducir- que solo funcionan con trampas, sobornos y chanchullos. Por ejemplo ¿hubo dinero ilegal en la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012? Tiene que haber una investigación independiente.

 

El segundo paso es mucho más difícil de aceptar. Y es que necesitamos ayuda. Urge el apoyo de un organismo de absoluta credibilidad, como la ONU, para desenredar el complicadísimo asunto de la corrupción.

 

Guatemala ya lo hizo. Ahí, tras el fin del proceso de paz, se dieron cuenta que su sistema de justicia era muy inefectivo. Por eso en el 2007 aprobaron la creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Diez años después lograron sacar de su puesto al presidente, Otto Perez Molina, y a la vicepresidenta, Roxana Baldetti, por corrupción. México podría hacer lo mismo…si quisiera.

 

“¿Lo podríamos llevar a México?” le pregunté (no tan en broma) a Iván Velázquez, el actual comisionado de la CICIG en Guatemala. “Yo creo que cada país tiene que definir su manera de enfrentar la corrupción”, me dijo Velázquez, quien fuera miembro de la Corte Suprema de Justicia de Colombia. “Guatemala -su sociedad, su gobierno- fueron muy valientes aceptando esa situación en que se encontraban y buscando apoyo internacional”.

 

No sé si México se atreverá a hacer lo mismo que Guatemala. Cualquier supervisión internacional aterra a los políticos mexicanos que saben que el sistema los protege. Pero hay que preguntarle a todos los candidatos presidenciales si estarían de acuerdo con esta comisión. Y ya verán como muchos, argumentando un tonto nacionalismo, van a decir que no necesitamos a extranjeros diciéndonos qué está mal y promoviendo el enjuiciamiento de mexicanos. Sus respuestas son un buen adelanto de cómo piensan gobernar.

 

 

Esta idea de una comisión internacional no debe interferir con la selección de un fiscal independiente para un período de nueve años. Serían dos formas de combatir la corrupción; una desde dentro del sistema y otra desde fuera. No se contraponen. La comisión operaría bajo las leyes mexicanas, apoyaría investigaciones criminales en el país y propondría reformas judiciales.

 

Debemos probar algo nuevo. Si no, la corrupción nos va a seguir comiendo. Solo el 6 por ciento de los mexicanos está de acuerdo con la forma en que funciona la democracia en el país y apenas un dos por ciento confía mucho en el gobierno, según una encuesta del Centro Pew. Este es uno de los índices de confianza más bajos del mundo.

 

Y la culpa viene desde Los Pinos. Hace poco el presidente de México, Enrique Peña Nieto, menospreciaba en público a los que denuncian la corrupción en su gobierno. Dijo: “Cualquier cosa que ocurra hoy en dia es por la corrupción. Y, casi casi, si hay un choque aquí en la esquina, fue la corrupción… Detrás de cada evento, quieren encontrar un responsable, un culpable.” Bueno, el problema real es que la mayoría de los crímenes en México quedan impuntes. México es el país con mayor impunidad del continente americano, según un estudio realizado por la Universidad de las Américas Puebla. Matar o robar no tiene un alto costo social.

 

¿Qué hacer? La corrupción se combate desde arriba hacia abajo. Yo sí tengo la esperanza de ver algún día en la cárcel a un presidente o a un secretario que recibieron casas y favores de un contratista del gobierno, o a un gobernador que enriqueció a su familia con el presupuesto estatal, o a un expresidente cuyos salarios públicos no explican su inmensa fortuna. Pero hay que empezar por algo y pronto. Por eso aquí está una simple propuesta para México.

 

Antes de decir que no, hay mil razones para decir que sí.

 

 

El éxodo boricua

Por Maribel Hastings

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

 

Si la crisis económica antes del huracán “María” había hecho que miles de puertorriqueños cruzaran el charco rumbo a Estados Unidos, el devastador meteoro acabó de convencerlos de que llegó la hora de partir.

 

Tras “María” he ido varias veces al aeropuerto a despedir familiares, a recibir familiares y a recoger algún paquete vital que me provea lo que es imposible conseguir acá en estos momentos. Y aunque quizá he visto un poco más de calma mezclada con resignación en los rostros de mis compatriotas, la misma escena se repite: lágrimas, abrazos y esas miradas de los que se van a lo desconocido y los que se quedan adaptándose a esta nueva realidad.

 

Muchos me dirán que la experiencia inmigrante y la de los puertorriqueños no es comparable porque al ser ciudadanos estadounidenses nosotros no pasamos por las vicisitudes de las personas sin documentos. Y entiendo el punto perfectamente. Pero me parece que hay similitudes y la parte humana, el dolor de la despedida, de la separación, la incertidumbre, el desarraigo, es algo que compartimos todos. Y es así aunque en su inmensa mayoría y contrario a los inmigrantes, los puertorriqueños pueden viajar con regularidad o sus familiares los visitan; esto, claro está, quienes tienen esa posibilidad, porque si algo desnudó “María” fue la enorme pobreza en la que viven miles de hermanos boricuas.

 

El éxodo era de esperarse. Digamos que “María” nos cambió la vida como la conocíamos hasta el 20 de septiembre de 2017. Llevamos más de un mes sin energía eléctrica; otros más están a oscuras desde “Irma”; ya muchos tienen agua, pero otros no somos tan afortunados.

 

Puerto Rico se ha tornado en la isla-generador, pues todo se hace a punta de generadores que operan con gasolina, diesel o gas. La densa capa amarillenta que vemos en la mañana no son únicamente los polvos del Sahara que suelen visitarnos. Huele a diesel por doquier. Pero no toda la población tiene plantas generadoras de energía, ya sea porque no consideraron necesario hacerse de una, por su costo, porque ya se agotaron o porque no son permitidas en condominios,  como es mi caso. En mi condominio hay una planta que provee energía a áreas comunes y por algunas horas al día para permitir el uso de la cisterna de agua. Pero se prohíben generadores en cada apartmento, pues terminaríamos todos envenenados con monóxido de carbonono. Pero me desvío.

 

La rutina nos cambió porque tenemos que hacer cosas que antes no hacíamos, por ejemplo lavar la ropa a mano o con las tablitas de antaño, un tanto modernizadas pero igualmente efectivas.

 

Pero si el agua es vida, la energía es la que permite encender máquinas que salvan vidas en nuestros hospitales que operan en precarias condiciones. Un joven doctor del Centro Médico de San Juan hizo noticia en las redes sociales al subir un video de lo que allí acontece, pues la energía eléctrica va y viene. A veces hacen cirugías con linternas.

 

Esa misma energía prendería literalmente el motor de nuestra economía que languidece sin un alivio a corto plazo.

 

 

 

 

Muchos negocios ya han cerrado sus puertas y otros lo harán pronto. El costo de operar un negocio con un generador es prohibitivo, a la vez que los obliga a subir el precio de sus productos, pues les cuesta más traerlos. El Viejo San Juan, por ejemplo, centro del turismo boricua, parece un pueblo fantasma con sus negocios cerrados y sin la humanidad de turistas, empleados, residentes y visitantes que atiborraban sus estrechas calles.

 

La inactividad económica genera desempleo y el desempleo o el prospecto del mismo hace que miles busquen una salida.

 

No hay que ser matemático para concluir que la cifra de boricuas que han salido en las pasadas cuatro semanas podría superar fácilmente la cifra de los que se iban cada año, que ya eran muchos.

 

Se informó que solamente a la Florida han arribado 58 mil puertorriqueños en las pasadas semanas.

 

Y según el cristal con que se mire, su presencia en comunidades a través de Estados Unidos será bienvenida o satanizada, como suele ocurrir con los inmigrantes.

 

Con la gran diferencia de que tan pronto arriban a Estados Unidos, esos boricuas pueden registrarse para votar, un elemento con el que pueden presionar a los políticos que están atendiendo —o no—, la crisis de los que quedan acá.

 

De manera que “María” le cambió el paisaje y la vida a Puerto Rico, y con su éxodo boricua promete interesantes cambios sociales y potencialmente políticos en Estados Unidos.

 

La isla maltratada

Por Jorge Ramos

 

Puerto Rico ha sido doblemente maltratado. Primero por el huracán María y luego por el presidente Donald Trump. Hace poco en el Noticiero Univision entrevistamos a una mujer de 103 años y nos aseguraba que María fue peor que el huracán San Ciprián que destruyó Puerto Rico en 1932. La devastación causada por el huracán María no tiene precedentes. Por eso lo que esperábamos del gobierno de Estados Unidos era una respuesta que correspondiera a la emergencia. No fue así.

 

La lentitud inicial fue totalmente incomprensible. Y cuando Trump fue confrontado al respecto, lo único que hizo fue recordarnos que se trataba “de una isla en la mitad del océano y es un océano muy grande.” Luego, bajo enorme presión, decidió viajar a Puerto Rico. Pero su presencia física solo reforzó la impresión de que Trump no estaba tratando a los tres millones y medio de ciudadanos estadounidenses que viven en Puerto Rico de la misma manera que a las víctimas de los huracanes Harvey en Texas e Irma en la Florida.

 

Mostrando muy poca empatía, Trump lanzó rollos de papel toalla a algunas de las víctimas del huracán María en San Juan. No solo eso. Lo hizo como si estuviera tirando pelotas de basquetbol. Esa fue una patente falta de respeto para los puertorriqueños. Trump jamás hubiera hecho lo mismo en Houston o en Miami.

 

La discriminación contra los puertorriqueños quedó en evidencia en la cuenta presidencial de Twitter. “No podemos dejar a FEMA, a los militares y a los rescatistas…para siempre en Puerto Rico”, escribió Trump. En cambio, tras el paso de la tormenta Harvey, el presidente envió el siguiente tuit: “TEXAS: Estamos contigo hoy, estaremos mañana y estaremos contigo CADA DIA para restaurar, recuperar y reconstruir.”

 

Este tipo de maltrato -y la falta de agua, comida y medicinas en los primeros días después de la tragedia- ocasionó fuertes críticas contra Trump. “El está demostrando que es un racista”, dijo el ex gobernador, Alejandro García Padilla, en una entrevista con MSNBC.

 

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, me dijo que había quienes querían “cambiar el discurso y ocultar el fracaso” de la ayuda estadounidense a Puerto Rico pero que para ella era una cuestión “de vida o muerte”.

 

 

Las múltiples críticas de la alcaldesa no le gustaron al presidente y la acusó de ser “nasty” o desagradable con él. Pero ella le contestó:
“Lo que es nasty es que se dé la espalda al pueblo puertorriqueño.”

 

El presidente Trump cree que “ha hecho un muy buen trabajo en Puerto Rico.” Incluso se autocalificó con un 10. Pero para muchos está reprobado. Trump, increíblemente, no ve lo que todos estamos viendo.

 

La última encuesta de CNN refleja el malestar con la manera en que Trump ha manejado la tragedia en Puerto Rico. Tras los huracanes Harvey e Irma, el 64 por ciento de los estadounidenses aprobaba la manera en que respondió Trump. Pero la aprobación se cayó a un 44 por ciento tras la lentitud,  ineficacia y mala actitud mostrada con Puerto Rico.

 

Esta discusión no tendría importancia si la ayuda a la isla hubiera llegado a tiempo y el panorama fuera más optimista. Pero no es así. Más del 80 por ciento del servicio de electricidad no funciona, 28 por ciento de los puertorriqueños no tiene agua potable y 40 por ciento no tiene señal de celular, según escribió recientemente David Leonhardt en The New York Times.

 

Mientras el presidente se da palmaditas en la espalda, en la isla enfrentan un futuro desolador. Tendrán que pasar años para recuperarse de los daños. Y la terrible situación financiera de esta una colonia de Estados Unidos no favorece a nuevas inversiones ni a la creación de trabajos. Si las mismas condiciones que hay actualmente en Puerto Rico se estuvieran viviendo en Texas o la Florida, sería un escándalo a nivel nacional.

 

En otra señal más de discriminación e injusticia, los puertorriqueños en la isla no pueden votar en elecciones presidenciales. Pero los puertorriqueños en la Florida y en otros estados sí lo pueden hacer.

 

Actualmente hay un verdadero éxodo a la Florida y me pregunto ¿cómo van a votar esos puertorriqueños cuando Trump les pida su voto para reelegirse en el 2020? ¿Se acordarán del papel toalla?

 

Hay huracanes que duran años.

Dos presidentes terribles

Por Jorge Ramos

 

Cuando necesitábamos dos líderes capaces en uno de los momentos más difíciles de la conflictiva relación bilateral, nos cayeron Enrique Peña Nieto y Donald Trump. Podríamos decir que es mala suerte. Pero la realidad es que es nuestra culpa. Trump y Peña Nieto llegaron al poder gracias al silencio de muchos. Y el silencio es complicidad.

 

Trump es un bully antiinmigrante que ha hecho comentarios racistas, sexistas y xenofóbicos. Miente y ataca a la prensa cuando algo no le gusta. Y es un mal vecino. El mismo día que anunció sus aspiraciones presidenciales -el 16 de junio del 2015- nos llamó criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos. Luego amenazó con deportaciones masivas, con construir un muro inútil en los 3.185 kilómetros de frontera con México y con terminar el Tratado de Libre Comercio que ha generado millones de empleos en tres países.

 

Peña Nieto es un político encogido y temeroso, que llegó a la presidencia en medio de acusaciones de fraude de su principal oponente, que no tiene fuerza moral -no le pareció nada extraño que su esposa comprara una casa de siete millones de dólares a un contratista del gobierno-, a quién le desaparecieron 43 estudiantes de Ayotzinapa hace tres años y todavía no sabe dónde están, y en cuyo sexenio (hasta el 31 de agosto del 2017) han asesinado a 87,758 mexicanos.

 

​En ningún otro país un presidente así hubiera durado cinco años. Peña Nieto ha hecho de México un país de fosas y ha fallado en su responsabilidad de proteger la vida de los mexicanos. Su gobierno podría convertirse en el más sangriento en la historia reciente de México, más incluso que el de Felipe Calderón cuando mataron a 104,089 personas, de acuerdo con cifras oficiales.

 

 

Se trata de dos presidentes muy impopulares. Una encuesta de Reforma (Julio 2017) indica que solo uno de cada cinco mexicanos aprueba la labor de Peña Nieto (20% la aprueba y 78% la desaprueba).

 

 

 

A Trump no le va mucho mejor. Solo el 38.7 por ciento de los estadounidenses está de acuerdo con su manera de gobernar (y 54.8 % la desaprueba, según el sitio FiveThirtyEight).

Son, también, dos presidentes muy vanidosos: los dos han hecho muy poco y están demasiado preocupados por su imagen. Trump se la pasa tuiteando para auto-promoverse y Peña Nieto se gastó millones de pesos, antes de su quinto informe de gobierno, para decirnos que lo bueno casi no se cuenta.

 

Tenemos en Trump y Peña Nieto a dos líderes que no hablan por nosotros y que les toca gobernar en el momento de mayor tensión entre ambas naciones en décadas.

 

La desconfianza es lo que hoy marca la relación entre México y Estados Unidos. El 65 por ciento de los mexicanos tiene una opinión negativa de Estados Unidos, según una reciente encuesta del Centro Pew. Y en Estados Unidos ocurre un fenómeno similar. El jefe de gabinete de Trump, el general John Kelly, dijo hace poco que México era un “narcoestado fallido”, según reportes del The New York Times y otros medios, y que está en peligro de “colapso”, al igual que Venezuela.

 

Esta es la tormenta perfecta: dos presidentes mediocres y malqueridos, un ambiente lleno de sospechas, y pocas posibilidades de que las cosas cambien a corto plazo. Peña Nieto nunca entendió que confrontar a Trump era una cuestión de dignidad nacional y que hubiera salvado su último tramo en la presidencia. Solo un nuevo presidente podrá modificar la enviciada y sumisa dinámica con Trump.

 

Esto me recuerda dos libros de Carlos Fuentes, cuya claridad y valentía nos hacen tanta falta. En su libro El Espejo Enterrado dice: “Esta frontera…en realidad no es una frontera sino una cicatriz. ¿Se habrá cerrado para siempre? ¿O volverá a sangrar algún día?”

 

La respuesta a esas preguntas está en otro de sus libros. Uno de los personajes en la Frontera de Cristal dice: “Soñó con la frontera y la vio como una enorme herida sangrante.” Es ahí donde estamos parados ahora mismo.

 

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El fin de los ajustes estructurales:

¿qué era se nos viene ahora?

 

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Por muchos años desde la época de los ochentas, se han vivido épocas en las economías latinoamericanas de varias tendencias, los diferentes análisis y escenarios en los procesos económicos, sociales y geopolíticos de la región han hecho que se sufra intensamente, se enriquezca corruptiblemente, y también se lamente históricamente.

 

Luego de vivir procesos intensos de abundancia, riqueza, una bien habida y muchas mal habidas, cambios sociales y tecnológicos, se llegó a la decisión por décadas de que la región debería tener un cambio desde su raíz, es decir viviendo la larga noche neoliberal.  Esta receta resultó nefasta para la mayoría de los países no por su naturaleza en sí, más bien por la forma radical de como se la aplicó la econometría de ésta a los países latinoamericanos. La libertad de comercio o el libre comercio es esencial para una región y mantener una dolarización sana, especialmente para los latinoamericanos, pero de manera justa y balanceada.

 

¡Las causas y consecuencias del neoliberalismo son muchas y muy técnicas de explicar porque su naturaleza es tecnócrata así de simple y nada más!, pues su ideología promueve el cambio de la configuración de la economía capitalista, donde la participación del Estado es casi nula. Lo cual por un lado bien, por otro mal, ya que presiona a la privatización de los sectores públicos. Las causas del neoliberalismo son cinco específicamente: la crisis económica, la crisis política, la quiebra de los mercados de valores, la desaparición total del bienestar del estado, y la lucha de clases. Estas llevan por factor causa-efecto-consecuencias y son: modificación de los derechos de los trabajadores, eliminación de la sanidad pública (un desastre), la debilitación de los países más pobres, dando campo al abuso de los países industrializados hacia los países en desarrollo, el aumento de impuestos, apertura de las fronteras con bajos aranceles o no aranceles.

 

Pero a los finales de los noventas, pasamos a los gobiernos bolivarianos-progresistas, donde adoptaron como sistema económico el ingrato socialismo del siglo XXI, y su doctrina del totalitarismo, donde dan cabida al control totalitario y obsoleto de las economías y al lavado de cerebro de la población, especialmente la más pobre. Luego de estas experiencias adoptadas y vividas en Latinoamérica, van perdiendo fuerza la política de los ajustes estructurales, que éstos causaban estragos venenosos y fatales a la población latinoamericana, especialmente sufridos en Argentina, Chile, Brasil, México. Los pobres se hicieron más pobres y los ricos más ricos y la clase media quedó solo de manera cultural. Es decir, no se tuvo el tacto, ni la sensibilidad social de la aplicación de la economía al sector humano, y eso que nadie lo refute porque las estadísticas y escenarios están comprobados y registrados.

 

¿Ahora nos preguntamos, después de todas estas experiencias amargas y letales de extrema derecha y extrema izquierda en la región, que no funcionaron por razones obvias, qué se nos viene encima?, ¿Qué tipo de sistema nos conviene aplicar, sin necesidad de ahorcar a un país en crisis sociales, económicas y por lógica aislarlo geopolíticamente?, Cual sería el nuevo pensamiento político-económico de los jóvenes políticos latinoamericanos?

 

 

 

 

 

 

 

La respuesta es muy sencilla, sin tanta confusión y ciencia, haciendo y diciendo las cosas con lenguaje sencillo, sin tanto tecnicismo, ésta se llamaría un Neo-Progresismo. Me explico.

 

Un sistema que ofrezca la oportunidad de progresar en todo sentido a la población e industriales, permitir el libre mercado e inversión extrajera de manera justa, humana y controlada, consecuentemente el desarrollo humano-social, sería más tangible y no solo estadístico, y la distribución de la riqueza sería más equitativa, éste no descuidaría las estratégicas relaciones internacionales e incrementar la capacidad de competir más eficientemente y éticamente. Se crearía un mejoramiento de las áreas sociales en todo sentido, y ésta sería más cualitativa en todo, que cuantitativa.

 

Desechar las ideologías del pasado que tanto daño han causado. TODO EVOLUCIONA, NADA SE QUEDA, las largas décadas socialistas y las neoliberales van perdiendo su fuerza por ley natural, a la población no se la puede engañar tan fácilmente.

 

 ¿El balance entre un libre mercado de excelencia y justicia con la conservación de los valores sociales “prácticos”, no de tanta verborrea y que crean “vagos de las repúblicas”, sería lo mejor, el equilibrio crea el balance, ahora preguntémonos: ¿hay políticos accionarios así? ¿Hay elites intelectuales y empresariales que apoyen un proyecto político de esa naturaleza? ¿Hay instituciones que faciliten este cambio imperante en América Latina? ¿Se debería desechar y extirpar las deshonestas sectores guerrilleros y delincuenciales en la estructura del estado?. Les dejo el beneficio de la duda. ¡Hasta la próxima edición!

Matar es fácil

Por Jorge Ramos

 

Estoy aterrado con lo fácil que fue para Stephen Paddock matar a tantas personas en Las Vegas. Acumuló un montón de armas en su cuarto de hotel, rompió dos ventanas y luego, como en un campo de tiro, se puso a disparar a las 22 mil personas que asistían a un concierto al aire libre.

 

Matar es muy fácil en Estados Unidos. No hay ninguna disputa de que en este país hay un peligroso enamoramiento con máquinas que te matan. En Estados Unidos existen más armas que habitantes y por eso es tan fácil matar; hay 112 armas de fuego por cada 100 habitantes, según un rápido vistazo en Wikipedia.

 

El argumento es muy sencillo: mientras más pistolas y rifles existan, más fácil es que se usen para matar. Pero esta lógica nunca ha podido convencer al congreso de Estados Unidos. Matanza tras matanza los congresistas se rehúsan a hacer algo al respecto. Hay mucho dinero de por medio.

 

Vamos al ejemplo. En el 2015 fueron asesinadas 13.500 personas con armas de fuego en Estados Unidos. Y en ese mismo año solo una persona fue asesinada de la misma manera en Japón, según un reporte de la Policía Nacional citado por el Washington Post. ¡Una!

 

¿Por qué esta enorme diferencia? Porque en Japón es muy difícil obtener una arma de fuego. Matar ahí es difícil; menos de una de cada 100 personas posee un arma.

 

Un reporte de la BBC enumera todo lo que tiene que hacer un civil japonés para comprar una pistola: tomar clases durante varios días, aprobar un examen, acertar 95 por ciento en una prueba de tiro, pasar una revisión de antecedentes penales y de posibles contactos con terroristas, y superar una investigación de familiares y compañeros de trabajo. El permiso sólo dura tres años y, luego, hay que volver a hacerlo todo. Japón ha demostrado que se pueden reducir drásticamente el número de asesinatos si complicamos y limitamos el acceso a las armas de fuego.

 

¿Por qué no se puede hacer algo así en Estados Unidos? Se puede perfectamente respetar la segunda enmienda de la Constitución -que garantiza el portar armas de fuego- y, al mismo tiempo, proteger la vida de todos los que vivimos en este país. Pero ese balance está roto.

 

 

Las masacres se han convertido en algo casi cotidiano. Creía, equivocadamente, que tras el asesinato de 20 niños y seis adultos en la escuela Sandy Hook de Connecticut en el 2012 las cosas cambiarían.

 

Pero no pasó nada. Pensé que tras el tiroteo en la discoteca Pulse de Orlando, donde murieron 49 personas el año pasado, surgiría un movimiento nacional para limitar el uso de armas. No ocurrió. Y ahora tras la matanza en Las Vegas -la peor en la historia de Estados Unidos- tampoco pasará nada. En Estados Unidos nos hemos vuelto inmunes a las matanzas.

 

En el patio de una de las entradas al edificio de Naciones Unidas en Nueva York hay una escultura extraordinaria, regalo del gobierno de Luxemburgo en 1988. Es una enorme pistola cuyo cañón termina en un nudo. Significa, para mí, el deseo de controlar la violencia.

 

Pero yo no veo ese deseo en ninguna parte en Estados Unidos. Este país se rehúsa a aprender la lección más obvia y sencilla: menos armas significan menos asesinatos. La nueva normalidad estadounidense es esta: los políticos no van a hacer absolutamente nada, en las calles se podrán seguir utilizando armamento de guerra y, de vez en cuando, tendremos una masacre a la que los noticieros le dedicarán todo su tiempo hasta olvidarlas en una o dos semanas.

 

El gobierno de Donald Trump -al que nada le ha salido bien en sus primeros meses en la Casa Blanca- jamás abriría un nuevo frente de batalla para limitar las armas. Además, el acto de terrorismo doméstico en Las Vegas va en contra de su narrativa de que los inmigrantes son el verdadero peligro para este país.

