Cuando un hijo se va

Por Jorge Ramos

 

Se va Nicolás y no sé qué voy a hacer. Después de pasar más de 19 años con este niño/adolescente/hombre ha llegado el momento de que se vaya a la universidad y lo único que sé es que lo voy a extrañar. Mucho.

 

El está listo para irse y siempre supo que sería lejos de Miami. Yo me quedé en casa de mis papás en México hasta los 24 años. Eran otros tiempos y en Estados Unidos eso casi no ocurre.

 

Además de estudiar, será uno de los pateadores del equipo de fútbol americano de la universidad. El se lo ganó a pulso. Buscó un camino muy distinto al de los otros miembros de la familia y, con una impresionante determinación y fuerza de voluntad, lo encontró.

 

Aún recuerdo cuando lo llevaba todos los sábados por la mañana a mi partido de fútbol soccer. Esperaba con ansias el medio tiempo para meterse a la cancha y patear con mis amigos. Le pegaba durísimo a la pelota. Pero una vez en highschool, mezcló su herencia latina con su mundo americano y cambió el esférico por una pelota ovalada y puntiaguda.

 

​Nicolás y yo saltamos de idioma sin mucho esfuerzo. Le hablo en español y me contesta en inglés. Pero puede sostener perfectamente una conversación en español con sus abuelos gracias a las lecciones de la doctora María del Carmen Naranjo, quien lo introdujo a las maravillas de la literatura latinoamericana.

 

Yo crecí leyendo en papel, igual novelas que periódicos, y Nico leyendo en su celular. Tiene una muy bien desarrollada curiosidad por la historia y un educado olfato para las buenas comidas. Le tiene respeto a los jugadores de fútbol americano y a los chefs. Es decir, a los que muestran lo que hacen, no a los que hablan.

 

​Mi papá casi nunca jugó conmigo. Eran otras épocas. Pero aprendí. Así que he jugado con Nicolás hasta más no poder. La mitad de ser papá es estar presente. La otra mitad es vivir experiencias con tus hijos que les sirvan para el futuro. Por eso he viajado tanto con él y con su hermana Paola.

 

​Nicolás es un gran compañero de viaje y desde niño me lo llevaba a mis coberturas periodísticas, desde Brasil y Bangkok hasta Roma y Johannesburgo.

 

No le molesta despertar en un país, comer en otro e ir a dormir a un tercero. Mi intención era enseñarle a viajar con los ojos bien abiertos, a lugares extraños y “ligero de equipaje”, como dice la canción de Serrat. No checamos maletas. La regla es sencilla. Si no cabe en la maleta no va.

 

Nicolás tiene esa personalidad tan Ramos -muy independiente, a veces callado, siempre observando- y una buena dosis de rebeldía, que le va a servir bien en la vida. Y por supuesto que hemos tenido nuestras diferencias, como todo padre e hijo. Es una forma de crecer. Una vez se lo comenté a mi mamá y lo puso en perspectiva con un poquito de humor: “¿y a ti ya se te olvidó cómo eras tú cuando tenías la misma edad?” Me reí y la abracé, como pidiendo perdón.

 

Una vez a la semana, más o menos, Nicolás me llama o me textea al celular para invitarme a cenar. Solos, él y yo. Creo que nunca le he dicho que no. Es un ritual. Solemos ir a un restaurante mexicano, pedimos queso fundido con chorizo y tortillas de harina para compartir, y luego se echa unos riquísimos tacos con guacamole. Aguanta la salsa picante mucho más que yo. A mí me gusta pedir cualquier cosa que me recuerde mi infancia y limonada con cilantro.

 

En mi oficina tengo una foto de Nicolás con una de mis camisetas. Le queda enorme. El se nota feliz y a mí me lleva a un buen momento en mi vida. Pero el mejor regalo que me han hecho es una pequeña foto de Nicolás con una grabación de su risa. Cada vez que aprietas un botoncito escucho a ese niño, de apenas unos meses, riéndose alegremente. Lo aprieto varias veces al mes. Me mueve algo por dentro. Pero vivo con un miedo constante de que el viejo regalo deje de funcionar y me quede sin la risa de Nico.

 

Siento el mismo temor ahora que se acerca el día de su partida. Yo sé que él va a estar bien. Pero estoy seguro que me voy a sentir fuera de lugar (porque siempre pensé que mi lugar era estar junto a él o muy cerca para poderlo ver). No sé qué va a pensar cuando lea esto. Quizás le parezca cursi o inapropiado. Pero de lo único que se trata es que sepa que lo quiero mucho, que estoy muy orgulloso de él… y que ya lo estoy extrañando.

 

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Los inmigrantes avanzan

como semillas de la historia

Por David Torres

America’s Voice

 

“No es la primera vez ni será la última”. Es la simple y deshumanizada conclusión a la que muchos siempre llegan cuando tragedias como la de San Antonio, Texas, ocurren. Tal parece que morir asfixiado dentro de un camión, luego de una tortuosa travesía en busca de cruzar la frontera, fuese el “merecido” castigo del inmigrante que tiene la osadía de intentarlo, descontextualizando los motivos personales, las realidades sociales, los entornos políticos y las necesidades económicas.

 

Si alguien se pregunta qué es un inmigrante en la actualidad, debe empezar por entender que el deseo de alcanzar una tabla de salvación en este mundo tal como está estructurado —no por el inmigrante mismo, sino por los centros de poder político y económico— implica realizar sacrificios de esa magnitud, creyendo fervientemente en ese “Norte”, que ahora mismo se desdibuja como faro de esperanza.

 

Buscar una vida mejor

 

No hay una sola de las entrevistas que han hecho a los sobrevivientes de la tragedia en Texas que contradiga el objetivo de su viaje: buscar una vida mejor. Sí, la frase entera se ha convertido en una especie de cliché que a muchos –sobre todo a los que ya lograron instalarse donde deseaban a su manera durante varias generaciones—les parece chocante, burda, atrevida e incluso ridícula.

 

Pero la autenticidad de quien la dice se equipara a la de quienes la repitieron un millón de veces antes, mucho antes, huyendo del hambre, de la guerra, de la persecución religiosa o de la intolerancia política. Y que ahora, muchos años después, gracias a sus esfuerzos y miles de sacrificios, sus descendientes, ya estadounidenses, se han podido convertir en legisladores, médicos, científicos, maestros de escuela, empresarios, granjeros, banqueros, e incluso presidentes de Estados Unidos.

 

A unos les ha ido bien, a otros no tanto; pero todos han formado parte del tejido social de esta nación, de la amalgama cultural que la solidifica.

 

Nuevo tipo de nación

 

¿No es este el laboratorio social que nació para ser ejemplo de un nuevo tipo de nación donde el habitante, independientemente de su origen, idioma, credo religioso, etc., gozaría de las libertades plenas que emanan de la Constitución?

 

Inmediatamente hay quien sale al paso para responder que cruzar la frontera ilegalmente convierte a quienes lo hacen en “delincuentes”, y que por esa razón deberían ser castigados y expulsados del país, tal como lo declaró hace unos días el director de ICE, Thomas Homan, con un gesto de pocos amigos, más que de funcionario público de un país que hasta antes de este gobierno era considerado protector de los derechos humanos.

La complejidad de las leyes migratorias de cualquier país, sobre todo las de Estados Unidos, impide entender las razones que tuvo, por ejemplo, ese inmigrante mexicano que prefirió beber líquido anticongelante para autos, antes que perecer de deshidratación y asfixia y no ver cumplido su anhelo de llegar a este país.

 

Vale la pena?

 

Ya vendrán otros espacios de abundancia en otras latitudes y hacia allá enfilarán las multitudes de desposeídos. Esa ha sido la lógica de las migraciones humanas a lo largo de la historia. ¿Es tan difícil de entender eso por parte de quienes pretenden acabar con la historia misma, instalados en este preciso momento en la atribulada Casa Blanca, reduciendo a un problema de “ilegalidad” una realidad que les estalla en las narices?

 

Los “críticos” más simplistas dicen siempre que “el problema es de ellos”, de los países de origen de los inmigrantes, donde violencia, corrupción, falta de oportunidades y economías fallidas son el pan de cada día.

 

Por eso, más allá de insistir en la corresponsabilidad internacional, en que el desequilibrio económico es endémico y que ha sido heredado y reproducido por siglos hasta quedar como está organizado hoy, es preciso recordar que mientras eso persista, habrá no uno, sino millones de seres humanos que de la noche a la mañana se convertirán en inmigrantes, esas semillas sembradas en la historia que irremediablemente algún día le darán otro rostro a sus puntos de destino.

Las manos del doctor “Q”

Por Jorge Ramos

 

El cerebro está pulsando frente a mí. Nunca imaginé que el cerebro latiera como un corazón. Es beige, casi café claro. Las venas y arterias son moradas, extendidas, como arañas cuidando su presa. No puedo voltear a otro lado. Si el alma existe, está ahí dentro.

 

El cerebro está a la vista. Hace poco más de una hora que comenzó el complicado proceso de rasurar el cabello, cortar la piel y el cráneo, y levantar la duramadre, la bien llamada membrana que protege maternalmente al cerebro. Un pedazo de hueso, cuadriculado y de unos cinco centímetros por lado, fue cortado con una sierra especial y la ponen a un lado como pieza de Lego. Veo ese cerebro y lo único que puedo decir es “qué maravilla”. Me refiero tanto al órgano como a los meticulosos médicos que literalmente abren al paciente.

 

Lo que me toca ver es extraordinario. A lo largo de toda la operación el paciente está despierto. Está ligeramente sedado y le han puesto una anestesia local para evitar el dolor, pero conversa con los doctores y responde a todas las preguntas que le hacen. ¿Por qué está despierto? Para asegurarse que los cortes del bisturí en su cerebro no afecten el habla, su memoria y ninguna de sus funciones.

 

M, un joven de 29 años de edad, tenía un tumor cerebral y me permitió, junto a un equipo de televisión, filmar la operación. M puso su fe y su cerebro en manos del doctor Alfredo Quiñones y de los expertos de la clínica Mayo. Yo hubiera hecho lo mismo.

 

El doctor Q. es una leyenda. A sus 50 años ha realizado unas 2.500 operaciones de cerebro. Pero la historia más apasionante es cómo llegó a ser uno de los más talentosos neurocirujanos del mundo.

 

Alfredo Quiñones fue un indocumentado en Estados Unidos. Nada ha sido fácil para él. Su hermana murió a los tres años por una diarrea. Desde los cinco le ayudaba a su papá en una pequeña estación de gasolina en Mexicali, Baja California. Pero cuando su papá perdió el trabajo decidió saltarse la cerca hacia Estados Unidos. Lo agarraron la primera vez pero el mismo día lo volvió a intentar y pasó. Tenía solo 19 años de edad.

 

Trabajó en la agricultura en el norte de California y luego como soldador. Un familiar le dijo que nunca dejaría los campos de cultivo.

 Pero se equivocó. Fue a un colegio comunitario para aprender inglés, legalizó su situación migratoria y más tarde fue aceptado en la Universidad de California en Berkeley, a un ladito de donde levantaba hierbas, frutas y verduras. A eso siguió la escuela de medicina en Harvard.

Al doctor Q. le gusta decir que las mismas manos que levantaron tomates ahora salvan vidas. Y no exagera.

 

Hace ejercicios de boxeo los fines de semana pero sus manos son pequeñas y delgadas, lavadas un millón de veces, estables, precisas, morenas. En esta época en que se destacan tanto las cosas que nos diferencian, es aleccionador hablar con un neurocirujano. “Todos nos vemos iguales”, me dice el doctor Q. No importa el color de piel, país de origen o ideas. El cerebro nos une, física y literalmente.

 

A través de su fundación BRAIN, Alfredo hace un peregrinaje anual a Guadalajara y a la ciudad de México para operar a personas de bajos recursos. Y ahora tiene una nueva meta: encontrar una cura para el cáncer cerebral. Me enseñó sus laboratorios, con la última tecnología, para aprender cómo ponerle un freno a las células cancerosas que emigran a otras partes del cuerpo. (En él fue el primero que pensé cuando me enteré del cáncer del senador John McCain.) Y no debe sorprenderle a nadie que el doctor Q. trabaje con muchos inmigrantes, como él, de todas partes del mundo.

 

“Vamos a cambiar el mundo” es su frase favorita y con cada operación nos demuestra que es posible. Pero regresemos a la sala de operación.

 

M sigue despierto. El doctor Q. llegó hasta su tumor -con la ayuda de gigantesco microscopio para ver lo más chiquito- y todo parece indicar que es benigno. El cerebro es increíblemente frágil. Lo escarba como si fuera una gelatina, con una cucharita parecida a las que se usan para el helado.

 

El doctor deja su silla donde opera, le da la vuelta a la mesa, toma la mano del paciente y le da un fuerte apretón. “Todo está bien” le dice Q. a M. “Todo está bien”. Mientras, el cerebro sigue pulsando.

 

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Llueve sobre mojado en inmigración

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

La designación del general John Kelly como jefe de despacho del presidente Donald Trump y, por ende, la posibilidad de que otra figura extremista asuma las riendas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que deja vacante Kelly, lanza otro cubetazo de agua fría a los inmigrantes, sus familiares y sus aliados.

 

No se trata únicamente de que Kelly haya estado implementando al pie de la letra la agenda antiinmigrante de Trump, desechando la discreción y deportando inmigrantes sin historial delictivo. Es que ahora Kelly estará directamente en la Casa Blanca laborando con personajes que llevan la batuta antiinmigrante, como el asesor Stephen Miller, un exempleado del exsenador de Alabama y ahora “apabullado” secretario de Justicia,  Jeff Sessions, quien, aunque Trump le ha hecho el feo, es otra figura antiinmigrante que maneja esa agenda al pie de la letra.

 

Y es además que comienzan las apuestas sobre quién será el sucesor de Kelly en el DHS.  Se menciona al secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, autor de algunas de las leyes estatales más antiinmigrantes, como la SB 1070 de Arizona y la HB 56 de Alabama. Y es autor de leyes estatales que según él buscan combatir el fraude electoral, aunque en realidad intenten suprimir el voto de minorías. Kobach copreside la Comisión Asesora sobre Integridad Electoral, cuya única finalidad parece ser tratar de justificar que Trump perdió el voto popular porque “millones” votaron “ilegalmente”.

 

Incluso se menciona al propio Sessions como sucesor de Kelly, pero esté donde esté, el resultado será el mismo: impulsar la agenda antiinmigrante.

 

Lo más preocupante de todo este cuadro es que ante la parálisis legislativa y los reveses legislativos, ahora más que nunca Trump parece echar mano de su agenda antiinmigrante como su tabla de salvación y el único rubro donde puede evidenciar resultados.

 

He repetido mil veces en este espacio que en esta Casa Blanca caótica y disfuncional lo único consistente es su agenda antiinmigrante.  Lo cual cobra especial interés tras el fiasco republicano de tratar de repeler el Obamacare.

 

Igualmente, Trump y sus súbditos son consumidos por el Rusiagate al punto que en seis meses no han logrado avanzar ninguna de sus promesas legislativas. Pero la agenda antiinmigrante, con una que otra limitación, va viento en popa.

 

Su fuerza de deportación sigue removiendo inmigrantes sin historial delictivo; siguen en pie sus planes de deportaciones expeditas incluso más allá del radio de 100 millas de la frontera y de quienes no puedan probar que llevan más de 90 días viviendo continuamente en Estados Unidos; el futuro de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) sigue siendo incierto; y el muro, verja, valla o lo que sea, ya tiene su enganche para ir avanzando a retazos.

El plan de Trump para combatir a la pandilla MS-13 no distingue entre pandilleros e inmigrantes, porque para Trump todos son la misma cosa.

 

Mucho ojo: nadie está defendiendo lo indefendible ni minimizando el salvajismo de las maras y el pánico que siembran en las propias comunidades de inmigrantes. Pero echar mano de esta situación para seguir satanizando a todos los inmigrantes igualándolos con criminales no es veraz. De hecho, son muchos indocumentados y latinos las víctimas de estos pandilleros y la atmósfera antiinmigrante que vivimos exacerba la situación, pues ni siquiera se atreven a acudir a las autoridades para denunciar si son víctimas o testigos de crímenes.

 

El viernes en un discurso en Long Island, Nueva York, para publicitar el combate a la MS-13, Trump pasó por alto que la mayor parte de los pandilleros detenidos en operativos federales son ciudadanos estadounidenses, no inmigrantes indocumentados. De lo que se trata es de seguir regando la semilla antiinmigrante que bastantes frutos le ha dado a Trump entre su base extremista. Y lo que falta, pues en inmigración sigue lloviendo sobre mojado.

 

¿Qué hacemos con los expresidentes?

Los ex, hay que reconocerlo, son un dolor de cabeza. Tuvieron mucho poder sobre nosotros, no se acostumbran a estar en un segundo plano, y se la pasan tuiteando y haciendo cualquier cosa para llamar la atención. Me refiero, por supuesto, a los expresidentes.

 

Hay expresidentes que desaparecen de los titulares y de la vida pública de un país. Como el estadounidense George W. Bush. Ellos decidieron que la mejor contribución que le pueden hacer a la nación es dejar en paz al presidente en turno. Hay otros, como Alvaro Uribe de Colombia -y a quién nadie le ha avisado que ya no es presidente- y que se sienten con el derecho de opinar de todo y de todos.

 

Y luego están los rateros. Esos que aprovecharon sus años en el poder para enriquecerse. Es difícil pensar en una estupidez más grande que robar cuando todos te están viendo. Pero los presidentes, luego de unos meses en palacio, suelen sentirse todopoderosos; eso los lleva a creer que el presupuesto de la nación es de ellos y a repartir viajes y lujos a familiares.

 

Hay una larga lista de expresidentes latinoamericanos rateros. Es fácil saber quiénes son. Casi todos fueron funcionarios públicos así que basta hacer la suma de sus salarios y contrastarla con las propiedades que poseen al dejar la presidencia. Esa aritmética casi nunca cuadra. Pero es difícil enjuiciarlos y encarcelarlos porque se conocen bien las reglas del juego y le saben hasta los últimos secretos a sus acusadores potenciales. La amenaza es clara: si yo caigo, tú caes también.

 

Si todos supiéramos cuánto dinero tiene un presidente antes y después de su mandato, sería muy fácil hacerle las cuentas. Por eso tengo la mala costumbre de preguntarle a todos los candidatos presidenciales dos simples preguntas: ¿cuánto dinero tiene? y ¿es usted millonario? Pero mi experiencia ha sido muy mala.

 

Resulta que la gran mayoría de los candidatos presidenciales no sabe exactamente cuánto dinero tiene. Y los expresidentes son totalmente desmemoriados. Suelen olvidarse hasta de casas y apartamentos que acaban de comprar y donde han pasado largas temporadas. Pero el trabajo de fiscales y periodistas es precisamente hacer que se acuerden, aunque sea un poquito, de todo lo que compraron con dinero de otros.

 

 

Es tan difícil meter a un expresidente latinoamericano a la cárcel que por eso hay que destacar a los países que lo han logrado o que, por lo menos, lo están intentando. Guatemala, Perú, Panamá y Brasil nos están dando un ejemplo de lo que ocurre cuando hay un compromiso contra la corrupción y la impunidad. En Guatemala está en prisión Otto Pérez Molina, Alberto Fujimori y Ollanta Humala están encarcelados en Perú -este último en prisión “preventiva”-, Panamá solicitó a Estados Unidos la extradición del detenido Ricardo Martinelli y en Brasil se ha iniciado un proceso judicial contra Luiz Inacio Lula da Silva.

 

No deja de sorprenderme que ningún expresidente mexicano haya sido encarcelado por corrupción en un país que tuvo por décadas una millonaria partida secreta para uso discrecional de los mandatarios y donde reina el dicho “político pobre, pobre político”. Lo que pasa es que en México no hay una verdadera voluntad de agarrar a los tramposos.

 

La casa de siete millones de dólares que la esposa del presidente le compró a un contratista del gobierno es el típico conflicto de interés. En otros países ya no habría ni casa ni presidente ni contratista. La investigación ordenada por Enrique Peña Nieto fue un engaño; se la dio a un subalterno que -¡sorpresa!- lo encontró inocente. Queda mucho por rascar.

 

Pero como me dijo hace poco en una entrevista el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, hay sociedades donde existe una corrupción “normal” que suele ser tolerada o ignorada. Ir a contracorriente no es fácil.

 

Entiendo que lo que menos quiere un nuevo presidente es ponerse a pelear con el anterior. Además, siempre hay cosas más importantes. La pregunta es válida: ¿gasto mi capital político en perseguir a exfulano o mejor se lo dedico a un asunto que beneficie a millones de personas?

 

Pero la única manera de que las cosas cambien es si le caemos en serio a un par de ex. No es una cuestión de venganza sino de justicia. (Y de una frustración que corroe por dentro.)

 

El fraude mexicano del 2018

Por Jorge Ramos

Es increíble que casi 30 años después muchos priístas -aún en el poder en México- todavía no puedan reconocer públicamente que hubo un enorme fraude electoral en 1988. Y en todas las elecciones presidenciales desde 1929 hasta 1994. Esa era la época del dedazo, cuando el presidente en turno escogía a su sucesor.

 

El tema del fraude electoral de 1988 ha resurgido por las confusas y novelescas declaraciones del senador, Manuel Bartlett, quien era Secretario de Gobernación durante las votaciones y fue la cara del fraude. Bartlett está cambiando de vestiduras y parece que ya no se acuerda lo que pasó. Así que vamos a recordárselo.

 

Los primeros resultados el 6 de julio de 1988 daban una clara ventaja a Cuauhtémoc Cárdenas del Frente Democrático Nacional. De pronto, suspendieron el conteo -en un hecho conocido como “la caída del sistema”– y cuando dan los resultados finales, días después, el ganador era el candidato del PRI.

 

El mayor beneficiado del gigantesco fraude del 88 fue, por supuesto, Carlos Salinas de Gortari. En dos ocasiones le he preguntado al respecto. La primera entrevista fue en Octubre del 2000 en la ciudad de México.

 

-¿Podemos ya decir que en 1988 un fraude electoral lo llevó a la presidencia?, le pregunté.

-Por supuesto que no hubo fraude, me contestó.

 

-Se cayó el sistema; se tardaron seis días en dar los resultados finales. En 1,762 casillas, muy en el estilo soviético, hubo 100 por ciento del voto a favor del PRI . La mitad de las 54 mil casillas no fueron contadas por la oposición. Se destruyeron en el 92 los votos. ¿No hubo fraude?