 

Quedé aterrado con la facilidad con la que Paddock asesinó a sus víctimas y con la absoluta negativa de Trump y de la clase política de hacer algo para evitar otra matanza. Es demasiado fácil matar aquí.

 

Posdata de papel toalla. El presidente Trump demostró una total falta de respeto en Puerto Rico cuando arrojó papel toalla a los damnificados del huracán. ¿Se acordarán de esto los votantes puertorriqueños cuando Trump busque la reelección en el 2020?

 

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No nos vamos a dejar

Por Jorge Ramos

 

CIUDAD DE MEXICO. Mi ciudad se quebró pero mi gente no. Regreso a algunas de las calles donde crecí y no las reconozco.

 

Hay decenas de edificios caídos por el terremoto de 7.1 grados pero los pedazos de cemento están cubiertos por una manta de cascos azules, rojos y blancos. Los trabajadores paran, levantan el puño y piden silencio. Es la señal de que, quizás, han encontrado a alguien con vida entre los escombros. Luego, bajan los brazos y esa manta multicolor se vuelve a mover buscando otra oportunidad.

 

No muy lejos, detrás de una cinta de la policía, están esperando cientos de familiares. Dan las dos de la mañana y no se han ido. Ni se irán, hasta saber si su mamá, si su hermano, si su hijo, está entre los muertos.

 

Conchita está angustiada y enojada. Su hija Karen, una contadora, trabajaba en el cuarto piso de un edificio que se derrumbó en la colonia Roma y no saben nada de ella. Conchita sigue hablando de su hija en presente, como si hacerlo en pasado fuera un mal augurio. Me lleva hasta el límite marcado por la policía con una cinta amarilla y desafiante, casi gritando, se queja de que los rescatistas dejaron de remover piedras hace un par de horas y que la vida de su hija depende de que no paren. Al final la abrazo y ella acepta el abrazo entre lágrimas.

 

Brian no tiene casa. Se le cayó con el temblor. El y su familia ahora viven en un coche. Pero se ha pasado el día ayudando en varios rescates. Lleva más de 24 horas sin dormir y aún está lleno de energía. “No puedo dormir mientras haya gente a quien ayudar”, me dijo.

 

Su conducta refleja lo mejor de México. Además de una maravillosa solidaridad, los mexicanos han demostrado una extraordinaria capacidad de respuesta tras el sismo. Y estoy seguro que esto se va a extender a muchas otras cosas. Los mexicanos escogemos presidente el próximo primero de julio del 2018 y este terremoto va a estar muy fresco en la memoria de los votantes.

 

La mentira sobre Frida Sofía -esa supuesta niña de 12 años que estaba a punto de ser rescatada en una escuela que se cayó- le quitó la poca credibilidad que le quedaba al gobierno en un momento crucial. Altos funcionarios de la Marina y hasta el propio Secretario de Educación alimentaron durante las horas más críticas una falsa narrativa que convenía a un gobierno que se quería ver eficiente y compasivo ante la tragedia nacional.

 

Hay muchas pero la primera conclusión es que periodistas y ciudadanos no podemos confiar en la información que venga del gobierno de Peña Nieto. La actitud más saludable de cualquier reportero es desconfiar, siempre, de lo que dicen los gobiernos. Así como es imposible creer la versión oficial sobre la compra de la Casa Blanca y la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, también es muy difícil creer el cuento de un gobierno honesto y capaz tras el terremoto.

 

El temblor me sorprendió a miles de kilómetros, en Mexicali. Prendí la tele y fue un deja vu. Otra vez, al igual que en el terremoto del 19 de septiembre de 1985, vi como los vecinos fueron los primeros en ayudar a otros vecinos. El ejército, la Cruz Roja y los topos -esos increíbles seres que se meten y salen de los hoyos buscando vida- aparecerían más tarde. Pero los primeros rescatistas fueron ciudadanos.

 

Ultimamente me he encontrado con grandes ejemplos del ingenio mexicano. En Mexicali conocí a muchos estudiantes de la universidad CETYS, cuyo objetivo a mediano plazo es estar entre los 10 mejores centros de estudio del mundo (y estoy seguro que lo van a lograr). Ante cada insulto de Donald Trump contra los inmigrantes mexicanos suelo pensar en el neurocirujano bajacaliforniano, Alfredo Quiñones, quien ha salvado miles de vidas en la clínica Mayo y en los mejores hospitales de Estados Unidos. Y son manos mexicanas las de miles de jardineros y trabajadores que están limpiando y levantando a Texas y la Florida tras el paso de los huracanes Harvey e Irma.

 

El terremoto, es cierto, nos tiene a todos con el corazón apachurrado. Recuperarse de este brutal golpe va a tomar años. Pero en casi todas mis pláticas he encontrado un sorprendente y renovado optimismo entre los mexicanos. En las calles donde crecí de joven hay una energía, casi euforia, que nunca antes vi.

 

Ante la adversidad ha habido mil respuestas alentadoras del ingenio mexicano. Incluso en los momentos más difíciles -como ocurre después de un sismo- juntos sabemos salir adelante. Así como la movilización ciudadana tras el sismo de 1985 fue el preludio de las primeras elecciones democráticas en México en el año 2000, el terremoto de este 2017 ha dejado ya una clara lección: no nos vamos a dejar.

 

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Rafiquito, el mal engreído

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Qué hermoso es escribir con libertad, a veces de manera y forma sensible y otra de manera y forma firme y dura, para comunicar a nuestra gente la verdad objetiva de las situaciones que pasan en nuestros países. Siempre he tenido la tenacidad de escribir fuerte o en contra de algo, cuando se ha observado por años injusticias, abusos del poder, CORRUPCION SISTEMATICA, y cinismo desmedido y otras cosas decepcionantes de un AHORA, ex gobernante como lo es Rafael Correa Delgado. Que impactó al Ecuador con una década perdida, mas no “ganada” como el lo dice, por lo expresado arriba.  En un artículo anterior, escribí mucho sobre este espécimen de la política socialista latinoamericana, titulado “El Gran Majadero”, porque eso es lo que es un majadero, mal habido de la política latinoamericana.

 

Hablar dentro de un análisis objetivo de este mal………personaje tiene mucha tela que cortar: su abusiva personalidad, su falso carisma, su desbalance emocional, su arrogancia, sus patanerías y más que todo su maldad usando la inteligencia para dividir a un país y casi llevarlo a una situación socio-económica terrible.

 

Con una deuda externa del más del 27% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando la constitución del Ecuador permite HASTA EL 40% del Producto Interno Bruto, éste se pasó de economista! El monto de ésta llega acaso 40 mil millones de Dólares, se hizo el machito con el Banco Mundial, con el Fondo Monetario Internacional, diciéndoles de todo, y entrego CASI TODO EL PAIS a China.

 

¿Pueden creer eso ustedes? Se dio golpes de pecho de nacionalista-alfarista y socialista justo, pero entregó los recursos naturales a China. Se merece el título de “burro de la república”. Se peleó con todo el mundo, casi armó una guerra con el siempre hermano país de Colombia, se alió con el burro latinoamericano más grande la historia, Nicolás Maduro. Y lo más grave de todo, atentó contra la democracia de Ecuador cambiando todas las leyes por medio de la Asamblea Nacional a su favor, para gobernar con más facilidad y tener la oportunidad de abusar del poder, como todo socialista frustrado y socialmente acomplejado lo hace por naturaleza. Trató al máximo de romper la estructura de las Fuerzas Armadas de ese país, teniendo como Ministro de Defensa a Ricardo Patiño, de la absurda ideología sandinista de izquierda ( ex guerrillero en Nicaragua), obviamente su intención era notable, destruir metódicamente a las Fuerzas Armadas del Ecuador, tratando de cambiar su estructura, y la tradicional disciplina alemana en sus filas, su alto nivel operativo y disuasivo, y su alto nivel profesional en todo.

 

La Vicky…como le decían a Patiño…..a saber porqué…..les dejó el beneficio de la duda por ese apodo tan suigeneris; trato de implantar normas y políticas que no coadyuvaban con la fuerza y disciplina militar, causando tensiones muy grandes que desde hace muchas décadas no se vio en el sistema político ecuatoriano entre los altos mandos militares del Ecuador y el gobierno, suplantando en el poder a crápulas de la historia política del país como lo fueron los Alfaro Vive Carajo, ex guerrilleros que hicieron mucho daño al país, como lo han hecho todas las guerrillas del mundo, por su mediocre mentalidad política y su alta violencia ideológica, y la metódica destrucción del Seguro Social Ecuatoriano.

 

Rafael Correa, “El Gran Majadero”, desarticuló de las Fuerzas Armadas de su misión especial, la protección al país de contingencias externas o internas, y formando una persecución política y humana, a oficiales quienes tuvieron los cojones (perdón la expresión) de contestarle de manera oportuna y justa, éste acostumbraba a enviar e-mails a todos los oficiales, sobre la supuesta nueva funcionalidad de las Fuerzas Armadas, teniendo como expectativa que nadie le conteste a su “majestad”, especialmente a la Marina de Guerra del Ecuador, institución que más sufrió con los arrebatos y cambios que “la Vicky” y Correa implantaron.

 

Hay muchos nombres por medio, pero hay uno, en especial que fue perseguido y juzgado injustamente por los altos mandos navales corruptos y esbirros a Rafael Correa. Su nombre es Capitán de Corbeta Infante de Marina, Edwin Ortega Sevilla, de buena casta militar, y graduado en la Escuela Superior Naval del Ecuador entre las primeras antigüedades. Un oficial intachable, honesto, disciplinado, dedicado y altamente humano, racional y profesional, le contestó el correo electrónico al majadero de Correa, y fue suficiente para perseguirlo y acabar con una carrera militar honorable como la de Edwin Ortega. Fue juzgado dos veces eso fue totalmente ilegal, no puede haber dos juzgamientos por un mismo caso, el primero salió inocente, no contento el majadero de Correa y su acompañante “la Vicky”, buscaron más argumentos y violaron el código de disciplina naval juzgándolo dos veces y destruyendo la carrera militar-naval de él.

 

Lo que no supo el majadero de Correa es que se encontró con un toro de lidia que tiene la nobleza, bravura y buena casta, que hizo de Edwin Ortega un futuro líder del Ecuador. No se dio cuenta Rafael Correa y su Vicky, que formó de Edwin Ortega Sevilla un futuro líder político-estratégico en Ecuador. Así actúan los disque inteligentes pero irracionales con mucha falta de sentido común, como lo hizo Rafael Correa.

 

Ahora está amenazando con regresar, lo que no sabe este majadero y su eterna Vicky (Ricardo Patiño) es que el pueblo ya no está ciego de pasión política, vio quién es el mismo demonio que destruyo a los ecuatorianos y los desunió, capaz de hacer cualquier cosa con tal de satisfacer su egoísmo y egocentrismo al máximo, creyéndose el mesías político del Ecuador.

 

Las cosas hay que denunciarlas con ganas y hechos probados. Políticos así hay que “refrescarles su madre” (perdón la expresión, lectores) y denunciarlos, aunque a veces causa nausea y vómito, disculpen mi rudeza, de escribir estas cosas sobre gobernantes que son una vergüenza nombrarlos por su perfil desastroso. ¡Lo que sí saben los ecuatorianos es que la aplicación de la ecuación política del socialismo del siglo XXI es igual a una basura que lo único que queda es quemarla!, pues el comportamiento y perfil de Rafael Correa y su Vicky “es natural mas no es normal” de un estadista ¡Hasta la próxima edición!

Nada es normal

Por Jorge Ramos

 

MIAMI, Florida. Escribo esto con una pluma sobre un papel amarillo y humedecido. Hace días perdí la electricidad en mi casa -y por lo tanto, la internet, el teléfono y cualquier contacto con el resto del mundo.

 

Wi-Fi suena a nombre de perro. En lugar de rayitas, mi celular dice No Service. Los regaderazos matutinos me dejan temblando por el agua extrañamente fría, y me paso las noches leyendo a vela y sudando hasta el amanecer. Abrir la ventana me dejaría expuesto a un brutal ataque de mosquitos. Mi postre fue un pan tibio que me supo a…pan tibio.

 

No hay nada como un huracán para recordarnos lo pequeñito que somos. Nada es normal después de que pasa un huracán. Hay partes de Miami intransitables. Los árboles caídos son una constante prueba de obstáculos y paciencia. Las laberínticas filas en las gasolineras, supermercados y ferreterías le traen malos recuerdos a los que acaban de irse de Venezuela. Sin semáforos a veces reina la amabilidad y otras la ley de la camioneta más grande.

 

Desconozco el lugar donde vivo. Y lo peor es que va para largo; también estuve aquí tras el paso del huracán Andrew en 1992 y sé que recuperarse de un desastre así toma años, no semanas o meses.

Miami es una ciudad muy vulnerable. El huracán Irma, disminuido a categoría tres, apenas nos rozó y, aún así, lo trastocó todo. La avenida Brickell se hizo río, Coral Gables parecía una selva despeinada y la marina de Coconut Grove se transformó en un dominó de botes.

 

Esto es lo que pasa cuando insistimos vivir junto al mar. Apartamentos en construcción se siguen amontonando pegaditos a la bahía de Biscayne, entre desafiantes y tontos. Pero el calentamiento global no es un invento chino, como alguna vez aseguró el científico Donald Trump. Los océanos suben de temperatura, los polos se derriten y esa agua se tiene que ir a algún lado. Al final, el mar va a ganar.

 

Sospecho que pronto los precios de las propiedades en la Florida se van a caer. ¿Quién quiere vivir en un lugar donde una vez al año se te puede inundar la casa y volar el techo?

 

Hay otras ciudades a las que también se las puede comer el mar.

Como película de horror, los miamenses que huyeron al norte -a Naples, Tampa y Jacksonville- fueron alcanzados por la tormenta horas después. Vi una foto satelital en que Irma cubría toda la península de la Florida. Nadie se pudo escapar.

Horas después de que Irma pisara tierra ya había salido ese segundo ejército de Estados Unidos -el de los inmigrantes- listo para recoger los escombros y poner las cosas en su lugar. Los jardineros, de pronto, se convirtieron en los trabajadores más buscados del estado. Sí, manos inmigrantes son las que van a reconstruir la Florida.

 

No somos los primeros en caer ante la belleza de la Florida. El explorador Juan Ponce de León reclamó el territorio para España en 1513. De aquí surge el mito de un manantial que transformaba en jóvenes a los viejos. El optimismo por esta hermosa lengua de tierra llegó al grado de nombrar a una ciudad Panacea.

 

Pero la belleza de la Florida esconde enormes peligros. Para nosotros es el Océano Atlántico y el Golfo de México que reclaman playas, calles y casas. ¿Quién aguanta vientos superiores a las 150 millas por hora y una marejada ciclónica de la altura de dos personas?

Tres días después del paso de Irma me fui a Big Pine Key, casi en la punta sur de Estados Unidos. El ojo del huracán pasó cerca de aquí. Algas cubrían la carretera y el sol, castigador, decía yo no fui. Un parque de casas móviles quedó como un castillo de Lego luego de ser pateado por un niño. Aquí ya nada será igual, aunque le den vuelta a los trailers volteados.

 

Cuando vuelva la señal del celular, y mi jardín parezca un jardín, y regrese la electricidad, y la internet me llegue con un click, y me duerma sin sudar y sin mosquitos, y mi postre no sea un pan tibio, entonces todo será normal. ¿Será?

Me pregunto si todo esto se nos va a olvidar. Quizás lo vamos a poner en uno de esos rincones mentales donde almacenamos las cosas incómodas. Hasta que la próxima semana o la siguiente temporada de huracanes me llegue un tuit diciendo que se ha formado una depresión tropical frente a las costas de Africa y sienta una gota de sudor en la frente.

 

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Todos con los “Dreamers”

America’s Voice

 

Los estadounidenses quieren que el Congreso apruebe una legislación que ponga a los Dreamers en una vía a la ciudadanía. Las encuestas muestran que incluso el 70% de los votantes republicanos apoya una solución legislativa.

 

La aprobación del Dream Act es algo completamente aceptado. Esto lo evidencian no solamente las encuestas, sino la cifra impresionante de empresas estadounidenses que añaden sus nombres a la lucha, así como la enorme cantidad de fondos que han sido reunidos para apoyar las renovaciones urgentes de DACA.

 

Unos 800 líderes empresariales estadounidenses hacen un llamado al Congreso para que apruebe la legislación de los Dreamers: una carta actualizada que fue dada a conocer con un llamado al Congreso para “aprobar inmediatamente el Dream Act bipartidista –o una legislación similar– que dé a los Dreamers la solución legislativa permanente que merecen”, cuenta con las firmas de unos 800 líderes de empresas estadounidenses.

 

Organizada por FWD.us, entre los signatarios de la carta se incluye a gente destacada como Warren Buffett y líderes de compañías como General Motors, Walmart, Starbucks, Facebook, Microsoft, PepsiCo, Google, Marriott, Apple, Amazon, Hyatt, Visa y Kaiser Permanente. La carta, que fue enviada a líderes del Congreso de ambos partidos, también dice que “los Dreamers son parte vital para el futuro de nuestras compañías y de nuestra economía”.

 

Estadounidenses ayudan a beneficiarios de DACA a reunir sus cuotas de renovación: para los actuales beneficiarios de DACA cuyo permiso de trabajo y estatus vence en o antes del 5 de marzo de 2018, las solicitudes de renovación tienen que ser enviadas y estar en las manos del DHS antes del 5 de octubre, una nueva, arbitraria y costosa fecha límite para una cuarta parte de los 800.000 beneficiarios de DACA.

 

Suzanne Gamboa escribe en NBC News que una amplia gama de personas que apoyan en todo Estados Unidos están dando un paso importante con la ayuda de las cuotas de renovación para los bneficiarios de DACA, dada la urgencia y la necesidad: “Grupos y personas están reuniendo dinero de una manera urgente para ayudar a los jóvenes inmigrantes a cumplir con la fecha límite del 5 de octubre a fin de renovar su permiso para permanecer en Estados Unidos, con un costo de $495 por cada uno.

 

En todo el país, grupos pro inmigrantes y comunitarios, y en el caso de Rhode Island su gobernador, están proveyendo ‘becas’ y préstamos para cubrir la cuota para que los inmigrantes renueven su isncripción al programa de Acción Diferida para Quienes Llegaron en la Infancia (DACA)”.

 

Además del apoyo para que el Congreso proclame una solución urgente, la evidencia económica de las contribuciones de los Dreamers sigue aumentando. Un estudio divulgado por el Center for American Progress encontró que aprobar el Dream Act y colocar a Dreamers elegibles en una vía al estatus legal “agregaría un total de 22 mil millones de dólares anualmente al Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos. Debido a que los beneficios de la legalización aumentan cada año, el incremento acumulado del PIB en 10 años sería de 281 mil millones de dólares”.

 

De acuerdo con Lynn Tramonte, subdirectora de America’s Voice Education Fund, “hay un claro apoyo hacia los Dreamers en toda la sociedad estadounidense, desde empresas hasta la gente común. Es mero sentido común, no una cuestión polémica, hacer posible que los jóvenes que crecieron en Estados Unidos se queden aquí y continúen forjando sus vidas. Si el Congreso hace su trabajo y aprueba una legislación que refleje esta posición generalizada, tanto republicanos como demócratas serán elogiados por llevar a cabo realmente una política pública racional que ayude a la gente y que haga avanzar al país”.

 

“No nos ven como humanos”

Por Jorge Ramos

 

La grandeza o ineptitud de los presidentes suele ser medida, no por la manera en que tratan a los ricos y poderosos, sino por la forma en que cuidan y protegen a los más vulnerables. Donald Trump será recordado por la forma en que maltrató a casi 800 mil “dreamers”.

 

El mismo hombre que dijo que tenía un “gran corazón” tomó una decisión llena de crueldad. Le quitó la protección migratoria (conocida como DACA) a miles de jóvenes que llegaron ilegalmente a Estados Unidos antes de cumplir los 16 años de edad. Así, en un par de años, perderán todos los beneficios que con tanto trabajo le sacaron al expresidente Barack Obama en el 2012.

 

Trump ni siquiera tuvo el valor de dar la cara. Se escondió y envió a su procurador general, Jeff Sessions a dar la mala noticia. Sessions, también temeroso, no se atrevió a responder preguntas de la prensa. Pero sí trató de deshumanizar a los “dreamers” al llamarles “illegal aliens” -un espantoso vocablo en inglés que a la ilegalidad le suma la misma palabra que se utiliza para los extraterrestres.

 

Minutos después del anuncio de Sessions, el “dreamer” Josué de Luna estaba triste y enojado en una protesta frente a la Casa Blanca. “No nos ven como humanos,” se quejó en una entrevista con Univision. “¿Qué tengo yo que no me hace humano ante sus ojos?”

 

Trump y algunos representantes de su gobierno tienen la maldita costumbre de criminalizar a los extranjeros en cada oportunidad que tienen. Se les olvida que la madre y el abuelo de Trump, y dos de sus esposas, también han sido inmigrantes.

 

“No nos ven como personas”, me dijo en una conversación, la activista Astrid Silva, de la organización Dream Big Vegas. Ignorar al otro es una de las principales formas de rechazo. Y en México hasta tiene un verbo: ningunear.

 

Trump, haciéndose el magnánimo, le tiró el problema de los Dreamers a un congreso que se ha hecho famoso por no llegar casi nunca a ningún acuerdo. Hoy no hay prácticamente ninguna posibilidad de que Demócratas y Republicanos negocien una nueva ley que proteja a los Dreamers y, mucho menos, una reforma migratoria que legalice a los 11 millones de indocumentados. El congreso de Estados Unidos es un hoyo negro; chupa las mejores ideas y luego ahí se pierde todo.

 

Pero ya nada me sorprende de Trump. A veces nos hace creer que va a hacer lo correcto -como cuando dijo que él amaba a los Dreamers y que no tenían de qué preocuparse- y luego nos vuelve a lastimar y decepcionar. De hecho, la conducta de Trump es muy predecible.

 

Primero le llamó criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos. Luego pidió la construcción de un muro en la frontera y propuso prohibirle la entrada a Estados Unidos a todos los musulmanes. Más tarde equiparó a neo-nazis con los manifestantes que protestaban contra el racismo en Charlottesville y perdonó al sheriff, Joe Arpaio, acusado de discriminar contra Latinos. Entonces no debe de asombrarnos su decisión de quitarle sus licencias y permisos de trabajo a los Dreamers.

 

Dice tanto cuando un presidente perdona a un culpable de violar la constitución y castiga a cientos de miles de estudiantes. Es nuestro error creer que Trump va a cambiar.

 

Los que tampoco van a cambiar son los Dreamers. Ya sabemos cuál va a ser su estrategia de lucha. Menos de una hora después del anuncio oficial del fin de DACA, 34 Dreamers y activistas fueron arrestados en Nueva York durante una manifestación en que pararon el tráfico de la Quinta Avenida, frente a la torre Trump.

 

Su grito de batalla es “un-documented and un-afraid” (sin documentos y sin miedo). Por supuesto que temen ser deportados, separados de sus familias y ser enviados a un país que no conocen. Pero la lección que me han dado es esta: el primer paso es perder el miedo.

 

No debemos olvidar cómo se dio a conocer a nivel nacional el movimiento Dreamer: con cuatro jóvenes indocumentados del Miami Dade College caminando en el 2010 desde el sur de la Florida hasta el capitolio en Washington.

 

Esta es mi apuesta. Creo mucho más en el Estados Unidos que proponen los Dreamers -con diversidad, tolerancia y aceptación de los inmigrantes- que en el país lleno de odio, crueldad y prejuicios que propone Trump. Al final, estoy seguro, los Dreamers van a ganar.

 

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En casa de herrero, cuchillo
de palo

 

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Todos los jefes de estado tienen algo escondido. Y también cuando se trata de gobernar un país aplican diferentes estrategias y planes. Lo más justo es que esas estrategias y planes vayan alineados, no solamente a la parte moral, ética y religiosa de cualquier país, sino también a las urgencias que este tiene, en momentos donde los liderazgos tienen que asomar de forma justa, simétrica y en el momento correcto.

 

Hace un tiempo atrás escribí un artículo titulado “Los retos amargos de Trump”, y explicaba de manera oportuna, los desafíos que nuestro Presidente tenía, al montarse en tremendo caballo, como lo es gobernar los Estados Unidos. Uno de estos retos era el de mantener a una población unida, con expectativas, no solamente económicas, que, si son buenas, también con lo social y de la justicia. Cuando uno es observador de los movimientos sociales en Estados Unidos, se da cuenta que algo raro está pasando, y esto es la desunión de un país. Polarizado por el reviviente racismo y extremismo. Un líder con buenas intenciones JAMAS DEBE PERMITIR QUE CRAPULAS SOCIALES (perdón la expresión) DIVIDAN LOS ESTADOS UNIDOS. Una de las conveniencias políticas de un gobernante es la de mantener a un país contento y unido.

 

Actualmente el presidente Donald Trump ha perdido mucha imagen por su tardía reacción frente a los hechos ocurridos en Charlottesville-Virginia. Como un comparativo simple, después de los atentados terroristas en Barcelona-España, Mariano Rajoy, Presidente español, de forma inmediata se solidarizó con el pueblo español y sus víctimas, Donald Trump reaccionó a los dos días, diciendo estupideces y media (perdón la expresión).

 

Dentro de un criterio analítico en sí, el presidente Trump está cometiendo errores fatales en su gestión gubernamental. Primero, en las relaciones internacionales se ve muy mal, Europa no simpatiza con Trump, Japón esté comenzando a tener diferencias en la elaboración de su nueva constitución al estilo japonés, también sus extrañas relaciones comerciales con Rusia, que afectan a los Estados Unidos en cierta parte. La polarización de este país con los ignorantes confederados, que quieren extender su ideología de absurdo antaño, que ya no cabe en esta sociedad por todo el país.

 

Y lo peor y más impactante la anulación del DACA, programa, que permitía a niños y jóvenes inmigrantes, especialmente mexicanos y centroamericanos, poder permanecer legalmente en Estados Unidos y aportar de manera objetiva a la economía y desarrollo de este país.  Con esta última decisión el Presidente Donald Trump, cometió un “pseudo-suicidio político”, haciendo notar su poca simpatía por otras etnias y culturas; pues la verdad siempre sale a la luz, a la final su perfil oculto poco a poco sale a conocerse.

 

Su ego personal y arrogancia política ha hecho que sus relaciones con los demás sectores políticos y especialmente con la prensa, que es un “poder autorizado y de penetración psicológica fuertísima en este país” se vaya lacerando de manera intensa y profunda. Un “VERDADERO ESTADISTA JAMAS SE HACE ENEMIGO DE SECTORES ESTRATEGICOS, TIENE QUE SER SABIO” y más que todo tolerante, esta última virtud muy poco bien demostrada por Donald Trump, especialmente a sectores sociales consideradas minorías en los Estados Unidos.

 

 

 

 

 

 

 

Ha habido muchas cortinas de humo políticas con la estrategia nacionalista del Presidente Donald Trump. Primeramente, la absurda idea del muro de la vergüenza, después las amenazas de deportación masiva, luego los secretos insanos de un pseudo-estadista con Rusia, suma la confrontación con miembros de su mismo gabinete, también la “bronca” diaria con la prensa, y así etc., etc.  Se ve mucho desbalance en su perfil como estadista, y obviamente su falta de experiencia y tolerancia. Pues él es un hombre exitoso de negocios, pero con sus acciones podría convertirse en un pésimo ejemplo como político, que solo un recluta mal formado de la política lo haría, disculpen mi rudeza.

 

En conclusión, vivimos “la era del desconcierto”, no se sabe que va a pasar en escenarios generales. El Presidente Donald Trump debería tener un largo rato de reflexión sobre su actitud y comportamiento, y más que todo asesórense de personas de mejor calidad humana, que nos solo tengan el pragmatismo y decisión política, sino también ser más sensitivos en los aspectos humanos de una nación ejemplar como los Estados Unidos. ¡Hasta la próxima edición!

 

Después de la tormenta

Por Jorge Ramos

 

Perla y Nancy lloraban desconsoladas. El esposo de Nancy, Jorge Pérez, había muerto. Y el esposo de Perla, Benjamín Vizueth, estaba desaparecido. En Houston ya había dejado de llover pero el huracán Harvey se los había llevado.

 

Las dos mujeres me contaron en una entrevista lo que había ocurrido. Sus esposos -junto con otros tres familiares y amigos, y dos periodistas del Daily Mail- se subieron a una lancha para recorrer las calles de Houston en busca de personas atrapadas por las inundaciones. Ya habían rescatado a dos familias en dos viajes pero todos insistieron en salir una tercera vez.

 

De pronto una fuerte corriente empujó la lancha contra un poste. Un poderoso choque de electricidad aparentemente los tiró a todos fuera de la lancha, donde dos murieron electrocutados. Dos más están desaparecidos. Tres fueron rescatados.

 

La historia de Jorge, Benjamín y sus compañeros, todos de México, refleja las enormes contribuciones de los inmigrantes a Houston. Ni el gobierno de Trump, ni el estado de Texas, ni la Cruz Roja podían hacer lo que estos inmigrantes. Y cuando más se necesitaba, salieron a ayudar a sus vecinos.

 

“Mi esposo es un héroe”, me dijo Nancy. Y lo es. En Houston uno de cada cuatro habitantes es inmigrante. (Esto es 1.4 millones nacieron en el extranjero de un total de 6.3 millones, según el Migration Policy Institute.) ¿Quién va a reconstruir las casas, las autopistas y las empresas de Houston? Serán manos inmigrantes, por supuesto. Houston es la tercera ciudad del país con el mayor número de mexicanos.

 

Houston también es el futuro de Estados Unidos. Ningún grupo domina. En el último censo los blancos eran solo el 40 por ciento de la población, los latinos el 36 por ciento, los afroamericanos el 17 por ciento y los asiáticos el 6 por ciento. Esto es muy parecido a como se verá Estados Unidos en el 2044, cuando todos seremos minorías.

 

Un tuit sugirió que el dinero que el presidente Donald Trump se va a gastar en el muro con México sea dedicado a la reconstrucción de Houston.

 

 El líder del Senado, Mitch McConnell, una vez calculó que ese innecesario muro costaría hasta 15 mil millones de dólares. Houston necesita cada uno de esos dólares. (Ojo, no, México no pagará por el muro.)

 

El cambio climático es real. Harvey, la tormenta que más lluvia ha acumulado en la historia reciente de Estados Unidos, ocurre en momentos en que sube la temperatura de los océanos y se deshielan los polos. No es ninguna coincidencia que Harvey hubiera sido un huracán tan brutal. Y aún así existe gente que cree que el cambio climático es un invento de los chinos.

 

Vi, entre horrorizado y entristecido, como la vida dejó de ser normal para las familias que vivían en las 100 mil casas que resultaron afectadas en Houston. En un estrujante reportaje de televisión que hizo mi compañero, Enrique Acevedo, una mujer llega a su casa en un pequeño kayak, abre la puerta de la entrada principal y se encuentra todo el primer piso inundado con casi un metro de agua. En el fondo solo se oye el golpe del agua contra las paredes de la sala. Ella no dice nada. Pero todos los que estábamos viendo ese reportaje supimos en ese preciso instante que su vida nunca más sería igual.

 

En lugar de ella pude haber sido yo. O mi vecino. O mis compañeros de trabajo. Esa es la ruleta del clima. Harvey pudo haber arrasado Miami, la ciudad donde vivo. Hace 25 años fuimos nosotros. El huracán Andrew, categoría 5, entró con toda su fuerza al sur de la Florida y nos tardamos años en salir adelante. La señal de televisión y de internet, agua potable, aire acondicionado y calles transitables parecían un lujo inalcanzable.

 

A la larga nos recuperamos. Pero nunca vuelves a pensar en los huracanes como algo que le pasa a otras personas. Los meteorólogos dicen que otra tormenta se está formando en el Atlántico pero me niego a seguirla en el mapa. Es demasiada angustia.

 

Por ahora solo pienso en Perla, en Nancy y en todos los inmigrantes que se van a necesitar para levantar a Houston después de la tormenta.

 

Trump contra la prensa

Por Jorge Ramos

Voy a decirlo desde un principio: me estoy preparando para cuatro años (y quizás ocho) con Donald Trump en la presidencia. Sí, he escuchado a gente muy inteligente -como al ex asesor de Seguridad Nacional, James Clapper- decir que Trump no está capacitado para ser presidente y que le preocupa que tenga en sus manos los códigos para lanzar bombas nucleares. Pero Trump ganó la elección en noviembre pasado y en las democracias gobiernan los que ganan.

 

También hay muchos que creen que Trump podría ser destituido. El fiscal independiente, Robert Mueller, investiga si el gobierno ruso conspiró con la campaña presidencial de Trump para ganarle a Hillary Clinton. Pero mientras no haya ninguna evidencia incontrovertible de que los resultados de la elección fueron manipulados o que Trump personalmente pidió la intervención rusa, él seguirá en la Casa Blanca.

 

Sí, Trump es el presidente y lo será por un buen rato. Pero eso no significa que tenga siempre la razón. A él le gustaría que los periodistas independientes fuéramos como la prensa estatal en la antigua Unión Soviética o en las actuales Cuba y Corea del Norte: obsequiosos, partidistas, obedientes y serviles.

 

Nunca será así. Aquí en Estados Unidos la primera enmienda de la Constitución nos protege a los periodistas contra cualquier persona o ley que quiera limitar nuestra libertad de expresión y de prensa. Aunque Trump quiera, no nos puede callar. Por eso nos ataca en público, como en un berrinche.

 

Su discurso de 77 minutos en Phoenix, Arizona, ha sido uno de los más brutales ataques de cualquier presidente estadounidense en contra la prensa. Nos acusó desde falsificar noticias hasta ser enemigos del país. Trump estaba claramente enojado.

 

¿Por qué? Porque los periodistas, con razón, destacamos que culpó a “ambos lados” -racistas y sus opositores- de la reciente violencia en Virginia. Porque dijo que había “gente fina” entre los supremacistas blancos que se manifestaban. Y porque describió como “bellas estatuas” los monumentos que recuerdan a los líderes de la Confederación que defendieron la esclavitud. Por eso se enojó Trump.

Ni modo.

 

Sí, Trump es el presidente pero miente mucho. Y la prensa ya lo sabe. El Washington Post hizo una lista de todas sus mentiras. Son 1.057 mentiras desde el 20 de enero hasta el 22 de agosto. Un promedio de 4.6 mentiras por día. Los periodistas tenemos la obligación de reportar que el presidente de Estados Unidos no dice la verdad.

 

Sí, Trump es el presidente pero ha hecho varios comentarios racistas. Culpó injustamente a los inmigrantes mexicanos de ser criminales y violadores. Y dijo que el juez Gonzalo Curiel no podía hacer bien su trabajo solo porque sus padres son de origen mexicano. Los periodistas tenemos que informar a la gente cuando su presidente queda embarrado por coquetear con el racismo.

 

A Trump no le gusta cuando le cantamos sus verdades a la cara; cuando le decimos que miente, que se equivoca, que hace comentarios sobre personas de otros grupos étnicos que obligarían a la expulsión de cualquier niño estadounidense de su escuela. Pero al presidente no lo podemos expulsar de la Casa Blanca. Así que nuestra único remedio es criticarlo y destacar sus errores. Ese es nuestro principal función social como periodistas; cuestionar al presidente y a los que tienen el poder.

 

Esto es importante. Los periodistas criticamos a Trump no porque seamos partidistas o porque odiemos a Estados Unidos (como él quiere hacerle creer a la gente). No, lo criticamos por sus propias faltas y errores.

 

Estoy bien entrenado. Durante más de 30 años me ha tocado cubrir dictadores, déspotas y líderes autoritarios en América Latina. Trump, a veces, se parece a esos personajes de Gabriel García Márquez que se creen omnipotentes e invencibles. Pero en las novelas del Premio Nobel de Colombia -y en la realidad- esos personajes siempre acaban desmoronándose. Trump no será la excepción.

 

Así que este es mi pronóstico. Trump seguirá siendo presidente y los periodistas seguiremos informando cuando diga mentiras y cuando haga comentarios racistas, sexistas y xenofóbicos. Trump, seguramente, nos seguirá atacando. Pero los periodistas ya sabemos qué hacer: ante cada ataque, más periodismo.

 

El odio se desparrama

Por Jorge Ramos

 

Hay momentos en que no te puedes quedar callado porque luego te vas a arrepentir el resto de tu vida. Este es uno de ellos. Cuando el presidente de Estados Unidos se tarda dos días en condenar por nombre a supremacistas blancos y neonazis de la reciente violencia racista en Virginia es cuando hay denunciar su falta de liderazgo y claridad moral. Tras una serie de ambiguos mensajes quedó claro que Donald Trump, cree que “ambos lados” -racistas y sus opositores- fueron responsables de lo ocurrido en Charlottesville. Pero se equivoca.

 

Chelsea Alvarado, de 22 años, estaba en la protesta tocando un tambor y me aseguró en una entrevista que Trump no sabe lo que dice. “¿Cómo voy a ser responsable si yo solo estaba tocando un tambor y del otro lado había personas con armas de guerra?” me dijo. El auto que atropelló y mató a Heather Heyer también le pegó al tambor de Chelsea y eso, de alguna manera, la salvó. Pero Chelsea cayó al piso y resultó herida. “No, Trump no habla por mí”, me dijo, desafiante.

 

Trump tampoco habla por millones de estadounidenses que no pueden comprender la manera como su presidente habla de los grupos más despreciables y retrógrados del país. En una conferencia de prensa Trump definió como “gente fina” (some fine people) a personas que marchaban con los racistas. También describió en un tuit como “bellas estatuas” (beautiful statues) a los monumentos que recuerdan a los líderes esclavistas de la Confederación durante la guerra civil. Finura y belleza no son conceptos que yo vincularía con racistas y con defensores de la esclavitud.

 

En el 2017 debería ser muy fácil para cualquier líder del mundo criticar a los que se creen superiores solo por el color de su piel. Esa ideología es culpable de las peores masacres de la humanidad. Pero Trump duda, da vueltas, retrocede, corrige y se vuelve a equivocar.

 

 

Ya nada me sorprende de Trump. Tras sus comentarios racistas contra los inmigrantes mexicanos en junio del 2015, los latinos fuimos los primeros en darnos cuenta. Lo que me sorprende es que el resto del país se haya tardado tanto en reaccionar. El odio se contagia de arriba para abajo. Y Trump tiene mucha de la culpa; desde sus planes para evitar la entrada de musulmanes hasta sus políticas contra los inmigrantes.

El odio se desparrama. Nadie se escapa. Los efectos del trumpismo han llegado hasta mi casa. Desde hace más de 20 años vivo y trabajo en el condado de Miami-Dade. Es un condado con 2.7 millones de habitantes y donde el 60 por ciento de la población es inmigrante. Aquí viven miles de indocumentados que, en la práctica, ayudan a que Miami prospere y funcione.

 

Pero su alcalde, Carlos Giménez, un inmigrante nacido en la Habana, ha decidido darle la espalda a muchos inmigrantes que llegaron después que él. Giménez se rehusó a declarar al condado Miami-Dade como santuario para indocumentados. Eso significa que coopera con la administración de Donald Trump en ciertas cuestiones migratorias. Como compensación por su cooperación, el condado recibirá unos 450 mil dólares del gobierno federal.

 

El acuerdo final es éste: dinero a cambio de indocumentados. Los alcaldes de Filadelfia, Nueva York, Chicago y Los Angeles, por dar un ejemplo, se han negado a cooperar con las políticas antiinmigrantes de Trump y han declarado santuario a sus ciudades. Pero Miami-Dade y su alcalde prefirieron quedarse del lado de Trump y agarrarle la manita. No hay nada más triste que cuando un inmigrante le cierra la puerta a los inmigrantes que vienen detrás.

 

Las políticas antiinmigrantes de Trump y sus vergonzosas declaraciones sobre la violencia racista no permiten la neutralidad. Es patético ver a los seguidores y asesores de Trump tratando de defenderlo. ¿Cómo defiendes a alguien que ha hecho comentarios racistas, sexistas y xenofóbicos? ¿Qué dice de ti el asociarte con alguien así? Estoy convencido que en el futuro todos -periodistas y no- seremos juzgados por la manera que respondimos ante los excesos de Trump.

 

Frente al odio, no te puedes quedar callado. El silencio es complicidad.

 

Posdata. Barcelona ;-((( Nos pudo haber ocurrido a cualquiera. Ahí, a las Ramblas, he llevado varias veces a mi familia. Pero Barcelona no se va a dejar. Estoy contigo. Regreso pronto.

 

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La bandera y estatuas

de la vergüenza

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Una cosa muy distinta es la tradición y el recuerdo, y otra el odio. El proceso de cambio estructural en las sociedades sureñas en este siglo XXI, comenzó el 10 de Julio del 2015, cuando por votación e influencia política de la ex gobernadora de este estado Nikki Haley, dio la orden de quitar la bandera de la gobernación de Carolina del Sur, ya que representa erróneamente al racismo y al odio.

 

La historia mal habida por décadas de esta bandera, ha sido llevada por muchos escenarios, al patriótico sureño, al tradicionalista de la historia, pero también a las personas que creen en la supremacía blanca (ignorantes de suero envenenado, mas no parte de la crema y nata sureña)…..”. Al buen entendedor, pocas palabras…

 

Últimamente hemos podido observar, desde hace varios días en Charlotteville (Virginia), los disturbios por hacer desaparecer todos los símbolos confederados, donde grupos de alto sentido común derribaron la estatua del General confederado Robert Lee. Gracias a este personaje, el Sur de este país ha sido humillado, discriminado y con un retraso de todo. Y además muchos movimientos ya están en contra de que símbolos confederados sigan izados y considerados como patrióticos, esto No es un error, sino un HORROR.

 

Si analizamos la historia de la guerra civil norteamericana, ésta se dio justamente por el avance tecnológico e industrial del norte versus la troglodita mentalidad de esclavistas sureños, una forma decadente de pensar, donde la revolución industrial se impuso y humilló a la pobreza mental esclavista. Los estados confederados del sur perdieron la guerra y Abraham Lincoln con leyes y decretos humilló al sur de este país para toda la vida. El sur quedó sentido, acomplejado y atrasado, mental e industrialmente en comparación al norte. Aquí no se trata de humillar a los estados sureños de Estados Unidos, se trata de ver la realidad y la historia lo ha demostrado.

 

La representación simbólica de la bandera confederada significa muchas cosas, y “más malas que buenas”. Es usada por el Ku Klux Klan, es usada por los conservadores sureños que no dejan su complejo de superioridad fuera, sino más bien lo aplican con odio, la verdadera representación de la bandera confederada ha sido denigrada por este grupo de ignorantes extremistas, que por lo general si ustedes son observadores, los que llevan esta bandera son personas de una pobreza mental extrema, viven del gobierno, tienen vicios adictivos, tienen un nivel de vida vergonzante, su presencia es deplorable y no tienen ni un ápice de conocimiento histórico verdadero, de la misma geografía mundial, son una estofa social llena de complejos horrorosos, su lenguaje es ofensivo con todo el mundo.

 

La historia de los pueblos y su proceso se respeta, pero, la ignorancia y el fanatismo se los combate y duramente. Los símbolos confederados, incluyendo esta bandera de la vergüenza, con el tiempo van a ser destruidos, el sentido común y la racionalidad se imponen a la ignorancia y arrogancia de este tipo de personas.

 

La mejor manera de combatir este mal que aún avergüenza a este país, es preparándose, instruyéndose, sabiendo la ley, nunca bajes al nivel de “idiotas de ese tipo” porque nunca se logrará nada, “los confederados, van a quedar como eso,” como confederados”, un grupo reducido de ignorantes, fanáticos, llenos de odio, que su complejo histórico jamás lo podrán olvidar, pues fueron humillados en el campo de batalla, y están ahora siendo humillados por la buena razón y el progreso de las minorías, haciéndoles saber con hechos tangibles que su pobreza mental hará que entre ellos mismos se exterminen y sean olvidados para siempre. Hasta la próxima edición.

Nieto de inmigrantes

Por Jorge Ramos

 

Es difícil encontrar en Estados Unidos a un político más anti-inmigrante que Donald Trump. Quiere cortar la migración legal a la mitad, ha llamado violadores y criminales a los inmigrantes de México, desea prohibir la entrada a personas de seis países mayoritariamente musulmanes, en la campaña dijo que podría deportar a 11 millones en dos años si se manejaba correctamente, y sus órdenes de arrestos a cualquier que haya entrado ilegalmente está generando terror en la comunidad Latina. ¿De dónde viene ese rechazo hacia los extranjeros?

 

Ciertamente no de su familia. Los Trump son una familia de inmigrantes e hijos de inmigrantes. El abuelo del actual presidente, Friedrich Trump, fue un inmigrante alemán, su madre Mary Anne vino de Escocia, y su esposa Melania es de Eslovenia. Y cuatro de los cinco hijos de Trump tienen a una madre inmigrante. A mí me parece una traición cuando un inmigrante o un hijo de inmigrantes trata de cerrarle la puerta a los que vienen detrás. Pero este es precisamente el momento que estamos viviendo en Estados Unidos.

 

¿Hay un plan para cambiar demográficamente a la nación? ¿Le inquieta a este gobierno que Estados Unidos esté en camino de convertirse en una nación compuesta solo por minorías?

 

Esto explicaría el nuevo plan migratorio, apoyado por Trump y conocido como RAISE Act, que daría prioridad a los inmigrantes que hablan inglés y que tienen títulos universitarios. El plan no es abiertamente racista -no dice que prefiere a inmigrantes de Gran Bretaña, Australia, Irlanda y Canadá sobre los de América Latina, Africa y Asia. Pero el resultado final podría ser ese. (Hoy el grupo más grande de inmigrantes en el país es de México; muchos de ellos vinieron para reunirse con sus familiares.)

 

Antes de 1965 -cuando cambian las leyes migratorias- casi nueve de cada 10 estadounidenses eran blancos no Hispanos. Y algunos quisieran que Estados Unidos volviera a ser así. Pero no es posible regresar al pasado. Les cuento.

 

El primero de julio del 2015 -exactamente 15 días después que Trump anunciara sus aspiraciones presidenciales- la mayoría de los bebés en Estados Unidos ya era de minorías, según la Oficina del Censo

 

Es decir, que más de la mitad de todos los niños menores de un año en el país ya eran Latinos, Asiáticos, Afroamericanos o Nativos, no blancos.

 

Limitar la inmigración legal a la mitad en una década, como propone Trump, no va a revertir el rumbo multicultural de Estados Unidos. La pluralidad se está gestando desde dentro. Se basa en los que ya nacieron en Estados Unidos, no en los nuevos inmigrantes. Para el 2044 los blancos no Hispanos se convertirán en una minoría más y ningún grupo será mayoría.

 

Seamos honestos. Estados Unidos siempre ha sido un país mixto. Los Nativos americanos vivían aquí siglos antes de que llegaran los peregrinos o primeros habitantes procedentes de Europa. Gracias a los viajes de Juan Ponce de León en la Florida en 1513 el español se habló en este territorio mucho antes que el inglés. Y hay evidencia de la presencia de Africanos en el país desde principios del siglo XVII.

 

Cortar la inmigración legal a la mitad, y acusar a inmigrantes de ser criminales y ladrones, es una injusticia. No suma las increíbles aportaciones de los extranjeros a este país. Más del 40 por ciento de las empresas de Fortune 500 fueron creadas por inmigrantes o por sus hijos, según el Partnership for the New American Economy. Marcas mundiales como Apple, Google, AT&T y McDonald’s, entre muchas otras, fueron fundadas por inmigrantes en Estados Unidos o por sus descendientes directos.

 

La gran maravilla de este país es su tolerancia hacia los que son distintos y su apertura a nuevos inmigrantes, refugiados, pobres y perseguidos. Pero Trump lo quiere cambiar.

 

Mi apuesta es que no va a poder. Es muy posible que con las nuevas reglas que Trump quiere imponer a los inmigrantes su abuelo Friedrich no hubiera entrado a Estados Unidos. Y yo tampoco; apenas hablaba un poquito de inglés cuando llegué en 1983. Pero aquí sigo.

 

Me gusta el país -diverso y plural- que Estados Unidos llegará a ser y no la versión nostálgica y atrasada que Trump nos quiere imponer. Qué triste espectáculo cuando un hijo de inmigrante se convierte en antiinmigrante.

 

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La “indignación” selectiva de Trump

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

El presidente Donald J. Trump padece de “indignación” selectiva. La semana pasada dedicó sus vacaciones de trabajo a invocar el Armagedón en su guerra de palabras con el autócrata de Corea del Norte, Kim Jong Un, con quien comparte más similitudes de las que piensa; y, como en todo lo que hace, Trump cree que se trata de un juego más para elevar sus niveles de audiencia televisivos.

 

De ahí que sus advertencias contra Corea del Norte semejaran la bravata de un rudo de la lucha libre, con la única diferencia de que aquí las consecuencias de seguir retando a un desequilibrado mental (a otro) supondría la pérdida de vidas.