 

-Faltó documentarse suficiente.

 

-Cuauhtémoc Cárdenas sigue diciendo que hubo fraude. Muchos mexicanos consideran que hubo fraude.

 

-Bueno ¿cómo no lo van a considerar así si les han empujado la idea en estos años con la campaña de desinformación…Esa es la imagen que se formó. No se cayó el conteo de votos. Sí se cayó la computadora. Pues ¿a quién se le ocurre montar una computadora que no tenía forma de operar? Las 55 mil actas están depositadas con las firmas de los representantes (de los partidos políticos)…Es la elección mejor documentada en el Archivo General de la Nación.

 

Eso no es cierto. Los votos de la gente -los que le dieron la victoria a Cárdenas- fueron quemados en 1992 en una orden autorizada por el Congreso con la clara intención de que nadie, nunca, los pudiera contar y demostrar el fraude.

 

 

A defender el DACA y los “Dreamers”

America’s Voice

¿Será Trump intimidado por el estado de Texas y su propio Fiscal General para cometer el mayor error de su presidencia?. En la reunión entre el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, y el Comité Hispano del Congreso, quedó claro: el programa de Acción Diferida para Quienes Llegaron en la Infancia (DACA), que ha sido una gran ventaja para los jóvenes que son estadounidenses en todo, excepto en su documentación, así como un gran éxito para el país, está amenazado. El desafío para quienes apoyamos DACA –en todo el país y en la esfera política– es levantarnos en defensa de los Dreamers.

 

Antecedentes

Los ultranacionalistas, frustrados por que el presidente Trump ha mantenido DACA hasta ahora, están tratando de torcerle la mano. El procurador General de Texas, Ken Paxton, está exigiendo que DACA sea eliminado. Si el gobierno de Trump no acaba DACA para el 5 de septiembre, Paxton dice que buscará someter el caso ante un juez federal llamado Andrew Hanen, quien es tristemente célebre por ser antiinmigrante y haber bloqueado de manera infame la iniciativa DAPA, que habría brindado alivio a unos 4 millones de indocumentados en Estados Unidos. Parece que en este tema Paxton tiene a un aliado dispuesto en el Procurador General, Jeff Sessions, en torno a Trump. Todo lo que Sessions tiene que hacer es decidir no impugnar dicha demanda (él ha afirmado durante mucho tiempo que es anticonstitucional), y juntos, Paxton y Sessions, habrán terminado con DACA sin tener que contar con el consenso de Trump. Sessions puede decirle al jefe: “Las cortes me obligaron a hacerlo”.

 

DACA funciona

Eliminar DACA sería un desastre absoluto para los Dreamers, sus familias y nuestra nación. DACA ha representado oportunidades económicas para cerca de 800.000 beneficiarios que han pasado ya por revisión de antecedentes y a quienes se les ha otorgado el permiso de vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos. A muchos les ha sido posible lograr sus sueños de ir a la Universidad y completar sus estudios. Quienes no están en la escuela trabajan legalmente y pagan impuestos, apoyando económicamente a sus familias e incluso comprando casas.

 

Además de ser un éxito, DACA y los Dreamers también son populares. DACA goza del apoyo de los empleadores, universidades, educadores, líderes comunitarios y funcionarios electos de ambos partidos. Incluso el presidente Trump, cuando se le preguntó por quienes tienen DACA, dijo: “No deberían preocuparse demasiado. Tengo un gran corazón. Nos vamos a hacer cargo de todos”. De acuerdo con una encuesta realizada en abril por Morning Consult yPolitico, 78% de los electores estadounidenses apoya el dar a los Dreamers la oportunidad de quedarse permanentemente en Estados Unidos, incluyendo 73% de los votantes de Trump. Solo 14% de todos los votantes piensa que los Dreamers deberían ser deportados, llegando a 23% de los seguidores de Trump.

 

Se lo dije a Salinas de Gortari en otra conversación en Mayo del 2008 en Washington.

 

-No puede haber un recuento porque se quemaron los votos.

 

-No, señor. Las actas están en el Archivo General de la Nación.

 

-Las actas pero no los votos.

 

-Pero sí las actas donde firman precisamente los representantes de los partidos en cada una de las 55 mil casillas.

 

-Cuauhtémoc Cárdenas me dijo en una entrevista y cito: “Estamos convencidos de que hubo fraude electoral en 1988 el 99 por ciento de los mexicanos.”

 

-Pues no sé qué encuestas haya hecho él, porque las encuestas que se hicieron días previos a la elección validaron lo que finalmente las actas demuestran.

 

El fraude de 1988 se fraguó suspendiendo el conteo, cambiando los resultados, falsificando las actas y luego quemando los votos reales para no dejar evidencia. Quizás lo que más le duele a Salinas de Gortari con este debate es el golpe a su reputación. Nadie le cuestiona su inteligencia y sagacidad. Pero queda en la historia como un hombre que llegó a la presidencia de manera fraudulenta.

 

Sería tan saludable para la incipiente democracia mexicana que a la elección del 88 se le llamara fraude y que nos dejáramos de cuentos. Pero México tiene esa mala costumbre de dejar enterrados los hechos que más le duelen. A México le falta aire.

 

Lo más grave de todo es que la trampa y el fraude siguen siendo una forma aceptable de operar en la clase política. La elección presidencial del 2006 demuestra cómo se burlaron del sistema electoral para imponer a Enrique Peña Nieto en la presidencia. Y muchos creen que nada les va a impedir hacer lo mismo en el 2018. Es el fraude anunciado.

 

A menos que los mexicanos aprendan del pasado y digan basta.

 

 

Depende de nosotros

 

La gente de Bannon-Miller-Sessions en el gobierno de Trump quiere jugar políticamente con las vidas de esos jóvenes. Eliminar DACA puede complacer a la Derecha Alternativa, pero es completamente erróneo. Es contrario a lo que somos como estadounidenses; es estúpido y contraproducente como política pública; y es francamente cruel. Debemos levantar nuestras voces y asegurarnos de que DACA se mantenga vivo. Durante cinco años, DACA ha brillado tan intensamente como la antorcha de la Estatua de la Libertad, y no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras los radicales intentan extinguir el futuro de jóvenes que son una parte integral del propio futuro de nuestra nación.

 

 

Como lo dijo el congresista Luis Gutiérrez, un veterano defensor de los derechos de los inmigrantes, en el pleno de la Cámara de Representantes: “Nos vamos a tener que organizar, movilizar y estar del lado de nuestros aliados para proteger familias, proteger ciudadanos estadounidenses de esas familias y defender a las comunidades, porque esa gente está hablando en serio. Quieren deportar a millones de personas y están persiguiendo a los Dreamers y a quienes tienen fuertes lazos y toda una vida en Estados Unidos”.

 

De acuerdo con Frank Sharry, Director Ejecutivo de America’s Voice Education Fund:

se agota el tiempo, pero nos negamos a perder la esperanza. Hacemos un llamado a republicanos y demócratas a hablar abiertamente en favor de los Dreamers y DACA. Hacemos un llamado al presidente Trump para que le recuerde al Perocurador General Sessions que esta es una decisión presidencial, y decirle a Texas que detenga su solapado e intimidatorio comportamiento. Y hacemos un llamado también a los aliados de los inmigrantes a respaldar a los Dreamers y a todos los inmigrantes y refugiados. Este es un momento decisivo, y la historia nos está observando.

 

La jungla

 

Primero una confesión. Yo estoy metido en la jungla desde enero del 2010 cuando lancé mi primer tuit. Desde entonces he enviado 18 mil más. Me da un poco de pena hacer las sumas porque las restas son muy dolorosas. He perdido meses de mi vida leyendo cosas que no valen la pena y me he desvelado mil veces con un aburrido dedo bailarín sobre la pantalla de mi celular. Además, claro, de escribir un par de burradas.

 

Todo solo. Las redes sociales son la mejor manera de acercarse a los que están lejos a costa de alejarse de los que estás cerca.

 

A Facebook entré más tarde. Solo para cuestiones del trabajo. Unos minutos en Facebook Live son mucho más baratos que un satélite de televisión y pueden llegar a millones.

 

Pero no le he abierto a Facebook la puerta de mi casa. Entiendo y respeto a los que quieren compartir su vida privada. Aunque no sé qué tan privada es una vida cuando se comparte con los amigos de los amigos de mis amigos.

 

Facebook, Twitter, Instagram y otras redes sociales son armas poderosísimas para comunicar un mensaje. Casi todos los días mis compañeros en Univision y yo nos hacemos la pregunta de los tres millones de ojos. ¿Esperamos al noticiero de televisión de la noche dar a conocer una noticia o la sacamos inmediatamente a través de la internet?

 

El nuevo poder es digital. Y Donald Trump lo sabe. “Los medios de comunicación odian cuando utilizo mis redes sociales con más de 100 millones de seguidores”, escribió hace poco el presidente en un tuit. “Me los puedo saltar a todos”. Así lo hizo cuando tuiteó un video en que aparece como luchador golpeando a la cadena CNN.

 

¿Puso Twitter a Donald Trump en la Casa Blanca? Muy posiblemente. “El rol de Twitter (en la elección) es algo muy malo”, comentó el mismísimo fundador de Twitter, Evan Williams al diario The New York Times. “Si es cierto que él (Trump) no hubiera sido presidente sin Twitter entonces, sí, de verdad, lo siento.”

 

Creo que estamos un poco tarde para disculpas. Twitter y los otros pajaritos de la internet son muy buenos para comunicar nuevos mensajes y para abrir mercados pero son muy malos cuando se trata de destruir personas. Es como angry birds tamaño King Kong.

 

 

El 40 por ciento de los usuarios de la internet dice haber sido víctimas de algún tipo de hostigamiento, según un estudio del Pew Research Center. Y ese porcentaje sube peligrosamente al 65 por ciento entre internautas más jóvenes (de 18 a 24 años de edad). Que levante la mano a quien no le han dado un zape en las redes sociales.

 

Cada vez que escribo algo criticando a Trump y Peña Nieto o defendiendo a los inmigrantes me llega una avalancha de odio. No tengo problema con los que piensan distinto a mí. La comunicación es de ida y vuelta y por eso suelo aceptar entrevistas en FoxNews para debatir temas complicados. Pero una parte de los comentarios suelen estar cargados de insultos, frases racistas y amenazas.

 

Quizás lo grave es que ya nos hemos acostumbrado a que la internet es una selva, con sus monstruos, y que ahí cualquier cosa puede ocurrir. Además de ser una lona de lucha libre planetaria -con escupitajos, mocos y golpes bajos- es un repositorio de las mentiras más sofisticadas.

 

Es el reino de Fake News. No, el Papa jamás apoyó la candidatura de Trump. “Nunca digo ni una palabra sobre las campañas electorales”, tuvo que aclarar Jorge Bergoglio días antes de las votaciones en Estados Unidos. Sí, era una gigantesca mentira -mal inspirada por Trump y propagada durante años- el decir que Barack Obama había nacido en Africa y no en Hawaii.

 

La internet es la jungla. Es ahí donde casi todos, de alguna manera, sobrevivimos. Nadie nos obliga. Es quizás uno de esos actos de auto sabotaje, medio inconsciente, parte masoquismo. Pero por mil razones no nos atrevemos a dejarla.

 

Me encanta hablar de esto con mi mamá, que hace rato pasó de los ochenta y que vive alegre e intensamente sin internet. “Ay mijito”, me dice, “yo de esas cosas ni entiendo.” Yo tampoco, mamá. Yo tampoco.

 

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La agenda anti-inmigrante de la Casa Blanca

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

La apabullada Casa Blanca de Donald J. Trump intenta ofrecer algún viso de normalidad con temas semanales que van desde la reforma de salud hasta la infraestructura. Aunque, claro, todo quede en el intento, pues su paralizada agenda no puede competir con la nube rusa que arropa a esta administración.

 

Y la semana pasada tal parece que el tema fue la “transparencia”. El presidente Trump y sus habilitadores dedicaron la semana a defender la “transparencia” de Donald Trump, Jr.  luego de revelarse que en junio del año pasado se reunió con una abogada rusa de lazos con el Kremlin que ofrecería información comprometedora sobre la demócrata Hillary Clinton. Correos electrónicos de Junior revelan potencial evidencia de colusión entre la campaña de Trump y Rusia.

 

En el tema Trump-Rusia no hay nada transparente. Pero la semana pasada reafirmó que lo único transparente de esta administración es su fuerza de deportación y su intención de deportar a la mayor cantidad de indocumentados, no solo delincuentes sino a padres y madres de familia con hijos ciudadanos y sin historial delictivo.

 

El Secretario de Seguridad Nacional ( DHS ), John Kelly,  se reunió con la bancada latina del Congreso y el encuentro ofreció un panorama oscuro.

 

Kelly pareció desechar el concepto de discreción a la hora de decidir quién debe ser prioridad de deportación. En sus últimos años la administración de Barack Obama echó mano de esa discreción para priorizar las deportaciones.

 

Esta semana la administración Trump dará otra señal de si esa discreción se echó por la borda o sigue respirando.  Jesús Lara, un indocumentado de Willard, Ohio, padre de cuatro niños estadounidenses, está programado para ser deportado este martes. Durante los pasados cinco años las autoridades migratorias le han renovado su suspensión de deportación por no considerarlo una prioridad. Este martes sabremos si Lara corre la misma suerte de otros padres y madres de familia deportados durante el gobierno de Trump.

 

La semana pasada también se hizo transparente que el futuro de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) es frágil si los designios del Secretario de Justicia, Jeff Sessions, acérrimo opositor de DACA, se hacen realidad.

 

 

También quedó más que transparente el frágil futuro del Estatus de Protección Temporal (TPS) que ampara a 350 mil extranjeros de 10 países aquejados por guerras, inestabilidad o desastres naturales.

 

De igual forma se manifestó la transparencia de las intenciones de la administración Trump de ampliar su poder para agilizar las deportaciones. El Washington Post informó que un memorando del DHS busca ampliar los poderes de deportación expedita y no limitarlo a indocumentados de reciente ingreso detenidos en un radio de 100 millas de la frontera. Estarían sujetos a la deportación los indocumentados que no puedan probar que llevan mas de 90 días en Estados Unidos, independientemente de dónde sean detenidos.

 

Y quedó más que transparente que alguna versión del muro fronterizo avanza en el Congreso. El panel cameral de Asignación de Fondos incluye 1,600 millones de dólares para el muro en el presupuesto del DHS.

 

Y lo que es más, según Trump el muro debe ser “transparente” para que quienes estén del lado estadounidense no sean golpeados en la cabeza por los sacos de drogas que se lancen desde el lado mexicano.

 

No es broma. Lo dijo Trump a la prensa que lo acompañó a Francia a fines de la semana pasada, probando una vez más que lo único transparente de esta administración es su agenda antiinmigrante.

 

La última cena

 

Por Jorge Ramos

 

Nunca había comido así. Ni comeré. Fue una de esas cenas irrepetibles. Pero les cuento porque escribir es una forma de compartir.

 

La historia es esta. El chef René Redzepi de NOMA –que ha sido considerado por revistas y críticos como uno de los mejores restaurantes del mundo- decidió dejar Copenhague para abrir un lugar durante solo siete semanas en Tulum, estado mexicano de Quintana Roo. (Pop-up restaurants, le dicen en inglés a este tipo de proyectos. Antes ya lo había hecho en Sidney y en Tokio.) El pasado diciembre puso a la venta por internet siete mil lugares en Tulum, a 600 dólares cada uno, y se vendieron todos en dos horas.

 

El gasto y la apuesta era grande. René no llegó solo. Se trajo a su familia y a un centenar de empleados de su restaurante en Dinamarca. Transformaron un estacionamiento en la zona turística de Tulum en un verdadero laboratorio de experimentación gastronómica.

 

Las mesas sobre la arena estaban ahí. La cocina abierta también. Pero René y sus asistentes se pasaron meses explorando los platillos e ingredientes típicos de la península de Yucatán. Después vino la revolución.

 

Se trataba de sentir a México con otra boca. La pregunta va mucho más allá de la cocina. ¿Qué puede hacer un extranjero con las mismas cosas que tenemos aquí los mexicanos?

 

El resultado fue una verdadera revelación. René y su equipo probaron la misma comida con la que yo crecí en México. Pero la vieron con nuevos ojos, la deconstruyeron, la repensaron, la armaron con precisión de ingeniero y la presentaron de una manera muy novedosa.

 

Me sirvieron muchas flores, en sopa y como entrada; flores que, antes de esa cena, solo hubiera visto como decoración. Me comí de tres mordidas un salbute (o tortilla inflada) con chapulines y chupé un alga marina que inyectaron con una michelada (o cerveza preparada).

 

Probé un ceviche de plátano con algas y bananas al pastor. Nunca había saboreado un pulpo más suave que el “dzikilpak” que pasó enterrado 12 horas en una vasija de barro y envuelto en masa.

 

 

Los cinco acompañantes en mi mesa llegaron un poco escamados porque iban a comer escamoles (o larva de hormiga). Pero este plato prehispánico fue servido en una tostada y rodeado de pequeñísimas hojas de la región. Fue una inesperada delicia.

 

Comí cocos tan suaves que su carne parecía gelatina. Pero lo convirtieron en algo trópico-nórdico con caviar escandinavo.

 

La salsa del mole negro, en lugar de servirla con pollo, la pusieron sobre una hoja santa horneada. Lo más reconocible fueron unos taquitos de “cerdo pelón”, entre crujientes y suaves, en franco homenaje a la cochinita pibil. De postre nos dieron helado de aguacate a la parrilla y chocolate enchilado.

 

No soy crítico gastronómico y casi no tengo sentido del olfato (debido a tres operaciones de nariz). Pero cada uno de esos platos tiene su historia y razón de ser. Me limito a describir lo que vi y degusté.

 

Desde la cocina se oían gritos de entusiasmo cada vez que se ordenaba o salía un plato, mientras cuatro yucatecas hacían las tortillas a mano. Los meseros -jóvenes y conscientes de ser parte de algo muy especial- eran precisos con las palabras y enamorados de su comida.

 

¿Por qué trabajas con René? le preguntaron a uno. “Porque nos obliga a buscar la excelencia”, fue su honesta respuesta.

 

Me tocó estar ahí la noche en que NOMA cerraba sus puertas en Tulum. Cuando salió de la cocina el último postre hubo brindis y risas. “We did it”, lo logramos dijo René.

 

La lección es como un grupo de extranjeros vio a México como el mejor lugar del mundo para un gran experimento. Con lo mismo que tenemos, hicieron algo totalmente distinto. Cuando ellos hablan de México no piensan en las narcofosas, las trampas electorales, el espionaje o la corrupción. No, ellos piensan en un México de infinitas posibilidades y recursos, casi mágico, alegre, solidario y con “el servicio más bonito del mundo”, como dijo un hotelero estadounidense que estaba presente.

 

Ojalá todos los mexicanos pudiéramos ver a México con el optimismo, respeto y esperanza con que René y sus amigos nos ven a nosotros. Al despedirme, le di un abrazo al chef y le dije: “Gracias por dejarme ver a mi país de otra manera”.

 

La Venezuela de Juan Pablo

No sé si han visto el cartucho de una bomba lacrimógena. Es del largo de dos manos juntas, metálico y comienza en una punta. Tiene cerca de dos centímetros de diámetro. La policía los suele tirar a un lugar vacío para esparcir el gas y ahuyentar a manifestantes. Bueno, uno de esos cartuchos fue disparado a corta distancia al pecho de Juan Pablo Pernalete en Caracas, Venezuela.

 

Juan Pablo tenía 20 años y era un destacado basquetbolista. Había competido en Brasil, Argentina y Chile. Su objetivo era ir a jugar a la NBA en Estados Unidos. Su cuarto estaba lleno de medallas y diplomas. Además, tenía varios reconocimientos por su lucha en protección al medio ambiente. Era de esos hijos que uno ve y sonríe.

 

Pero un miércoles por la tarde lo mataron.  Juan Pablo, al igual que en los últimos dos meses, había ido a una manifestación contra la dictadura de Nicolás Maduro. Pero esta vez algo salió mal. Así me lo contó Elvira, su madre. “Juan Pablo muere por una bomba (lacrimógena) que le estrellaron en el corazón”, me dijo entre sollozos. “Por eso murió”.

 

El gobierno dio una versión distinta. El diputado oficialista y portavoz del chavismo/madurismo, Diosdado Cabello, le llamó “terroristas” y “asesinos” a los manifestantes que, como Juan Pablo, protestaban ese día por la Plaza Altamira en Caracas. Luego, en televisión, aseguró que “no estaba la Guardia Nacional ahí”.

 

Elvira brinca cuando le pongo un video con las declaraciones de Diosdado. Mi hijo “no es un terrorista”, me dice. “A nuestro hijo lo asesinó un Guardia Nacional… No acepto que nadie venga a manchar la memoria de mi hijo. Me lo asesinaron y este dolor nunca va a pasar. No hay derecho a quitarle la vida a un ser humano por querer un mejor país”.

 

En un asombroso acto de desafío -particularmente en un país donde el más mínimo cuestionamiento a las políticas oficiales es visto como traición- la Fiscal General, Luisa Ortega, se puso del lado de las víctimas: “De acuerdo a nuestra investigación la muerte del estudiante se produce por un shock cardiogénico por traumatismo cerrado del tórax”.

 

Traducción: Juan Pablo muere por una bomba lacrimógena dirigida a su pecho. Y solo la Guardia Nacional tiene ese tipo de bombas.

 

 

José Gregorio, el padre de Juan Pablo, quiere ir más allá de saber la verdad. “Las investigaciones dan como cierto que a nuestro hijo lo mató un Guardia Nacional”, me dijo.

“Que asuman la responsabilidad respecto al hecho”. Ella: “Nosotros ahora lo que queremos es justicia. La verdad salió por más que traten de manipular”.

 

La pregunta -la gran pregunta- en Venezuela es el desenlace. Tras más de dos meses de protestas y decenas de muertos ¿qué sigue? Por el momento parece imposible que las cosas regresen a una precaria normalidad. Nada es normal hoy en día en Venezuela.

 

Por supuesto, un escenario es la caída de la dictadura; por la presión de las manifestaciones y el descontento popular, incluso entre chavistas, o por la media vuelta de los militares que no quieren seguir matando jóvenes. Pero otro escenario, posible y brutal, es una masacre de enormes proporciones -un día de luto, de esos que quedan en los libros de historia- y luego paz en base a balas.