 

Pero para Trump todo es un juego. En medio de la cartelera Trump-Jong Un, el presidente llamó al gobernador del territorio estadounidense de Guam, al que Kim ha amenazado con desaparecer del mapa con sus armas nucleares, y tuvo la osadía de decirle al gobernador Eddie Calvo que todo esto lo estaba haciendo “famoso” y que sin duda el turismo a la diminuta isla se multiplicaría diez veces, y todo sin gastar un solo centavo.

 

Trump, quien evadió el servicio militar, ahora es el peligroso Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y cree que está en medio de un juego de Battleship.  Se rodea de generales, pero desoye consejos y se saca de la manga amenazas militares contra Venezuela. Cuando dijo el viernes que incluso la opción militar estaba sobre la mesa en el caso de Venezuela, las expresiones faciales de su Secretario de Estado, Rex Tillerson; de su Embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, y de su asesor de Seguridad Nacional, el teniente general H.R. McMaster, valían un millón.

 

Ahí estaba Trump, maestro de la bravata, amenazando con bombas y guerras a diestra y siniestra.

 

Pero al día siguiente, cuando supremacistas blancos, neonazis y miembros del Ku Klux Klan convergieron en Charlottesville, Virginia, para incitar la violencia y su conducta culminó en un acto de terrorismo doméstico en el que una mujer murió y decenas resultaron heridos, el bocazas Trump condenó la violencia “de todos los lados”. No pudo condenar directamente y por nombre a los supremacistas blancos que son parte intrínseca de la base que lo apoya ciegamente y a la que no quiere importunar ni apartar.

 

Ante la intensa presión externa e interna, Trump finalmente condenó el lunes a los neonazis, supremacistas blancos y al KKK, dos días después de la débil  declaración inicial que generó la polémica, catalogándolos de “repugnantes”.

 

Pero para Trump todos los terroristas son musulmanes y todos los inmigrantes son criminales. No condena los ataques a las mezquitas y guarda silencio cuando inmigrantes perecen asfixiados en un camión en Texas. En ese caso, su Departamento de Seguridad Nacional (DHS) habló del tráfico humano, pero sin humanizar a las víctimas y solo como un trámite. Su yerno es judío ortodoxo y su hija, Ivanka, se convirtió al judaísmo; pero a Trump no parecen importarle los ataques antisemitas proferidos por sus seguidores y avalados por algunos de sus más cercanos asesores.

 

Cuando la fea realidad del racismo violento doméstico deja una estela de muerte en su propio patio, Trump lee una debilucha declaración de la que se desvía para decir que condena la violencia, pero de todos los lados; es decir, no de los supremacistas blancos provocadores, y solo “aclara” sus declaraciones bajo intensa presión.

 

Y cuando se enfrasca en una guerra de palabras con un dictador, lo hace con Kim Jong Un, pero evade a toda costa hacerlo con el presidente ruso Vladimir Putin. La “indignación” selectiva de Trump no tiene precio.

 

 

Cuando un hijo se va

Por Jorge Ramos

 

Se va Nicolás y no sé qué voy a hacer. Después de pasar más de 19 años con este niño/adolescente/hombre ha llegado el momento de que se vaya a la universidad y lo único que sé es que lo voy a extrañar. Mucho.

 

El está listo para irse y siempre supo que sería lejos de Miami. Yo me quedé en casa de mis papás en México hasta los 24 años. Eran otros tiempos y en Estados Unidos eso casi no ocurre.

 

Además de estudiar, será uno de los pateadores del equipo de fútbol americano de la universidad. El se lo ganó a pulso. Buscó un camino muy distinto al de los otros miembros de la familia y, con una impresionante determinación y fuerza de voluntad, lo encontró.

 

Aún recuerdo cuando lo llevaba todos los sábados por la mañana a mi partido de fútbol soccer. Esperaba con ansias el medio tiempo para meterse a la cancha y patear con mis amigos. Le pegaba durísimo a la pelota. Pero una vez en highschool, mezcló su herencia latina con su mundo americano y cambió el esférico por una pelota ovalada y puntiaguda.

 

​Nicolás y yo saltamos de idioma sin mucho esfuerzo. Le hablo en español y me contesta en inglés. Pero puede sostener perfectamente una conversación en español con sus abuelos gracias a las lecciones de la doctora María del Carmen Naranjo, quien lo introdujo a las maravillas de la literatura latinoamericana.

 

Yo crecí leyendo en papel, igual novelas que periódicos, y Nico leyendo en su celular. Tiene una muy bien desarrollada curiosidad por la historia y un educado olfato para las buenas comidas. Le tiene respeto a los jugadores de fútbol americano y a los chefs. Es decir, a los que muestran lo que hacen, no a los que hablan.

 

​Mi papá casi nunca jugó conmigo. Eran otras épocas. Pero aprendí. Así que he jugado con Nicolás hasta más no poder. La mitad de ser papá es estar presente. La otra mitad es vivir experiencias con tus hijos que les sirvan para el futuro. Por eso he viajado tanto con él y con su hermana Paola.

 

​Nicolás es un gran compañero de viaje y desde niño me lo llevaba a mis coberturas periodísticas, desde Brasil y Bangkok hasta Roma y Johannesburgo.

 

No le molesta despertar en un país, comer en otro e ir a dormir a un tercero. Mi intención era enseñarle a viajar con los ojos bien abiertos, a lugares extraños y “ligero de equipaje”, como dice la canción de Serrat. No checamos maletas. La regla es sencilla. Si no cabe en la maleta no va.

 

Nicolás tiene esa personalidad tan Ramos -muy independiente, a veces callado, siempre observando- y una buena dosis de rebeldía, que le va a servir bien en la vida. Y por supuesto que hemos tenido nuestras diferencias, como todo padre e hijo. Es una forma de crecer. Una vez se lo comenté a mi mamá y lo puso en perspectiva con un poquito de humor: “¿y a ti ya se te olvidó cómo eras tú cuando tenías la misma edad?” Me reí y la abracé, como pidiendo perdón.

 

Una vez a la semana, más o menos, Nicolás me llama o me textea al celular para invitarme a cenar. Solos, él y yo. Creo que nunca le he dicho que no. Es un ritual. Solemos ir a un restaurante mexicano, pedimos queso fundido con chorizo y tortillas de harina para compartir, y luego se echa unos riquísimos tacos con guacamole. Aguanta la salsa picante mucho más que yo. A mí me gusta pedir cualquier cosa que me recuerde mi infancia y limonada con cilantro.

 

En mi oficina tengo una foto de Nicolás con una de mis camisetas. Le queda enorme. El se nota feliz y a mí me lleva a un buen momento en mi vida. Pero el mejor regalo que me han hecho es una pequeña foto de Nicolás con una grabación de su risa. Cada vez que aprietas un botoncito escucho a ese niño, de apenas unos meses, riéndose alegremente. Lo aprieto varias veces al mes. Me mueve algo por dentro. Pero vivo con un miedo constante de que el viejo regalo deje de funcionar y me quede sin la risa de Nico.

 

Siento el mismo temor ahora que se acerca el día de su partida. Yo sé que él va a estar bien. Pero estoy seguro que me voy a sentir fuera de lugar (porque siempre pensé que mi lugar era estar junto a él o muy cerca para poderlo ver). No sé qué va a pensar cuando lea esto. Quizás le parezca cursi o inapropiado. Pero de lo único que se trata es que sepa que lo quiero mucho, que estoy muy orgulloso de él… y que ya lo estoy extrañando.

 

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Los inmigrantes avanzan

como semillas de la historia

Por David Torres

America’s Voice

 

“No es la primera vez ni será la última”. Es la simple y deshumanizada conclusión a la que muchos siempre llegan cuando tragedias como la de San Antonio, Texas, ocurren. Tal parece que morir asfixiado dentro de un camión, luego de una tortuosa travesía en busca de cruzar la frontera, fuese el “merecido” castigo del inmigrante que tiene la osadía de intentarlo, descontextualizando los motivos personales, las realidades sociales, los entornos políticos y las necesidades económicas.

 

Si alguien se pregunta qué es un inmigrante en la actualidad, debe empezar por entender que el deseo de alcanzar una tabla de salvación en este mundo tal como está estructurado —no por el inmigrante mismo, sino por los centros de poder político y económico— implica realizar sacrificios de esa magnitud, creyendo fervientemente en ese “Norte”, que ahora mismo se desdibuja como faro de esperanza.

 

Buscar una vida mejor

 

No hay una sola de las entrevistas que han hecho a los sobrevivientes de la tragedia en Texas que contradiga el objetivo de su viaje: buscar una vida mejor. Sí, la frase entera se ha convertido en una especie de cliché que a muchos –sobre todo a los que ya lograron instalarse donde deseaban a su manera durante varias generaciones—les parece chocante, burda, atrevida e incluso ridícula.

 

Pero la autenticidad de quien la dice se equipara a la de quienes la repitieron un millón de veces antes, mucho antes, huyendo del hambre, de la guerra, de la persecución religiosa o de la intolerancia política. Y que ahora, muchos años después, gracias a sus esfuerzos y miles de sacrificios, sus descendientes, ya estadounidenses, se han podido convertir en legisladores, médicos, científicos, maestros de escuela, empresarios, granjeros, banqueros, e incluso presidentes de Estados Unidos.

 

A unos les ha ido bien, a otros no tanto; pero todos han formado parte del tejido social de esta nación, de la amalgama cultural que la solidifica.

 

Nuevo tipo de nación

 

¿No es este el laboratorio social que nació para ser ejemplo de un nuevo tipo de nación donde el habitante, independientemente de su origen, idioma, credo religioso, etc., gozaría de las libertades plenas que emanan de la Constitución?

 

Inmediatamente hay quien sale al paso para responder que cruzar la frontera ilegalmente convierte a quienes lo hacen en “delincuentes”, y que por esa razón deberían ser castigados y expulsados del país, tal como lo declaró hace unos días el director de ICE, Thomas Homan, con un gesto de pocos amigos, más que de funcionario público de un país que hasta antes de este gobierno era considerado protector de los derechos humanos.

La complejidad de las leyes migratorias de cualquier país, sobre todo las de Estados Unidos, impide entender las razones que tuvo, por ejemplo, ese inmigrante mexicano que prefirió beber líquido anticongelante para autos, antes que perecer de deshidratación y asfixia y no ver cumplido su anhelo de llegar a este país.

 

Vale la pena?

 

Ya vendrán otros espacios de abundancia en otras latitudes y hacia allá enfilarán las multitudes de desposeídos. Esa ha sido la lógica de las migraciones humanas a lo largo de la historia. ¿Es tan difícil de entender eso por parte de quienes pretenden acabar con la historia misma, instalados en este preciso momento en la atribulada Casa Blanca, reduciendo a un problema de “ilegalidad” una realidad que les estalla en las narices?

 

Los “críticos” más simplistas dicen siempre que “el problema es de ellos”, de los países de origen de los inmigrantes, donde violencia, corrupción, falta de oportunidades y economías fallidas son el pan de cada día.

 

Por eso, más allá de insistir en la corresponsabilidad internacional, en que el desequilibrio económico es endémico y que ha sido heredado y reproducido por siglos hasta quedar como está organizado hoy, es preciso recordar que mientras eso persista, habrá no uno, sino millones de seres humanos que de la noche a la mañana se convertirán en inmigrantes, esas semillas sembradas en la historia que irremediablemente algún día le darán otro rostro a sus puntos de destino.

Las manos del doctor “Q”

Por Jorge Ramos

 

El cerebro está pulsando frente a mí. Nunca imaginé que el cerebro latiera como un corazón. Es beige, casi café claro. Las venas y arterias son moradas, extendidas, como arañas cuidando su presa. No puedo voltear a otro lado. Si el alma existe, está ahí dentro.

 

El cerebro está a la vista. Hace poco más de una hora que comenzó el complicado proceso de rasurar el cabello, cortar la piel y el cráneo, y levantar la duramadre, la bien llamada membrana que protege maternalmente al cerebro. Un pedazo de hueso, cuadriculado y de unos cinco centímetros por lado, fue cortado con una sierra especial y la ponen a un lado como pieza de Lego. Veo ese cerebro y lo único que puedo decir es “qué maravilla”. Me refiero tanto al órgano como a los meticulosos médicos que literalmente abren al paciente.

 

Lo que me toca ver es extraordinario. A lo largo de toda la operación el paciente está despierto. Está ligeramente sedado y le han puesto una anestesia local para evitar el dolor, pero conversa con los doctores y responde a todas las preguntas que le hacen. ¿Por qué está despierto? Para asegurarse que los cortes del bisturí en su cerebro no afecten el habla, su memoria y ninguna de sus funciones.

 

M, un joven de 29 años de edad, tenía un tumor cerebral y me permitió, junto a un equipo de televisión, filmar la operación. M puso su fe y su cerebro en manos del doctor Alfredo Quiñones y de los expertos de la clínica Mayo. Yo hubiera hecho lo mismo.

 

El doctor Q. es una leyenda. A sus 50 años ha realizado unas 2.500 operaciones de cerebro. Pero la historia más apasionante es cómo llegó a ser uno de los más talentosos neurocirujanos del mundo.

 

Alfredo Quiñones fue un indocumentado en Estados Unidos. Nada ha sido fácil para él. Su hermana murió a los tres años por una diarrea. Desde los cinco le ayudaba a su papá en una pequeña estación de gasolina en Mexicali, Baja California. Pero cuando su papá perdió el trabajo decidió saltarse la cerca hacia Estados Unidos. Lo agarraron la primera vez pero el mismo día lo volvió a intentar y pasó. Tenía solo 19 años de edad.

 

Trabajó en la agricultura en el norte de California y luego como soldador. Un familiar le dijo que nunca dejaría los campos de cultivo.

 Pero se equivocó. Fue a un colegio comunitario para aprender inglés, legalizó su situación migratoria y más tarde fue aceptado en la Universidad de California en Berkeley, a un ladito de donde levantaba hierbas, frutas y verduras. A eso siguió la escuela de medicina en Harvard.

Al doctor Q. le gusta decir que las mismas manos que levantaron tomates ahora salvan vidas. Y no exagera.

 

Hace ejercicios de boxeo los fines de semana pero sus manos son pequeñas y delgadas, lavadas un millón de veces, estables, precisas, morenas. En esta época en que se destacan tanto las cosas que nos diferencian, es aleccionador hablar con un neurocirujano. “Todos nos vemos iguales”, me dice el doctor Q. No importa el color de piel, país de origen o ideas. El cerebro nos une, física y literalmente.

 

A través de su fundación BRAIN, Alfredo hace un peregrinaje anual a Guadalajara y a la ciudad de México para operar a personas de bajos recursos. Y ahora tiene una nueva meta: encontrar una cura para el cáncer cerebral. Me enseñó sus laboratorios, con la última tecnología, para aprender cómo ponerle un freno a las células cancerosas que emigran a otras partes del cuerpo. (En él fue el primero que pensé cuando me enteré del cáncer del senador John McCain.) Y no debe sorprenderle a nadie que el doctor Q. trabaje con muchos inmigrantes, como él, de todas partes del mundo.

 

“Vamos a cambiar el mundo” es su frase favorita y con cada operación nos demuestra que es posible. Pero regresemos a la sala de operación.

 

M sigue despierto. El doctor Q. llegó hasta su tumor -con la ayuda de gigantesco microscopio para ver lo más chiquito- y todo parece indicar que es benigno. El cerebro es increíblemente frágil. Lo escarba como si fuera una gelatina, con una cucharita parecida a las que se usan para el helado.

 

El doctor deja su silla donde opera, le da la vuelta a la mesa, toma la mano del paciente y le da un fuerte apretón. “Todo está bien” le dice Q. a M. “Todo está bien”. Mientras, el cerebro sigue pulsando.

 

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Llueve sobre mojado en inmigración

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

La designación del general John Kelly como jefe de despacho del presidente Donald Trump y, por ende, la posibilidad de que otra figura extremista asuma las riendas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que deja vacante Kelly, lanza otro cubetazo de agua fría a los inmigrantes, sus familiares y sus aliados.

 

No se trata únicamente de que Kelly haya estado implementando al pie de la letra la agenda antiinmigrante de Trump, desechando la discreción y deportando inmigrantes sin historial delictivo. Es que ahora Kelly estará directamente en la Casa Blanca laborando con personajes que llevan la batuta antiinmigrante, como el asesor Stephen Miller, un exempleado del exsenador de Alabama y ahora “apabullado” secretario de Justicia,  Jeff Sessions, quien, aunque Trump le ha hecho el feo, es otra figura antiinmigrante que maneja esa agenda al pie de la letra.

 

Y es además que comienzan las apuestas sobre quién será el sucesor de Kelly en el DHS.  Se menciona al secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, autor de algunas de las leyes estatales más antiinmigrantes, como la SB 1070 de Arizona y la HB 56 de Alabama. Y es autor de leyes estatales que según él buscan combatir el fraude electoral, aunque en realidad intenten suprimir el voto de minorías. Kobach copreside la Comisión Asesora sobre Integridad Electoral, cuya única finalidad parece ser tratar de justificar que Trump perdió el voto popular porque “millones” votaron “ilegalmente”.

 

Incluso se menciona al propio Sessions como sucesor de Kelly, pero esté donde esté, el resultado será el mismo: impulsar la agenda antiinmigrante.

 

Lo más preocupante de todo este cuadro es que ante la parálisis legislativa y los reveses legislativos, ahora más que nunca Trump parece echar mano de su agenda antiinmigrante como su tabla de salvación y el único rubro donde puede evidenciar resultados.

 

He repetido mil veces en este espacio que en esta Casa Blanca caótica y disfuncional lo único consistente es su agenda antiinmigrante.  Lo cual cobra especial interés tras el fiasco republicano de tratar de repeler el Obamacare.

 

Igualmente, Trump y sus súbditos son consumidos por el Rusiagate al punto que en seis meses no han logrado avanzar ninguna de sus promesas legislativas. Pero la agenda antiinmigrante, con una que otra limitación, va viento en popa.

 

Su fuerza de deportación sigue removiendo inmigrantes sin historial delictivo; siguen en pie sus planes de deportaciones expeditas incluso más allá del radio de 100 millas de la frontera y de quienes no puedan probar que llevan más de 90 días viviendo continuamente en Estados Unidos; el futuro de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) sigue siendo incierto; y el muro, verja, valla o lo que sea, ya tiene su enganche para ir avanzando a retazos.

El plan de Trump para combatir a la pandilla MS-13 no distingue entre pandilleros e inmigrantes, porque para Trump todos son la misma cosa.

 

Mucho ojo: nadie está defendiendo lo indefendible ni minimizando el salvajismo de las maras y el pánico que siembran en las propias comunidades de inmigrantes. Pero echar mano de esta situación para seguir satanizando a todos los inmigrantes igualándolos con criminales no es veraz. De hecho, son muchos indocumentados y latinos las víctimas de estos pandilleros y la atmósfera antiinmigrante que vivimos exacerba la situación, pues ni siquiera se atreven a acudir a las autoridades para denunciar si son víctimas o testigos de crímenes.

 

El viernes en un discurso en Long Island, Nueva York, para publicitar el combate a la MS-13, Trump pasó por alto que la mayor parte de los pandilleros detenidos en operativos federales son ciudadanos estadounidenses, no inmigrantes indocumentados. De lo que se trata es de seguir regando la semilla antiinmigrante que bastantes frutos le ha dado a Trump entre su base extremista. Y lo que falta, pues en inmigración sigue lloviendo sobre mojado.

 

¿Qué hacemos con los expresidentes?

Los ex, hay que reconocerlo, son un dolor de cabeza. Tuvieron mucho poder sobre nosotros, no se acostumbran a estar en un segundo plano, y se la pasan tuiteando y haciendo cualquier cosa para llamar la atención. Me refiero, por supuesto, a los expresidentes.

 

Hay expresidentes que desaparecen de los titulares y de la vida pública de un país. Como el estadounidense George W. Bush. Ellos decidieron que la mejor contribución que le pueden hacer a la nación es dejar en paz al presidente en turno. Hay otros, como Alvaro Uribe de Colombia -y a quién nadie le ha avisado que ya no es presidente- y que se sienten con el derecho de opinar de todo y de todos.

 

Y luego están los rateros. Esos que aprovecharon sus años en el poder para enriquecerse. Es difícil pensar en una estupidez más grande que robar cuando todos te están viendo. Pero los presidentes, luego de unos meses en palacio, suelen sentirse todopoderosos; eso los lleva a creer que el presupuesto de la nación es de ellos y a repartir viajes y lujos a familiares.

 

Hay una larga lista de expresidentes latinoamericanos rateros. Es fácil saber quiénes son. Casi todos fueron funcionarios públicos así que basta hacer la suma de sus salarios y contrastarla con las propiedades que poseen al dejar la presidencia. Esa aritmética casi nunca cuadra. Pero es difícil enjuiciarlos y encarcelarlos porque se conocen bien las reglas del juego y le saben hasta los últimos secretos a sus acusadores potenciales. La amenaza es clara: si yo caigo, tú caes también.

 

Si todos supiéramos cuánto dinero tiene un presidente antes y después de su mandato, sería muy fácil hacerle las cuentas. Por eso tengo la mala costumbre de preguntarle a todos los candidatos presidenciales dos simples preguntas: ¿cuánto dinero tiene? y ¿es usted millonario? Pero mi experiencia ha sido muy mala.

 

Resulta que la gran mayoría de los candidatos presidenciales no sabe exactamente cuánto dinero tiene. Y los expresidentes son totalmente desmemoriados. Suelen olvidarse hasta de casas y apartamentos que acaban de comprar y donde han pasado largas temporadas. Pero el trabajo de fiscales y periodistas es precisamente hacer que se acuerden, aunque sea un poquito, de todo lo que compraron con dinero de otros.

 

 

Es tan difícil meter a un expresidente latinoamericano a la cárcel que por eso hay que destacar a los países que lo han logrado o que, por lo menos, lo están intentando. Guatemala, Perú, Panamá y Brasil nos están dando un ejemplo de lo que ocurre cuando hay un compromiso contra la corrupción y la impunidad. En Guatemala está en prisión Otto Pérez Molina, Alberto Fujimori y Ollanta Humala están encarcelados en Perú -este último en prisión “preventiva”-, Panamá solicitó a Estados Unidos la extradición del detenido Ricardo Martinelli y en Brasil se ha iniciado un proceso judicial contra Luiz Inacio Lula da Silva.

 

No deja de sorprenderme que ningún expresidente mexicano haya sido encarcelado por corrupción en un país que tuvo por décadas una millonaria partida secreta para uso discrecional de los mandatarios y donde reina el dicho “político pobre, pobre político”. Lo que pasa es que en México no hay una verdadera voluntad de agarrar a los tramposos.

 

La casa de siete millones de dólares que la esposa del presidente le compró a un contratista del gobierno es el típico conflicto de interés. En otros países ya no habría ni casa ni presidente ni contratista. La investigación ordenada por Enrique Peña Nieto fue un engaño; se la dio a un subalterno que -¡sorpresa!- lo encontró inocente. Queda mucho por rascar.

 

Pero como me dijo hace poco en una entrevista el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, hay sociedades donde existe una corrupción “normal” que suele ser tolerada o ignorada. Ir a contracorriente no es fácil.

 

Entiendo que lo que menos quiere un nuevo presidente es ponerse a pelear con el anterior. Además, siempre hay cosas más importantes. La pregunta es válida: ¿gasto mi capital político en perseguir a exfulano o mejor se lo dedico a un asunto que beneficie a millones de personas?

 

Pero la única manera de que las cosas cambien es si le caemos en serio a un par de ex. No es una cuestión de venganza sino de justicia. (Y de una frustración que corroe por dentro.)

 

El fraude mexicano del 2018

Por Jorge Ramos

Es increíble que casi 30 años después muchos priístas -aún en el poder en México- todavía no puedan reconocer públicamente que hubo un enorme fraude electoral en 1988. Y en todas las elecciones presidenciales desde 1929 hasta 1994. Esa era la época del dedazo, cuando el presidente en turno escogía a su sucesor.

 

El tema del fraude electoral de 1988 ha resurgido por las confusas y novelescas declaraciones del senador, Manuel Bartlett, quien era Secretario de Gobernación durante las votaciones y fue la cara del fraude. Bartlett está cambiando de vestiduras y parece que ya no se acuerda lo que pasó. Así que vamos a recordárselo.

 

Los primeros resultados el 6 de julio de 1988 daban una clara ventaja a Cuauhtémoc Cárdenas del Frente Democrático Nacional. De pronto, suspendieron el conteo -en un hecho conocido como “la caída del sistema”– y cuando dan los resultados finales, días después, el ganador era el candidato del PRI.

 

El mayor beneficiado del gigantesco fraude del 88 fue, por supuesto, Carlos Salinas de Gortari. En dos ocasiones le he preguntado al respecto. La primera entrevista fue en Octubre del 2000 en la ciudad de México.

 

-¿Podemos ya decir que en 1988 un fraude electoral lo llevó a la presidencia?, le pregunté.

-Por supuesto que no hubo fraude, me contestó.

 

-Se cayó el sistema; se tardaron seis días en dar los resultados finales. En 1,762 casillas, muy en el estilo soviético, hubo 100 por ciento del voto a favor del PRI . La mitad de las 54 mil casillas no fueron contadas por la oposición. Se destruyeron en el 92 los votos. ¿No hubo fraude?

 

-Faltó documentarse suficiente.

 

-Cuauhtémoc Cárdenas sigue diciendo que hubo fraude. Muchos mexicanos consideran que hubo fraude.

 

-Bueno ¿cómo no lo van a considerar así si les han empujado la idea en estos años con la campaña de desinformación…Esa es la imagen que se formó. No se cayó el conteo de votos. Sí se cayó la computadora. Pues ¿a quién se le ocurre montar una computadora que no tenía forma de operar? Las 55 mil actas están depositadas con las firmas de los representantes (de los partidos políticos)…Es la elección mejor documentada en el Archivo General de la Nación.

 

Eso no es cierto. Los votos de la gente -los que le dieron la victoria a Cárdenas- fueron quemados en 1992 en una orden autorizada por el Congreso con la clara intención de que nadie, nunca, los pudiera contar y demostrar el fraude.

 

 

A defender el DACA y los “Dreamers”

America’s Voice

¿Será Trump intimidado por el estado de Texas y su propio Fiscal General para cometer el mayor error de su presidencia?. En la reunión entre el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, y el Comité Hispano del Congreso, quedó claro: el programa de Acción Diferida para Quienes Llegaron en la Infancia (DACA), que ha sido una gran ventaja para los jóvenes que son estadounidenses en todo, excepto en su documentación, así como un gran éxito para el país, está amenazado. El desafío para quienes apoyamos DACA –en todo el país y en la esfera política– es levantarnos en defensa de los Dreamers.

 

Antecedentes

Los ultranacionalistas, frustrados por que el presidente Trump ha mantenido DACA hasta ahora, están tratando de torcerle la mano. El procurador General de Texas, Ken Paxton, está exigiendo que DACA sea eliminado. Si el gobierno de Trump no acaba DACA para el 5 de septiembre, Paxton dice que buscará someter el caso ante un juez federal llamado Andrew Hanen, quien es tristemente célebre por ser antiinmigrante y haber bloqueado de manera infame la iniciativa DAPA, que habría brindado alivio a unos 4 millones de indocumentados en Estados Unidos. Parece que en este tema Paxton tiene a un aliado dispuesto en el Procurador General, Jeff Sessions, en torno a Trump. Todo lo que Sessions tiene que hacer es decidir no impugnar dicha demanda (él ha afirmado durante mucho tiempo que es anticonstitucional), y juntos, Paxton y Sessions, habrán terminado con DACA sin tener que contar con el consenso de Trump. Sessions puede decirle al jefe: “Las cortes me obligaron a hacerlo”.

 

DACA funciona

Eliminar DACA sería un desastre absoluto para los Dreamers, sus familias y nuestra nación. DACA ha representado oportunidades económicas para cerca de 800.000 beneficiarios que han pasado ya por revisión de antecedentes y a quienes se les ha otorgado el permiso de vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos. A muchos les ha sido posible lograr sus sueños de ir a la Universidad y completar sus estudios. Quienes no están en la escuela trabajan legalmente y pagan impuestos, apoyando económicamente a sus familias e incluso comprando casas.

 

Además de ser un éxito, DACA y los Dreamers también son populares. DACA goza del apoyo de los empleadores, universidades, educadores, líderes comunitarios y funcionarios electos de ambos partidos. Incluso el presidente Trump, cuando se le preguntó por quienes tienen DACA, dijo: “No deberían preocuparse demasiado. Tengo un gran corazón. Nos vamos a hacer cargo de todos”. De acuerdo con una encuesta realizada en abril por Morning Consult yPolitico, 78% de los electores estadounidenses apoya el dar a los Dreamers la oportunidad de quedarse permanentemente en Estados Unidos, incluyendo 73% de los votantes de Trump. Solo 14% de todos los votantes piensa que los Dreamers deberían ser deportados, llegando a 23% de los seguidores de Trump.

 

Se lo dije a Salinas de Gortari en otra conversación en Mayo del 2008 en Washington.

 

-No puede haber un recuento porque se quemaron los votos.

 

-No, señor. Las actas están en el Archivo General de la Nación.

 

-Las actas pero no los votos.

 

-Pero sí las actas donde firman precisamente los representantes de los partidos en cada una de las 55 mil casillas.

 

-Cuauhtémoc Cárdenas me dijo en una entrevista y cito: “Estamos convencidos de que hubo fraude electoral en 1988 el 99 por ciento de los mexicanos.”

 

-Pues no sé qué encuestas haya hecho él, porque las encuestas que se hicieron días previos a la elección validaron lo que finalmente las actas demuestran.

 

El fraude de 1988 se fraguó suspendiendo el conteo, cambiando los resultados, falsificando las actas y luego quemando los votos reales para no dejar evidencia. Quizás lo que más le duele a Salinas de Gortari con este debate es el golpe a su reputación. Nadie le cuestiona su inteligencia y sagacidad. Pero queda en la historia como un hombre que llegó a la presidencia de manera fraudulenta.

 

Sería tan saludable para la incipiente democracia mexicana que a la elección del 88 se le llamara fraude y que nos dejáramos de cuentos. Pero México tiene esa mala costumbre de dejar enterrados los hechos que más le duelen. A México le falta aire.

 

Lo más grave de todo es que la trampa y el fraude siguen siendo una forma aceptable de operar en la clase política. La elección presidencial del 2006 demuestra cómo se burlaron del sistema electoral para imponer a Enrique Peña Nieto en la presidencia. Y muchos creen que nada les va a impedir hacer lo mismo en el 2018. Es el fraude anunciado.

 

A menos que los mexicanos aprendan del pasado y digan basta.

 

 

Depende de nosotros

 

La gente de Bannon-Miller-Sessions en el gobierno de Trump quiere jugar políticamente con las vidas de esos jóvenes. Eliminar DACA puede complacer a la Derecha Alternativa, pero es completamente erróneo. Es contrario a lo que somos como estadounidenses; es estúpido y contraproducente como política pública; y es francamente cruel. Debemos levantar nuestras voces y asegurarnos de que DACA se mantenga vivo. Durante cinco años, DACA ha brillado tan intensamente como la antorcha de la Estatua de la Libertad, y no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras los radicales intentan extinguir el futuro de jóvenes que son una parte integral del propio futuro de nuestra nación.

 

 

Como lo dijo el congresista Luis Gutiérrez, un veterano defensor de los derechos de los inmigrantes, en el pleno de la Cámara de Representantes: “Nos vamos a tener que organizar, movilizar y estar del lado de nuestros aliados para proteger familias, proteger ciudadanos estadounidenses de esas familias y defender a las comunidades, porque esa gente está hablando en serio. Quieren deportar a millones de personas y están persiguiendo a los Dreamers y a quienes tienen fuertes lazos y toda una vida en Estados Unidos”.

 

De acuerdo con Frank Sharry, Director Ejecutivo de America’s Voice Education Fund:

se agota el tiempo, pero nos negamos a perder la esperanza. Hacemos un llamado a republicanos y demócratas a hablar abiertamente en favor de los Dreamers y DACA. Hacemos un llamado al presidente Trump para que le recuerde al Perocurador General Sessions que esta es una decisión presidencial, y decirle a Texas que detenga su solapado e intimidatorio comportamiento. Y hacemos un llamado también a los aliados de los inmigrantes a respaldar a los Dreamers y a todos los inmigrantes y refugiados. Este es un momento decisivo, y la historia nos está observando.

 

La jungla

 

Primero una confesión. Yo estoy metido en la jungla desde enero del 2010 cuando lancé mi primer tuit. Desde entonces he enviado 18 mil más. Me da un poco de pena hacer las sumas porque las restas son muy dolorosas. He perdido meses de mi vida leyendo cosas que no valen la pena y me he desvelado mil veces con un aburrido dedo bailarín sobre la pantalla de mi celular. Además, claro, de escribir un par de burradas.

 

Todo solo. Las redes sociales son la mejor manera de acercarse a los que están lejos a costa de alejarse de los que estás cerca.

 

A Facebook entré más tarde. Solo para cuestiones del trabajo. Unos minutos en Facebook Live son mucho más baratos que un satélite de televisión y pueden llegar a millones.

 

Pero no le he abierto a Facebook la puerta de mi casa. Entiendo y respeto a los que quieren compartir su vida privada. Aunque no sé qué tan privada es una vida cuando se comparte con los amigos de los amigos de mis amigos.

 

Facebook, Twitter, Instagram y otras redes sociales son armas poderosísimas para comunicar un mensaje. Casi todos los días mis compañeros en Univision y yo nos hacemos la pregunta de los tres millones de ojos. ¿Esperamos al noticiero de televisión de la noche dar a conocer una noticia o la sacamos inmediatamente a través de la internet?

 

El nuevo poder es digital. Y Donald Trump lo sabe. “Los medios de comunicación odian cuando utilizo mis redes sociales con más de 100 millones de seguidores”, escribió hace poco el presidente en un tuit. “Me los puedo saltar a todos”. Así lo hizo cuando tuiteó un video en que aparece como luchador golpeando a la cadena CNN.

 

¿Puso Twitter a Donald Trump en la Casa Blanca? Muy posiblemente. “El rol de Twitter (en la elección) es algo muy malo”, comentó el mismísimo fundador de Twitter, Evan Williams al diario The New York Times. “Si es cierto que él (Trump) no hubiera sido presidente sin Twitter entonces, sí, de verdad, lo siento.”

 

Creo que estamos un poco tarde para disculpas. Twitter y los otros pajaritos de la internet son muy buenos para comunicar nuevos mensajes y para abrir mercados pero son muy malos cuando se trata de destruir personas. Es como angry birds tamaño King Kong.

 

 

El 40 por ciento de los usuarios de la internet dice haber sido víctimas de algún tipo de hostigamiento, según un estudio del Pew Research Center. Y ese porcentaje sube peligrosamente al 65 por ciento entre internautas más jóvenes (de 18 a 24 años de edad). Que levante la mano a quien no le han dado un zape en las redes sociales.

 

Cada vez que escribo algo criticando a Trump y Peña Nieto o defendiendo a los inmigrantes me llega una avalancha de odio. No tengo problema con los que piensan distinto a mí. La comunicación es de ida y vuelta y por eso suelo aceptar entrevistas en FoxNews para debatir temas complicados. Pero una parte de los comentarios suelen estar cargados de insultos, frases racistas y amenazas.

 

Quizás lo grave es que ya nos hemos acostumbrado a que la internet es una selva, con sus monstruos, y que ahí cualquier cosa puede ocurrir. Además de ser una lona de lucha libre planetaria -con escupitajos, mocos y golpes bajos- es un repositorio de las mentiras más sofisticadas.

 

Es el reino de Fake News. No, el Papa jamás apoyó la candidatura de Trump. “Nunca digo ni una palabra sobre las campañas electorales”, tuvo que aclarar Jorge Bergoglio días antes de las votaciones en Estados Unidos. Sí, era una gigantesca mentira -mal inspirada por Trump y propagada durante años- el decir que Barack Obama había nacido en Africa y no en Hawaii.

 

La internet es la jungla. Es ahí donde casi todos, de alguna manera, sobrevivimos. Nadie nos obliga. Es quizás uno de esos actos de auto sabotaje, medio inconsciente, parte masoquismo. Pero por mil razones no nos atrevemos a dejarla.

 

Me encanta hablar de esto con mi mamá, que hace rato pasó de los ochenta y que vive alegre e intensamente sin internet. “Ay mijito”, me dice, “yo de esas cosas ni entiendo.” Yo tampoco, mamá. Yo tampoco.

 

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La agenda anti-inmigrante de la Casa Blanca

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

La apabullada Casa Blanca de Donald J. Trump intenta ofrecer algún viso de normalidad con temas semanales que van desde la reforma de salud hasta la infraestructura. Aunque, claro, todo quede en el intento, pues su paralizada agenda no puede competir con la nube rusa que arropa a esta administración.

 

Y la semana pasada tal parece que el tema fue la “transparencia”. El presidente Trump y sus habilitadores dedicaron la semana a defender la “transparencia” de Donald Trump, Jr.  luego de revelarse que en junio del año pasado se reunió con una abogada rusa de lazos con el Kremlin que ofrecería información comprometedora sobre la demócrata Hillary Clinton. Correos electrónicos de Junior revelan potencial evidencia de colusión entre la campaña de Trump y Rusia.

 

En el tema Trump-Rusia no hay nada transparente. Pero la semana pasada reafirmó que lo único transparente de esta administración es su fuerza de deportación y su intención de deportar a la mayor cantidad de indocumentados, no solo delincuentes sino a padres y madres de familia con hijos ciudadanos y sin historial delictivo.

 

El Secretario de Seguridad Nacional ( DHS ), John Kelly,  se reunió con la bancada latina del Congreso y el encuentro ofreció un panorama oscuro.

 

Kelly pareció desechar el concepto de discreción a la hora de decidir quién debe ser prioridad de deportación. En sus últimos años la administración de Barack Obama echó mano de esa discreción para priorizar las deportaciones.

 

Esta semana la administración Trump dará otra señal de si esa discreción se echó por la borda o sigue respirando.  Jesús Lara, un indocumentado de Willard, Ohio, padre de cuatro niños estadounidenses, está programado para ser deportado este martes. Durante los pasados cinco años las autoridades migratorias le han renovado su suspensión de deportación por no considerarlo una prioridad. Este martes sabremos si Lara corre la misma suerte de otros padres y madres de familia deportados durante el gobierno de Trump.

 

La semana pasada también se hizo transparente que el futuro de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) es frágil si los designios del Secretario de Justicia, Jeff Sessions, acérrimo opositor de DACA, se hacen realidad.

 

 

También quedó más que transparente el frágil futuro del Estatus de Protección Temporal (TPS) que ampara a 350 mil extranjeros de 10 países aquejados por guerras, inestabilidad o desastres naturales.

 

De igual forma se manifestó la transparencia de las intenciones de la administración Trump de ampliar su poder para agilizar las deportaciones. El Washington Post informó que un memorando del DHS busca ampliar los poderes de deportación expedita y no limitarlo a indocumentados de reciente ingreso detenidos en un radio de 100 millas de la frontera. Estarían sujetos a la deportación los indocumentados que no puedan probar que llevan mas de 90 días en Estados Unidos, independientemente de dónde sean detenidos.

 

Y quedó más que transparente que alguna versión del muro fronterizo avanza en el Congreso. El panel cameral de Asignación de Fondos incluye 1,600 millones de dólares para el muro en el presupuesto del DHS.

 

Y lo que es más, según Trump el muro debe ser “transparente” para que quienes estén del lado estadounidense no sean golpeados en la cabeza por los sacos de drogas que se lancen desde el lado mexicano.

 

No es broma. Lo dijo Trump a la prensa que lo acompañó a Francia a fines de la semana pasada, probando una vez más que lo único transparente de esta administración es su agenda antiinmigrante.

 

La última cena

 

Por Jorge Ramos

 

Nunca había comido así. Ni comeré. Fue una de esas cenas irrepetibles. Pero les cuento porque escribir es una forma de compartir.

 

La historia es esta. El chef René Redzepi de NOMA –que ha sido considerado por revistas y críticos como uno de los mejores restaurantes del mundo- decidió dejar Copenhague para abrir un lugar durante solo siete semanas en Tulum, estado mexicano de Quintana Roo. (Pop-up restaurants, le dicen en inglés a este tipo de proyectos. Antes ya lo había hecho en Sidney y en Tokio.) El pasado diciembre puso a la venta por internet siete mil lugares en Tulum, a 600 dólares cada uno, y se vendieron todos en dos horas.

 

El gasto y la apuesta era grande. René no llegó solo. Se trajo a su familia y a un centenar de empleados de su restaurante en Dinamarca. Transformaron un estacionamiento en la zona turística de Tulum en un verdadero laboratorio de experimentación gastronómica.

 

Las mesas sobre la arena estaban ahí. La cocina abierta también. Pero René y sus asistentes se pasaron meses explorando los platillos e ingredientes típicos de la península de Yucatán. Después vino la revolución.

 

Se trataba de sentir a México con otra boca. La pregunta va mucho más allá de la cocina. ¿Qué puede hacer un extranjero con las mismas cosas que tenemos aquí los mexicanos?

 

El resultado fue una verdadera revelación. René y su equipo probaron la misma comida con la que yo crecí en México. Pero la vieron con nuevos ojos, la deconstruyeron, la repensaron, la armaron con precisión de ingeniero y la presentaron de una manera muy novedosa.

 

Me sirvieron muchas flores, en sopa y como entrada; flores que, antes de esa cena, solo hubiera visto como decoración. Me comí de tres mordidas un salbute (o tortilla inflada) con chapulines y chupé un alga marina que inyectaron con una michelada (o cerveza preparada).

 

Probé un ceviche de plátano con algas y bananas al pastor. Nunca había saboreado un pulpo más suave que el “dzikilpak” que pasó enterrado 12 horas en una vasija de barro y envuelto en masa.

 

 

Los cinco acompañantes en mi mesa llegaron un poco escamados porque iban a comer escamoles (o larva de hormiga). Pero este plato prehispánico fue servido en una tostada y rodeado de pequeñísimas hojas de la región. Fue una inesperada delicia.

 

Comí cocos tan suaves que su carne parecía gelatina. Pero lo convirtieron en algo trópico-nórdico con caviar escandinavo.

 

La salsa del mole negro, en lugar de servirla con pollo, la pusieron sobre una hoja santa horneada. Lo más reconocible fueron unos taquitos de “cerdo pelón”, entre crujientes y suaves, en franco homenaje a la cochinita pibil. De postre nos dieron helado de aguacate a la parrilla y chocolate enchilado.

 

No soy crítico gastronómico y casi no tengo sentido del olfato (debido a tres operaciones de nariz). Pero cada uno de esos platos tiene su historia y razón de ser. Me limito a describir lo que vi y degusté.

 

Desde la cocina se oían gritos de entusiasmo cada vez que se ordenaba o salía un plato, mientras cuatro yucatecas hacían las tortillas a mano. Los meseros -jóvenes y conscientes de ser parte de algo muy especial- eran precisos con las palabras y enamorados de su comida.

 

¿Por qué trabajas con René? le preguntaron a uno. “Porque nos obliga a buscar la excelencia”, fue su honesta respuesta.

 

Me tocó estar ahí la noche en que NOMA cerraba sus puertas en Tulum. Cuando salió de la cocina el último postre hubo brindis y risas. “We did it”, lo logramos dijo René.

 

La lección es como un grupo de extranjeros vio a México como el mejor lugar del mundo para un gran experimento. Con lo mismo que tenemos, hicieron algo totalmente distinto. Cuando ellos hablan de México no piensan en las narcofosas, las trampas electorales, el espionaje o la corrupción. No, ellos piensan en un México de infinitas posibilidades y recursos, casi mágico, alegre, solidario y con “el servicio más bonito del mundo”, como dijo un hotelero estadounidense que estaba presente.

 

Ojalá todos los mexicanos pudiéramos ver a México con el optimismo, respeto y esperanza con que René y sus amigos nos ven a nosotros. Al despedirme, le di un abrazo al chef y le dije: “Gracias por dejarme ver a mi país de otra manera”.

 

La Venezuela de Juan Pablo

No sé si han visto el cartucho de una bomba lacrimógena. Es del largo de dos manos juntas, metálico y comienza en una punta. Tiene cerca de dos centímetros de diámetro. La policía los suele tirar a un lugar vacío para esparcir el gas y ahuyentar a manifestantes. Bueno, uno de esos cartuchos fue disparado a corta distancia al pecho de Juan Pablo Pernalete en Caracas, Venezuela.

 

Juan Pablo tenía 20 años y era un destacado basquetbolista. Había competido en Brasil, Argentina y Chile. Su objetivo era ir a jugar a la NBA en Estados Unidos. Su cuarto estaba lleno de medallas y diplomas. Además, tenía varios reconocimientos por su lucha en protección al medio ambiente. Era de esos hijos que uno ve y sonríe.

 

Pero un miércoles por la tarde lo mataron.  Juan Pablo, al igual que en los últimos dos meses, había ido a una manifestación contra la dictadura de Nicolás Maduro. Pero esta vez algo salió mal. Así me lo contó Elvira, su madre. “Juan Pablo muere por una bomba (lacrimógena) que le estrellaron en el corazón”, me dijo entre sollozos. “Por eso murió”.

 

El gobierno dio una versión distinta. El diputado oficialista y portavoz del chavismo/madurismo, Diosdado Cabello, le llamó “terroristas” y “asesinos” a los manifestantes que, como Juan Pablo, protestaban ese día por la Plaza Altamira en Caracas. Luego, en televisión, aseguró que “no estaba la Guardia Nacional ahí”.

 

Elvira brinca cuando le pongo un video con las declaraciones de Diosdado. Mi hijo “no es un terrorista”, me dice. “A nuestro hijo lo asesinó un Guardia Nacional… No acepto que nadie venga a manchar la memoria de mi hijo. Me lo asesinaron y este dolor nunca va a pasar. No hay derecho a quitarle la vida a un ser humano por querer un mejor país”.

 

En un asombroso acto de desafío -particularmente en un país donde el más mínimo cuestionamiento a las políticas oficiales es visto como traición- la Fiscal General, Luisa Ortega, se puso del lado de las víctimas: “De acuerdo a nuestra investigación la muerte del estudiante se produce por un shock cardiogénico por traumatismo cerrado del tórax”.

 

Traducción: Juan Pablo muere por una bomba lacrimógena dirigida a su pecho. Y solo la Guardia Nacional tiene ese tipo de bombas.

 

 

José Gregorio, el padre de Juan Pablo, quiere ir más allá de saber la verdad. “Las investigaciones dan como cierto que a nuestro hijo lo mató un Guardia Nacional”, me dijo.

“Que asuman la responsabilidad respecto al hecho”. Ella: “Nosotros ahora lo que queremos es justicia. La verdad salió por más que traten de manipular”.

 

La pregunta -la gran pregunta- en Venezuela es el desenlace. Tras más de dos meses de protestas y decenas de muertos ¿qué sigue? Por el momento parece imposible que las cosas regresen a una precaria normalidad. Nada es normal hoy en día en Venezuela.

 

Por supuesto, un escenario es la caída de la dictadura; por la presión de las manifestaciones y el descontento popular, incluso entre chavistas, o por la media vuelta de los militares que no quieren seguir matando jóvenes. Pero otro escenario, posible y brutal, es una masacre de enormes proporciones -un día de luto, de esos que quedan en los libros de historia- y luego paz en base a balas.

 

Cuando un gobierno mata a los más jóvenes, esos mismos jóvenes se encargarán de cambiar a su gobierno. Los dos no caben en el mismo país. En la Venezuela que se imaginó Juan Pablo no caben Maduro, Diosdado y sus matones.

 

Cuando un político llega al poder suele venderles a sus ciudadanos una idea de país. Lo hizo igual Donald Trump y Barack Obama que Fidel Castro y Hugo Chávez. En el caso de Maduro no fue así. Lo puso Chávez de dedazo y su única promesa fue dejar las cosas como estaban. Pero no pudo. El país se le fue de las manos.

 

Ahora los venezolanos tiene una decisión muy fácil. ¿Cuál Venezuela prefieren, la de Maduro o la de Juan Pablo? Miles, millones quizás, ya escogieron en las calles.

¿En qué termina esto José Gregorio? “Ellos (los jóvenes como Juan Pablo) están luchando por sus ideales. Ellos son los dueños de su propio futuro. La historia les dará la razón.” Elvira solo baja la cabeza y le oigo un suave “Amén”.

 

Posdata. La entrevista por televisión con los padres de Juan Pablo Pernalete la pueden ver aquí:

 

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Un regreso de la locura y demencia política

Por Tito I Ortiz Burbano de Lara

 

Muchos conocemos la historia de este político y expresidente del Ecuador, Abdalá Bucaram, una persona con muchos méritos de familia pero un desastre en la política del país. Desde sus inicios en la vida política del país, dio señas de un desbalance emocional y mental grave, tal es así que el congreso de ese país lo destituyo en febrero de 1997 por “incapacidad mental para gobernar”.