 

Cuando un gobierno mata a los más jóvenes, esos mismos jóvenes se encargarán de cambiar a su gobierno. Los dos no caben en el mismo país. En la Venezuela que se imaginó Juan Pablo no caben Maduro, Diosdado y sus matones.

 

Cuando un político llega al poder suele venderles a sus ciudadanos una idea de país. Lo hizo igual Donald Trump y Barack Obama que Fidel Castro y Hugo Chávez. En el caso de Maduro no fue así. Lo puso Chávez de dedazo y su única promesa fue dejar las cosas como estaban. Pero no pudo. El país se le fue de las manos.

 

Ahora los venezolanos tiene una decisión muy fácil. ¿Cuál Venezuela prefieren, la de Maduro o la de Juan Pablo? Miles, millones quizás, ya escogieron en las calles.

¿En qué termina esto José Gregorio? “Ellos (los jóvenes como Juan Pablo) están luchando por sus ideales. Ellos son los dueños de su propio futuro. La historia les dará la razón.” Elvira solo baja la cabeza y le oigo un suave “Amén”.

 

Posdata. La entrevista por televisión con los padres de Juan Pablo Pernalete la pueden ver aquí:

 

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Un regreso de la locura y demencia política

Por Tito I Ortiz Burbano de Lara

 

Muchos conocemos la historia de este político y expresidente del Ecuador, Abdalá Bucaram, una persona con muchos méritos de familia pero un desastre en la política del país. Desde sus inicios en la vida política del país, dio señas de un desbalance emocional y mental grave, tal es así que el congreso de ese país lo destituyo en febrero de 1997 por “incapacidad mental para gobernar”.

 

La apocalipsis política que este hombre ha vivido creo que es única y suigeneris de los políticos del Ecuador, proceso que le causó su muerte política, pero se llenó de odio y rencor, que lo expresa claramente en sus discursos y tiene una cultura “popular” demasiado vulgar, por así decirlo. Y si no me creen, vean siempre sus videos en youtube.

 

Abdala Bucaram, bien apodado “El Loco”, ha estado en la vida política del Ecuador por muchos años…….desafortunadamente…Comenzó como Intendente de Policía en la ciudad de Guayaquil, y dio muestras de su locura y fanatismo en ciertos ámbitos. Primero cerró las licorerías los fines de semana, segundo se metía a los moteles a buscar quienes estaban y denunciarlos por la radio lo que hacían por falta a la moral, una situación comprometedora para muchos y de poca decencia para este político.

 

Fue seleccionado olímpico para las olimpiadas de en Alemania 1974, causó estragos en la selección especialmente con la comunidad judía…..qué perfil de este tipo! Llegó a ser alcalde de la ciudad de Guayaquil creando la peor época política de esta ciudad, llena de corrupción, violencia, desorden, robo y abusos de poder. La cadena de ejemplo es de la peor, y no es que se quiera desprestigiar a este pobre ser humano…….pero sus actitudes y ejemplos hablan solitos.

 

Por desastre en el país y por factor causa y efecto de la política nacional del Ecuador, se creó “la época de los Bucaram”. Me explico. Consecuentemente salió su hermana electa alcaldesa, de nombre Elsa Bucaram, también un desastre total un ejemplo de violencia y corrupción. Luego salió electo Presidente de la Cámara de Diputados su primo Averroes Bucaram, que creó la época más vergonzante de la política nacional creando un circo lleno de golpes y violencia en el país, donde se daban el luje de tirarse los ceniceros en la cabeza y darse de golpes en los baños del Congreso ecuatoriano.

 

Ya con estas historias se imaginarán ustedes qué vivieron los ecuatorianos en esa época donde su política era de vergüenza y no tenía una representación digna y honorable…..gracias a los Bucaram.

 

Pasaron los años y Abdalá Bucaram tuvo que salir huyendo del país por el desastre que dejó, se afincó en Panamá, donde vivía como un rey, “pero sin trono”. Hizo de Panamá sus cuarteles de combate de la política para su retorno al Ecuador por años, creyéndose viejo luchador……

 

Pues bueno, ¿qué creen?…….REGRESO al Ecuador como el que dizque presidente de los pobres, luego ganó las elecciones presidenciales, creando uno de los momentos más críticos y vergonzantes del Ecuador, donde sacaban los dólares en costales del Banco Central de ese país, y en donde el populismo de baja estofa fue exaltado a su máxima expresión de cinismo, oportunismo y vergüenza. Así de sencillo.

 

Las élites del país junto, con las Fuerzas Armadas, reclamaron el asunto y actuaron a favor del país, y lo destituyeron como Presidente por incapacidad mental para gobernar. El rey de los pobres, tuvo que salir con el rabo entre las piernas huyendo del Ecuador hacia su trinchera de amargura, Panamá. Más vergüenza política no pudo haber pasado. Pasaron lo años y esta vez muchísimos, veinte años, gracias a la influencia política de su hijo Abdalá Junior y el Gobierno de Rafael Correa, le permiten regresar al Ecuador de nuevo, “la peor decisión que se pudo haber tomado”.

Ahora, este personaje de vergüenza más no de orgullo, llega al país con tres anti-virtudes peligrosísimas: el rencor, el odio, y la violencia.

 

Nomenclatura peligrosa para una nación que ya esta exaltada con el proceso ridículo de la tal “Revolución Ciudadana”. Abadalá Bucaram viene a poner en práctica y con una estrategia, pera revolver todo el “lodo podrido” que salpicará a muchos y hará del Ecuador un país más violento aún. Para el colmo del cinismo hace una demanda al Estado ecuatoriano por daños y perjuicios a la moral por el monto de 200 millones de dólares. ¿Ustedes se imaginan esa locura y estupidez humana de este tipo?

 

La venganza y la vulgaridad que lo caracteriza será el ejemplo que dará y creará en el país, una vulgaridad política y pública tangible que llevará a la estructura política del Ecuador a las más bajas pasiones nunca vistas. Abdalá Bucaram tiene más enemigos que amigos y en su propio país, enemigos de la derecha, ultra enemigo de los de Izquierda, se cree populista pero éste se pasó de vulgar e incoherente. El precio que tendrá que pagar Ecuador al permitir el regreso de un demente de la política es alto. Ojalá Lenin Moreno, actual presidente del Ecuador “los tenga bien puestos” y sea capaz de parar a esta escoria de la política ecuatoriana.

 

Todos tenemos el derecho de escoger dónde vivir, pero también quienes reciben tienen la opción y en este caso la obligación de escoger quién entra al país y no cause una cloaca moral, ética y política del Ecuador. Abdalá Bucaram vino a esparcir ya ustedes saben qué……a los de derecha y a los de izquierda, para ganar momentum político, imagen, y establecerse como futuro gobernante del Ecuador de nuevo, esa es la intención, aunque no declarada, pero la intuición y percepción lo dicen. Ojalá no pase! Y de alguna manera busque su retorno a su trinchera de angustia, como lo es Panamá. Hasta la próxima edición!

Entre retórica de odio y plomo

Por Jorge Ramos

Muchos pensaban que los votantes en Estados Unidos jamás escogerían a un candidato presidencial con ideas racistas, sexistas, xenofóbicas y contra el medio ambiente. Pero con Donald Trump todos nos hemos equivocado. Muchas veces.

 

Todo comenzó hace dos años. Cuando el 16 de junio del 2015 lanzó su candidatura presidencial en su torre dorada de Nueva York, dijo lo siguiente sobre los inmigrantes latinoamericanos: “Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas… Esto viene más allá de México. Viene del sur y de América Latina”.

 

Estos son comentarios racistas. Trump presentó a todos los inmigrantes de América Latina como delincuentes. Nunca sabremos si lo hizo únicamente para conseguir votos. Pero su retrato de los inmigrantes que vienen del sur es falso y ofensivo. (Menos del 3 por ciento de los indocumentados comete delitos serios o felony en inglés, según el Migration Policy Institute.)

 

Algunos de los seguidores de Trump me han reclamado. Dicen que hemos malinterpretado a su candidato, ahora presidente, y que él en realidad estaba hablando de inmigrantes sin documentados con antecedentes criminales. Quizás. Pero él no dijo eso.

 

En retrospectiva fue un grave error no enfrentar duramente a Trump en junio del 2015 por sus comentarios racistas. Algunos lo tomaron a broma. Otros solo pensaron en los ratings que traería. Varios demócratas creyeron que sería un contrincante fácil de vencer. Y el gobierno de México ni siquiera le contestó. Solo la prensa latina, y algunos pocos periodistas en inglés, criticaron la manera en que Trump criminalizó a millones de inmigrantes en Estados Unidos.

 

Las palabras de Trump han tenido un terrible efecto en Estados Unidos durante los últimos dos años. Hemos reportado sobre frecuentes ataques, físicos y verbales, contra inmigrantes y he entrevistado a niños aterrados de que Trump deporte a sus papás Además, las redes sociales están plagadas de ataques a extranjeros utilizando frases e ideas muy similares a las de Trump. El razonamiento de los atacantes es muy primitivo: si su líder insulta a minorías, mujeres, musulmanes, migrantes y gente con discapacidades ¿por qué ellos no van a hacer lo mismo?

 

 

El odio es contagioso y se mueve de arriba para abajo. Más datos. El número de los llamados “grupos de odio” -o hate groups, en inglés- pasó de 784 a 917 (del 2014 al 2016), según el Southern Poverty Law Center. Las organizaciones afiliadas al Ku Klux Klan crecieron de 72 a 130 en el mismo período.

 

En política nada es coincidencia. Lo único que podríamos discutir es si los comentarios racistas y antiinmigrantes de Trump fomentaron el crecimiento de estos grupos extremistas o si ya existía un ambiente xenofóbico y violento que fue aprovechado por el entonces candidato Republicano. Sea como sea, las víctimas son reales.

 

Mi punto es que hace dos años todos escuchamos los comentarios racistas de Trump y la respuesta fue tibia, tardía, pobre e inefectiva. Casi cómplice.

 

Posdata con rifle. Me doy por vencido. Creo que ya es hora que todos reconozcamos que el actual gobierno y congreso de Estados Unidos no van a hacer absolutamente nada para evitar otra masacre o tiroteo. El violento ataque a un grupo de congresistas en un campo de béisbol en Virginia no hizo recapacitar a nadie. Como tampoco lo fue el asesinato de 20 niños en la escuela Sandy Hook en el 2012.

 

Los datos son aterradores. Un reporte del Congressional Research Center concluyó que en Estados Unidos hay más armas que personas. Un análisis del Washington Post asegura que ha habido 154 masacres o tiroteos en los primeros 165 días del 2017. (Una masacre se considera cuando cuatro o más personas mueren o son heridas, sin considerar al pistolero o a los responsables.)

 

Entiendo las razones históricas y culturales por las que tanto se defiende la segunda enmienda de la Constitución -que garantiza el porte de armas en Estados Unidos. Pero no entiendo por qué se necesitan armas de guerra para cazar patos ni por qué es tan difícil prohibir la compra de rifles y pistolas a que personas con problemas mentales o historial criminal.

 

Esto lo que significa es que pronto, muy pronto, habrá otra masacre. Ojalá no sea cerca de su casa.

 

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Para quitar a un presidente

Por Jorge Ramos

Una de las cosas más difíciles en cualquier país es quitar de su puesto al presidente. Una vez que un mandatario llega al poder hay todo un sistema que se echa a andar para protegerlo, física y legalmente.

 

Ese candidato que no era nadie, de pronto, tiene un ejército, espías, abogados, burócratas y muchísimo dinero para defenderse. Por eso es tan complicado sacar a los líderes de Estados Unidos, México y Venezuela.

 

Para destituir al encargado de cualquier nación primero hay que demostrar que hizo algo ilegal. Los escándalos personales, la mala administración y una caída en las encuestas no suelen ser razones suficientes para revertir la voluntad de la gente (asumiendo, por supuesto, que el presidente llegó al poder de manera democrática). Tiene que existir algún tipo de crimen para destituirlo.

 

Eso es lo que varios tratan de probar en Estados Unidos. El exdirector del FBI, James Comey, aseguró que el presidente Trump le pidió que suspendiera una investigación sobre los vínculos de su exjefe de seguridad nacional, Michael Flynn, con los rusos. Además, Comey dice que Trump le exigió “lealtad” y que, al no garantizársela, perdió su puesto. “Fui despedido por la investigación sobre Rusia” dijo en su testimonio ante un comité del Senado. Si se comprobara que esto fue obstrucción de justicia, podría haber un juicio de destitución contra Trump.

 

Pero la Casa Blanca y su abogado personal, Marc Kasowitz, no lo creen así. Insisten en que el presidente Trump nunca le pidió al exdirector del FBI que acabara con la investigación sobre Rusia y que el mandatario tampoco le exigió “lealtad” a Comey.

 

Es, por principio, una cuestión de credibilidad. Alguien está mintiendo ¿Comey o Trump? Pero hay más. Es preciso saber quién está diciendo la verdad. “Lo que tenemos que hacer los periodistas es buscar las evidencias”, dijo a CNN el famoso reportero Carl Bernstein, de la dupla del diario The Washington Post que obligó a renunciar al presidente Richard Nixon por el caso Watergate.

 

En México muchos creen que el presidente, Enrique Peña Nieto, incurrió en un grave conflicto de intereses cuando su esposa compró una casa de siete millones de dólares de un contratista gubernamental. Pero en lugar de que el congreso investigara de manera independiente un posible acto de corrupción, el presidente puso a un subalterno, Virgilio Andrade, a investigarlo a él, a su esposa y al entonces Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

 

 

A nadie sorprendió cuando Andrade exoneró a los tres de cualquier ilegalidad. Tumbar al presidente de México por un supuesto acto de corrupción hubiera sido un hecho sin precedentes en la historia del país. Pero todo el sistema político conspiró para proteger a los suyos.

 

Por último, las protestas multitudinarias que por más de dos meses se han realizado en Venezuela tienen como objetivo la caída del dictador, Nicolás Maduro. O, por lo menos, una salida negociada con unas elecciones anticipadas.

 

El régimen de Maduro ya se quitó la máscara democrática; ordenó la disolución de la Asamblea, quiere una nueva constitución para eternizarse en el poder y lo controla todo en el país, desde el ejército y las cortes hasta los medios de comunicación y las principales industrias. Además, tienen las armas.

 

Con una Guardia Bolivariana que utiliza tácticas de guerra contra sus jóvenes, la dictadura madurista quiere sofocar las protestas en los próximos días. Hay más de seis decenas de muertos y, aparentemente, no les importan muchos más si recuperan el control de las calles.

 

Los venezolanos -y solo los venezolanos- deben buscar una salida a las graves violaciones de los derechos humanos. Pero es tristísimo ver como muchos gobiernos latinoamericanos se han negado a denunciar los abusos de Nicolás Maduro.

 

Como ven, deshacerse de un líder en Estados Unidos, México y Venezuela no es nada fácil. Son, lo entiendo perfectamente, situaciones distintas y con niveles muy dispares de democracia. Sin embargo, cuando la gente pierde la confianza en un líder el único remedio es denunciarlo y, si comete un acto ilegal, hay que sacarlo.

 

Hay pocas cosas más difíciles en la política que deshacerse de quien tiene casi todo el poder en sus manos. Pero en ese “casi” está la solución.

 

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DACA, a merced de un

voluble y volátil presidente

Por Maribel Hastings

 

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

En medio del ‘reality show’ de Donald Trump y su ‘Rusiagate’, los acontecimientos migratorios han sido varios, aunque un tanto eclipsados por el culebrón presidencial. Dos de estos acontecimientos captaron mi atención.

 

El primero es que Trump, por el momento, no tiene intenciones de revocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que la semana pasada cumplió su quinto aniversario desde que el presidente Barack Obama giró la orden ejecutiva.

 

El segundo es la declaración del director interino de ICE, Thomas Homan, de que todos los indocumentados deben estar preocupados, incluyendo los que no tienen historial delictivo, porque pueden ser blanco de detención y deportación. Pero no solo eso, sino que el argumento esbozado por Homan es representativo del prejuicio del presente gobierno hacia los inmigrantes en general.

 

Resulta que en su comparecencia ante un panel cameral, Homan defendió la detención y deportación de indocumentados sin historial delictivo o que no constituían prioridad de deportación en el último período de la administración Obama, “porque no deberíamos esperar a que se conviertan en delincuentes”.

 

En otras palabras, para este funcionario y para esta administración, todos los indocumentados son delincuentes en potencia, pero aparentemente todavía no lo saben o no lo han manifestado.

 

Pero al confirmar que todos los indocumentados son objetivo de deportación y al mismo tiempo mantener DACA, el gobierno de Trump reconoce que puede ejercer discreción a la hora de decidir si un indocumentado debe ser o no prioridad de deportación.

 

En este caso, los jóvenes traídos sin documentos cuando niños, que estudian y trabajan, no deben constituir prioridad de remoción pues son estadounidenses en todo el sentido de la palabra, excepto por el documento que lo comprueba. Casi 800 mil jóvenes se han beneficiado del programa que los protege de la deportación y les concede permisos de trabajo.

 

Pero aparentemente los padres y hermanos de estos DREAMers y el concepto de núcleo familiar no tienen el más mínimo valor para esta administración, aunque esos padres, hermanos y familiares no tengan historial delictivo o no hayan sido prioridad de deportación para la pasada administración.

 

Y no me malinterpreten. Me parece que ante la lejana posibilidad de que este Congreso y esta Casa Blanca acuerden un plan legislativo de reforma migratoria con vía a la ciudadanía, tal y como lo apoya la mayoría de los estadounidenses, es vital que se mantenga esta orden ejecutiva que le ha cambiado la vida, para bien, a 800 mil beneficiarios.

 

Pero no hay que olvidar que por ser una orden ejecutiva está sujeta a la voluntad del presidente que, aunque por el momento no la ha revocado, puede hacerlo de un plumazo cuando le parezca.

 

De hecho, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aclaró que aunque de momento DACA sigue vigente, “el futuro del programa sigue bajo revisión” y su vigencia “no debe tener ninguna relevancia sobre el futuro del programa a largo plazo”.

 

Esto, claro está, porque el ala más antiinmigrante que forma la base de Trump quiere que, como prometió en la campaña, DACA sea revocado, de manera que la administración deja la puerta abierta a esa posibilidad.

 

Tampoco hay que olvidar que los DREAMers tampoco han estado ajenos a la fuerza de deportación de Trump.

 

En otras palabras, para los DREAMers no hay seguridad futura absoluta.Y menos la hay para los padres de ciudadanos y residentes permanentes, pues Trump eliminó la Acción Diferida para Padres de Ciudadanos y Residentes Permanentes (DAPA) girado por Obama en 2014 junto a una ampliación de DACA, pero ninguno entró en vigor al ser detenidos en tribunales.

 

Un 60% de los estadounidenses desaprueba el desempeño del presidente en materia migratoria, según un sondeo de AP y el NORC Center for Public Affairs Research.

 

La solución permanente sigue siendo la reforma migratoria amplia que los estadounidenses apoyan, pero que ni la Casa Blanca ni el Congreso de mayoría republicana tienen interés en abordar.

 

Por lo pronto, la comunidad indocumentada seguirá bajo acecho e incluso los DREAMers que dicen proteger momentáneamente estarán a merced de los designios de un voluble y volátil presidente.

La vida sin Trump

No he hecho la cuenta pero estoy seguro que una de las palabras que más he repetido en mis columnas y en los noticieros durante los últimos dos años es Trump. Por supuesto, sobran las razones.

 

Se trata de una de las personas que más ha trastornado la política mundial en décadas. Sus ideas racistas, sexistas, xenofóbicas, antiinmigrantes y contra el medio ambiente son peligrosas para la democracia, para la libertad de expresión y para el futuro del planeta. Sin embargo, se puede vivir sin Donald Trump.

 

Tras el anuncio de Trump de retirar a Estados Unidos del Tratado de París, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, retó a científicos e ingenieros estadounidenses a irse a Francia para, desde ahí, luchar contra el cambio climático. “En el clima no hay Plan B porque no hay planeta B”, añadió Macron. Au revoir, Trump.

 

Lo que Trump presentó como la gran decisión de un patriota es, en realidad, una gigantesca muestra de ignorancia. Miren lo que tuiteó en el 2012: “El concepto de calentamiento global fue creado por los chinos para afectar la competitividad de Estados Unidos”. Trump es lo que pasa cuando la ignorancia llega al poder.

 

Trump tampoco es un socio confiable en defensa. ¿A quién defendería Trump si la Rusia de Vladimir Putin atacara a alguno de los otros 27 miembros de la OTAN? La respuesta ya no es tan clara como antes.

 

Angela Merkel, la canciller alemana, anunció así el divorcio con Estados Unidos de Trump después de la reunión de la OTAN en Bruselas. “Los tiempos en que podíamos depender uno de otro, se acabaron”, dijo con enorme pragmatismo. “Tenemos que saber que nos toca a nosotros defender nuestro propio futuro”.

 

Por eso el cálculo de Merkel y Macron es correcto. Si Trump ya no te quiere defender y está dispuesto a que se queme la casa ¿para qué quedarse con él? Mejor solos que mal acompañados. Este podría ser el nacimiento de un nuevo orden internacional sin el liderazgo de Estados Unidos. Trump, con un discurso, se puso del lado de Siria y Nicaragua y en contra de 194 países que sí creen que el calentamiento global es real y un peligro para la tierra.

Estados Unidos está dejando de ser la nación indispensable. ¿Aprenderá México y América Latina de la lección de independencia y dignidad que nos están dando los alemanes y franceses? Dolería pero se puede.

 

Merkel y Macron sí pueden vivir sin Trump. Fátima Avélica no. Su vida ha sido destrozada por él.

 

Fátima, de solo 14 años, me contó cómo agentes de inmigración detuvieron a su padre momentos antes que la dejara en su escuela en Los Angeles. “El no es un criminal, es solo un papá”, me dijo. Fátima lo grabó todo en su celular y el video se hizo viral.

 

Pero la vida de Fátima y de sus tres hermanas, todas ciudadanas estadounidenses, es un nudo. Su papá, Rómulo, está arrestado desde el 28 de febrero, enfrenta una posible deportación y la familia se ha quedado sin su ingreso principal.

 

Otros niños temen correr la misma suerte que Fátima. En Estados Unidos hay 4 millones y medio de menores de edad que tienen, al menos, un padre o una madre sin papeles.