 

La apocalipsis política que este hombre ha vivido creo que es única y suigeneris de los políticos del Ecuador, proceso que le causó su muerte política, pero se llenó de odio y rencor, que lo expresa claramente en sus discursos y tiene una cultura “popular” demasiado vulgar, por así decirlo. Y si no me creen, vean siempre sus videos en youtube.

 

Abdala Bucaram, bien apodado “El Loco”, ha estado en la vida política del Ecuador por muchos años…….desafortunadamente…Comenzó como Intendente de Policía en la ciudad de Guayaquil, y dio muestras de su locura y fanatismo en ciertos ámbitos. Primero cerró las licorerías los fines de semana, segundo se metía a los moteles a buscar quienes estaban y denunciarlos por la radio lo que hacían por falta a la moral, una situación comprometedora para muchos y de poca decencia para este político.

 

Fue seleccionado olímpico para las olimpiadas de en Alemania 1974, causó estragos en la selección especialmente con la comunidad judía…..qué perfil de este tipo! Llegó a ser alcalde de la ciudad de Guayaquil creando la peor época política de esta ciudad, llena de corrupción, violencia, desorden, robo y abusos de poder. La cadena de ejemplo es de la peor, y no es que se quiera desprestigiar a este pobre ser humano…….pero sus actitudes y ejemplos hablan solitos.

 

Por desastre en el país y por factor causa y efecto de la política nacional del Ecuador, se creó “la época de los Bucaram”. Me explico. Consecuentemente salió su hermana electa alcaldesa, de nombre Elsa Bucaram, también un desastre total un ejemplo de violencia y corrupción. Luego salió electo Presidente de la Cámara de Diputados su primo Averroes Bucaram, que creó la época más vergonzante de la política nacional creando un circo lleno de golpes y violencia en el país, donde se daban el luje de tirarse los ceniceros en la cabeza y darse de golpes en los baños del Congreso ecuatoriano.

 

Ya con estas historias se imaginarán ustedes qué vivieron los ecuatorianos en esa época donde su política era de vergüenza y no tenía una representación digna y honorable…..gracias a los Bucaram.

 

Pasaron los años y Abdalá Bucaram tuvo que salir huyendo del país por el desastre que dejó, se afincó en Panamá, donde vivía como un rey, “pero sin trono”. Hizo de Panamá sus cuarteles de combate de la política para su retorno al Ecuador por años, creyéndose viejo luchador……

 

Pues bueno, ¿qué creen?…….REGRESO al Ecuador como el que dizque presidente de los pobres, luego ganó las elecciones presidenciales, creando uno de los momentos más críticos y vergonzantes del Ecuador, donde sacaban los dólares en costales del Banco Central de ese país, y en donde el populismo de baja estofa fue exaltado a su máxima expresión de cinismo, oportunismo y vergüenza. Así de sencillo.

 

Las élites del país junto, con las Fuerzas Armadas, reclamaron el asunto y actuaron a favor del país, y lo destituyeron como Presidente por incapacidad mental para gobernar. El rey de los pobres, tuvo que salir con el rabo entre las piernas huyendo del Ecuador hacia su trinchera de amargura, Panamá. Más vergüenza política no pudo haber pasado. Pasaron lo años y esta vez muchísimos, veinte años, gracias a la influencia política de su hijo Abdalá Junior y el Gobierno de Rafael Correa, le permiten regresar al Ecuador de nuevo, “la peor decisión que se pudo haber tomado”.

Ahora, este personaje de vergüenza más no de orgullo, llega al país con tres anti-virtudes peligrosísimas: el rencor, el odio, y la violencia.

 

Nomenclatura peligrosa para una nación que ya esta exaltada con el proceso ridículo de la tal “Revolución Ciudadana”. Abadalá Bucaram viene a poner en práctica y con una estrategia, pera revolver todo el “lodo podrido” que salpicará a muchos y hará del Ecuador un país más violento aún. Para el colmo del cinismo hace una demanda al Estado ecuatoriano por daños y perjuicios a la moral por el monto de 200 millones de dólares. ¿Ustedes se imaginan esa locura y estupidez humana de este tipo?

 

La venganza y la vulgaridad que lo caracteriza será el ejemplo que dará y creará en el país, una vulgaridad política y pública tangible que llevará a la estructura política del Ecuador a las más bajas pasiones nunca vistas. Abdalá Bucaram tiene más enemigos que amigos y en su propio país, enemigos de la derecha, ultra enemigo de los de Izquierda, se cree populista pero éste se pasó de vulgar e incoherente. El precio que tendrá que pagar Ecuador al permitir el regreso de un demente de la política es alto. Ojalá Lenin Moreno, actual presidente del Ecuador “los tenga bien puestos” y sea capaz de parar a esta escoria de la política ecuatoriana.

 

Todos tenemos el derecho de escoger dónde vivir, pero también quienes reciben tienen la opción y en este caso la obligación de escoger quién entra al país y no cause una cloaca moral, ética y política del Ecuador. Abdalá Bucaram vino a esparcir ya ustedes saben qué……a los de derecha y a los de izquierda, para ganar momentum político, imagen, y establecerse como futuro gobernante del Ecuador de nuevo, esa es la intención, aunque no declarada, pero la intuición y percepción lo dicen. Ojalá no pase! Y de alguna manera busque su retorno a su trinchera de angustia, como lo es Panamá. Hasta la próxima edición!

Entre retórica de odio y plomo

Por Jorge Ramos

Muchos pensaban que los votantes en Estados Unidos jamás escogerían a un candidato presidencial con ideas racistas, sexistas, xenofóbicas y contra el medio ambiente. Pero con Donald Trump todos nos hemos equivocado. Muchas veces.

 

Todo comenzó hace dos años. Cuando el 16 de junio del 2015 lanzó su candidatura presidencial en su torre dorada de Nueva York, dijo lo siguiente sobre los inmigrantes latinoamericanos: “Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas… Esto viene más allá de México. Viene del sur y de América Latina”.

 

Estos son comentarios racistas. Trump presentó a todos los inmigrantes de América Latina como delincuentes. Nunca sabremos si lo hizo únicamente para conseguir votos. Pero su retrato de los inmigrantes que vienen del sur es falso y ofensivo. (Menos del 3 por ciento de los indocumentados comete delitos serios o felony en inglés, según el Migration Policy Institute.)

 

Algunos de los seguidores de Trump me han reclamado. Dicen que hemos malinterpretado a su candidato, ahora presidente, y que él en realidad estaba hablando de inmigrantes sin documentados con antecedentes criminales. Quizás. Pero él no dijo eso.

 

En retrospectiva fue un grave error no enfrentar duramente a Trump en junio del 2015 por sus comentarios racistas. Algunos lo tomaron a broma. Otros solo pensaron en los ratings que traería. Varios demócratas creyeron que sería un contrincante fácil de vencer. Y el gobierno de México ni siquiera le contestó. Solo la prensa latina, y algunos pocos periodistas en inglés, criticaron la manera en que Trump criminalizó a millones de inmigrantes en Estados Unidos.

 

Las palabras de Trump han tenido un terrible efecto en Estados Unidos durante los últimos dos años. Hemos reportado sobre frecuentes ataques, físicos y verbales, contra inmigrantes y he entrevistado a niños aterrados de que Trump deporte a sus papás Además, las redes sociales están plagadas de ataques a extranjeros utilizando frases e ideas muy similares a las de Trump. El razonamiento de los atacantes es muy primitivo: si su líder insulta a minorías, mujeres, musulmanes, migrantes y gente con discapacidades ¿por qué ellos no van a hacer lo mismo?

 

 

El odio es contagioso y se mueve de arriba para abajo. Más datos. El número de los llamados “grupos de odio” -o hate groups, en inglés- pasó de 784 a 917 (del 2014 al 2016), según el Southern Poverty Law Center. Las organizaciones afiliadas al Ku Klux Klan crecieron de 72 a 130 en el mismo período.

 

En política nada es coincidencia. Lo único que podríamos discutir es si los comentarios racistas y antiinmigrantes de Trump fomentaron el crecimiento de estos grupos extremistas o si ya existía un ambiente xenofóbico y violento que fue aprovechado por el entonces candidato Republicano. Sea como sea, las víctimas son reales.

 

Mi punto es que hace dos años todos escuchamos los comentarios racistas de Trump y la respuesta fue tibia, tardía, pobre e inefectiva. Casi cómplice.

 

Posdata con rifle. Me doy por vencido. Creo que ya es hora que todos reconozcamos que el actual gobierno y congreso de Estados Unidos no van a hacer absolutamente nada para evitar otra masacre o tiroteo. El violento ataque a un grupo de congresistas en un campo de béisbol en Virginia no hizo recapacitar a nadie. Como tampoco lo fue el asesinato de 20 niños en la escuela Sandy Hook en el 2012.

 

Los datos son aterradores. Un reporte del Congressional Research Center concluyó que en Estados Unidos hay más armas que personas. Un análisis del Washington Post asegura que ha habido 154 masacres o tiroteos en los primeros 165 días del 2017. (Una masacre se considera cuando cuatro o más personas mueren o son heridas, sin considerar al pistolero o a los responsables.)

 

Entiendo las razones históricas y culturales por las que tanto se defiende la segunda enmienda de la Constitución -que garantiza el porte de armas en Estados Unidos. Pero no entiendo por qué se necesitan armas de guerra para cazar patos ni por qué es tan difícil prohibir la compra de rifles y pistolas a que personas con problemas mentales o historial criminal.

 

Esto lo que significa es que pronto, muy pronto, habrá otra masacre. Ojalá no sea cerca de su casa.

 

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Para quitar a un presidente

Por Jorge Ramos

Una de las cosas más difíciles en cualquier país es quitar de su puesto al presidente. Una vez que un mandatario llega al poder hay todo un sistema que se echa a andar para protegerlo, física y legalmente.

 

Ese candidato que no era nadie, de pronto, tiene un ejército, espías, abogados, burócratas y muchísimo dinero para defenderse. Por eso es tan complicado sacar a los líderes de Estados Unidos, México y Venezuela.

 

Para destituir al encargado de cualquier nación primero hay que demostrar que hizo algo ilegal. Los escándalos personales, la mala administración y una caída en las encuestas no suelen ser razones suficientes para revertir la voluntad de la gente (asumiendo, por supuesto, que el presidente llegó al poder de manera democrática). Tiene que existir algún tipo de crimen para destituirlo.

 

Eso es lo que varios tratan de probar en Estados Unidos. El exdirector del FBI, James Comey, aseguró que el presidente Trump le pidió que suspendiera una investigación sobre los vínculos de su exjefe de seguridad nacional, Michael Flynn, con los rusos. Además, Comey dice que Trump le exigió “lealtad” y que, al no garantizársela, perdió su puesto. “Fui despedido por la investigación sobre Rusia” dijo en su testimonio ante un comité del Senado. Si se comprobara que esto fue obstrucción de justicia, podría haber un juicio de destitución contra Trump.

 

Pero la Casa Blanca y su abogado personal, Marc Kasowitz, no lo creen así. Insisten en que el presidente Trump nunca le pidió al exdirector del FBI que acabara con la investigación sobre Rusia y que el mandatario tampoco le exigió “lealtad” a Comey.

 

Es, por principio, una cuestión de credibilidad. Alguien está mintiendo ¿Comey o Trump? Pero hay más. Es preciso saber quién está diciendo la verdad. “Lo que tenemos que hacer los periodistas es buscar las evidencias”, dijo a CNN el famoso reportero Carl Bernstein, de la dupla del diario The Washington Post que obligó a renunciar al presidente Richard Nixon por el caso Watergate.

 

En México muchos creen que el presidente, Enrique Peña Nieto, incurrió en un grave conflicto de intereses cuando su esposa compró una casa de siete millones de dólares de un contratista gubernamental. Pero en lugar de que el congreso investigara de manera independiente un posible acto de corrupción, el presidente puso a un subalterno, Virgilio Andrade, a investigarlo a él, a su esposa y al entonces Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

 

 

A nadie sorprendió cuando Andrade exoneró a los tres de cualquier ilegalidad. Tumbar al presidente de México por un supuesto acto de corrupción hubiera sido un hecho sin precedentes en la historia del país. Pero todo el sistema político conspiró para proteger a los suyos.

 

Por último, las protestas multitudinarias que por más de dos meses se han realizado en Venezuela tienen como objetivo la caída del dictador, Nicolás Maduro. O, por lo menos, una salida negociada con unas elecciones anticipadas.

 

El régimen de Maduro ya se quitó la máscara democrática; ordenó la disolución de la Asamblea, quiere una nueva constitución para eternizarse en el poder y lo controla todo en el país, desde el ejército y las cortes hasta los medios de comunicación y las principales industrias. Además, tienen las armas.

 

Con una Guardia Bolivariana que utiliza tácticas de guerra contra sus jóvenes, la dictadura madurista quiere sofocar las protestas en los próximos días. Hay más de seis decenas de muertos y, aparentemente, no les importan muchos más si recuperan el control de las calles.

 

Los venezolanos -y solo los venezolanos- deben buscar una salida a las graves violaciones de los derechos humanos. Pero es tristísimo ver como muchos gobiernos latinoamericanos se han negado a denunciar los abusos de Nicolás Maduro.

 

Como ven, deshacerse de un líder en Estados Unidos, México y Venezuela no es nada fácil. Son, lo entiendo perfectamente, situaciones distintas y con niveles muy dispares de democracia. Sin embargo, cuando la gente pierde la confianza en un líder el único remedio es denunciarlo y, si comete un acto ilegal, hay que sacarlo.

 

Hay pocas cosas más difíciles en la política que deshacerse de quien tiene casi todo el poder en sus manos. Pero en ese “casi” está la solución.

 

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DACA, a merced de un

voluble y volátil presidente

Por Maribel Hastings

 

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

En medio del ‘reality show’ de Donald Trump y su ‘Rusiagate’, los acontecimientos migratorios han sido varios, aunque un tanto eclipsados por el culebrón presidencial. Dos de estos acontecimientos captaron mi atención.

 

El primero es que Trump, por el momento, no tiene intenciones de revocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que la semana pasada cumplió su quinto aniversario desde que el presidente Barack Obama giró la orden ejecutiva.

 

El segundo es la declaración del director interino de ICE, Thomas Homan, de que todos los indocumentados deben estar preocupados, incluyendo los que no tienen historial delictivo, porque pueden ser blanco de detención y deportación. Pero no solo eso, sino que el argumento esbozado por Homan es representativo del prejuicio del presente gobierno hacia los inmigrantes en general.

 

Resulta que en su comparecencia ante un panel cameral, Homan defendió la detención y deportación de indocumentados sin historial delictivo o que no constituían prioridad de deportación en el último período de la administración Obama, “porque no deberíamos esperar a que se conviertan en delincuentes”.

 

En otras palabras, para este funcionario y para esta administración, todos los indocumentados son delincuentes en potencia, pero aparentemente todavía no lo saben o no lo han manifestado.

 

Pero al confirmar que todos los indocumentados son objetivo de deportación y al mismo tiempo mantener DACA, el gobierno de Trump reconoce que puede ejercer discreción a la hora de decidir si un indocumentado debe ser o no prioridad de deportación.

 

En este caso, los jóvenes traídos sin documentos cuando niños, que estudian y trabajan, no deben constituir prioridad de remoción pues son estadounidenses en todo el sentido de la palabra, excepto por el documento que lo comprueba. Casi 800 mil jóvenes se han beneficiado del programa que los protege de la deportación y les concede permisos de trabajo.

 

Pero aparentemente los padres y hermanos de estos DREAMers y el concepto de núcleo familiar no tienen el más mínimo valor para esta administración, aunque esos padres, hermanos y familiares no tengan historial delictivo o no hayan sido prioridad de deportación para la pasada administración.

 

Y no me malinterpreten. Me parece que ante la lejana posibilidad de que este Congreso y esta Casa Blanca acuerden un plan legislativo de reforma migratoria con vía a la ciudadanía, tal y como lo apoya la mayoría de los estadounidenses, es vital que se mantenga esta orden ejecutiva que le ha cambiado la vida, para bien, a 800 mil beneficiarios.

 

Pero no hay que olvidar que por ser una orden ejecutiva está sujeta a la voluntad del presidente que, aunque por el momento no la ha revocado, puede hacerlo de un plumazo cuando le parezca.

 

De hecho, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aclaró que aunque de momento DACA sigue vigente, “el futuro del programa sigue bajo revisión” y su vigencia “no debe tener ninguna relevancia sobre el futuro del programa a largo plazo”.

 

Esto, claro está, porque el ala más antiinmigrante que forma la base de Trump quiere que, como prometió en la campaña, DACA sea revocado, de manera que la administración deja la puerta abierta a esa posibilidad.

 

Tampoco hay que olvidar que los DREAMers tampoco han estado ajenos a la fuerza de deportación de Trump.

 

En otras palabras, para los DREAMers no hay seguridad futura absoluta.Y menos la hay para los padres de ciudadanos y residentes permanentes, pues Trump eliminó la Acción Diferida para Padres de Ciudadanos y Residentes Permanentes (DAPA) girado por Obama en 2014 junto a una ampliación de DACA, pero ninguno entró en vigor al ser detenidos en tribunales.

 

Un 60% de los estadounidenses desaprueba el desempeño del presidente en materia migratoria, según un sondeo de AP y el NORC Center for Public Affairs Research.

 

La solución permanente sigue siendo la reforma migratoria amplia que los estadounidenses apoyan, pero que ni la Casa Blanca ni el Congreso de mayoría republicana tienen interés en abordar.

 

Por lo pronto, la comunidad indocumentada seguirá bajo acecho e incluso los DREAMers que dicen proteger momentáneamente estarán a merced de los designios de un voluble y volátil presidente.

La vida sin Trump

No he hecho la cuenta pero estoy seguro que una de las palabras que más he repetido en mis columnas y en los noticieros durante los últimos dos años es Trump. Por supuesto, sobran las razones.

 

Se trata de una de las personas que más ha trastornado la política mundial en décadas. Sus ideas racistas, sexistas, xenofóbicas, antiinmigrantes y contra el medio ambiente son peligrosas para la democracia, para la libertad de expresión y para el futuro del planeta. Sin embargo, se puede vivir sin Donald Trump.

 

Tras el anuncio de Trump de retirar a Estados Unidos del Tratado de París, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, retó a científicos e ingenieros estadounidenses a irse a Francia para, desde ahí, luchar contra el cambio climático. “En el clima no hay Plan B porque no hay planeta B”, añadió Macron. Au revoir, Trump.

 

Lo que Trump presentó como la gran decisión de un patriota es, en realidad, una gigantesca muestra de ignorancia. Miren lo que tuiteó en el 2012: “El concepto de calentamiento global fue creado por los chinos para afectar la competitividad de Estados Unidos”. Trump es lo que pasa cuando la ignorancia llega al poder.

 

Trump tampoco es un socio confiable en defensa. ¿A quién defendería Trump si la Rusia de Vladimir Putin atacara a alguno de los otros 27 miembros de la OTAN? La respuesta ya no es tan clara como antes.

 

Angela Merkel, la canciller alemana, anunció así el divorcio con Estados Unidos de Trump después de la reunión de la OTAN en Bruselas. “Los tiempos en que podíamos depender uno de otro, se acabaron”, dijo con enorme pragmatismo. “Tenemos que saber que nos toca a nosotros defender nuestro propio futuro”.

 

Por eso el cálculo de Merkel y Macron es correcto. Si Trump ya no te quiere defender y está dispuesto a que se queme la casa ¿para qué quedarse con él? Mejor solos que mal acompañados. Este podría ser el nacimiento de un nuevo orden internacional sin el liderazgo de Estados Unidos. Trump, con un discurso, se puso del lado de Siria y Nicaragua y en contra de 194 países que sí creen que el calentamiento global es real y un peligro para la tierra.

Estados Unidos está dejando de ser la nación indispensable. ¿Aprenderá México y América Latina de la lección de independencia y dignidad que nos están dando los alemanes y franceses? Dolería pero se puede.

 

Merkel y Macron sí pueden vivir sin Trump. Fátima Avélica no. Su vida ha sido destrozada por él.

 

Fátima, de solo 14 años, me contó cómo agentes de inmigración detuvieron a su padre momentos antes que la dejara en su escuela en Los Angeles. “El no es un criminal, es solo un papá”, me dijo. Fátima lo grabó todo en su celular y el video se hizo viral.

 

Pero la vida de Fátima y de sus tres hermanas, todas ciudadanas estadounidenses, es un nudo. Su papá, Rómulo, está arrestado desde el 28 de febrero, enfrenta una posible deportación y la familia se ha quedado sin su ingreso principal.

 

Otros niños temen correr la misma suerte que Fátima. En Estados Unidos hay 4 millones y medio de menores de edad que tienen, al menos, un padre o una madre sin papeles.

 

Hay personas como Fátima que, aunque quieran, no pueden separar su vida de Trump. Desearían alejarse del hombre que, en una medianoche reciente, sacó un misterioso tuit con una palabra incomprensible: covfefe. No se rompan la cabeza tratando de entenderlo. Fue seguramente un error de dedo. Pero lo grave es que nadie le pudo decir a Trump que no lo escribiera y el mandatario se tardó seis horas en retirarlo de Twitter. El aislamiento de Trump es patente y preocupante.

 

El mismo presidente que tuitea irresponsablemente en horas en que la mayoría de los mortales duermen, es el que acaba de sacar a Estados Unidos del único tratado que existe para los hijos de los hijos de nuestros hijos puedan vivir en un lugar más o menos estable y seguro. Pero Trump, como un bully en recreo, no le importa nada más que él.

 

Trump me recuerda tanto una frase fulminante del escritor Gabriel García Márquez en su novela El Otoño Del Patriarca: “Mírenlo que ya no puede con su poder, que está gobernando dormido”.

 

Los días finales de un hacker

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

En un artículo anterior había escrito sobre este personaje del hackeo de sistemas, fundador de Wikileaks, el señor Julian Assange.  Manifestaba que él era un huésped bastante incómodo para la embajada del Ecuador en Inglaterra. Assange, un personaje no querido en muchos países, como en los Estados Unidos, corre el peligro de estar muchos años preso, pese a que Suecia le quitó su orden de captura, pero otros lo tiene en la mira.

 

Cuando una persona perseguida políticamente hablando, solicita asilo político, debe ser, primero grato, no ingrato, segundo, prudente en su proceder, no exigente, menos en una embajada que no es la de su país. También debe ser racional y darse cuenta que vive de un favor que se le está haciendo, cualquiera que sea su caso.

 

Desde hace mucho tiempo Assange va tensionando las relaciones entre Ecuador y el resto del mundo. El mismo hecho de tener en una embajada a una persona de riesgo tensiona las relaciones internacionales.

 

En el gobierno de Rafael Correa, Julian Assange gozó de muchos privilegios, entre éstos el acceso al Internet de una embajada.  Cuando una persona considerada un hacker tiene acceso a internet puede esperance muchas cosas malas de él,  siendo éste un experto en sistemas.  También se dio el lujo de pasar como víctima de persecución escudándose en el Gobierno del Ecuador.

 

Pues bien, la ingratitud salió a la vista, cuando ya desde las campañas electorales se le lanzaron indirectas bien directas sobre su pronta salida, ya que para el Ecuador es una piedra en el zapato.  Ahora con el nuevo presidente ecuatoriano Lenin Moreno, quien le advirtió que no se meta en la política de otros países, en especial la del Ecuador, diciéndole que es un hacker, la cosa se ha puesto más tensa.

 

Julian Assange contraatacó diciendo que pudiese revelar una lista de políticos corruptos del Ecuador.  ¡Vaya que gratitud! Sacando cosas que son interesantes saberlas especialmente si son sobre los corruptos, pero en el caso de él, “calladito se lo vería más bonito”. Es ese tipo de declaraciones se ve las intensiones claritas de este malagradecido.

 

 

 

Los días finales para este hacker irresponsable, Julian Assange, se van terminando, es cuestión de esperar, de lo que sí estoy seguro es que la terrible persecución que va a tener por medio de las potencias del eje de poder influyentes va a ser tremenda.  Personas así terminan mal, no solo por impudentes y su mal proceder, sino también por ser malagradecidos., y el malagradecido jamás prospera! Y es mal visto y separado en todo lado. Hasta la próxima edición!

La mejor plática (charla) de tu vida

Por Jorge Ramos

 

VANCOUVER, Canadá. Cuando me invitaron a dar una plática en la conferencia anual de TED y rápidamente acepté, no sabía en realidad en lo que me estaba metiendo. Sabía que era una gran oportunidad de difundir un mensaje a nivel mundial. Pero no sabía de la enorme preparación, trabajo y tensión que implicaba. y que sería una de las mejores experiencias profesionales de mi vida.

 

TED -cuyas siglas significan tecnología, entretenimiento y diseño- es una organización sin fines de lucro, fundada en 1984, y que se ha dado a conocer en el planeta por las extraordinarias, interesantes e inusuales pláticas que difunde. Pero su bien ganada reputación tiene una explicación: las pláticas siempre son cortas, con un solo tema muy relevante y se preparan, incansablemente, hasta el último detalle.

 

Por principio, nadie en TED le llama discurso. Es una plática. La diferencia es importante. En el discurso nos dirigimos a una audiencia lejana. Pero en la plática hablamos con alguien, como si lo pudieras tocar. La conexión y el tono es el secreto.

 

La misma persona que me invitó a las charlas se convirtió en mi guía y asesor. Gerry Garbulsky, un científico argentino a quien cariñosamente llamaba mi chamán, me llevó con inagotable paciencia y contagioso optimismo en un complicado, tortuoso y fascinante proceso. Por primera vez en la historia, TED incluyó el español en su conferencia anual y tuve el honor de compartir el escenario con el músico Jorge Drexler, la activista por la paz Ingrid Betancourt, la física Gabriela González, la primatóloga Isabel Behncke y el artista Tomás Saraceno.

 

En mi caso, el proceso de tres meses incluyó el escoger un tema -uno solo-, escribir nueve borradores, memorizar el contenido y, por fin, dar la plática sobre un círculo rojo, frente a cientos de personas en un auditorio (y una audiencia potencial y digital de millones).

 

No fue fácil. Por mi trabajo como periodista me toca dar un par de discursos al mes. La incomodidad de hablar en público o frente a cámaras de televisión es una parte intrínseca de mi profesión. Pero los nervios y las expectativas en un evento TED se multiplican exponencialmente.

 

Con mucha generosidad, a través de los varios ensayos por video y en persona, me dieron invaluables consejos sobre cómo dar una plática exitosa y ahora los comparto con ustedes:

 

-Todo se puede decir en 12 minutos o menos. Después de ese tiempo, la gente se distrae o se empieza a aburrir. Esto significa que no debes usar más de 1.800 palabras en tu plática. (Ojalá todos los políticos aprendieran esta regla.)

 

-Sé tú mismo. Usa palabras y ropa con las que te sientas a gusto. Si tú estás relajado, la audiencia lo estará también. Respira desde el fondo del estómago. (Esto es mucho más difícil de lo que parece.) No grites, habla; el micrófono está para eso.

 

Evita ser monótono. Varía tu volumen, velocidad e intensidad. Se imprevisible. Disfruta el momento y reconoce el privilegio de enviar tu mensaje a muchos.

 

-Busca conexión con la gente. Velos a los ojos. Háblales a ellos. Muévete en el escenario pero con una razón. A la gente le gusta ver las manos: muéstralas. Pero no seas repetitivo en tus movimientos ni juegues a ser un conductor de orquesta. Si algo ocurre durante la plática -estornudas, se cae un vaso, alguien grita, te interrumpen o se te olvida lo que vas a decir- reconócelo. Es peor pretender que no ocurrió.

 

-Practica. Practica. Practica. Házlo frente a un espejo. Házlo frente a gente de confianza. Yo repetí mi plática decenas de veces. Dos semanas antes de tu cita, debes tener una clara idea de qué vas a decir. Una semana antes, ya debes poder decirlo sin ayuda de un papel. Pero si prefieres tener unas notas contigo, se vale. Toma agua y limpia y calienta tu garganta antes de empezar. No es necesario memorizar cada palabra. Pero sí hay que memorizar el primero y el último minuto. Y no se te olvide decir “gracias” al final.

 

Lo que diferencia una buena plática de una clase académica o de un discurso político es que solo la puedas dar tú y nadie más. Todos tenemos al menos una experiencia de vida que es única, irrepetible e intransferible. Esa es la que hay que escoger para cuando te toque dar la mejor plática de tu vida.

 

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La “normalización” de la intolerancia

Por Maribel Hastings

 

Como si el deprimente panorama migratorio a nivel federal no fuera suficiente, con una Fuerza de Deportación que no discrimina entre delincuentes y trabajadores y madres y padres de familia honrados, a nivel estatal funcionarios republicanos también siguen dando de qué hablar. Por ejemplo está el caso del representante estatal de Texas, Matt Rinaldi, quien, según reportes, dijo haber llamado a ICE contra manifestantes que protestaban en el Capitolio estatal la ley antiinmigrante SB4 y tras una confusa escaramuza con dos colegas latinos, le habría dicho a uno de ellos que le dispararía en defensa propia.

 

No sé si los detalles de la historia varíen, pero lo que no parece cambiar es esta atmósfera tóxica que vivimos desde la elección general de 2016 y el posterior triunfo de Donald J. Trump.

 

La semana pasada el congresista republicano de Carolina del Sur, Mark Sanford, dijo que Trump había “desenterrado algunos demonios”.

 

No solo ha desenterrado demonios, sino que quienes lo siguen como borregos al matadero, desde los líderes republicanos del Congreso hasta su más fiel base, han normalizado su prejuicio y sus desplantes, al grado de justificar y pasar por alto sus escándalos conocidos y los que se cocinan, como el caso del Rusiagate. Esto, motivados por la ceguera del triunfo y el control de las ramas ejecutiva y legislativa, sin reconocer que la agenda que pretendían avanzar se ha empantanado por el drama diario de los escándalos de Trump.

 

Y aunque el bombardeo diario de noticias, enredos y ataques puede tener el efecto de desensibilizarnos, no puedo normalizar nada de lo que está ocurriendo.

 

Ni la madeja de Rusia y su posible coordinación con la campaña de Trump para influir en la elección presidencial a su favor; ni la indiferencia con que los republicanos le restan importancia a los alegatos como si se tratara de algo usual o anticipado.

 

Tampoco puedo normalizar la crueldad de nuestra política migratoria ni cómo los agentes que dicen ir en busca de criminales se llevan por delante a quien se encuentren, aunque los detenidos no tengan historial delictivo, sin considerar vidas ni familias. En Ann Arbor, Michigan, agentes de ICE vestidos de civil entraron a un restaurante, desayunaron, elogiaron al chef y luego procedieron a detener a los empleados de la cocina, incluyendo, brevemente, a un cocinero con residencia permanente.

 

Ni puedo normalizar los ataques racistas que cada vez son más descarados, como el individuo que despotricó contra un joven puertorriqueño por hablar en español por teléfono con su madre en un aeropuerto de Reno, Nevada; o violentos, como el supremacista en un tren de Oregon que mató a dos hombres que salieron en defensa de dos jóvenes musulmanas contra quienes el individuo lanzaba ataques xenófobos.

 

Tampoco puedo normalizar los crecientes ataques a la prensa ni que la violencia física se minimice, como el ahora congresista republicano de Montana, Greg Gianforte, que golpeó a un periodista por hacerle una pregunta. Normalizar todo este despelote sería claudicar.

Casi la guerra

Por Jorge Ramos

 

México y Venezuela son dos países a los que quiero mucho. Pero me duele enormemente ver lo que están viviendo. Es casi la guerra.

 

 México es un país maravilloso. Amoroso -es muy difícil sentirse solo ahí-, solidario, lleno de colores y de humor, muy privilegiado cultural y geográficamente. Oye, y qué rico se come. Pero hay tantos muertos que el Institute for Strategic Studies lo declaró el segundo país más peligroso del mundo. A pesar del pataleo oficial, en el 2016 solo en Siria murieron violentamente más personas que en México.

 

Las cuentas son mortales. Con Enrique Peña Nieto ya pasamos los 79 mil muertos en menos de cinco años. Es difícil encontrar a una familia mexicana que no haya sufrido recientemente un crimen en carne propia. Basta preguntar sin mucho afán para escuchar un anecdotario del horror y del sadismo.

 

De los últimos días se me han quedado grabadas dos imágenes: una, la del sombrero ensangrentado del periodista, Javier Valdez, asesinado en Culiacán, Sinaloa, y la otra, la de un soldado mexicano ejecutando con un disparo en la cabeza a un civil caído en una calle de Palmarito, Puebla. Las dos imágenes son igualmente brutales.

 

Pero el problema es que los mexicanos nos hemos acostumbrado a lo brutal. Y al aceptar lo brutal como normal hemos perdido el sentido de urgencia y la necesidad de justicia. La muerte ronda tan frecuentemente que se ha hecho compañera.

 

Lo que antes indignaba –la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa o las masacres de Tlatlaya y Nochixtlán- de pronto es parte de una larga lista de crímenes impunes. Hay tantos Ayotzinapas pasando en México cada mes –jóvenes que desaparecen del mapa sin ninguna pista- que nos hemos vuelto insensibles a la tragedia de madres y padres buscando desesperadamente a sus hijos e hijas.

 

Y lo peor es que nadie espera nada -¡nada!- del presidente Peña Nieto. Que levante la mano el que confía en un cambio de rumbo y que las cosas van a mejorar antes que se vaya el primero de diciembre del 2018. Exacto. No veo manos arriba.

 

Mientras México está marcado por la casi inevitable rutina de la muerte, como en un cuento de Juan Rulfo, en Venezuela las calles siguen llenas de esperanza de cambio… y de gases lacrimógenos de la Guardia Nacional Bolivariana.

 

Venezuela es tan hermosa que Cristóbal Colón, en su tercer viaje, creyó que se acercaba al paraíso terrenal. Ese es el mismo territorio que hoy se desmorona.

 

Desde que Nicolás Maduro se quitó la máscara de demócrata y ordenó la disolución de la Asamblea nacional, las calles de Caracas y de las principales ciudades de Venezuela se han convertido en un campo de batalla. Literalmente.

 

La estrategia es clara: la oposición toma las calles hasta que caiga Maduro o acepte un plan de salida; el gobierno reprime hasta que los opositores no aguanten más.

 

El prisionero político, Leopoldo López, tiene como grito de guerra la frase: “el que se cansa, pierde.” La oposición ha tomado ese grito como un rezo y no han cedido las calles. Pero el costo es altísimo: más de cuarenta muertos, en su mayoría jóvenes que deberían estar estudiando, viajando, bailando y descubriendo la vida, no la muerte.

 

Dos imágenes de Venezuela me quitan el sueño. Una es la de un guardia que dispara a quemarropa un tubo de gas lacrimógeno al pecho de uno de los manifestantes. El chico se levanta aturdido, herido de muerte y da unos pasos antes de caer. Otra es la de Maduro bailando en un televisor mientras la cámara panea para ver la represión oficial en la calle, como Nerón en el incendio de Roma.

 

Tras casi 18 años de gobiernos autoritarios y, ahora, de una clara dictadura, los venezolanos no aguantan más. En parte es la hambruna y la falta de medicinas hasta en los hospitales. En parte es que han salido casi todos los que se pudieron ir y los que se quedaron no tienen a dónde ir más que hacia delante. Y en parte es que hasta los mismos chavistas se han desencantado del sistema que ellos crearon.

 

Tantas veces hemos creído, equivocadamente, que Venezuela va a cambiar que no quiero ilusionarme demasiado. Pero cuando vi que un grupo de jóvenes hacían retroceder a una tanqueta del régimen, pensé: ya perdieron el miedo en Venezuela, se acabó Maduro.

 

No, Venezuela y México no están en guerra. Pero casi.

 

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Por Jorge Ramos

 

CIUDAD DE MEXICO. “¿Usted quiere ser presidente de México?”, le pregunté, aunque ya todos sabíamos la respuesta. “Sí”, me dijo Andrés Manuel López Obrador, trajeado y seguro. “Vamos a participar de nuevo y la tercera es la vencida”.

 

En el 2006 y en el 2012 iba ganando en las encuestas y, él insiste, le robaron las elecciones. ¿No será mal perdedor? “No podemos aceptar fraudes”, respondió. Pero en el 2018, dijo, será distinto porque hay “más gente apoyando el movimiento, más organización y más interés por un cambio verdadero”. Además piensa que las redes sociales podrán contrarrestar los ataques que recibirá.

 

Por ejemplo, unos videos recientes muestran a una candidata de su partido MORENA, Eva Cadena, recibiendo el equivalente de 25 mil dólares para entregar, supuestamente, a López Obrador. Lo que hizo Cadena le parece “muy mal” a él. Pero López Obrador acusa al presidente Enrique Peña Nieto -“un jefe de pandilla”– de estar detrás de una campaña de desprestigio en su contra: “Peña Nieto en Los Pinos le entregó los videos al Secretario de Gobernación para que, a su vez, entregara los videos a El Universal” (el diario que los publicó).

 

Entre muchos mexicanos hay una legítima curiosidad por saber de qué vive López Obrador. “¿Cuánto dinero tiene?” le pregunté. “Nada”, me dijo, “yo no lucho por dinero”. MORENA, su partido, le da “como 60 mil pesos al mes” (poco más de tres mil dólares). “Aunque les parezca increíble a esos corruptos”, continuó, “no tengo cuentas de cheque, no tengo tarjetas de crédito. Pero no de ahora; desde hace 40 años”.

 

Voy al punto y le digo que lo acusan de “autoritario”, “intolerante”, “terco” y mesiánico”. Pero “no les funciona”, reviró. “Están muy desesperados”.

 

“No soy corrupto”, me dijo, en el que sin duda se convertirá en el mensaje central de su campaña presidencial. Para él la corrupción no es una cuestión cultural, como ha dicho Peña Nieto “sino un problema que se da de arriba para abajo”. Continuó: “Lucho por ideales. Si yo luchara por dinero, fuese inmensamente rico. Tendría mansiones en el extranjero y aquí en México”.

 

 

 

Por America’s Voice

Hace pocos días

 

Hace dos semanas, la agencia ICE anunció que en los primeros 100 días del gobierno de Trump la cantidad de arrestos de inmigrantes indocumentados se incrementó en 38%.  Una forma efectiva en que este gobierno está elevando sus cifras de deportación tiene que ver con el hecho de que persigue a inmigrantes indocumentados que son fáciles de hallar; es decir, aquellos que se han presentado a sus citas con ICE con regularidad durante años, con base en el ejercicio de la discreción procesal.

 

Estas “redadas silenciosas” se enfocan en personas de manera individual. Los inmigrantes van a las oficinas de ICE, y en lugar de que su caso sea revisado y luego sean enviados a casa a continuar con sus vidas como lo han hecho durante años, son detenidos y deportados.

 

Irónicamente, esta estrategia castiga a las personas que están tratando de hacer lo que el gobierno les pide. Por lo general, han vivido en el país durante una década o más, tienen hijos ciudadanos estadounidenses y nada tienen en sus antecedentes que los haga considerar peligrosos. Son solo inmigrantes comunes que en el anterior gobierno se pensó que deberían ser colocados en el último renglón de la lista de deportaciones, mientras continuaran acudiendo a sus citas como se les pedía.

 

En abril, una nota en el Atlanta Journal-Constitution, firmada por Jeremy Redmon y titulada “Citas con ICE pueden ahora llevar a la deportación de los inmigrantes”, hizo alusión a este tema, haciendo notar que:

 

En enero, el presidente Donald Trump dio a conocer una orden ejecutiva expandiendo ampliamente el margen de personas consideradas prioridades de deportación. El duro enfoque de los republicanos se puso a prueba un mes más tarde cuando agentes de deportación se distribuyeron en todo el país y persiguieron a cientos de inmigrantes no autorizados. Pero ICE ha estado usando otra táctica que ha tenido menos atención: esperando a que los perseguidos vengan a ellos.

 

En el Sur de Florida, un artículo del Sun-Sentinel titulado “Inmigrantes indocumentados son ahora arrestados durante sus citas programadas”, y Sergio Bustos, de Politico en Florida, subrayan cómo activistas locales cada vez más hablan en contra de “las ‘redadas silenciosas’ del gobierno de Trump para deportar inmigrantes que llegan a sus citas de rutina con los agentes de inmigración”.

 

 

“No soy corrupto”: López Obrador

Las redadas silenciosas

Hablando de mansiones ¿es un acto de corrupción la casa de siete millones que la primera dama, Angélica Rivera, compró a un contratista del gobierno? “Sí”, me dijo López Obrador. ¿Si llega a la presidencia va a enjuiciar a Peña Nieto y a su esposa por corrupción? “No, no, no”, respondió, “eso lo van a hacer los jueces”. ¿No es esta una amnistía anticipada? “No”, dijo, asegurándome que nunca se ha reunido a solas con el presidente. ¿Usted pondría a un fiscal independiente para investigar a Peña Nieto y a su esposa? “Sí, sí, sí”, contestó, “que se investigue”.

 

Es un hombre de izquierda pero se rehúsa a dar su opinión sobre el aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo o la legalización de las drogas. “Es sencillo: que lo resuelva la gente, que haya una consulta”.

 

Se niega también a llamar dictadores al cubano Raúl Castro y al venezolano, Nicolás Maduro, a pesar de las recientes muertes y las violaciones a los derechos humanos. ¿Por qué? “Porque no quiero que se metan después en las decisiones que solo le corresponden a los mexicanos”, me dice.

 

Pero con Donald Trump sí se mete. ¿Trump es un racista? “Sí”, respondió, “azuza el racismo. Pero tampoco es que lo sienta así. Es una estrategia política, lo aclaro”. Hubo más. “Que no se olvide (Trump) que México es un país independiente… No al muro y no a la persecución de nuestros paisanos migrantes en Estados Unidos”.

 

Al final me habló un poco de su esposa Beatriz Gutiérrez Müeller –“se dedica más que nada a la literatura, ella es doctora”– y del hijo de ambos al que llamaron Jesús Ernesto. “Jesús por Jesucristo y Ernesto por Ernesto Ché Guevara”, me explicó. “Creo en el pensamiento y la obra de Jesús. El lucha por los pobres. Y el Ché es un revolucionario ejemplar”. Le recordé que el Ché también realizó muchas ejecuciones. “Sí, tiene ese cuestionamiento”, acepta, “pero fue un hombre que ofreció su vida por sus ideales”.

 

Ideales y su lucha contra la corrupción. López Obrador cree que eso, finalmente, lo llevará al Palacio Nacional, donde piensa vivir. No en Los Pinos. “Vamos a llegar con toda la autoridad moral para llevar a cabo la transformación de México”. A ver. A sus 63 la tercera es la vencida.

Casos bastante conocidos, como los de Guadalupe García de Rayos en Arizona y Roberto Beristain en Indiana, así como otros ejemplos de Arizona, California, Connecticut,Florida, Georgia, Michigan, New Jersey, North Carolinaencajan en este mismo patrón: antiguas citas de rutina en las oficinas de ICE se están convirtiendo en el primer paso hacia la expulsión de Estados Unidos. Otros ejemplos, como la trágica historia de una madre de familia de Ohio, Maribel Trujillo Díaz, muestran que la detención y posterior deportación viene poco tiempo después de su cita anual con ICE.

 

Según Frank Sharry, Director Ejecutivo de America’s Voice:

 

Con pocas excepciones, las ‘citas’ con ICE se están convirtiendo en casos de ‘ven tú mismo para que seas deportado’. El gobierno de Trump no necesita depender de redadas cuando esas ‘redadas silenciosas’ cumplen con sus objetivos de sembrar miedo entre los inmigrantes y de deportar a quien logren detener. Quienes se presentan a las oficinas de ICE son por lo general inmigrantes comunes y trabajadores que fueron considerados de baja prioridad en el pasado. Tienen patrimonios significativos, han hecho familias y tienen permisos de trabajo para vivir y permanecer en Estados Unidos. Ahora van a las oficinas de ICE para cumplir con las reglas y son detenidos y separados de sus familias y de sus vidas”.

 

El secretario del DHS, John Kelly, debería sincerarse y admitir que su mentado enfoque de deportar ‘delincuentes’ es de hecho una silenciosa manera de centrarse en deportar inmigrantes establecidos. Esto no es lo que quiere el pueblo de Estados Unidos. Esto no es lo que somos. Esto es una estrategia de deportación masiva en cámara lenta que está socavando familias, comunidades y los valores e ideales más preciados de nosotros los estadounidenses.

Los 79.344 muertos de Peña Nieto

Por Jorge Ramos

 

Si las cosas siguen igual, la presidencia de Enrique Peña Nieto podría convertirse en la más violenta y sangrienta desde la revolución mexicana. Las cifras oficiales son impresionantes. Pero lo más indignante es que a pesar de las matanzas, las fosas y la impunidad, en México no pasa nada.

 

Desde que Peña Nieto llegó a la presidencia han sido asesinados 79.344 mexicanos. No son cuentos. Son las cifras oficiales de homicidios dolosos de la Secretaría de Gobernación desde el 1 de diciembre del 2012 hasta el 31 de marzo del 2017.

 

En marzo asesinaron a 2.020 mexicanos. Si continúa ese promedio mensual hasta diciembre del 2018, cuando Peña Nieto entregue la presidencia, su gobierno será el más violento en la historia moderna de México. Superaría, incluso, los 104.089 muertos de la presidencia del panista, Felipe Calderón.

 

Este es un monumental fracaso de Peña Nieto. Lo peor es que sigue haciendo lo mismo. En el 2017 ya hay un repunte de la violencia. Es una clara señal de incompetencia y falta de liderazgo.

 

Más datos. En la presidencia de Peña Nieto han secuestrado a 5.692 personas. Esa cifra se acerca rápidamente a los 6.515 secuestrados con el expresidente Calderón. Pero estos son los secuestros reportados. Muchos más no se reportan porque hay mexicanos que le tienen más miedo a la policía que a los secuestradores.

 

La impunidad en México se extiende a los asesinos de periodistas, ya sean funcionarios públicos o miembros de carteles de las drogas. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ser periodista, junto con Siria, Somalia y Afganistán.

 

El legado de Peña Nieto podría ser de una “impunidad endémica”, según un informe del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Casi todos los asesinatos de reporteros durante su presidencia han quedado sin resolverse. Y cada vez que matan a otro periodista su gobierno suele tratar el incidente como algo normal, sugiriendo que es un crimen común, no vinculado a su labor informativa.

 

“Es fácil matar a un periodista” en México. Ese fue el titular de un reciente reportaje en primera plana del diario The New York Times. Sus cifras son estas:

 

-Marzo de este 2017 fue el peor mes para la libertad de prensa en México. Le dispararon a siete periodistas. Tres de ellos murieron, de acuerdo a la organización Artículo 19.

 

-Once periodistas fueron asesinados en el 2016.

 

-Desde el 2000 han muerto 104 periodistas y 25 han desaparecidos. Se cree que los desaparecidos están muertos.

 

¿Por qué Peña Nieto sigue con sus mismas políticas fallidas ante estas aterradoras cifras? Quizás porque él no ve el problema. O a lo mejor cree que es un problema de relaciones públicas.

 

En el 2009, cuando aún era gobernador del estado de México, Peña Nieto me dio una entrevista y ahí me dijo lo siguiente: “México es un país seguro que enfrenta un fenómeno delincuencial nuevo.” En ese 2009 hubo más de 16 mil asesinatos en todo el país y él aún seguía creyendo que México era un país seguro. Es la ceguera del poder.

 

Ante las fosas de Veracruz, la corrupción de exgobernadores fugitivos, la vergüenza de la Casa Blanca, la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, las matanzas de Tlatlaya y Nochixtlán, y las crecientes cifras de asesinatos y secuestros, los mexicanos no podemos seguir mintiéndonos.

 

Esto sugiere que Peña Nieto ya es uno de los peores presidentes que ha tenido México. No ha podido con su principal responsabilidad: proteger la vida de los mexicanos. Lo más grave es que no tiene ni idea de cómo resolver el problema. La guerra contra las drogas fracasó; México pone los muertos mientras que más de 20 millones de estadounidenses usan drogas.

 

Peña Nieto nos demostró que seis años en la presidencia son demasiados. Es preciso un cambio constitucional para bajarlo a cinco años. O establecer un referendo revocatorio entre el tercer y cuarto año. Estoy seguro que Peña Nieto no lo hubiera superado.

 

Mientras tanto, ya van 79.344 muertos con Peña Nieto y seguimos contando. Es difícil pensar que haya otro país que le aguante tanto a un gobernante tan mediocre.

 

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El miedo no anda en burro

Por Jorge Ramos

 

El miedo se puede medir. Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca ha arrestado a por lo menos 5.441 inmigrantes indocumentados sin un record criminal. Esto es más del doble de los que deportó Barack Obama en el mismo período el año anterior, según reportó The Washington Post.

 

Aclaración: estas son personas cuyo único delito fue entrar ilegalmente a Estados Unidos. Nada más. Y emigraron para hacer los trabajos que nadie más quiere hacer. Somos cómplices de los indocumentados. Vinieron a Estados Unidos por nosotros, nos beneficiamos de su trabajo y miles de empresas los contratan.