 

Hay personas como Fátima que, aunque quieran, no pueden separar su vida de Trump. Desearían alejarse del hombre que, en una medianoche reciente, sacó un misterioso tuit con una palabra incomprensible: covfefe. No se rompan la cabeza tratando de entenderlo. Fue seguramente un error de dedo. Pero lo grave es que nadie le pudo decir a Trump que no lo escribiera y el mandatario se tardó seis horas en retirarlo de Twitter. El aislamiento de Trump es patente y preocupante.

 

El mismo presidente que tuitea irresponsablemente en horas en que la mayoría de los mortales duermen, es el que acaba de sacar a Estados Unidos del único tratado que existe para los hijos de los hijos de nuestros hijos puedan vivir en un lugar más o menos estable y seguro. Pero Trump, como un bully en recreo, no le importa nada más que él.

 

Trump me recuerda tanto una frase fulminante del escritor Gabriel García Márquez en su novela El Otoño Del Patriarca: “Mírenlo que ya no puede con su poder, que está gobernando dormido”.

 

Los días finales de un hacker

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

En un artículo anterior había escrito sobre este personaje del hackeo de sistemas, fundador de Wikileaks, el señor Julian Assange.  Manifestaba que él era un huésped bastante incómodo para la embajada del Ecuador en Inglaterra. Assange, un personaje no querido en muchos países, como en los Estados Unidos, corre el peligro de estar muchos años preso, pese a que Suecia le quitó su orden de captura, pero otros lo tiene en la mira.

 

Cuando una persona perseguida políticamente hablando, solicita asilo político, debe ser, primero grato, no ingrato, segundo, prudente en su proceder, no exigente, menos en una embajada que no es la de su país. También debe ser racional y darse cuenta que vive de un favor que se le está haciendo, cualquiera que sea su caso.

 

Desde hace mucho tiempo Assange va tensionando las relaciones entre Ecuador y el resto del mundo. El mismo hecho de tener en una embajada a una persona de riesgo tensiona las relaciones internacionales.

 

En el gobierno de Rafael Correa, Julian Assange gozó de muchos privilegios, entre éstos el acceso al Internet de una embajada.  Cuando una persona considerada un hacker tiene acceso a internet puede esperance muchas cosas malas de él,  siendo éste un experto en sistemas.  También se dio el lujo de pasar como víctima de persecución escudándose en el Gobierno del Ecuador.

 

Pues bien, la ingratitud salió a la vista, cuando ya desde las campañas electorales se le lanzaron indirectas bien directas sobre su pronta salida, ya que para el Ecuador es una piedra en el zapato.  Ahora con el nuevo presidente ecuatoriano Lenin Moreno, quien le advirtió que no se meta en la política de otros países, en especial la del Ecuador, diciéndole que es un hacker, la cosa se ha puesto más tensa.

 

Julian Assange contraatacó diciendo que pudiese revelar una lista de políticos corruptos del Ecuador.  ¡Vaya que gratitud! Sacando cosas que son interesantes saberlas especialmente si son sobre los corruptos, pero en el caso de él, “calladito se lo vería más bonito”. Es ese tipo de declaraciones se ve las intensiones claritas de este malagradecido.

 

 

 

Los días finales para este hacker irresponsable, Julian Assange, se van terminando, es cuestión de esperar, de lo que sí estoy seguro es que la terrible persecución que va a tener por medio de las potencias del eje de poder influyentes va a ser tremenda.  Personas así terminan mal, no solo por impudentes y su mal proceder, sino también por ser malagradecidos., y el malagradecido jamás prospera! Y es mal visto y separado en todo lado. Hasta la próxima edición!

La mejor plática (charla) de tu vida

Por Jorge Ramos

 

VANCOUVER, Canadá. Cuando me invitaron a dar una plática en la conferencia anual de TED y rápidamente acepté, no sabía en realidad en lo que me estaba metiendo. Sabía que era una gran oportunidad de difundir un mensaje a nivel mundial. Pero no sabía de la enorme preparación, trabajo y tensión que implicaba. y que sería una de las mejores experiencias profesionales de mi vida.

 

TED -cuyas siglas significan tecnología, entretenimiento y diseño- es una organización sin fines de lucro, fundada en 1984, y que se ha dado a conocer en el planeta por las extraordinarias, interesantes e inusuales pláticas que difunde. Pero su bien ganada reputación tiene una explicación: las pláticas siempre son cortas, con un solo tema muy relevante y se preparan, incansablemente, hasta el último detalle.

 

Por principio, nadie en TED le llama discurso. Es una plática. La diferencia es importante. En el discurso nos dirigimos a una audiencia lejana. Pero en la plática hablamos con alguien, como si lo pudieras tocar. La conexión y el tono es el secreto.

 

La misma persona que me invitó a las charlas se convirtió en mi guía y asesor. Gerry Garbulsky, un científico argentino a quien cariñosamente llamaba mi chamán, me llevó con inagotable paciencia y contagioso optimismo en un complicado, tortuoso y fascinante proceso. Por primera vez en la historia, TED incluyó el español en su conferencia anual y tuve el honor de compartir el escenario con el músico Jorge Drexler, la activista por la paz Ingrid Betancourt, la física Gabriela González, la primatóloga Isabel Behncke y el artista Tomás Saraceno.

 

En mi caso, el proceso de tres meses incluyó el escoger un tema -uno solo-, escribir nueve borradores, memorizar el contenido y, por fin, dar la plática sobre un círculo rojo, frente a cientos de personas en un auditorio (y una audiencia potencial y digital de millones).

 

No fue fácil. Por mi trabajo como periodista me toca dar un par de discursos al mes. La incomodidad de hablar en público o frente a cámaras de televisión es una parte intrínseca de mi profesión. Pero los nervios y las expectativas en un evento TED se multiplican exponencialmente.

 

Con mucha generosidad, a través de los varios ensayos por video y en persona, me dieron invaluables consejos sobre cómo dar una plática exitosa y ahora los comparto con ustedes:

 

-Todo se puede decir en 12 minutos o menos. Después de ese tiempo, la gente se distrae o se empieza a aburrir. Esto significa que no debes usar más de 1.800 palabras en tu plática. (Ojalá todos los políticos aprendieran esta regla.)

 

-Sé tú mismo. Usa palabras y ropa con las que te sientas a gusto. Si tú estás relajado, la audiencia lo estará también. Respira desde el fondo del estómago. (Esto es mucho más difícil de lo que parece.) No grites, habla; el micrófono está para eso.

 

Evita ser monótono. Varía tu volumen, velocidad e intensidad. Se imprevisible. Disfruta el momento y reconoce el privilegio de enviar tu mensaje a muchos.

 

-Busca conexión con la gente. Velos a los ojos. Háblales a ellos. Muévete en el escenario pero con una razón. A la gente le gusta ver las manos: muéstralas. Pero no seas repetitivo en tus movimientos ni juegues a ser un conductor de orquesta. Si algo ocurre durante la plática -estornudas, se cae un vaso, alguien grita, te interrumpen o se te olvida lo que vas a decir- reconócelo. Es peor pretender que no ocurrió.

 

-Practica. Practica. Practica. Házlo frente a un espejo. Házlo frente a gente de confianza. Yo repetí mi plática decenas de veces. Dos semanas antes de tu cita, debes tener una clara idea de qué vas a decir. Una semana antes, ya debes poder decirlo sin ayuda de un papel. Pero si prefieres tener unas notas contigo, se vale. Toma agua y limpia y calienta tu garganta antes de empezar. No es necesario memorizar cada palabra. Pero sí hay que memorizar el primero y el último minuto. Y no se te olvide decir “gracias” al final.

 

Lo que diferencia una buena plática de una clase académica o de un discurso político es que solo la puedas dar tú y nadie más. Todos tenemos al menos una experiencia de vida que es única, irrepetible e intransferible. Esa es la que hay que escoger para cuando te toque dar la mejor plática de tu vida.

 

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La “normalización” de la intolerancia

Por Maribel Hastings

 

Como si el deprimente panorama migratorio a nivel federal no fuera suficiente, con una Fuerza de Deportación que no discrimina entre delincuentes y trabajadores y madres y padres de familia honrados, a nivel estatal funcionarios republicanos también siguen dando de qué hablar. Por ejemplo está el caso del representante estatal de Texas, Matt Rinaldi, quien, según reportes, dijo haber llamado a ICE contra manifestantes que protestaban en el Capitolio estatal la ley antiinmigrante SB4 y tras una confusa escaramuza con dos colegas latinos, le habría dicho a uno de ellos que le dispararía en defensa propia.

 

No sé si los detalles de la historia varíen, pero lo que no parece cambiar es esta atmósfera tóxica que vivimos desde la elección general de 2016 y el posterior triunfo de Donald J. Trump.

 

La semana pasada el congresista republicano de Carolina del Sur, Mark Sanford, dijo que Trump había “desenterrado algunos demonios”.

 

No solo ha desenterrado demonios, sino que quienes lo siguen como borregos al matadero, desde los líderes republicanos del Congreso hasta su más fiel base, han normalizado su prejuicio y sus desplantes, al grado de justificar y pasar por alto sus escándalos conocidos y los que se cocinan, como el caso del Rusiagate. Esto, motivados por la ceguera del triunfo y el control de las ramas ejecutiva y legislativa, sin reconocer que la agenda que pretendían avanzar se ha empantanado por el drama diario de los escándalos de Trump.

 

Y aunque el bombardeo diario de noticias, enredos y ataques puede tener el efecto de desensibilizarnos, no puedo normalizar nada de lo que está ocurriendo.

 

Ni la madeja de Rusia y su posible coordinación con la campaña de Trump para influir en la elección presidencial a su favor; ni la indiferencia con que los republicanos le restan importancia a los alegatos como si se tratara de algo usual o anticipado.

 

Tampoco puedo normalizar la crueldad de nuestra política migratoria ni cómo los agentes que dicen ir en busca de criminales se llevan por delante a quien se encuentren, aunque los detenidos no tengan historial delictivo, sin considerar vidas ni familias. En Ann Arbor, Michigan, agentes de ICE vestidos de civil entraron a un restaurante, desayunaron, elogiaron al chef y luego procedieron a detener a los empleados de la cocina, incluyendo, brevemente, a un cocinero con residencia permanente.

 

Ni puedo normalizar los ataques racistas que cada vez son más descarados, como el individuo que despotricó contra un joven puertorriqueño por hablar en español por teléfono con su madre en un aeropuerto de Reno, Nevada; o violentos, como el supremacista en un tren de Oregon que mató a dos hombres que salieron en defensa de dos jóvenes musulmanas contra quienes el individuo lanzaba ataques xenófobos.

 

Tampoco puedo normalizar los crecientes ataques a la prensa ni que la violencia física se minimice, como el ahora congresista republicano de Montana, Greg Gianforte, que golpeó a un periodista por hacerle una pregunta. Normalizar todo este despelote sería claudicar.

Casi la guerra

Por Jorge Ramos

 

México y Venezuela son dos países a los que quiero mucho. Pero me duele enormemente ver lo que están viviendo. Es casi la guerra.

 

 México es un país maravilloso. Amoroso -es muy difícil sentirse solo ahí-, solidario, lleno de colores y de humor, muy privilegiado cultural y geográficamente. Oye, y qué rico se come. Pero hay tantos muertos que el Institute for Strategic Studies lo declaró el segundo país más peligroso del mundo. A pesar del pataleo oficial, en el 2016 solo en Siria murieron violentamente más personas que en México.

 

Las cuentas son mortales. Con Enrique Peña Nieto ya pasamos los 79 mil muertos en menos de cinco años. Es difícil encontrar a una familia mexicana que no haya sufrido recientemente un crimen en carne propia. Basta preguntar sin mucho afán para escuchar un anecdotario del horror y del sadismo.

 

De los últimos días se me han quedado grabadas dos imágenes: una, la del sombrero ensangrentado del periodista, Javier Valdez, asesinado en Culiacán, Sinaloa, y la otra, la de un soldado mexicano ejecutando con un disparo en la cabeza a un civil caído en una calle de Palmarito, Puebla. Las dos imágenes son igualmente brutales.

 

Pero el problema es que los mexicanos nos hemos acostumbrado a lo brutal. Y al aceptar lo brutal como normal hemos perdido el sentido de urgencia y la necesidad de justicia. La muerte ronda tan frecuentemente que se ha hecho compañera.

 

Lo que antes indignaba –la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa o las masacres de Tlatlaya y Nochixtlán- de pronto es parte de una larga lista de crímenes impunes. Hay tantos Ayotzinapas pasando en México cada mes –jóvenes que desaparecen del mapa sin ninguna pista- que nos hemos vuelto insensibles a la tragedia de madres y padres buscando desesperadamente a sus hijos e hijas.

 

Y lo peor es que nadie espera nada -¡nada!- del presidente Peña Nieto. Que levante la mano el que confía en un cambio de rumbo y que las cosas van a mejorar antes que se vaya el primero de diciembre del 2018. Exacto. No veo manos arriba.

 

Mientras México está marcado por la casi inevitable rutina de la muerte, como en un cuento de Juan Rulfo, en Venezuela las calles siguen llenas de esperanza de cambio… y de gases lacrimógenos de la Guardia Nacional Bolivariana.

 

Venezuela es tan hermosa que Cristóbal Colón, en su tercer viaje, creyó que se acercaba al paraíso terrenal. Ese es el mismo territorio que hoy se desmorona.

 

Desde que Nicolás Maduro se quitó la máscara de demócrata y ordenó la disolución de la Asamblea nacional, las calles de Caracas y de las principales ciudades de Venezuela se han convertido en un campo de batalla. Literalmente.

 

La estrategia es clara: la oposición toma las calles hasta que caiga Maduro o acepte un plan de salida; el gobierno reprime hasta que los opositores no aguanten más.

 

El prisionero político, Leopoldo López, tiene como grito de guerra la frase: “el que se cansa, pierde.” La oposición ha tomado ese grito como un rezo y no han cedido las calles. Pero el costo es altísimo: más de cuarenta muertos, en su mayoría jóvenes que deberían estar estudiando, viajando, bailando y descubriendo la vida, no la muerte.

 

Dos imágenes de Venezuela me quitan el sueño. Una es la de un guardia que dispara a quemarropa un tubo de gas lacrimógeno al pecho de uno de los manifestantes. El chico se levanta aturdido, herido de muerte y da unos pasos antes de caer. Otra es la de Maduro bailando en un televisor mientras la cámara panea para ver la represión oficial en la calle, como Nerón en el incendio de Roma.

 

Tras casi 18 años de gobiernos autoritarios y, ahora, de una clara dictadura, los venezolanos no aguantan más. En parte es la hambruna y la falta de medicinas hasta en los hospitales. En parte es que han salido casi todos los que se pudieron ir y los que se quedaron no tienen a dónde ir más que hacia delante. Y en parte es que hasta los mismos chavistas se han desencantado del sistema que ellos crearon.

 

Tantas veces hemos creído, equivocadamente, que Venezuela va a cambiar que no quiero ilusionarme demasiado. Pero cuando vi que un grupo de jóvenes hacían retroceder a una tanqueta del régimen, pensé: ya perdieron el miedo en Venezuela, se acabó Maduro.

 

No, Venezuela y México no están en guerra. Pero casi.

 

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Por Jorge Ramos

 

CIUDAD DE MEXICO. “¿Usted quiere ser presidente de México?”, le pregunté, aunque ya todos sabíamos la respuesta. “Sí”, me dijo Andrés Manuel López Obrador, trajeado y seguro. “Vamos a participar de nuevo y la tercera es la vencida”.

 

En el 2006 y en el 2012 iba ganando en las encuestas y, él insiste, le robaron las elecciones. ¿No será mal perdedor? “No podemos aceptar fraudes”, respondió. Pero en el 2018, dijo, será distinto porque hay “más gente apoyando el movimiento, más organización y más interés por un cambio verdadero”. Además piensa que las redes sociales podrán contrarrestar los ataques que recibirá.

 

Por ejemplo, unos videos recientes muestran a una candidata de su partido MORENA, Eva Cadena, recibiendo el equivalente de 25 mil dólares para entregar, supuestamente, a López Obrador. Lo que hizo Cadena le parece “muy mal” a él. Pero López Obrador acusa al presidente Enrique Peña Nieto -“un jefe de pandilla”– de estar detrás de una campaña de desprestigio en su contra: “Peña Nieto en Los Pinos le entregó los videos al Secretario de Gobernación para que, a su vez, entregara los videos a El Universal” (el diario que los publicó).

 

Entre muchos mexicanos hay una legítima curiosidad por saber de qué vive López Obrador. “¿Cuánto dinero tiene?” le pregunté. “Nada”, me dijo, “yo no lucho por dinero”. MORENA, su partido, le da “como 60 mil pesos al mes” (poco más de tres mil dólares). “Aunque les parezca increíble a esos corruptos”, continuó, “no tengo cuentas de cheque, no tengo tarjetas de crédito. Pero no de ahora; desde hace 40 años”.

 

Voy al punto y le digo que lo acusan de “autoritario”, “intolerante”, “terco” y mesiánico”. Pero “no les funciona”, reviró. “Están muy desesperados”.

 

“No soy corrupto”, me dijo, en el que sin duda se convertirá en el mensaje central de su campaña presidencial. Para él la corrupción no es una cuestión cultural, como ha dicho Peña Nieto “sino un problema que se da de arriba para abajo”. Continuó: “Lucho por ideales. Si yo luchara por dinero, fuese inmensamente rico. Tendría mansiones en el extranjero y aquí en México”.

 

 

 

Por America’s Voice

Hace pocos días

 

Hace dos semanas, la agencia ICE anunció que en los primeros 100 días del gobierno de Trump la cantidad de arrestos de inmigrantes indocumentados se incrementó en 38%.  Una forma efectiva en que este gobierno está elevando sus cifras de deportación tiene que ver con el hecho de que persigue a inmigrantes indocumentados que son fáciles de hallar; es decir, aquellos que se han presentado a sus citas con ICE con regularidad durante años, con base en el ejercicio de la discreción procesal.

 

Estas “redadas silenciosas” se enfocan en personas de manera individual. Los inmigrantes van a las oficinas de ICE, y en lugar de que su caso sea revisado y luego sean enviados a casa a continuar con sus vidas como lo han hecho durante años, son detenidos y deportados.

 

Irónicamente, esta estrategia castiga a las personas que están tratando de hacer lo que el gobierno les pide. Por lo general, han vivido en el país durante una década o más, tienen hijos ciudadanos estadounidenses y nada tienen en sus antecedentes que los haga considerar peligrosos. Son solo inmigrantes comunes que en el anterior gobierno se pensó que deberían ser colocados en el último renglón de la lista de deportaciones, mientras continuaran acudiendo a sus citas como se les pedía.

 

En abril, una nota en el Atlanta Journal-Constitution, firmada por Jeremy Redmon y titulada “Citas con ICE pueden ahora llevar a la deportación de los inmigrantes”, hizo alusión a este tema, haciendo notar que:

 

En enero, el presidente Donald Trump dio a conocer una orden ejecutiva expandiendo ampliamente el margen de personas consideradas prioridades de deportación. El duro enfoque de los republicanos se puso a prueba un mes más tarde cuando agentes de deportación se distribuyeron en todo el país y persiguieron a cientos de inmigrantes no autorizados. Pero ICE ha estado usando otra táctica que ha tenido menos atención: esperando a que los perseguidos vengan a ellos.

 

En el Sur de Florida, un artículo del Sun-Sentinel titulado “Inmigrantes indocumentados son ahora arrestados durante sus citas programadas”, y Sergio Bustos, de Politico en Florida, subrayan cómo activistas locales cada vez más hablan en contra de “las ‘redadas silenciosas’ del gobierno de Trump para deportar inmigrantes que llegan a sus citas de rutina con los agentes de inmigración”.

 

 

“No soy corrupto”: López Obrador

Las redadas silenciosas

Hablando de mansiones ¿es un acto de corrupción la casa de siete millones que la primera dama, Angélica Rivera, compró a un contratista del gobierno? “Sí”, me dijo López Obrador. ¿Si llega a la presidencia va a enjuiciar a Peña Nieto y a su esposa por corrupción? “No, no, no”, respondió, “eso lo van a hacer los jueces”. ¿No es esta una amnistía anticipada? “No”, dijo, asegurándome que nunca se ha reunido a solas con el presidente. ¿Usted pondría a un fiscal independiente para investigar a Peña Nieto y a su esposa? “Sí, sí, sí”, contestó, “que se investigue”.

 

Es un hombre de izquierda pero se rehúsa a dar su opinión sobre el aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo o la legalización de las drogas. “Es sencillo: que lo resuelva la gente, que haya una consulta”.

 

Se niega también a llamar dictadores al cubano Raúl Castro y al venezolano, Nicolás Maduro, a pesar de las recientes muertes y las violaciones a los derechos humanos. ¿Por qué? “Porque no quiero que se metan después en las decisiones que solo le corresponden a los mexicanos”, me dice.

 

Pero con Donald Trump sí se mete. ¿Trump es un racista? “Sí”, respondió, “azuza el racismo. Pero tampoco es que lo sienta así. Es una estrategia política, lo aclaro”. Hubo más. “Que no se olvide (Trump) que México es un país independiente… No al muro y no a la persecución de nuestros paisanos migrantes en Estados Unidos”.

 

Al final me habló un poco de su esposa Beatriz Gutiérrez Müeller –“se dedica más que nada a la literatura, ella es doctora”– y del hijo de ambos al que llamaron Jesús Ernesto. “Jesús por Jesucristo y Ernesto por Ernesto Ché Guevara”, me explicó. “Creo en el pensamiento y la obra de Jesús. El lucha por los pobres. Y el Ché es un revolucionario ejemplar”. Le recordé que el Ché también realizó muchas ejecuciones. “Sí, tiene ese cuestionamiento”, acepta, “pero fue un hombre que ofreció su vida por sus ideales”.

 

Ideales y su lucha contra la corrupción. López Obrador cree que eso, finalmente, lo llevará al Palacio Nacional, donde piensa vivir. No en Los Pinos. “Vamos a llegar con toda la autoridad moral para llevar a cabo la transformación de México”. A ver. A sus 63 la tercera es la vencida.

Casos bastante conocidos, como los de Guadalupe García de Rayos en Arizona y Roberto Beristain en Indiana, así como otros ejemplos de Arizona, California, Connecticut,Florida, Georgia, Michigan, New Jersey, North Carolinaencajan en este mismo patrón: antiguas citas de rutina en las oficinas de ICE se están convirtiendo en el primer paso hacia la expulsión de Estados Unidos. Otros ejemplos, como la trágica historia de una madre de familia de Ohio, Maribel Trujillo Díaz, muestran que la detención y posterior deportación viene poco tiempo después de su cita anual con ICE.