 

No vinieron de paseo a Disneylandia. No han matado ni herido a nadie, no han robado, violado, traído drogas ni los han detenido manejando en estado de ebriedad.

 

El miedo no anda en burro. Esa es una frase mexicana que se aplica perfectamente a las nuevas políticas migratorias del joven gobierno de Trump. Trump y su secretario de seguridad interna, John Kelly, dicen que se quieren concentrar en arrestar y deportar a “bad hombres”, es decir, criminales y pandilleros como los de la Mara Salvatrucha. Pero la verdad es otra: están agarrando al que se les cruce.

 

Las cifras no mienten. Trump arrestó a 21.362 indocumentados del 20 de enero al 13 de marzo de este año. En ese mismo período en el 2016, Obama solo había deportado a 16.104 personas. Este es un aumento del 32 por ciento.

 

Además, Trump intentó prohibir la entrada a personas de seis países mayoritariamente musulmanes y castigar a las ciudades santuario que protegen a los indocumentados. Los jueces han bloqueado esas medidas pero el espíritu antiinmigrante de Trump está muy presente.

 

Por eso hay tanto miedo. Los primeros 100 días de Trump en la presidencia han sido marcados por el terror que ha generado entre los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, en su mayoría de origen latinoamericano.

 

Los ejemplos están por todos lados: un Dreamer deportado a México (un país que no conoce), un padre arrestado mientras llevaba a su hija a la escuela, una madre detenida tras su cita en las mismas oficinas del servicio de inmigración. Ya nadie se siente seguro. Y ese es el gran cambio.

 

 

 

Pero hay que ser honestos. Barack Obama deportó a más de dos millones y medio de indocumentados, más que cualquier otro presidente. Entre los deportados hubo cientos de miles que tampoco tenían un record criminal. La diferencia es que Obama apoyaba una reforma migratoria y le dio protección legal a más de 750 mil Dreamers a través del programa conocido como DACA. Trump se opone a legalizar a indocumentados y, aunque ha dicho que los Dreamers no tienen de qué preocuparse, nadie sabe qué va a hacer.

 

Trump tiene un grave problema de credibilidad. Ha mentido tanto que su palabra vale muy poco.

 

Pero lo que sí está claro es que ha criminalizado y ha dado una imagen muy negativa a los inmigrantes indocumentados. De hecho lanzó su candidatura presidencial en junio del 2015 acusando, falsamente, a los inmigrantes mexicanos de ser criminales, narcotraficantes y violadores. La realidad es muy distinta.

 

Menos de 300 mil indocumentados han cometido un delito grave o felony como le dicen en inglés, según un reciente estudio del Migration Policy Institute. Esto es menos del tres por ciento de la población indocumentada. En comparación el seis por ciento de los estadounidenses comete crímenes serios. Conclusión: los indocumentados se comportan mejor que los estadounidenses.

 

A pesar de esto, si la administración Trump quiere concentrar sus arrestos en indocumentados que realmente son criminales y peligrosos, nadie se va a oponer. Pero es muy importante aclarar que se trata de un grupo sumamente reducido y que no refleja a la mayoría de los extranjeros que viven en Estados Unidos.

 

Trump abrió la caja de los prejuicios y el resultado es el miedo. En más de 30 años en este país nunca había visto un clima antiinmigrante tan nocivo como este. Lo políticamente incorrecto se ha vuelto aceptable en Trumplandia. Muchos confunden el ser sincero con ser abiertamente racista.

 

Hay muchas maneras de juzgar los primeros 100 días de Trump. Para mí y para muchos inmigrantes, han sido 100 días de miedo. Y prepárense: aún faltan 1.350 días más.

 

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¿Es posible una guerra civil en Venezuela?

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Pensar en una guerra civil más en el continente latinoamericano en este siglo sería casi irrisorio, tomando en cuenta el desarrollo y evolución política, social y económica de América Latina, Pero en el caso de Venezuela sí es de pensarlo. El proceso político-social  de Venezuela con el fallido Socialismo del Siglo XXI o diciéndola con su propio nombre, La Revolución Bolivariana, ha erosionado totalmente su democracia y política de libre mercado, de la cual fue pionera hace tres décadas, especialmente con el libre cambio.

 

Venezuela, considerada una mina de infinitas riquezas por la enorme cantidad de recursos naturales que este país sudamericano tiene, está hundida en la más infrahumana crisis total, junto con un gobierno fallido como el de Nicolás Maduro. Pero analicemos de manera práctica si este país está madurando el punto, para una de las guerras civiles de la historia, más desastrosas y calamitosas, “si es que se llegase a dar”.

 

Se han adjuntado dos elementos muy decisorio e importantes, uno nacional y el otro internacional, los dos totalmente interconectados por causa y efecto. En el nacional la oligarquía venezolana y el internacional los Estados Unidos. Para éstos, la aparición de un lenguaje populista que reflotó las ideas socialistas, acomodándolas a las aristas de la ideología bolivariana, no han sido toleradas en absoluto. Venezuela tiene una de las reservas de petróleo más grandes del mundo. Estos hidrocarburos, para la política geoestratégica de los Estados Unidos son vitales, que tarde o temprano querrán apropiárselos, por las buenas o por las malas. La presión de las élites industriales-políticas de Venezuela, y las de los Estados Unidos hacia Venezuela ha desbalanceado el Gobierno de Maduro y la única manera de mantenerse en el poder es a través de la fuerza, mas no democráticamente.

 

Hugo Chavez empezó este cambio prácticamente desde el año 1998, un proceso bastante especial y comenzó mejorando los niveles de vida de la clase pobre de Venezuela, en sí el país entró en un proceso de reingeniería política e ideológica que fueron financiados por los altos precios del petróleo, sin lo cual hubiese sido imposible lograrlo.

 

Al estallar la Revolución Bolivariana y la aplicación de un socialismo nefasto a Venezuela gradualmente las cosas se fueron poniendo difíciles, la oposición política, con la asamblea, sus relaciones internacionales, y lo más importante su economía se agravó llegando al punto de que el Fondo Monetario Internacional proyecte un 700% de inflación, récord total en la historia económica de Venezuela y con el 80% de pobreza, algo imperdonable.

 

 

Los políticos y buenos académicos deben presentar un plan de sanación total a Venezuela, y evitar un colapso total del país, porque si no logan presentar algo conciso y creíble, va a perder el control hegemónico e ideológico de pensamiento en las mayorías y cuando sucede esto se viene una guerra civil de consecuencias incalculables…Por ejemplo, miremos atrás en la historia latinoamericana, la guerra civil del El Salvador que causo más de setenta mil muertos. Ahora serían perores la consecuencias, por los armamentos, estrategias y tecnología que se maneja.

 

Cómo robarse 3.500

millones de dólares

Por Jorge Ramos

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, estaba muy frustrado. Aparentemente nada de lo que hace es aplaudido o reconocido. Se acababa de dar el crédito por el arresto de dos gobernadores que estaban prófugos y, aún así, las redes sociales estaban llenas de sospechas, memes y críticas. Pero el problema es que Peña Nieto no entiende que no entiende.

 

Ante la frustración, Peña Nieto se refugió en el albur y el machismo. “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, dijo a un grupo de reporteros tras un acto público.

 

No hay duda que los arrestos del ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, son buenas noticias. Están acusados de robarse millones de dólares y de múltiples actos de corrupción. Pero el crédito de su detención hay que dárselo a los gobiernos de Italia y Guatemala, respectivamente.

 

En el caso concreto de Duarte, Peña Nieto lo pudo arrestar antes que se escapara de México y ni siquiera trató. Por eso las sospechas y las burlas al mandatario.

 

Las acusaciones de corrupción contra Duarte eran parte de un largo expediente creado desde el 2010. ¿Qué estaba esperando Peña Nieto?

 

El primer problema es de imagen. Hay una fotografía que muestra a Peña Nieto y a Javier Duarte, ambos priístas, abrazados y muertos de la risa. Parece que son de esos amigos que se pican el ombligo. Además, Duarte apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto en el 2012 y el presidente, recíproco, alabó a Duarte en una entrevista de televisión, diciendo que era parte de una nueva generación de políticos. O sea, eran cuatachos o aparentaban serlo.

 

El segundo problema es más grave. Sugiere complicidad, tolerancia o total ineptitud y negligencia por parte del gobierno de Peña Nieto.

 

El actual gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, me hizo las cuentas de lo supuestamente robado por Duarte. “Lo que ha acreditado la auditoría superior de la federación es que fueron desviados en todo el período aproximadamente 2,500 millones de dólares”, me dijo Yunes en una entrevista. “Y de recursos estatales, la auditoría superior del estado ha considerado que fueron mil millones de dólares más.”

 

 

 

Pregunta: ¿cómo te robas 3,500 millones de dólares sin que se entere el presidente? El gobierno de Peña Nieto le envió un dineral al de Duarte para salud, educación y seguridad pública. Y Peña Nieto nunca le preguntó a Duarte, oye, ¿cómo te gastaste el billete que te envié?

 

Lo menos que podemos esperar de un presidente es que vigile que los gobernadores no se roben el dinero de los mexicanos. ¿Acaso no es ese parte del trabajo del presidente? Si no lo es, que por favor nos avise.

 

El tercer problema es de credibilidad. Ya pocos le creen a Peña Nieto y mucho menos si se trata de asuntos de corrupción.

 

¿El mismo presidente que permitió que su esposa adquiriera una casa de siete millones de dólares de un contratista de su propio gobierno es el que ahora se quiere presentar como el zar anticorrupción?

 

El mismo presidente que, en un discurso, dijo que los arrestos de Yarrington y Duarte son una muestra de su compromiso contra la impunidad puso a uno de sus subordinados, Virgilio Andrade, a que investigara el asunto de la Casa Blanca. El salario y el puesto del investigador dependía de la voluntad del investigado. Claro, el presidente y su esposa fueron exonerados. Por eso nadie le aplaude.

 

Antes de dejar Los Pinos, el presidente José López Portillo se construía una horrenda mansión conocida por los mexicanos como “la colina del perro”. Su costo excedía por mucho la suma de salarios de toda una vida como funcionario público. Entonces creí que nunca más se repetiría en México un abuso tan burdo y de esas dimensiones.

 

Bueno, con lo que supuestamente se han robado Duarte y otros gobernadores se podrían construir cientos de “colinas del perro”. Es una jauría y el impacto se verá pronto. El voto antisistema en Gran Bretaña, Estados Unidos, Filipinas y Colombia podría tener su versión mexicana en las elecciones presidenciales del 2018.

 

¿Cómo se roban 3,500 millones de dólares en México? Muy fácil: frente a los ojos entreabiertos del gobierno de Peña Nieto.

 

 

La “guerra” de los cien días

Por David Torres

America’s Voice

Si algo ha quedado claro en esta primera etapa del nuevo gobierno de Estados Unidos es que los inmigrantes hemos sido el evidente contrapeso de la insidiosa intención de “borrarnos del mapa”.

 

Unos podrían pensar que es exagerada la expresión, pero no se ha escuchado nada distinto desde el primer día de Donald Trump en el poder, ni a decir verdad desde aquel 16 de junio de 2015 cuando el magnate anunció su candidatura presidencial tras descender de la dorada escalerilla eléctrica de su torre en Nueva York.

 

De tal modo que una vez identificadas las partes en conflicto, no quedó más remedio que asumir una posición de defensa ante tan contundentes ataques como parte de una campaña de odio, otra vez, hacia las denominadas minorías, especialmente la hispana; las que, en realidad, dentro de poco dejarán de serlo.

 

Unos optamos por hacernos ciudadanos y enfrentar por la vía democrática este oscuro capítulo en la historia contemporánea de Estados Unidos. Y si bien no se logró el objetivo, al menos sí quedó reflejada en la práctica la solidificación del nuevo tejido social en el que voluntaria o involuntariamente nos ha tocado vivir –y confirmar– en estos primeros cien días del gobierno de Trump.

 

Tal vez también ahí radique el despertar de esa neosupremacía blanca, que tantos dolores de cabeza le ha dado a un Estados Unidos ahora más diverso y que había querido dejar atrás una historia de racismo desde la época de la lucha por los derechos civiles en el Siglo XX.

 

Lamentablemente nos hemos dado cuenta de que, además, la discriminación y la xenofobia seguían latentes, agazapadas a la espera de un nuevo resurgimiento.

 

Pero estos primeros cien días de Trump en la Casa Blanca no han venido sino a reafirmar que es en el compromiso social e histórico —no en el absurdo cotidiano en que ha caído el denominado “Sueño Americano”— donde radica la fuerza del nuevo país que nos ha correspondido forjar, independientemente de nuestro origen o nuestro color, y muy por encima de las ideologías, pero sobre todo por encima de la radical idea de eliminarnos de la demografía estadounidense.

 

 

Tras la denominada “Guerra de los cien días”, luego de su contundente y vergonzosa derrota en Waterloo, a Napoleón no le quedó más remedio que aceptar que su imperio había llegado a su fin. Los inmigrantes no somos ni de lejos los “enemigos” que Trump y sus aliados han querido ver, estereotipándonos a todos básicamente como “delincuentes”, pero por supuesto que el nuevo mandatario tampoco alcanza, aunque lo desee, “aires napoleónicos”.

 

De tal manera que, toda proporción guardada, a lo más que debería aspirar luego de cumplir sus primeros cien días entre la Casa Blanca y su casa en Florida es a un desprendimiento paulatino de su política antiinmigrante, o arriesgarse a enfrentar, más que un posible juicio político, un bien ganado ostracismo histórico que lo condene a él y a su linaje a un desprestigio total de generaciones.

 

Los inmigrantes, de cualquier modo, aún seguiremos aquí.

 

450 formas de separarnos

“Una de las condiciones que les pusieron a las empresas que concursaban era que el muro midiera por lo menos 18 pies de altura. Otra, que se viera bonito. Pero no hay manera que el odio se vea bonito”.

 

Por Jorge Ramos

Los ingenieros y contratistas más brillantes y ambiciosos de Estados Unidos se han pasado los últimos meses buscando la mejor manera de separarnos. Y encontraron, al menos 450 formas de hacerlo. Ese es el número de diseños presentados para construir el nuevo muro de Donald Trump en la frontera entre México y Estados Unidos.

 

Hay propuestas de muros con paneles solares y torres de observación, con inclinaciones imposibles de escalar y todo tipo de materiales para resbalarse. También existen proyectos con cercas infranqueables que permiten observar el lado estadounidense. O sea, se vale ver pero no cruzar.

 

Una de las condiciones que les pusieron a las empresas que concursaban era que el muro midiera por lo menos 18 pies de altura. Otra, que se viera bonito. Pero no hay manera que el odio se vea bonito.

 

El muro que Trump quiere construir estará hecho de odio y racismo. Trump cree, equivocadamente, que los inmigrantes mexicanos son criminales, narcotraficantes y violadores (tal y como lo dijo al lanzar su candidatura presidencial en el 2015). Y por lo tanto quiere una pared que separe a Estados Unidos del potencial peligro que, según él, representan.

 

Pero Trump se equivoca. Déjenme repetirlo una vez más: los inmigrantes indocumentados cometen menos crímenes que los estadounidenses y contribuyen con billones de dólares a la economía de Estados Unidos. Es decir, Trump quiere construir un muro para alejarse de un peligro que está solo en su cabeza.

 

Además, no hay ninguna invasión a Estados Unidos. La población indocumentada se ha mantenido en 11 millones de personas en la última década y todo parece indicar que seguirá así. Estados Unidos está dejando de ser un país atractivo para los extranjeros. No quieren llegar y ser humillados, detenidos y deportados. Por eso hay cada vez hay menos que lo intentan.

 

En diciembre del 2016, todavía con Barack Obama como presidente, arrestaron a unos 58,000 inmigrantes tratando de entrar ilegalmente a Estados Unidos. En enero ese número bajó a 43,000. Ya en febrero, el primer mes completo de Trump en la presidencia, los arrestos cayeron a 24,000 y el pasado marzo bajó más aún hasta menos de 17.000.

 

 

 

“Esto no es un accidente”, aseguró el Secretario de Seguridad Interna, el general John Kelly, ante una audiencia del senado. Lo que esto significa es que las tácticas de odio y miedo de Trump están funcionando.

 

Veremos en unos meses si Trump está deportando a más o menos indocumentados que Obama. Pero lo que sí ha cambiado es que el nuevo presidente le ha dado la autoridad a los agentes migratorios para que detengan, revisen, arresten y deporten a personas que no tienen ningún record criminal. Eso es lo distinto.

 

Todos los días, en el noticiero en el que trabajo, reportamos de padres y madres detenidos en sus casas, en taxis, en la corte y a la salida del colegio de sus hijos. Sus hijos, que en muchos casos son ciudadanos estadounidenses, se convierten en los traumados testigos de abusivas operaciones que separan familias.

 

Terror hacia dentro y una pared que los proteja de los de fuera. Esa es la filosofía Trump. Lo irónico es que los estadounidenses que lo eligieron para que construyera un muro en la frontera con México ahora no lo quieren pagar. El 58% de los estadounidenses están en contra de gastar miles de millones de dólares para construir el muro de Trump, según la última encuesta de AP.

 

Los muros no sirven. Se los saltan y los burlan con túneles. Sí, todo país tiene el derecho a fronteras seguras. Pero un sistema migratorio eficiente –que considere las necesidades económicas de Estados Unidos y las compagine con los trabajadores que quieren venir– es una mejor opción que un muro.

 

Los países son como las cosas que inventan. Estados Unidos es el país que nos puso a volar, que llevó a un hombre a la luna, y que creo las computadoras y los celulares que nos tienen adictos a sus pantallas. Ahora, en la época de Trump, algunos de sus constructores más creativos están haciendo planes para levantar un muro inútil.

 

Me los imagino pensando y proponiendo todas las maneras posibles de separarnos. Algo está muy mal cuando el talento y el dinero se usan para dividir. Hay personas que sacan lo peor de un país.

 

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

 

Cien días de una invariable

agenda anti-inmigrante

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

Sin contemplaciones y sin tener historial delictivo, Maribel Trujillo Díaz fue deportada a su natal México el pasado miércoles, dejando atrás un esposo, cuatro hijos ciudadanos estadounidenses, un trabajo y una vida establecida en Ohio.

 

Al gobierno de Donald J. Trump que la deportó, poco le importó que los dos senadores federales de Ohio, el demócrata Sherrod Brown, y el republicano Rob Portman, así como el gobernador del estado, el republicano John Kasich, indicaran que Maribel no debería ser prioridad de deportación. Tampoco hizo mella la intervención de la Iglesia Católica, ni el hecho de que la menor de los hijos de Maribel sufra de convulsiones y necesite de los cuidados de su mamá.

 

A punto de cumplirse los primeros 100 días del gobierno de Trump si algo queda claro es que su política anti-inmigrante es quizá lo único que ha permanecido estable. De momento Trump no hace realidad una de sus promesas de campaña, revocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), e incluso le indicó a la Associated Press que los DREAMers pueden estar tranquilos, esto a pesar de que algunos han sido detenidos y otro, Juan Manuel Montes, fue deportado a México en un caso bastante confuso.

 

En este lapso, Trump presentó, aunque no ha podido implementarlo, el veto temporal a ciudadanos de seis países mayormente musulmanes y el freno temporal a refugiados. El caso está pendiente en las cortes.

 

El famoso muro que prometió construir en la frontera con México se inyecta esta semana en el debate presupuestario y la medida temporal para que el gobierno pueda seguir operando. Trump quiere que como parte del proyecto de gastos se incluyan 1,400 millones de dólares de enganche para iniciar la construcción del muro que México asegura que no pagará.

 

El Secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), John Kelly, dijo en CNN que Trump “insistirá en el financiamiento del muro”. Lo interesante es que tanto republicanos como demócratas del Congreso consideran que el mentado muro es innecesario considerando, entre otras cosas, que los cruces de personas sin documentos se han reducido en aproximadamente 40% en los primeros dos meses del año en curso. El Wall Street Journal informó que ocho senadores y nueve congresistas de estados fronterizos se oponen a la partida de 1.400 millones para iniciar la construccción del muro.

 

 

 

¿Arriesgará Trump el cierre del gobierno por su muro? El Secretario de Justicia, Jeff Sessions, exsenador de Alabama que cobró notoriedad por sus posturas antiinmigrantes, también anunció medidas que endurecen la política migratoria y criminalizan aún más a los indocumentados, incluyendo convertir en delito grave el reingreso a Estados Unidos sin documentos.

 

Kelly insistió en CNN que solo se enfocan en delincuentes. Buscan, dijo, “hombres y mujeres malos y lo hacemos de forma efectiva”.

 

Pero lo más emblemático de estos primeros 100 días de la presidencia de Trump en materia migratoria es que a todos los indocumentados se les mide con la misma vara. Da lo mismo un pandillero que una madre sin historial delictivo.

 

Si los primeros 100 días son indicativos de lo que está por venir en materia migratoria, hay que prepararse para los 1.360 que le restan a Trump en la presidencia.

Una carta a Maribel

Por Maribel Hastings

 

En estos momentos, Maribel Trujillo Díaz está detenida en Louisiana aguardando su deportación programada para esta semana, a menos que alguien en este cruel gobierno de Donald Trump entienda que esta madre de cuatro niños ciudadanos estadounidenses sin historial delictivo no es una amenaza para nuestras comunidades y mucho menos para nuestra seguridad nacional.

 

No te conozco, Maribel, pero reconozco en tu historia las de otras madres y padres sin historial delictivo que viven escondiéndose cual si fueran delincuentes por buscar un mejor futuro para sus hijos; o incluso, para no convertirse en víctimas de narcotraficantes y pandilleros en sus países de origen. Muchos piden asilo, pero les es denegado porque Estados Unidos no le concede asilo a ciudadanos de países aliados o prefiere ignorar el horror del que huyen millones de inmigrantes mexicanos y centroamericanos, agobiados por la violencia de las pandillas y del narcotráfico.

 

Maribel Trujillo no es un “bad hombre” de los que Trump prometió deshacerse. Maribel llegó desde México a Estados Unidos hace 15 años precisamente huyendo de la violencia de las pandillas. Su hermano recibió amenazas y su padre habría sido secuestrado. En 2007 ICE hizo una redada en su centro de trabajo y la agencia inició el proceso de deportación.

 

Maribel solicitó asilo pero le fue denegado en 2012. Siguió apelando pero en 2014 recibió una orden final de deportación. Sin embargo, el gobierno de Barack Obama priorizó las deportaciones determinando que Maribel no constituía una prioridad de deportación por no tener historial delictivo. Además, tiene cuatro hijos ciudadanos estadounidenses, la más chica de los cuales, de apenas tres años de edad, tiene necesidades especiales.

 

Como candidato, Trump prometió una Fuerza de Deportación que está haciendo realidad con la ayuda de sus Departamentos de Seguridad Nacional (DHS) y Justicia, y sus respectivos secretarios, John Kelly y Jeff Sessions. Este último fue a la frontera con México la semana pasada para lanzarle una advertencia a los inmigrantes proclamando que “esta es la era de Trump”.

 

Y precisamente la era de Trump en materia migratoria es la que coloca a Maribel y a otros indocumentados como ella en la misma categoría de criminales, violadores y narcotraficantes; es la era oportunista que saca partido y llena sus cuotas con objetivos fáciles: indocumentados que a pesar de no ser prioridad de deportación durante el gobierno de Obama acuden puntuales a sus citas con inmigración, y cuando antes se les volvía a citar, ahora se les detiene y se les deporta.

 

Es la era que busca llenar centros de detención e inflar las cifras de deportados con indocumentados como Maribel y otros que no tienen historial delictivo, o cuyas faltas menores no deberían convertirlos en prioridad de deportación, esto porque los inmigrantes que realmente representan una amenaza no son la mayoría.

 

Es la misma administración a la que no le importa deportar a padres de niños ciudadanos o que muchos de esos niños ciudadanos tengan que autodeportarse para que la familia permanezca unida.

 

En el caso de Maribel, su hija menor, de tres años de edad, tiene necesidades especiales y la niña se iría a México con su madre. La autodeportación de una ciudadana estadounidense de tres años de edad a un clima de violencia y sin los servicios que requiere es solo un “daño colateral” en este era de Trump.

 

Maribel, no sé si tu suerte cambie esta semana y si la presión de tu comunidad en Ohio que ha salido en tu defensa, y la de figuras demócratas y republicanas que han intercedido pidiendo tu liberación, conseguirá que puedas regresar junto a tu hermosa familia. Ojalá que sí.

 

Quienes apoyan a Maribel han iniciado la campaña #FreeMaribel o Liberen a Maribel. Pero aunque fuera deportada, Maribel es libre porque la única prisionera en esta historia es esta administración Trump, presa de su prejuicio, insensatez, nativismo y falta de humanidad.