 

Según Frank Sharry, Director Ejecutivo de America’s Voice:

 

Con pocas excepciones, las ‘citas’ con ICE se están convirtiendo en casos de ‘ven tú mismo para que seas deportado’. El gobierno de Trump no necesita depender de redadas cuando esas ‘redadas silenciosas’ cumplen con sus objetivos de sembrar miedo entre los inmigrantes y de deportar a quien logren detener. Quienes se presentan a las oficinas de ICE son por lo general inmigrantes comunes y trabajadores que fueron considerados de baja prioridad en el pasado. Tienen patrimonios significativos, han hecho familias y tienen permisos de trabajo para vivir y permanecer en Estados Unidos. Ahora van a las oficinas de ICE para cumplir con las reglas y son detenidos y separados de sus familias y de sus vidas”.

 

El secretario del DHS, John Kelly, debería sincerarse y admitir que su mentado enfoque de deportar ‘delincuentes’ es de hecho una silenciosa manera de centrarse en deportar inmigrantes establecidos. Esto no es lo que quiere el pueblo de Estados Unidos. Esto no es lo que somos. Esto es una estrategia de deportación masiva en cámara lenta que está socavando familias, comunidades y los valores e ideales más preciados de nosotros los estadounidenses.

Los 79.344 muertos de Peña Nieto

Por Jorge Ramos

 

Si las cosas siguen igual, la presidencia de Enrique Peña Nieto podría convertirse en la más violenta y sangrienta desde la revolución mexicana. Las cifras oficiales son impresionantes. Pero lo más indignante es que a pesar de las matanzas, las fosas y la impunidad, en México no pasa nada.

 

Desde que Peña Nieto llegó a la presidencia han sido asesinados 79.344 mexicanos. No son cuentos. Son las cifras oficiales de homicidios dolosos de la Secretaría de Gobernación desde el 1 de diciembre del 2012 hasta el 31 de marzo del 2017.

 

En marzo asesinaron a 2.020 mexicanos. Si continúa ese promedio mensual hasta diciembre del 2018, cuando Peña Nieto entregue la presidencia, su gobierno será el más violento en la historia moderna de México. Superaría, incluso, los 104.089 muertos de la presidencia del panista, Felipe Calderón.

 

Este es un monumental fracaso de Peña Nieto. Lo peor es que sigue haciendo lo mismo. En el 2017 ya hay un repunte de la violencia. Es una clara señal de incompetencia y falta de liderazgo.

 

Más datos. En la presidencia de Peña Nieto han secuestrado a 5.692 personas. Esa cifra se acerca rápidamente a los 6.515 secuestrados con el expresidente Calderón. Pero estos son los secuestros reportados. Muchos más no se reportan porque hay mexicanos que le tienen más miedo a la policía que a los secuestradores.

 

La impunidad en México se extiende a los asesinos de periodistas, ya sean funcionarios públicos o miembros de carteles de las drogas. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ser periodista, junto con Siria, Somalia y Afganistán.

 

El legado de Peña Nieto podría ser de una “impunidad endémica”, según un informe del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Casi todos los asesinatos de reporteros durante su presidencia han quedado sin resolverse. Y cada vez que matan a otro periodista su gobierno suele tratar el incidente como algo normal, sugiriendo que es un crimen común, no vinculado a su labor informativa.

 

“Es fácil matar a un periodista” en México. Ese fue el titular de un reciente reportaje en primera plana del diario The New York Times. Sus cifras son estas:

 

-Marzo de este 2017 fue el peor mes para la libertad de prensa en México. Le dispararon a siete periodistas. Tres de ellos murieron, de acuerdo a la organización Artículo 19.

 

-Once periodistas fueron asesinados en el 2016.

 

-Desde el 2000 han muerto 104 periodistas y 25 han desaparecidos. Se cree que los desaparecidos están muertos.

 

¿Por qué Peña Nieto sigue con sus mismas políticas fallidas ante estas aterradoras cifras? Quizás porque él no ve el problema. O a lo mejor cree que es un problema de relaciones públicas.

 

En el 2009, cuando aún era gobernador del estado de México, Peña Nieto me dio una entrevista y ahí me dijo lo siguiente: “México es un país seguro que enfrenta un fenómeno delincuencial nuevo.” En ese 2009 hubo más de 16 mil asesinatos en todo el país y él aún seguía creyendo que México era un país seguro. Es la ceguera del poder.

 

Ante las fosas de Veracruz, la corrupción de exgobernadores fugitivos, la vergüenza de la Casa Blanca, la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, las matanzas de Tlatlaya y Nochixtlán, y las crecientes cifras de asesinatos y secuestros, los mexicanos no podemos seguir mintiéndonos.

 

Esto sugiere que Peña Nieto ya es uno de los peores presidentes que ha tenido México. No ha podido con su principal responsabilidad: proteger la vida de los mexicanos. Lo más grave es que no tiene ni idea de cómo resolver el problema. La guerra contra las drogas fracasó; México pone los muertos mientras que más de 20 millones de estadounidenses usan drogas.

 

Peña Nieto nos demostró que seis años en la presidencia son demasiados. Es preciso un cambio constitucional para bajarlo a cinco años. O establecer un referendo revocatorio entre el tercer y cuarto año. Estoy seguro que Peña Nieto no lo hubiera superado.

 

Mientras tanto, ya van 79.344 muertos con Peña Nieto y seguimos contando. Es difícil pensar que haya otro país que le aguante tanto a un gobernante tan mediocre.

 

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El miedo no anda en burro

Por Jorge Ramos

 

El miedo se puede medir. Desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca ha arrestado a por lo menos 5.441 inmigrantes indocumentados sin un record criminal. Esto es más del doble de los que deportó Barack Obama en el mismo período el año anterior, según reportó The Washington Post.

 

Aclaración: estas son personas cuyo único delito fue entrar ilegalmente a Estados Unidos. Nada más. Y emigraron para hacer los trabajos que nadie más quiere hacer. Somos cómplices de los indocumentados. Vinieron a Estados Unidos por nosotros, nos beneficiamos de su trabajo y miles de empresas los contratan.

 

No vinieron de paseo a Disneylandia. No han matado ni herido a nadie, no han robado, violado, traído drogas ni los han detenido manejando en estado de ebriedad.

 

El miedo no anda en burro. Esa es una frase mexicana que se aplica perfectamente a las nuevas políticas migratorias del joven gobierno de Trump. Trump y su secretario de seguridad interna, John Kelly, dicen que se quieren concentrar en arrestar y deportar a “bad hombres”, es decir, criminales y pandilleros como los de la Mara Salvatrucha. Pero la verdad es otra: están agarrando al que se les cruce.

 

Las cifras no mienten. Trump arrestó a 21.362 indocumentados del 20 de enero al 13 de marzo de este año. En ese mismo período en el 2016, Obama solo había deportado a 16.104 personas. Este es un aumento del 32 por ciento.

 

Además, Trump intentó prohibir la entrada a personas de seis países mayoritariamente musulmanes y castigar a las ciudades santuario que protegen a los indocumentados. Los jueces han bloqueado esas medidas pero el espíritu antiinmigrante de Trump está muy presente.

 

Por eso hay tanto miedo. Los primeros 100 días de Trump en la presidencia han sido marcados por el terror que ha generado entre los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos, en su mayoría de origen latinoamericano.

 

Los ejemplos están por todos lados: un Dreamer deportado a México (un país que no conoce), un padre arrestado mientras llevaba a su hija a la escuela, una madre detenida tras su cita en las mismas oficinas del servicio de inmigración. Ya nadie se siente seguro. Y ese es el gran cambio.

 

 

 

Pero hay que ser honestos. Barack Obama deportó a más de dos millones y medio de indocumentados, más que cualquier otro presidente. Entre los deportados hubo cientos de miles que tampoco tenían un record criminal. La diferencia es que Obama apoyaba una reforma migratoria y le dio protección legal a más de 750 mil Dreamers a través del programa conocido como DACA. Trump se opone a legalizar a indocumentados y, aunque ha dicho que los Dreamers no tienen de qué preocuparse, nadie sabe qué va a hacer.

 

Trump tiene un grave problema de credibilidad. Ha mentido tanto que su palabra vale muy poco.

 

Pero lo que sí está claro es que ha criminalizado y ha dado una imagen muy negativa a los inmigrantes indocumentados. De hecho lanzó su candidatura presidencial en junio del 2015 acusando, falsamente, a los inmigrantes mexicanos de ser criminales, narcotraficantes y violadores. La realidad es muy distinta.

 

Menos de 300 mil indocumentados han cometido un delito grave o felony como le dicen en inglés, según un reciente estudio del Migration Policy Institute. Esto es menos del tres por ciento de la población indocumentada. En comparación el seis por ciento de los estadounidenses comete crímenes serios. Conclusión: los indocumentados se comportan mejor que los estadounidenses.

 

A pesar de esto, si la administración Trump quiere concentrar sus arrestos en indocumentados que realmente son criminales y peligrosos, nadie se va a oponer. Pero es muy importante aclarar que se trata de un grupo sumamente reducido y que no refleja a la mayoría de los extranjeros que viven en Estados Unidos.

 

Trump abrió la caja de los prejuicios y el resultado es el miedo. En más de 30 años en este país nunca había visto un clima antiinmigrante tan nocivo como este. Lo políticamente incorrecto se ha vuelto aceptable en Trumplandia. Muchos confunden el ser sincero con ser abiertamente racista.

 

Hay muchas maneras de juzgar los primeros 100 días de Trump. Para mí y para muchos inmigrantes, han sido 100 días de miedo. Y prepárense: aún faltan 1.350 días más.

 

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¿Es posible una guerra civil en Venezuela?

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

 

Pensar en una guerra civil más en el continente latinoamericano en este siglo sería casi irrisorio, tomando en cuenta el desarrollo y evolución política, social y económica de América Latina, Pero en el caso de Venezuela sí es de pensarlo. El proceso político-social  de Venezuela con el fallido Socialismo del Siglo XXI o diciéndola con su propio nombre, La Revolución Bolivariana, ha erosionado totalmente su democracia y política de libre mercado, de la cual fue pionera hace tres décadas, especialmente con el libre cambio.

 

Venezuela, considerada una mina de infinitas riquezas por la enorme cantidad de recursos naturales que este país sudamericano tiene, está hundida en la más infrahumana crisis total, junto con un gobierno fallido como el de Nicolás Maduro. Pero analicemos de manera práctica si este país está madurando el punto, para una de las guerras civiles de la historia, más desastrosas y calamitosas, “si es que se llegase a dar”.

 

Se han adjuntado dos elementos muy decisorio e importantes, uno nacional y el otro internacional, los dos totalmente interconectados por causa y efecto. En el nacional la oligarquía venezolana y el internacional los Estados Unidos. Para éstos, la aparición de un lenguaje populista que reflotó las ideas socialistas, acomodándolas a las aristas de la ideología bolivariana, no han sido toleradas en absoluto. Venezuela tiene una de las reservas de petróleo más grandes del mundo. Estos hidrocarburos, para la política geoestratégica de los Estados Unidos son vitales, que tarde o temprano querrán apropiárselos, por las buenas o por las malas. La presión de las élites industriales-políticas de Venezuela, y las de los Estados Unidos hacia Venezuela ha desbalanceado el Gobierno de Maduro y la única manera de mantenerse en el poder es a través de la fuerza, mas no democráticamente.

 

Hugo Chavez empezó este cambio prácticamente desde el año 1998, un proceso bastante especial y comenzó mejorando los niveles de vida de la clase pobre de Venezuela, en sí el país entró en un proceso de reingeniería política e ideológica que fueron financiados por los altos precios del petróleo, sin lo cual hubiese sido imposible lograrlo.

 

Al estallar la Revolución Bolivariana y la aplicación de un socialismo nefasto a Venezuela gradualmente las cosas se fueron poniendo difíciles, la oposición política, con la asamblea, sus relaciones internacionales, y lo más importante su economía se agravó llegando al punto de que el Fondo Monetario Internacional proyecte un 700% de inflación, récord total en la historia económica de Venezuela y con el 80% de pobreza, algo imperdonable.

 

 

Los políticos y buenos académicos deben presentar un plan de sanación total a Venezuela, y evitar un colapso total del país, porque si no logan presentar algo conciso y creíble, va a perder el control hegemónico e ideológico de pensamiento en las mayorías y cuando sucede esto se viene una guerra civil de consecuencias incalculables…Por ejemplo, miremos atrás en la historia latinoamericana, la guerra civil del El Salvador que causo más de setenta mil muertos. Ahora serían perores la consecuencias, por los armamentos, estrategias y tecnología que se maneja.

 

Cómo robarse 3.500

millones de dólares

Por Jorge Ramos

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, estaba muy frustrado. Aparentemente nada de lo que hace es aplaudido o reconocido. Se acababa de dar el crédito por el arresto de dos gobernadores que estaban prófugos y, aún así, las redes sociales estaban llenas de sospechas, memes y críticas. Pero el problema es que Peña Nieto no entiende que no entiende.

 

Ante la frustración, Peña Nieto se refugió en el albur y el machismo. “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, dijo a un grupo de reporteros tras un acto público.

 

No hay duda que los arrestos del ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, son buenas noticias. Están acusados de robarse millones de dólares y de múltiples actos de corrupción. Pero el crédito de su detención hay que dárselo a los gobiernos de Italia y Guatemala, respectivamente.

 

En el caso concreto de Duarte, Peña Nieto lo pudo arrestar antes que se escapara de México y ni siquiera trató. Por eso las sospechas y las burlas al mandatario.

 

Las acusaciones de corrupción contra Duarte eran parte de un largo expediente creado desde el 2010. ¿Qué estaba esperando Peña Nieto?

 

El primer problema es de imagen. Hay una fotografía que muestra a Peña Nieto y a Javier Duarte, ambos priístas, abrazados y muertos de la risa. Parece que son de esos amigos que se pican el ombligo. Además, Duarte apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto en el 2012 y el presidente, recíproco, alabó a Duarte en una entrevista de televisión, diciendo que era parte de una nueva generación de políticos. O sea, eran cuatachos o aparentaban serlo.

 

El segundo problema es más grave. Sugiere complicidad, tolerancia o total ineptitud y negligencia por parte del gobierno de Peña Nieto.

 

El actual gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, me hizo las cuentas de lo supuestamente robado por Duarte. “Lo que ha acreditado la auditoría superior de la federación es que fueron desviados en todo el período aproximadamente 2,500 millones de dólares”, me dijo Yunes en una entrevista. “Y de recursos estatales, la auditoría superior del estado ha considerado que fueron mil millones de dólares más.”

 

 

 

Pregunta: ¿cómo te robas 3,500 millones de dólares sin que se entere el presidente? El gobierno de Peña Nieto le envió un dineral al de Duarte para salud, educación y seguridad pública. Y Peña Nieto nunca le preguntó a Duarte, oye, ¿cómo te gastaste el billete que te envié?

 

Lo menos que podemos esperar de un presidente es que vigile que los gobernadores no se roben el dinero de los mexicanos. ¿Acaso no es ese parte del trabajo del presidente? Si no lo es, que por favor nos avise.

 

El tercer problema es de credibilidad. Ya pocos le creen a Peña Nieto y mucho menos si se trata de asuntos de corrupción.

 

¿El mismo presidente que permitió que su esposa adquiriera una casa de siete millones de dólares de un contratista de su propio gobierno es el que ahora se quiere presentar como el zar anticorrupción?

 

El mismo presidente que, en un discurso, dijo que los arrestos de Yarrington y Duarte son una muestra de su compromiso contra la impunidad puso a uno de sus subordinados, Virgilio Andrade, a que investigara el asunto de la Casa Blanca. El salario y el puesto del investigador dependía de la voluntad del investigado. Claro, el presidente y su esposa fueron exonerados. Por eso nadie le aplaude.

 

Antes de dejar Los Pinos, el presidente José López Portillo se construía una horrenda mansión conocida por los mexicanos como “la colina del perro”. Su costo excedía por mucho la suma de salarios de toda una vida como funcionario público. Entonces creí que nunca más se repetiría en México un abuso tan burdo y de esas dimensiones.

 

Bueno, con lo que supuestamente se han robado Duarte y otros gobernadores se podrían construir cientos de “colinas del perro”. Es una jauría y el impacto se verá pronto. El voto antisistema en Gran Bretaña, Estados Unidos, Filipinas y Colombia podría tener su versión mexicana en las elecciones presidenciales del 2018.

 

¿Cómo se roban 3,500 millones de dólares en México? Muy fácil: frente a los ojos entreabiertos del gobierno de Peña Nieto.

 

 

La “guerra” de los cien días

Por David Torres

America’s Voice

Si algo ha quedado claro en esta primera etapa del nuevo gobierno de Estados Unidos es que los inmigrantes hemos sido el evidente contrapeso de la insidiosa intención de “borrarnos del mapa”.

 

Unos podrían pensar que es exagerada la expresión, pero no se ha escuchado nada distinto desde el primer día de Donald Trump en el poder, ni a decir verdad desde aquel 16 de junio de 2015 cuando el magnate anunció su candidatura presidencial tras descender de la dorada escalerilla eléctrica de su torre en Nueva York.

 

De tal modo que una vez identificadas las partes en conflicto, no quedó más remedio que asumir una posición de defensa ante tan contundentes ataques como parte de una campaña de odio, otra vez, hacia las denominadas minorías, especialmente la hispana; las que, en realidad, dentro de poco dejarán de serlo.

 

Unos optamos por hacernos ciudadanos y enfrentar por la vía democrática este oscuro capítulo en la historia contemporánea de Estados Unidos. Y si bien no se logró el objetivo, al menos sí quedó reflejada en la práctica la solidificación del nuevo tejido social en el que voluntaria o involuntariamente nos ha tocado vivir –y confirmar– en estos primeros cien días del gobierno de Trump.

 

Tal vez también ahí radique el despertar de esa neosupremacía blanca, que tantos dolores de cabeza le ha dado a un Estados Unidos ahora más diverso y que había querido dejar atrás una historia de racismo desde la época de la lucha por los derechos civiles en el Siglo XX.

 

Lamentablemente nos hemos dado cuenta de que, además, la discriminación y la xenofobia seguían latentes, agazapadas a la espera de un nuevo resurgimiento.

 

Pero estos primeros cien días de Trump en la Casa Blanca no han venido sino a reafirmar que es en el compromiso social e histórico —no en el absurdo cotidiano en que ha caído el denominado “Sueño Americano”— donde radica la fuerza del nuevo país que nos ha correspondido forjar, independientemente de nuestro origen o nuestro color, y muy por encima de las ideologías, pero sobre todo por encima de la radical idea de eliminarnos de la demografía estadounidense.

 

 

Tras la denominada “Guerra de los cien días”, luego de su contundente y vergonzosa derrota en Waterloo, a Napoleón no le quedó más remedio que aceptar que su imperio había llegado a su fin. Los inmigrantes no somos ni de lejos los “enemigos” que Trump y sus aliados han querido ver, estereotipándonos a todos básicamente como “delincuentes”, pero por supuesto que el nuevo mandatario tampoco alcanza, aunque lo desee, “aires napoleónicos”.

 

De tal manera que, toda proporción guardada, a lo más que debería aspirar luego de cumplir sus primeros cien días entre la Casa Blanca y su casa en Florida es a un desprendimiento paulatino de su política antiinmigrante, o arriesgarse a enfrentar, más que un posible juicio político, un bien ganado ostracismo histórico que lo condene a él y a su linaje a un desprestigio total de generaciones.

 

Los inmigrantes, de cualquier modo, aún seguiremos aquí.

 

450 formas de separarnos

“Una de las condiciones que les pusieron a las empresas que concursaban era que el muro midiera por lo menos 18 pies de altura. Otra, que se viera bonito. Pero no hay manera que el odio se vea bonito”.

 

Por Jorge Ramos

Los ingenieros y contratistas más brillantes y ambiciosos de Estados Unidos se han pasado los últimos meses buscando la mejor manera de separarnos. Y encontraron, al menos 450 formas de hacerlo. Ese es el número de diseños presentados para construir el nuevo muro de Donald Trump en la frontera entre México y Estados Unidos.

 

Hay propuestas de muros con paneles solares y torres de observación, con inclinaciones imposibles de escalar y todo tipo de materiales para resbalarse. También existen proyectos con cercas infranqueables que permiten observar el lado estadounidense. O sea, se vale ver pero no cruzar.

 

Una de las condiciones que les pusieron a las empresas que concursaban era que el muro midiera por lo menos 18 pies de altura. Otra, que se viera bonito. Pero no hay manera que el odio se vea bonito.

 

El muro que Trump quiere construir estará hecho de odio y racismo. Trump cree, equivocadamente, que los inmigrantes mexicanos son criminales, narcotraficantes y violadores (tal y como lo dijo al lanzar su candidatura presidencial en el 2015). Y por lo tanto quiere una pared que separe a Estados Unidos del potencial peligro que, según él, representan.

 

Pero Trump se equivoca. Déjenme repetirlo una vez más: los inmigrantes indocumentados cometen menos crímenes que los estadounidenses y contribuyen con billones de dólares a la economía de Estados Unidos. Es decir, Trump quiere construir un muro para alejarse de un peligro que está solo en su cabeza.

 

Además, no hay ninguna invasión a Estados Unidos. La población indocumentada se ha mantenido en 11 millones de personas en la última década y todo parece indicar que seguirá así. Estados Unidos está dejando de ser un país atractivo para los extranjeros. No quieren llegar y ser humillados, detenidos y deportados. Por eso hay cada vez hay menos que lo intentan.

 

En diciembre del 2016, todavía con Barack Obama como presidente, arrestaron a unos 58,000 inmigrantes tratando de entrar ilegalmente a Estados Unidos. En enero ese número bajó a 43,000. Ya en febrero, el primer mes completo de Trump en la presidencia, los arrestos cayeron a 24,000 y el pasado marzo bajó más aún hasta menos de 17.000.

 

 

 

“Esto no es un accidente”, aseguró el Secretario de Seguridad Interna, el general John Kelly, ante una audiencia del senado. Lo que esto significa es que las tácticas de odio y miedo de Trump están funcionando.

 

Veremos en unos meses si Trump está deportando a más o menos indocumentados que Obama. Pero lo que sí ha cambiado es que el nuevo presidente le ha dado la autoridad a los agentes migratorios para que detengan, revisen, arresten y deporten a personas que no tienen ningún record criminal. Eso es lo distinto.

 

Todos los días, en el noticiero en el que trabajo, reportamos de padres y madres detenidos en sus casas, en taxis, en la corte y a la salida del colegio de sus hijos. Sus hijos, que en muchos casos son ciudadanos estadounidenses, se convierten en los traumados testigos de abusivas operaciones que separan familias.

 

Terror hacia dentro y una pared que los proteja de los de fuera. Esa es la filosofía Trump. Lo irónico es que los estadounidenses que lo eligieron para que construyera un muro en la frontera con México ahora no lo quieren pagar. El 58% de los estadounidenses están en contra de gastar miles de millones de dólares para construir el muro de Trump, según la última encuesta de AP.

 

Los muros no sirven. Se los saltan y los burlan con túneles. Sí, todo país tiene el derecho a fronteras seguras. Pero un sistema migratorio eficiente –que considere las necesidades económicas de Estados Unidos y las compagine con los trabajadores que quieren venir– es una mejor opción que un muro.

 

Los países son como las cosas que inventan. Estados Unidos es el país que nos puso a volar, que llevó a un hombre a la luna, y que creo las computadoras y los celulares que nos tienen adictos a sus pantallas. Ahora, en la época de Trump, algunos de sus constructores más creativos están haciendo planes para levantar un muro inútil.

 

Me los imagino pensando y proponiendo todas las maneras posibles de separarnos. Algo está muy mal cuando el talento y el dinero se usan para dividir. Hay personas que sacan lo peor de un país.

 

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

 

Cien días de una invariable

agenda anti-inmigrante

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

 

Sin contemplaciones y sin tener historial delictivo, Maribel Trujillo Díaz fue deportada a su natal México el pasado miércoles, dejando atrás un esposo, cuatro hijos ciudadanos estadounidenses, un trabajo y una vida establecida en Ohio.

 

Al gobierno de Donald J. Trump que la deportó, poco le importó que los dos senadores federales de Ohio, el demócrata Sherrod Brown, y el republicano Rob Portman, así como el gobernador del estado, el republicano John Kasich, indicaran que Maribel no debería ser prioridad de deportación. Tampoco hizo mella la intervención de la Iglesia Católica, ni el hecho de que la menor de los hijos de Maribel sufra de convulsiones y necesite de los cuidados de su mamá.

 

A punto de cumplirse los primeros 100 días del gobierno de Trump si algo queda claro es que su política anti-inmigrante es quizá lo único que ha permanecido estable. De momento Trump no hace realidad una de sus promesas de campaña, revocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), e incluso le indicó a la Associated Press que los DREAMers pueden estar tranquilos, esto a pesar de que algunos han sido detenidos y otro, Juan Manuel Montes, fue deportado a México en un caso bastante confuso.

 

En este lapso, Trump presentó, aunque no ha podido implementarlo, el veto temporal a ciudadanos de seis países mayormente musulmanes y el freno temporal a refugiados. El caso está pendiente en las cortes.

 

El famoso muro que prometió construir en la frontera con México se inyecta esta semana en el debate presupuestario y la medida temporal para que el gobierno pueda seguir operando. Trump quiere que como parte del proyecto de gastos se incluyan 1,400 millones de dólares de enganche para iniciar la construcción del muro que México asegura que no pagará.

 

El Secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), John Kelly, dijo en CNN que Trump “insistirá en el financiamiento del muro”. Lo interesante es que tanto republicanos como demócratas del Congreso consideran que el mentado muro es innecesario considerando, entre otras cosas, que los cruces de personas sin documentos se han reducido en aproximadamente 40% en los primeros dos meses del año en curso. El Wall Street Journal informó que ocho senadores y nueve congresistas de estados fronterizos se oponen a la partida de 1.400 millones para iniciar la construccción del muro.

 

 

 

¿Arriesgará Trump el cierre del gobierno por su muro? El Secretario de Justicia, Jeff Sessions, exsenador de Alabama que cobró notoriedad por sus posturas antiinmigrantes, también anunció medidas que endurecen la política migratoria y criminalizan aún más a los indocumentados, incluyendo convertir en delito grave el reingreso a Estados Unidos sin documentos.

 

Kelly insistió en CNN que solo se enfocan en delincuentes. Buscan, dijo, “hombres y mujeres malos y lo hacemos de forma efectiva”.

 

Pero lo más emblemático de estos primeros 100 días de la presidencia de Trump en materia migratoria es que a todos los indocumentados se les mide con la misma vara. Da lo mismo un pandillero que una madre sin historial delictivo.

 

Si los primeros 100 días son indicativos de lo que está por venir en materia migratoria, hay que prepararse para los 1.360 que le restan a Trump en la presidencia.

Una carta a Maribel

Por Maribel Hastings

 

En estos momentos, Maribel Trujillo Díaz está detenida en Louisiana aguardando su deportación programada para esta semana, a menos que alguien en este cruel gobierno de Donald Trump entienda que esta madre de cuatro niños ciudadanos estadounidenses sin historial delictivo no es una amenaza para nuestras comunidades y mucho menos para nuestra seguridad nacional.

 

No te conozco, Maribel, pero reconozco en tu historia las de otras madres y padres sin historial delictivo que viven escondiéndose cual si fueran delincuentes por buscar un mejor futuro para sus hijos; o incluso, para no convertirse en víctimas de narcotraficantes y pandilleros en sus países de origen. Muchos piden asilo, pero les es denegado porque Estados Unidos no le concede asilo a ciudadanos de países aliados o prefiere ignorar el horror del que huyen millones de inmigrantes mexicanos y centroamericanos, agobiados por la violencia de las pandillas y del narcotráfico.

 

Maribel Trujillo no es un “bad hombre” de los que Trump prometió deshacerse. Maribel llegó desde México a Estados Unidos hace 15 años precisamente huyendo de la violencia de las pandillas. Su hermano recibió amenazas y su padre habría sido secuestrado. En 2007 ICE hizo una redada en su centro de trabajo y la agencia inició el proceso de deportación.

 

Maribel solicitó asilo pero le fue denegado en 2012. Siguió apelando pero en 2014 recibió una orden final de deportación. Sin embargo, el gobierno de Barack Obama priorizó las deportaciones determinando que Maribel no constituía una prioridad de deportación por no tener historial delictivo. Además, tiene cuatro hijos ciudadanos estadounidenses, la más chica de los cuales, de apenas tres años de edad, tiene necesidades especiales.

 

Como candidato, Trump prometió una Fuerza de Deportación que está haciendo realidad con la ayuda de sus Departamentos de Seguridad Nacional (DHS) y Justicia, y sus respectivos secretarios, John Kelly y Jeff Sessions. Este último fue a la frontera con México la semana pasada para lanzarle una advertencia a los inmigrantes proclamando que “esta es la era de Trump”.

 

Y precisamente la era de Trump en materia migratoria es la que coloca a Maribel y a otros indocumentados como ella en la misma categoría de criminales, violadores y narcotraficantes; es la era oportunista que saca partido y llena sus cuotas con objetivos fáciles: indocumentados que a pesar de no ser prioridad de deportación durante el gobierno de Obama acuden puntuales a sus citas con inmigración, y cuando antes se les volvía a citar, ahora se les detiene y se les deporta.

 

Es la era que busca llenar centros de detención e inflar las cifras de deportados con indocumentados como Maribel y otros que no tienen historial delictivo, o cuyas faltas menores no deberían convertirlos en prioridad de deportación, esto porque los inmigrantes que realmente representan una amenaza no son la mayoría.

 

Es la misma administración a la que no le importa deportar a padres de niños ciudadanos o que muchos de esos niños ciudadanos tengan que autodeportarse para que la familia permanezca unida.

 

En el caso de Maribel, su hija menor, de tres años de edad, tiene necesidades especiales y la niña se iría a México con su madre. La autodeportación de una ciudadana estadounidense de tres años de edad a un clima de violencia y sin los servicios que requiere es solo un “daño colateral” en este era de Trump.

 

Maribel, no sé si tu suerte cambie esta semana y si la presión de tu comunidad en Ohio que ha salido en tu defensa, y la de figuras demócratas y republicanas que han intercedido pidiendo tu liberación, conseguirá que puedas regresar junto a tu hermosa familia. Ojalá que sí.

 

Quienes apoyan a Maribel han iniciado la campaña #FreeMaribel o Liberen a Maribel. Pero aunque fuera deportada, Maribel es libre porque la única prisionera en esta historia es esta administración Trump, presa de su prejuicio, insensatez, nativismo y falta de humanidad.

 

Por Jorge Ramos

 

Todo comenzó con los niños. Las imágenes son espantosas. Una muestra a por lo menos seis niños muertos, con los ojos abiertos, luego de un ataque con armas químicas en el norte de Siria. En otra, un padre está cargando en ambos brazos los cuerpos de sus gemelos recién fallecidos. Y en varias más hay menores de edad, apenas moviéndose, aferrándose a la vida con cada respiro.

 

Esas son las imágenes que acabaron por convencer al presidente Donald Trump de que tenía que atacar al régimen del dictador Bashar al-Assad. “Incluso hermosos bebés fueron asesinados cruelmente en este ataque barbárico”, declaró Trump horas antes de ordenar el bombardeo contra Siria. “Ningún niño hijo de dios debe sufrir ese tipo de horror”.

 

A Trump siempre le pareció una señal de debilidad que el expresidente, Barack Obama, no hubiera cumplido su amenaza de atacar a la dictadura siria si usaba armas químicas. De hecho Bashar al-Assad cruzó esa “línea roja” en agosto del 2013 cuando unas 1,400 personas murieron por gas sarín a las afueras de Damasco, la capital. Un reporte indica que murieron 426 niños en ese ataque.

 

Trump hizo lo que Obama no quiso hacer y ahora está metido en uno de los conflictos más complicados del mundo. Siria es un país hundido en los últimos seis años en una terrible guerra civil, con un brutal dictador hijo de otro brutal dictador. Rusia e Irán apoyan al gobierno sirio en su lucha contra un desorganizado pero insistente grupo de rebeldes.

 

Además, hay una fuerte presencia del grupo terrorista ISIS en el territorio. Todo esto ha generado la muerte de más de 250 mil personas. Al menos cinco millones de sirios han huido como refugiados a naciones vecinas, según la ONU.

 

En ese polvorín se ha metido Trump. Si quiere seguir la llamada Doctrina Powell tiene que explicarnos cómo Siria amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos y cómo piensa salirse de ahí luego de los bombardeos.

 

Estados Unidos actualmente ya está involucrado en dos guerras, Irak y Afganistán. Obama, como vimos, evitó durante ocho años el meterse en otro conflicto militar a pesar del desafío que le planteó el gobernante sirio y de las recomendaciones de algunos de sus asesores.

 

 

Los niños y la guerra

America’s Voice

 

Tuvo que pasar casi un cuarto de siglo para que uno de los símbolos más notorios de la discriminación, la xenofobia y el sentimiento antiinmigrante –básicamente en contra de los inmigrantes latinos– se viniera abajo. Bastó una nueva administración en el Departamento del Sheriff del Condado de Maricopa, Arizona, para que la llamada “Ciudad de las Carpas” dejara de existir.

 

El 4 de abril, al menos para el estado de Arizona, quedará marcado como la fecha en que el nuevo sheriff de Maricopa, Paul Penzone, establecía el principio del fin de una era ignominiosa que tenía en la comunidad hispana, básicamente mexicana, a su chivo expiatorio por excelencia.

 

Desde su establecimiento en 1993, la también conocida en inglés como “Tent City” se catapultó como un verdadero circo mediático, producto de una mente enferma enfocada en exhibir negativamente a la comunidad hispana, utilizando para ese propósito a los detenidos a diestra y siniestra por los agentes a su mando, siempre operando con base en la categorización racial, como lo determinaron diversos señalamientos a lo largo del “reinado” de Joe Arpaio, situación que por fortuna lo tiene en el banquillo de los acusados en la actualidad.

 

Tal vez Arpaio, de hecho, nunca creyó que lo que estaba haciendo iba a tener consecuencias legales a largo plazo, ni que el desacato en que incurrió al desobedecer las órdenes del juez federal Snow Murray, en el sentido de que dejara de hacer sus arrestos a partir de una especie de “selección racial”, lo iba a meter en problemas. Jefe supremo de su pequeño feudo –o como se le conocía, “el sheriff más duro” del país–, Arpaio se sentía en verdad “todopoderoso”.

 

Y había quienes incluso justificaban su proceder al decir que “solo cumplía con su trabajo”, como lo escuchó una y otra vez este redactor por parte de un antiguo “editor” que defendía a capa y espada la forma en que incluso ridiculizaba a los presos vistiéndolos con ropa interior color de rosa. No saber al menos un poco de historia conduce siempre a justificaciones de tal magnitud, como quienes justificaban a los esbirros militares de Hitler diciendo que “solamente seguían órdenes”.

 

 

 

Adiós al circo de Arpaio

Pero Trump, en el tercer mes de su presidencia, ya está metido en el lugar más complejo del planeta.

 

Ya dio el primer paso y ahora no hay decisiones fáciles. Insistir en la salida del dictador sirio implicaría, si cae, un enorme vacío de poder. ¿Está dispuesto Estados Unidos a cambiar de régimen en Siria y encargarse de crear un nuevo gobierno de transición?

 

Además, la prioridad de Trump durante la campaña nunca fue terminar con la dictadura siria sino el destruir al grupo ISIS y evitar nuevos ataques terroristas en Estados Unidos y contra estadounidenses en el extranjero. Una nueva guerra en Siria cambiaría radicalmente la agenda de su gobierno y obligaría a gastar billones de dólares que tanto se necesitan en escuelas, infraestructura y seguros médicos.

 

Es loable, sin duda, la defensa de Trump de los niños sirios. Pero la gran ironía es que esos mismos niños y sus familiares que fueron atacados por el régimen de Bashar al-Assad no podrían entrar como refugiados a Estados Unidos si se pusiera en práctica la prohibición de vuelos propuesta por Trump. Esa prohibición en contra de los ciudadanos de seis países, incluyendo Siria, está atorada en las cortes.

 

Para los opositores de Trump, lo que está ocurriendo es un escenario de pesadilla. Claramente no confían en la personalidad irascible y cambiante del presidente. Pero, en momentos de un conflicto bélico como este, es difícil para ellos criticar públicamente al comandante en jefe.

 

Aquí es cuando la credibilidad del presidente es vital. ¿Cómo confiar ahora en Trump cuando en el pasado ha mentido abiertamente sobre el lugar de nacimiento de Obama, sobre la votación de tres millones de indocumentados y sobre el supuesto espionaje ordenado contra la Torre Trump, entre muchas otras falsedades?

 

No se le puede creer a Trump en esos temas. Pero ¿se le puede creer sobre Siria? Es, al final, una cuestión de confianza. ¿Le crees al presidente lo suficiente como para apoyarlo en caso que decida comenzar una nueva guerra?

 

Todo esto es nuevo para Trump y para nosotros.

 

 

Mientras tanto, Arpaio, de 84 años, ha pedido que en su juicio programado para empezar el 25 de abril próximo no testifiquen hispanos detenidos ilegalmente por él y su equipo de agentes, pues su defensa alega que es “irrelevante” y solo desataría pasiones en el tribunal. Unos le llaman miedo, otros aceptación inconsciente y anticipada de culpa, pues fueron al menos 190 personas las que arrestó, violando así el mandato judicial.

 

Lo cierto es que el primer paso ya está dado, no para “exonerar” a los detenidos que seguramente purgan condenas acordes a su delito, sino para demostrar que, al menos simbólicamente, esto es una victoria contra el racismo y el sentimiento antiinmigrante, al mismo tiempo que vuelve a enseñar que nadie en este país está por encima de la ley, ni el sheriff del condado más recóndito, ni el presidente de la casa más blanca.

 

Su Excelencia “El Cuervo”

y  la paloma blanca del Opus Dei

 

 

Por Tito I Ortiz Burbano de Lara

 

Siempre en épocas de elecciones y dentro de las campañas políticas se ve de todo, especialmente las cosas malas y los defectos tipo spectrum de los candidatos. En Ecuador ha habido una batalla política entre liberales y conservadores en esta última década, muy intensa y en ciertos escenarios muy desatinada y desleal en los dos bandos.

 

El escenario político electoral ecuatoriano, entre el candidato de Rafael Correa, actual presidente del Ecuador, y el banquero Guillermo Lasso se ha convertido en una de las riñas políticas más destacadas de la historia del Ecuador. Pues despues de 10 años de la famosa Revolución Ciudadana, socialismo del siglo XXI, Ecuador necesita un cambio no en el sentido lineal solamente,  sino de estructura constitucional e institucional  de este país. Si bien es cierto que Rafael Correa ha maximizado las obras públicas de manera eficiente, por otros lados, no ha hecho errores, sino mas bien “horrores” como los niveles de corrupción de Petroecuador,  las constructora brasilera Odebrecht y la deuda “externa y eterna” con China han arruinado al país de manera estructural y  tormentosa.

 

Las técnicas, tecnología y management de fraude electoral se han dado de manera obscena, por así decirlo. Jamás en la historia del Ecuador se ha visto, me explico:  votos falsos, gente ya fallecida en los padrones electorales, votos sumados a favor del candidato gobiernista, manipulación de las estadísticas por parte del Centro Nacional Electoral (CNE) dirigido por Juan Pablo Pozo, “esbirro” de Rafael Correa. Pozo, hábil con los números y estadísticas aplicó su inteligencia junto con una estrategia astuta para manipular los votos y quedará marcado en la historia como un individuo que se le tiene que “refrescar la madre”…perdón la expresión,  por lo que a su propio pueblo le hizo: hacer fraude, usando tecnología de avanzada, saboteando el sistema de datos del Centro Nacional Electoral etc, etc.

 

El comparativo en votos, se dice según la estadística, fue Lenin Moreno con un 51.16% y Guillermo Lasso con un 48.84% Qué coincidencia que justo antes de dar los resultados de la elección en Ecuador se cayó el sistema del Centro Nacional Electoral, dejando de dar información verídica, después vuelve el sistema y dan los resultados,  como ganador a Lenin Moreno y perdedor a Guillermo Lasso…..¡Sólo a un idiota se le ocurriría creer que es un error tecnológico y aceptar una disculpa al respecto, por favor!. Tres días después a Juan Pablo Pozo, actual Director del Centro Nacional Electoral, le dan una embajada en Inglaterra de premio a la obtusa obediencia al gobierno de Rafael Correa. ¡Qué desmadre esto! Peor que el cuento de “Peter Pan”.

 

Ahora de manera objetiva hagamos una muy breve comparación de perfiles entre estos dos candidatos. Lenin Moreno, apodado “El Cuervo”, Licenciado en Administración Pública, fue miembro del MPD (Movimiento Popular Democrático), movimiento de izquierda radical del Ecuador, escritor de varios libros de humor y política. Ex vicepresidente del Ecuador de pensamiento un poco conservador pese a de ser de izquierda. Dentro de este análisis se debería incluir también que hay rumores, no confirmados, ni probados, que perteneció al grupo de ex guerrilleros de AVC (Alfaro Vive Carajo) quienes en su mayoría eran miembros del MPD; donde supuestamente en un intento de secuestro  a un importante político y ministro del Ecuador en el Gobierno de León Febres Cordero (ex presidente ya fallecido) en los años 80’s. Su nombre era Marcial Laniado de Wind. Lenin Moreno supuestamente participó en el intento de secuestro de este importante político y empresario ecuatoriano de origen Judío, y los guardaespaldas de Marcel Laniado le dispararon a Lenin Moreno en la espalda, dejándolo inválido, desafortunadamente, para siempre.  Versión muy diferente a la que él cuenta, que puede ser cierta, pero no es probada tampoco. Las cosas se manipularon mucho y los hechos también.

 

 

 

Guillermo Lasso, miembro de élite en la banca ecuatoriana, tiene su título en finanzas y siempre trabajó en ese sector. También hay que acotar que fue miembro de la famosa Democracia Cristiana, partido del expresidente Jamil Mahuad, uno de los causantes de la peor crisis económica del país en su historia. A Guillermo Lasso lo han querido involucrar en el famoso feriado bancario de fines del siglo pasado porque estuvo involucrado en el negocio de la banca.

También hay que acotar que Lasso es miembro del Opus Dei, una prelatura independiente de la Iglesia católica feroz, enemiga del liberalismo en todo el mundo. El Opus Dei, dominado por la Orden Jesuita, tiene como sus adeptos a muchas personas de influencia social y económica en sus filas, y entre esos está Guillermo Lasso, él lo ha confesado abiertamente y públicamente.

 

El trasfondo aquí, más allá del cambio político que el país necesita con esta revolución absurda y el inservible socialismo del siglo XXI, es, también de tipo ideológico. Me explico: el Opus Dei es muy dogmático y conservador, no le gusta la educación laica y el libre pensamiento como buen ejemplo a seguir de los Jesuitas, su perfil es exacto. El factor y temor que se pudiese dar es que todos los beneficios logrados con los cambios estructurales por presidentes anteriores, como Eloy Alfaro por ejemplo, y aquí no quiero justificar a Rafael Correa, porque Alfaro no tiene nada que ver, ni en comparación con Correa, ni el socialismo del siglo XXI, Eloy Alfaro fue un estadista de verdad. Es que las libertades conseguidas por estos líderes pudieran ser cambiadas por un dogma de derecha extremo y muy conservador como el Opus Dei, es un riesgo que se corre, pues todavía en Ecuador hay pensadores liberales o sociedades de libre pensadores como la Masonería, que tiene su poder oculto de una manera estratégica y efectiva también y haría una balanza de justicia. Dos polos opuestos en su totalidad, Masonería y Opus Dei, enemigos acérrimos entre sí, de  pensamientos distintos como el agua y aceite.

 

En sí para finalizar, las elecciones en Ecuador, fueron un desastre, un mal ejemplo en todos los sentidos, ético, moral, tecnológico, técnico y político. Los ecuatorianos se merecen tener un estadista que saque a este país adelante, sea visto por la comunidad internacional como un ejemplo de democracia política e institucional, para hacer de este un país placentero para vivir sin datos económicos maquillados, ni partidos políticos vestidos de ovejas, cuando realmente son lobos rapaces de la corrupción sistematizada y cuervos del poder. ¡Hasta la próxima edición!

 

El país de las fosas

 

Le llaman “la alberca” porque los cadáveres que encontraron en esa fosa estaban acomodados muy cerca el uno del otro.

 

Esa es solo una de las 120 fosas donde han hallado más de 253 cráneos y restos humanos en el estado mexicano de Veracruz. Es, quizás, el cementerio clandestino más grande de México. Pero el presidente, Enrique Peña Nieto, y su gobierno han actuado como si no fuera con ellos, como si todo hubiera ocurrido en otro país.

 

“Nos dijo una embajadora de un país europeo que con 50 muertos o menos ya estarían movilizándose totalmente las autoridades”, me comentó en una entrevista Lucía de los Angeles Díaz, la fundadora del Colectivo Solecito que descubrió las fosas clandestinas a finales del año pasado. “De hecho, no hemos escuchado que se haya pronunciado el presidente Peña Nieto. Seguimos en el anonimato porque las autoridades encargadas de reconocer la severidad del problema, no lo han hecho”.

 

En México no pasa nada y todos los días son día de muertos. Lucía de los Angeles tiene un segundo nombre exacto. Ella está al frente del grupo de unas 150 madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Lucía puso un sol en la foto de su perfil en las redes sociales, para infundir esperanza en las madres, y de ahí surgió el nombre del Colectivo Solecito.

 

El año pasado una persona, que no quiso ser identificada, les dio un mapa con muchas cruces. Siguiendo una corazonada y con mapa en mano, llegaron hasta la colina de Santa Fe en Veracruz. Ahí estaban las fosas.

 

La gran frustración es que no hay un presupuesto oficial para identificar a la mayoría de las víctimas en esas fosas. ¿Cómo se le pregunta a una madre si ella cree que su hijo está enterrado ahí?

 

Hace casi cuatro años que Lucía no ve a su hijo Luis Guillermo. Le llamaban cariñosamente el “DJ Patas”. Lo invitaban a tocar en las mejores fiestas de Veracruz. Pero el 28 de junio del 2013, tras salir de madrugada de un evento, sujetos armados lo secuestraron. La esperanza es que fuera un secuestro exprés, con visita a varios cajeros automáticos y un buen susto para contar a sus amigos. No fue así.

Lucía, como muchas de las madres, se resiste a creer que Luis Guillermo está en una de esas fosas. Con precisión científica me recuerda varios casos históricos de desaparecidos que son encontrados años más tarde y la absoluta falta de pistas para dar con el paradero de su hijo.

 

 

 

 

Lucía no llora en la entrevista. Este no es el momento de llorar. “Nosotras no cuestionamos lo que hacemos”, me dijo, “lo hacemos porque somos madres. Nosotras luchamos y seguimos buscando hasta encontrar.”

 

La doble tragedia de las familias de los desaparecidos radica en perder a un familiar y en no contar con las autoridades para resolver el crimen. “Todo está sucediendo con la anuencia de la federación”, me dice Lucía, vestida impecablemente de blanco y con una foto de su hijo en la solapa. “Es muy desafortunado tener gobiernos que no te representen, tener gobiernos que no vean y que no rindan cuentas”.

 

México ha perdido su capacidad de sorpresa. El otro día, mientras reportábamos en Estados Unidos sobre las fosas que encontraron en Veracruz, esperaba ver protestas masivas en las calles mexicanas, al menos una investigación independiente en el congreso y una explicación del presidente, en televisión nacional, enumerando sus planes para identificar los cuerpos y encontrar a los culpables. Pero me quedé esperando. No pasó nada.

 

México es el país de las fosas. El sexenio de Enrique Peña Nieto es ya uno de los más violentos de su historia moderna. Hasta el momento han sido asesinados 77.316 mexicanos, según cifras oficiales, y 5.591 han sido secuestrados.

 

Si hace dos años y medio desaparecieron a 43 estudiantes de Ayotzinapa y todavía no saben dónde están ¿qué podemos esperar, entonces, sobre el hijo de Lucía?

 

¿En qué país encuentran unas fosas clandestinas con 253 cadáveres y todo sigue igual? No es normal que en un país maten y secuestren a sus jóvenes. México se ha acostumbrado a eso pero no es normal.

 

Hace poco el presidente Peña Nieto dijo que “pareciera que viviéramos en el peor de los mundos cuando, realmente, no es así”. ¿No es así? Pregúnteles a Lucía y a las otras madres del Colectivo Solecito. Pregúnteles, por favor.

Cuando miente el presidente

 

Por Jorge Ramos

 

En Estados Unidos hay un presidente que miente mucho. En un par de meses Donald Trump se ha quedado sin credibilidad. Y esto es muy grave porque, cuando realmente necesite que los estadounidenses le crean, ya no sabremos si lo que dice es verdad o mentira.

 

Trump tiene un largo camino de mentiras. Durante años aseguró que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos. Hasta que, por fin, un buen día dijo públicamente que Obama había nacido en Hawaii. Trump nunca se disculpa, solo cambia de tema.

 

Trump mintió también en un tuit en noviembre sobre los supuestos “millones de personas que votaron ilegalmente” en las pasadas elecciones y que le hicieron perder el voto popular. No solo eso. En su primera reunión con líderes del congreso en la Casa Blanca volvió a repetir la mentira, según reportó The New York Times, y dijo que de tres a cinco millones de indocumentados habían votado.

 

Todo esto es falso. Pero Trump cree que al repetir sus mentiras la gente se lo va a creer. Lo que sí está claro es la aversión de Trump por los inmigrantes. Su campaña presidencial comenzó con una gigantesca mentira al decir que los inmigrantes que envía México “traen drogas, traen crimen y son violadores”. Atención: Trump nunca dijo algunos o unos pocos. Quiso convertir a todos los inmigrantes mexicanos en delincuentes y eso es totalmente falso. (El 97 por ciento de los indocumentados nunca ha cometido un crimen serio o felony, según el Migration Policy Institute. )

 

La última gran mentira de Trump fue en otros dos tuits. El sábado 4 de marzo a las 6:35 a.m. dijo: “Terrible, me acabo de enterar que Obama ordenó que me espiaran en la Torre Trump…” Y 14 minutos más tarde se preguntó: “¿Es legal que un presidente espíe antes de una elección?…Qué bajo ha caído”.

 

No sabemos que estaba pasando esa mañana en el hotel del presidente en Mar-a-Lago, Florida, pero Trump y su celular se convirtieron en una máquina de mentiras. Aparentemente nadie del equipo presidencial se atreve a contradecir al presidente aunque esté equivocado.

 

La mentira de Trump quedó corroborada por el director del FBI, James Comey, quien dijo en una audiencia del congreso: “No tengo ninguna información que apoye esos tuits.” Traducción: el principal espía del país salió en televisión nacional a decir que su jefe estaba mal.

 

 

Es muy poco presidencial que Trump se levante en la Florida y se ponga a disparar mentiras contra un ex mandatario sin tener ninguna evidencia. Lo menos que le podemos pedir al líder de la principal superpotencia mundial es que corrobore lo que va a decir en Tweeter y respire unos segundos antes de apretar el botón de envío.

 

Estos son tiempos muy difíciles. El país está partido por la mitad. Millones no votaron por Trump y ven con preocupación sus mentiras y sus comentarios racistas.

 

No entiendo cómo un presidente que quiere aprobar un nuevo plan de salud, cambiar las leyes migratorias y que tiene a un nuevo nominado a la Corte Suprema de Justicia, se pone a distraer la atención del país con falsedades.

 

El principal problema es que nos estamos acostumbrando a las mentiras de Trump. Son tantas y tan seguidas que ya no sorprenden a nadie. Como cuando dijo que los musulmanes estaban celebrando en Nueva Jersey tras los actos terroristas del 9/11 o que el papá del Senador Ted Cruz se reunió con el asesino Lee Harvey Oswald. Absurdo todo.

 

Pero cuando un presidente miente frecuentemente puede haber graves consecuencias para el país. Hay casos que requieren de absoluta confianza en el líder de una nación. ¿Qué pasaría en caso de un ataque nuclear de Corea del Norte o que se decida iniciar una nueva guerra en Siria? ¿Y si hubiera otro ataque terrorista en Estados Unidos? ¿Podríamos confiar plenamente en el presidente?

 

Lo más triste de todo es ver a un presidente que miente y luego, cuando lo agarran en la trampa, insistir en su error. Parece que Trump vive en un mundo de fantasías creadas por él mismo. “Yo soy el presidente y tú no”, le dijo como si fuera un niño a la revista TIME en una entrevista.

 

Trump tiene tanta necesidad de que lo vean como un presidente legítimo que no se da cuenta que sus mentiras y deseos de grandeza solo lo hacen ver más pequeño y trivial.

 

 

Los contorsionistas del circo

Por Maribel Hastings

 

America’s Voice

El mejor acto, y el más vergonzoso en el circo presidencial de Donald J. Trump, es el de los contorsionistas.

 

Estos contorsionistas están por todas partes. Son sus más allegados asesores; su portavoz, Sean Spicer; los republicanos del Congreso, especialmente en la Cámara de Representantes donde algunos, incluso a nivel de liderazgo, aparte de contorsionistas, le hacen muy bien como muñecos del ventrílocuo Trump. Son además los voceros y “analistas” que recorren los programas de cable de 24 horas contorsionándose dolorosamente para justificar los excesos, exabruptos y tuits presidenciales. Y también algunos son “periodistas”, columnistas y presentadores conservadores.

 

Es sabido que la política es uno de los juegos más sórdidos. Pero hay grados de sordidez. Si el expresidente Barack Obama hubiera hecho una milésima de las cosas que ha dicho y hecho el actual mandatario, los republicanos ya lo habrían crucificado o pedido su destitución.

 

Pero en un juego donde los republicanos creen que al controlar las ramas Ejecutiva y Legislativa pueden avanzar su agenda, no les importan ni los excesos ni los conflictos de interés ni la posibilidad de que los lazos de Trump con Rusia vayan más allá de meros contactos inocentes.

 

Si fuera un presidente o una presidenta demócrata el implicado en los contactos con Rusia, los republicanos ya lo habrían quemado en la hoguera por traición.

 

Cuando hace pocos días Trump acusó a Obama de intervenir sus comunicaciones en la Torre Trump en medio de la campaña presidencial, el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, Devin Nunes, republicano de California, justificó a Trump diciendo que “el presidente es un neófito en la política…y me parece que muchas de las cosas que dice, ustedes a veces las toman literalmente”.

 

¿Qué tiene de lenguaje figurado acusar a Obama de intervenir sus comunicaciones y de comparar esta presunta acción con el Macarthismo o con Watergate?

 

La presidencia de Trump nos ha dado el concepto de “datos alternativos”. La asesora legal de Trump, Kellyanne Conway, empleó la frase para justificar las mentiras de Spicer cuando aseguró que la multitud que asistió a la ceremonia de juramentación de Trump fue la mayor que jamás se haya visto “y punto”.

 

Para Trump y sus contorsionistas las mentiras y las falsedades son “datos alternativos”. Por eso mentir se les hace tan fácil. Lo han hecho varias figuras cercanas a Trump en el Rusiagate: su exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y su Secretario de Justicia, Jeff Sessions.

 

 

 

 

Pero además de los “datos alternativos” ahora tenemos que convertirnos en expertos para descifrar cuándo Trump está hablando en sentido literal o cuándo en sentido figurado. Nada de lo que dice o hace Trump es en sentido figurado.

 

Trump no es un neófito ni un adolescente. Es un hombre de 70 años peligrosamente inestable e inseguro, rodeado de asesores aún más inestables, a quien no le importa proferir insultos ni mentir ni que su credibilidad esté por los suelos. Lo peor del caso es que ese personaje dirige a la nación más poderosa, ejerce control sobre armas nucleares y con un tuit puede iniciar una guerra si se lo propone.

 

En la Cámara Alta al menos los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham han pedido que se presenten pruebas de que Obama ordenó la intervención de las comunicaciones de Trump, acusación que el presidente lanzó sin pruebas; pero que, de ser cierto, echaría más sombra sobre su truculenta persona, pues supondría que hubo razones de peso para intervenir sus comunicaciones.

 

Pero si Trump es un irresponsable, más lo son sus habilitadores, los contorsionistas que todo le justifican y nada le cuestionan: sus cómplices.

 

De Moctezuma a Peña Nieto

Por Jorge Ramos

Hay lecciones que nunca se aprenden, aunque pasen casi 500 años. Bien le hubiera servido al presidente de México, Enrique Peña Nieto, haber leído la historia de Moctezuma antes de invitar a Donald Trump a su casa. Ahora ya es demasiado tarde.

 

Mientras releía el extraordinario libro La Visión De Los Vencidos, publicado por la UNAM, me pasó algo curioso. Cada vez que leía la palabra Moctezuma pensaba que Peña Nieto hubiera hecho lo mismo. Y cada vez que escuchaba a Hernán Cortés, me acordaba de Trump.

 

Cuando Moctezuma II se entera que los españoles han arribado a las costas de Veracruz, trató de asustarlos y les “envió todos cuantos pudo, los presagiadores, los magos (y) también envió guerreros, valientes, gente de mando”, según sus informantes le contaron al misionero franciscano Bernardino de Sahagún.

 

Eso no asustó a los españoles que ya tenían la intención de llegar hasta la gran Tenochtitlan. Moctezuma, entonces, les envió regalos: “banderas de oro, banderas de pluma de quetzal y collares de oro”. Pero en lugar de regresar a sus navíos, según narra el libro, los españoles “estaban deleitándose, levantaban el oro…como que se les renovaba y se les iluminaba el corazón”.

 

Moctezuma, que todavía creía que los españoles eran dioses, se equivocó; reavivó su curiosidad y deseo. Moctezuma, finalmente, se reúne por primera vez con Hernán Cortes un 8 de noviembre de 1519.

 

En ese encuentro, con traducción de la Malinche, Moctezuma le dice a Cortés: “Señor nuestro…Has arribado a tu ciudad: México. Aquí has venido a sentarte en tu trono.” El conquistador español solo le responde: “Tenga confianza Moctezuma, que nada tema. Nosotros mucho lo amamos.”

 

(Aquí el corazón me brincó. ¿Acaso Trump –quien ha insultado en innumerables ocasiones a los inmigrantes mexicanos- no ha dicho también que ama a México y a los mexicanos? Cortés y Trump usaron la misma estrategia con los líderes de México; los llenan de halagos y luego los atrapan.)

 

 

Moctezuma, demostrando poca inteligencia y dominio, se llevó a Cortés y a su comitiva a su casa, la Casa Real. El tlatoani había metido al enemigo en su propio hogar. Una vez ahí, los españoles tomaron control de la situación, pusieron a Moctezuma bajo vigilancia, se apoderaron de sus riquezas y, disparando un cañón, asustaron a la población.

 

(Este incidente me recuerda tanto cuando Peña Nieto invitó a Trump a la casa presidencial de Los Pinos en agosto del 2016. Ya dentro, Trump tomó absoluto control de la conferencia de prensa y escogió a los periodistas que iban a hacer las preguntas. El presidente Peña Nieto, sorprendido y asustado, no se atrevió a decirle en público que México no pagaría por el muro. Se convirtió en cautivo de su invitado.)

 

Los habitantes de Tenochtitlan, mucho más listos y perceptivos que su líder, se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y se le rebelaron a Moctezuma y a sus captores. Cortés, quien regresaba de un viaje, sacó a Moctezuma a un lugar alto para que le hablara y apaciguara a su pueblo. Pero ahí “le trataron mal, llamándole cobarde y enemigo de su patria.” Moctezuma, aparentemente, muere por una piedra. “Dicen que uno de los indios le tiró una pedrada de la cuál murió”, escribió Fernando de Alva Ixtlilxochitl, un historiador de la Nueva España que tuvo abuelos indígenas y españoles.

 

(En esta época la gente ya no expresa su descontento con sus líderes a pedradas sino que los destroza en Twitter, Facebook y en las encuestas.)

 

Perdónenme las licencias históricas que me estoy tomando. Entiendo que estamos hablando de dos períodos totalmente distintos. Pero son muy similares las actitudes serviles y débiles de Moctezuma y Peña Nieto ante una amenaza externa.

 

Lo menos que esperaban los mexicanos de sus líderes, en los siglos XVI y XXI, era un poco de dignidad ante las ofensas y amenazas del exterior. Toda resistencia siempre comienzan con una posición digna y con un rotundo NO. Pero Moctezuma y Peña Nieto nunca lo entendieron.

 

Claro que no podemos obligar a Peña Nieto a que lea algunos libros de historia de México. Pero ojalá alguien se los leyera y luego le pasara un breve resumen para no repetir los mismos errores cinco siglos después. Así él se hubiera ahorrado las críticas y los tuitazos…y México la vergüenza.

 

Por la boca muere el pez

America’s Voice

Mientras más expresa su peligrosa, extrema e imaginaria visión de Estados Unidos, Donald Trump se debilita más como presidente. Hace pocos días, dos jueces federales fallaron contra el segundo intento del gobierno de vetar a musulmanes y refugiados, alegando que las declaraciones públicas del candidato y luego presidente Trump y sus asesores dejan en claro la naturaleza anticonstitucional de su fanatismo religioso.

 

“El sistema estadounidense de equilibrio de poderes ha surtido efecto, una vez más, para evitar que Trump destruya completamente nuestro país”, dijo Lynn Tramonte, subdirectora de America’s Voice Education Fund. “Ni siquiera el largo historial de Trump de insultar y denigrar a las cortes se puede interponer en el funcionamiento de la separación de poderes de nuestra Constitución, tal como está diseñado.

 

“Ver a este presidente es atestiguar la increíble disminución de su presidencia. La retórica de Trump fue sometida –una vez más– por la realidad de nuestro sistema judicial, haciéndolo responsable de sus acciones y sus palabras. En lugar de mostrar liderazgo, sus comentarios en Nashville sólo sirvieron para exhibirlo como pequeño y débil. El narcisismo de Trump es el sello distintivo de su presidencia, y su comportamiento ante múltiples derrotas iniciales han transmitido su extrema debilidad como líder”.

 

Irónicamente, las propias declaraciones del presidente y sus asesores han socavado con creces sus perspectivas en la corte. The New York Times resumió: El juez Derrick K. Watson, juez federal en Hawaii,  “rechazó el argumento del gobierno de que una corte tendría que investigar la ‘velada psique’ del Sr. Trump para deducir su animosidad religiosa. Mencionó extensamente las observaciones de Trump que fueron citadas en la demanda interpuesta por el fiscal general de Hawaii, Doug Chin. ‘Por ejemplo, no hay nada velado acerca de este comunicado de prensa’, escribió el juez Watson, citando un documento de campaña de Trump titulado ‘Donald J. Trump está haciendo un llamado a un completo y total bloqueo a la entrada de musulmanes a Estados Unidos’”.

 

Asimismo, el fallo del juez federal de distrito Theodore D. Chuang, de la corte federal de Maryland, llegó a la misma conclusión al escribir: “El historial de declaraciones públicas continúa ofreciendo un caso convincente de que el objetivo de la Segunda Orden Ejecutiva sigue siendo la ejecución del veto a musulmanes prevista hace mucho tiempo”.

 

 

En reacción a los reveses judiciales, durante un mitin en Nashville, el presidente Trump debilitó otra vez su causa judicial al clamar contra el fallo y repitiendo sobre sus verdaderas intenciones: “Déjenme decirles algo. Creo que tenemos que regresar al primero y llegar hasta el final”, dijo, en referencia al potencial desafío en la Suprema Corte. Luego declaró: “El peligro es claro, la ley es clara, la necesidad de mi orden ejecutiva es clara” (de hecho, el peligro y la necesidad no están claros, según expertos en seguridad nacional e incluso el propio análisis del DHS, y la ley parece no estar claramente de su lado, Sr. Presidente, dado que corte tras corte fallan en su contra).

 

Los asesores de Trump también siguen enfatizando el verdadero fundamento de la prohibición y debilitando al mismo tiempo la posición legal del gobierno de Trump. Por ejemplo, el asesor de la Casa Blanca Stephen Miller dijo en febrero en relación con el veto revisado a los musulmanes: “Son diferencias menores y técnicas en su mayoría. Básicamente, se va a tener el mismo resultado para el país”.

 

Tramonte agregó: “Trump es un presidente débil e impopular que impulsa ideas radicales e impopulares, rodeado de un contingente de asesores extremistas y no aptos. Las pérdidas para el gobierno se están acumulando y por una muy buena razón”.

 

 

Por Jorge Ramos

Donald Trump se ha inventado tres cuentos para criminalizar, criticar y rechazar a los inmigrantes en Estados Unidos.

 

Pero esos cuentos están llenos de mentiras. El problema es que después de repetirlos tantas veces, muchos estadounidenses ya se los creyeron. Vamos a destruir, uno por uno, los tres cuentos y mentiras de Trump.

 

1) Primer cuento: Los inmigrantes indocumentados son criminales. Ese es el principal cuento de Trump. Cuando lanzó su campaña presidencial en junio del 2015, Trump acusó a los inmigrantes mexicanos de “traer drogas, traer el crimen y ser violadores”. Y en su primer discurso ante el Congreso, otra vez, describió a los inmigrantes como “miembros de pandillas, traficantes de drogas y criminales”. Todo eso es falso.

 

El 97 por ciento de los indocumentados es gente buena. ¿De dónde saqué esa cifra? De un estudio del Migration Policy Institute que asegura que menos del tres por ciento de los indocumentados han cometido un crimen serio (o felony en inglés). De hecho, los estadounidenses cometen el doble de crímenes graves -6 por ciento- que los indocumentados.

 

Un dato más. A más inmigrantes indocumentados, menos crimen. La población indocumentada se triplicó de 3.5 millones en 1990 a 11.2 millones en el 2013. Bueno, en ese mismo período los crímenes violentos en Estados Unidos bajaron 48 por ciento, según el FBI.

 

Trump insiste en presentar a los inmigrantes como “bad hombres”. Pero es una mentira. No le crean.

 

2) Segundo cuento: Los inmigrantes le cuestan mucho a Estados Unidos. Eso dice Trump pero es falso también. Esta es una simple cuestión de sumas y restas. Sí, efectivamente, los inmigrantes reciben algunos servicios sociales y educación pública gratuita para sus hijos hasta preparatoria (o highschool). Eso cuesta mucho. Pero los inmigrantes también aportan mucho.

 

Los inmigrantes pagan impuestos y crean trabajos. Además, la gran ironía es que los indocumentados contribuyen por ley a un fondo de retiro (social security) y a un programa médico (medicare) que nunca podrán usar debido a que no están legalmente en el país.

 

Al final de cuentas los inmigrantes contribuyen más de dos mil millones de dólares al año a la economía de Estados Unidos, según la Academia Nacional de Ciencias (o 54 mil millones de dólares en casi dos décadas).

 

 

Los tres cuentos de Donald

Trump culpa a los inmigrantes de ser una carga para el país. No es cierto. Contribuyen mucho más de lo que toman.

 

3) Tercer cuento: Los inmigrantes le quitan el trabajos a los estadounidenses. Trump ha querido culpar a los inmigrantes de los problemas económicos que sufren los trabajadores estadounidenses. Pero está equivocado. Los inmigrantes casi nunca compiten por los mismos trabajos que quieren o tienen los estadounidenses. Hacen, sobre todo, los trabajos que nadie más quiere hacer en la agricultura y en el sector de servicios. Reto a cualquier estadounidense a que tome el durísimo trabajo que hacen los indocumentados en los campos de cultivo de Florida o California, o en los restaurantes de Nueva York y Chicago, o en los hoteles de cualquier parte del país. Además, sus salarios suelen ser de los más bajos y tienen muy pocas protecciones laborales.

 

Los inmigrantes complementan el trabajo de los estadounidenses, no son una competencia directa para ellos. No, los inmigrantes no le están robando los trabajos a los estadounidenses. Al contrario, les ayudan.

 

Por años ha flotado la idea de que hay que convocar a un día sin inmigrantes. Nunca se ha concretado. Pero Estados Unidos se paralizaría.

 

Donald Trump, hay que reconocerlo, es una persona que miente mucho. Mintió durante años al decir que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos. Luego volvió a mentir al asegurar que hasta tres millones de indocumentados habían votado en la pasada elección (y que por eso perdió el voto popular). Y hace poco, sin tener ninguna prueba o evidencia, escribió en Twitter que el presidente Obama había ordenado que los espiaran durante la campaña presidencial.

 

Todo eso es falso. Y también lo son sus cuentos sobre los inmigrantes.

 

No señor Trump, los inmigrantes no son criminales, ni son una carga económica para Estados Unidos, ni le quitan los trabajos a los estadounidenses. Esos son puros cuentos. A ver quién se los cree.

 

 

Los hispanos también crean trabajos, son dueños de empresas y le aportan a la economía de Estados Unidos unos 2.000 millones de dólares al año.

 

El populismo, la enfermedad

de la democracia

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Todo sistema político tiene un límite de tolerancia, porque todos son diseñados para un propósito. Cuando algo funciona mal y se produce un exceso, se enferma y se descompone y la cura viene hacer un problema, porque los antídotos son caros y más que todo se los aplica ya tarde, lo cual puede traer la muerte de algo o alguien. Con esta breve introducción analógica quisiera comenzar este artículo, ya que nuestra América Latina es contagiada de un virus que ha causado mucho daño a su estructura institucional democrática y en toda la región, una basura mediática que hace de las regiones mediocres, pedigüeñas e intolerantes al cambio estratégico para el desarrollo. Se llama: “el populismo”.

 

Es un tema, cuyo estudio en ciencias sociales ha mostrado, mas no demostrado que son dos cosas distintas, creativas para la región. Este populismo concentra ideas ortodoxas camufladas con un socialismo totalitario, y crean fenómenos políticos desastrosos, es decir en lenguaje criollo: “la canción suena buena, pero si se escucha la letra es un desastre”…al buen entendedor pocas palabras.

 

Este fenómeno maligno llamado “Populismo” ha tenido influencia grande en los políticos de izquierda, especialmente, los de la “revolución ciudadana”, que más es ROBOLUCION han tratado de aplicar. Ese nicho ideológico es el semillero del populismo. No puede ser en otro lado ya que las diversas ideologías modernas de pensamiento de libre mercado no hacen un match con éste. Es el caso de distintos líderes latinoamericanos, como Manuel López Obrador en México, Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, Nicolás Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Ollanta Humala en Perú, Evo Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, etcétera,. Algunos de ellos, más no todos, han causado un daño tremendo en la región, haciendo de esta una sociedad que ha vivido en una nube rosada ideológica-social imposible de existir y fuera de la praxis política-económica.

 

Estos movimientos populistas de tendencia de izquierda, nacionalistas-populares, tienen un perfil y características definidas y éstas son: El autoritarismo, el nacionalismo, el colectivismo. Estas son fórmulas híbridas de la política que han enfermado la sociedad y la democracia en Latinoamérica. Esta característica es una nomenclatura política como fórmula de ésta, muy peligrosa y de consecuencias inimaginables…casos vistos y prácticos, Venezuela, Cuba, Ecuador.

 

El populismo causa un desfasamiento cultural-histórico, en la sociedad latinoamericana. Este virus intolerante de la democracia causa la muerte de ésta y convierte a sus “líderes en tontos útiles para el mal”.

 

El Populismo, desvirtuó totalmente a la doctrina política latinoamericana, que es la que hace la ideología y esta la funcionalidad de la política.

 

 

 

El populismo convierte al pueblo en populacho bárbaro, vulgar y mediocre, y a los políticos en mamarrachos de la política. Ejemplos: los cantos y bailes de Rafael Correa en Ecuador, de Alan García en Perú, los sueños del pajarito de Chávez en Nicolás Maduro…cosa más estúpida no pudo haber dicho este hombre (perdón la expresión). Se pegan baños populares de los cuales se les hace difícil sacarse el mal olor. Contagiados de esta corriente absurda, cometen los peores crímenes económicos, distorsionan el comportamiento que debe tener un estadista, que es un caballero de la política, los convierten en dictadores y patanes de la región latinoamericana, con un nacionalismo absurdo, mal guiado a las masas.

Para concluir, esta moda del populismo en los políticos del bajo mundo ha ido enfermando a la democracia, haciendo de ésta inservible y con tendencia a desaparecer. Abrir los ojos es importante y cuando vean un político que habla mucho con emociones desbordadas, es un futuro populista. Este no es nada más que un “perro que ladra y no muerde”, vacío de ideas buenas y lleno de ideas malas, practica la intolerancia y no la tolerancia y la paciencia. Son “caudillos” que causan enfermedades graves y que su costo para curarlas son demasiados caros para la sociedad. Antes de terminar me gustaría aumentar que dentro del perfil de un populista o caudillo, hay varios puntos:

Sufren de verborrea aguda

Su mentalidad es muy constipada…..o sea estreñida pues!

Su comportamiento es peor que la de un perro callejero, llenos de riñas y peleas de populacho

Insatisfechos al máximo y expertos en hacerles las víctimas, buscando enemigos mediáticos para echarles la culpa de sus fracasos.

Expertos lavadores de cerebros al pueblo ignorante, diciéndoles la misma mentira siempre, hasta convencerles.

Hasta la próxima edición!

 

 

La prensa no es el enemigo

Por Jorge Ramos

 No soy enemigo de Donald Trump. Pero tampoco quiero ser su amigo. Les cuento por qué.Soy un inmigrante y soy un periodista. Esas dos cosas me definen y marcan mi trabajo. Por eso, cuando Trump lanzó su campaña presidencial en junio del 2015 y le llamó criminales y violadores a los inmigrantes mexicanos, yo sabía que él estaba equivocado y había que denunciarlo.

 

Trump criminalizó a los inmigrantes durante la campaña y lo sigue haciendo en la Casa Blanca. Si uno escucha sus discursos -como el que dio al congreso la semana pasada- uno pudiera creer que todos los inmigrantes son “miembros de pandillas, narcotraficantes o criminales”. Esas palabras usó.

 

Pero eso es falso. De hecho, los estadounidenses cometen, en promedio, más crímenes que los inmigrantes y terminan con más frecuencia en la cárcel, según un estudio del American Immigration Council. Hay muchos más good hombres que “bad hombres” entre los inmigrantes de Estados Unidos.

 

También es mentira que los inmigrantes le quiten los trabajos a los estadounidenses y que sean una carga para la economía de Estados Unidos, como lo sugiere Trump. Los inmigrantes aportan mucho más de lo que toman en servicios públicos; unos 54 mil millones de dólares de ganancia neta desde 1994 al 2013 de acuerdo con la Academia Nacional de las Ciencias.

 

Trump, que tanto se queja de las noticias falsas, es el rey del fake news por sus frecuentes mentiras sobre los indocumentados. Ante las falsedades que dice Trump ¿qué debemos hacer como reporteros?

 

Primero, estamos obligados a informar sobre la realidad como es, no como quisiéramos que fuera. Pero nuestro trabajo debe ir mucho más allá de la simple recolección de datos. No somos grabadoras. (Bueno, ya nadie usa grabadoras. Me rehúso, entonces, a ser un celular que simplemente graba lo que otros dicen.)

 

Nuestra principal función social como periodistas es cuestionar a los que tienen el poder. Y cuando alguien como Trump hace comentarios racistas y antiinmigrantes es preciso tomar una postura y denunciarlo.

 

 

Pero es imposible denunciar a políticos como Trump si estamos metidos en la cama con ellos. Tiene que haber una clara distancia entre el periodista y el político. Trump aparentemente cree que solo los periodistas que simpatizan con él o que son sus amiguitos pueden cubrir con imparcialidad su presidencia. Se vuelve a equivocar. Los periodistas independientes nunca quieren ser amigos de los presidentes.

 

Hay una palabra que define perfectamente nuestra función periodística: contrapoder. Debemos siempre estar del otro lado del poder, independientemente de si un Demócrata o un Republicano está en la Casa Blanca.

 

El principal estratega de Trump, Steve Bannon, dijo hace poco que la prensa es “el partido de oposición”. Y Trump fue aún más lejos cuando dijo en un tuit que los medios de comunicación “no eran enemigos de él sino del pueblo estadounidense.” Trump tiene la piel muy delgada y no le gusta que lo critiquen. Pero no entiende que la labor de la prensa es, precisamente, hacerlo responsable de sus palabras y acciones. Debido a sus comentarios racistas, sexistas, xenófobos y en contra de los musulmanes, mucha gente no respeta a Trump. Trump es, por lo tanto, un presidente que busca desesperadamente validación y respeto. El respeto se gana no lo da ningún puesto.

 

Si Trump ataca a la prensa y a la primera enmienda de la constitución, no me importa que me vea como su enemigo. (Yo, mientras tanto, seguiré defendiendo la libertad de prensa.) Si Trump ataca el sistema democrático y a los jueces, me tiene sin cuidado si cree que soy el enemigo. (Es falso que tres millones de indocumentados hayan votado en la pasada elección , como dijo el ahora presidente.) Y si Trump insiste en culpar falsamente a los inmigrantes y a los extranjeros de los principales problemas económicos y de seguridad nacional, me vale si me identifica como el enemigo. Ese es su problema. Yo solo estoy haciendo mi trabajo.

 

No señor Trump, no soy enemigo de usted ni de su gobierno. Pero, la verdad, tampoco quiero ser su amigo.

¿Una reforma con Trump?: ver para creer

Por Maribel Hastings

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

 

Mientras desata a su Fuerza de Deportación a través del país y además de delincuentes se lleva por delante a indocumentados sin historial delictivo, el presidente Donald J. Trump asegura que este es el momento correcto para avanzar una reforma migratoria si republicanos y demócratas se ponen de acuerdo.

 

En su primera alocución ante una sesión conjunta del Congreso, Trump declaró: “Creo que una reforma migratoria positiva y real es posible”. Y también favoreció un sistema migratorio basado en méritos y no en vínculos familiares.

 

Pero horas antes Trump le dijo a corresponsales y presentadores de las principales cadenas del país que estaría abierto a una reforma migratoria que regularice a los indocumentados sin historial delictivo sin concederles una vía a la ciudadanía. Para aspirar a ello, tendrían que retornar a sus países de origen.

 

También habría dicho que los DREAMers podrían ser el único grupo de indocumentados que obtendrían una vía a la ciudadanía y que por ahora no piensa tocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) que los ampara de la deportación y les concede permisos de trabajo.

 

Pero lo que dice y lo que hace no coinciden. Su Departamento de Seguridad Interna (DHS) giró dos memorandos migratorios que deshacen la priorización de detenciones y deportaciones que aplicó el gobierno de Barack Obama en los pasados años declarando, para efectos prácticos, “temporada de cacería” de indocumentados; porque cualquiera, así no haya sido acusado o condenado de delito alguno, puede convertirse en prioridad de deportación.

 

Es decir, no todos los detenidos y removidos son delincuentes, pandilleros, narcotraficantes o asesinos, como argumenta Trump. La pregunta obligada es por qué Trump, “Mr. Deportation Force”, dice ahora estar abierto a una reforma migratoria, aunque sea sin vía a la ciudadanía.

 

¿Se lo permitirán sus etnocentristas asesores Stephen Bannon y Stephen Miller? ¿Su Secretario de Justicia y acérrimo opositor de la reforma migratoria, Jeff Sessions? ¿Sus aliados de extrema derecha en el Congreso que quieren deportar a los 11 millones y confían en que Trump sí lo hará? ¿Sus porristas del los sindicatos de Patrulleros Fronterizos y agentes de ICE que aseguran que Trump los ha “liberado” de sus cadenas y que ahora pueden decidir quién constituye una prioridad de deportación? Pero sobre todo, ¿qué dirá su base más fiel y prejuiciosa?

 

En el 2013 el Senado aprobó un plan de reforma migratoria amplia con una tortuosa y larga vía a la ciudadanía que murió en la Cámara Baja porque los republicanos se negaron a debatirla o a presentar su propia versión.

 

Los republicanos combatieron con uñas y dientes DACA 2012 y las acciones ejecutivas de Obama en 2014 para ampliar DACA y conceder DAPA, la Acción Diferida para los Padres de Ciudadanos y Residentes Permanentes.

 

¿Cómo reaccionarán los republicanos del Congreso, si realmente Trump quiere impulsar alguna versión de reforma migratoria?

 

Lo único claro es que lo que diga este presidente hay que tomarlo con pinzas y con una fuerte dosis de escepticismo, porque su retórica antiinmigrante de campaña se hizo realidad con sus políticas públicas. Podrá cambiar el tono, pero la sustancia es la misma. Se le ve la costura.

 

Cuando de reforma migratoria se trata, así sea sin vía a la ciudadanía, si viene de Trump yo soy como Santo Tomás: ver para creer.

 

Por Jorge Ramos

CIUDAD DE MEXICO. El comediante estadounidense, Conan O’Brian se burla de las celebridades que tratan de salvar al mundo. “No me gustan”, me dijo en una entrevista, “lo veo muy sospechoso”. Pero irónicamente, en esta época de Trump, Conan se ha convertido (sin quererlo) en el mejor embajador de Estados Unidos en México.

 

Los mexicanos tienen una pésima imagen de Donald Trump. El 86 por ciento de los mexicanos tiene una opinión “desfavorable” del actual presidente estadounidense, de acuerdo con una encuesta realizada en enero por el diario Reforma. Y se nota.

 

Hay piñatas con la forma de Trump (listas para ser golpeadas), memes con pelo de elote en las redes sociales y las pláticas de los mexicanos están salpicadas con ingeniosos juegos de palabras que incluyen trompadas, trompetazos y trompudos.

 

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que la relación entre Estados Unidos y México es “fenomenal”. Pero eso es falso. Además del rechazo generalizado de los mexicanos a Trump en las encuestas, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se opone al muro en la frontera (y a pagar por él), a la deportación masiva de mexicanos y a la terminación del Tratado de Libre Comercio.

 

No hay nada fenomenal en esto. Es el peor momento de la relación entre ambos países desde la invasión estadounidense a Veracruz en 1914. También reaviva los resentimientos creados por la guerra de 1846-48 en que México perdió la mitad de su territorio. ¿Y qué debe hacer un buen comediante ante un evento de esta magnitud? Tirarse un clavado en el tema. No evitarlo.

 

Por eso Conan se fue a México a grabar un programa especial para la cadena TBS. Antes ya había viajado a Cuba -cuando se abrieron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos- y también estuvo en Corea del Sur, Qatar y Armenia. Me lo encontré frente al Angel de la Independencia, comimos papitas con salsa Valentina y luego nos echamos unos tacos al pastor con un par de chelas. Conan insistió en ponerle la salsa más picosa (de chile habanero) a los tacos…y yo lo dejé.

 

Pero, más que de tacos, había que hablar de Trump. “Lo más triste que he encontrado aquí”, me dijo con los ojos llorosos, la boca encendida por la salsa picante y un tupido copete pelirrojo, “es que los mexicanos creen que las palabras de Trump reflejan el sentimiento de los estadounidenses hacia México y eso no es cierto”.

 

 

 

Trump dijo el 16 de junio del 2015, cuando lanzó su campaña presidencial, que los inmigrantes mexicanos eran criminales, narcotraficantes y violadores. Pero Trump no habla por todos los 324 millones de estadounidenses.

 

“Este concepto de que los estadounidenses tienen una opinión negativa de los mexicanos, no es cierto”, me aclaró Conan. “Yo vivo en Los Angeles y los mexicanos son parte de nuestra vida. Trabajan increíblemente duro, son chistosos, son magníficos y aportan muchísimo a nuestra cultura. Ellos son la cultura de California”.

 

Dejé a Conan en la ciudad de México y me fui a la hermosísima población de San Miguel de Allende para participar en un evento de la organización PEN (dedicada a la defensa de la libertad de expresión). Durante el invierno, San Miguel está repleto de expatriados estadounidenses y canadienses, y el espanglish se cuela por todos los rincones de la bien llamada Plaza de la Conspiración, en el centro del pueblo. Y el evento -sobre periodismo en la era de Trump- demostró una extraordinaria solidaridad e integración entre los asistentes mexicanos y estadounidenses. Trump separa, pero la gente une.

 

Mi conclusión, después de entrevistar a Conan y de pasar tres maravillosos días en San Miguel de Allende, es que Trump afortunadamente no refleja a todo Estados Unidos. Sus ofensas, sus amenazas y sus maniobras del bully pueden tener graves consecuencias en la relación bilateral, sobre todo separando familias. Nos esperan cuatro años muy difíciles. Pero por cada grosería presidencial hay varios gestos de resistencia.

 

Dudo que Trump se vaya a reír con el programa de TV de Conan desde México. Lo más preocupante de la personalidad de Trump es su incapacidad para reírse. Nunca le he escuchado una carcajada. Por eso, en esta época de sombras y peleas, siempre es bienvenido un chiste de Conan. Para los mexicanos, él es el anti-Trump.

 

 

Por Jorge Ramos

Donald Trump asusta a los niños. No estoy exagerando ni siendo amarillista. Me he pasado la semana oyendo a niños decir que tienen miedo de que el nuevo presidente deporte a sus padres de Estados Unidos. Eso puede aterrar a cualquiera.

 

No hay mayor miedo que el de ser separado de tus padres por la fuerza. Todos tenemos historias de horror cuando éramos niños y, de pronto, nos perdimos en el supermercado o nos alejamos de nuestros padres en un lugar público. Bueno, desafortunadamente, muchas de esas historias se están escribiendo ahora mismo en Estados Unidos, cortesía de Donald Trump.

 

Dos ejemplos. “Nadie debe sufrir el dolor de ver cómo se llevan a tu madre”, dijo en una conferencia de prensa en Phoenix, Arizona, Jacqueline García, de solo 14 años de edad y nacida en Estados Unidos. “Nadie debe ser obligada a empacar la maleta de tu mamá”.

 

Agentes de inmigración arrestaron y deportaron a la mamá de Jacqueline, Guadalupe García, la semana pasada. Guadalupe llevaba 22 años viviendo como indocumentada en Estados Unidos. Una vez fue acusada de usar un número falso del seguro social y esa fue una de las razones de su expulsión. Durante el gobierno de Barack Obama -que deportó a más de dos millones y medio de indocumentados- Guadalupe nunca fue una prioridad de deportación. Con Trump sí.

 

Jersey Vargas tiene miedo que le pase lo mismo que a Jacqueline. Jersey tiene 14 años de edad y nació en Estados Unidos. Pero su papá, Mario Vargas, es indocumentado, una vez fue acusado de manejar en estado de ebriedad y ahora corre el peligro de ser deportado. Mario está peleando su caso en una corte. Pero si lo deportan, Jacqueline y sus cinco hermanos se quedarían sin uno de sus padres.

 

¿Qué le dirías al presidente Trump? le pregunté a Jersey en una entrevista. Esta fue su respuesta: “Yo creo que su corazón de roca se puede ablandar… A Donald Trump yo le diría: por favor, señor, entiende que nosotros hemos sufrido. Somos humanos y tú también. Espero que nos puedas entender y ayudar a las familias que traen miedo y temor hoy.”

 

 

Miedo

No sé si Trump está escuchando a niñas como Jersey y Jacqueline. Vivo en un país donde los niños tienen que defender legalmente a sus padres (y no al revés).

 

Hace pocos días, el gobierno de Trump arrestó a 680 indocumentados. Según el Departamento de Seguridad Interna, el 75 por ciento de ellos eran “criminales”. Pero este nuevo gobierno le pone la etiqueta de “criminal” a cualquiera.

 

Esos arrestos y redadas han generado un enorme miedo en la comunidad latina. En Estados Unidos hay cuatro millones y medio de niños que tienen al menos una madre o un padre indocumentado. Imagínense cómo durmieron anoche esos niños.

 

Hoy Trump es el principal destructor de familias en Estados Unidos. La culpa del miedo no es de los periodistas que reportamos sobre las redadas sino del gobierno en Washington que las ordena.

 

Una lectora, a la que prefiero no identificar, me envió un correo electrónico que decía lo siguiente: “Tengo dos hijos en este país hermoso. Tenemos 11 años viviendo (aquí) y nunca habíamos tenido miedo. Pero ahora sí… Me gustaría quedarme en este país porque nosotros queremos que nuestros hijos estudien y salgan adelante… Mi hijo quiere ser científico…Les estamos enseñando que deben respetar a las autoridades, aunque algunos sean malos. Muchas gracias por su atención. Solo quería compartir un poco lo que sentimos”.

 

No sé si el “corazón de roca” de Trump, como me lo describió Jersey, se va a ablandar con testimonios como el anterior. Todas las veces que creímos que Trump se estaba suavizando o normalizando, nos equivocamos. Y no veo cómo va a cambiar su promesa migratoria de deportar a millones.

 

Pero lo que más me sorprende es la confianza de los padres indocumentados y de sus hijos de que Estados Unidos, tarde o temprano, va a hacer lo correcto y los va a proteger. En otras palabras, que el esfuerzo de Trump de deportar a millones va a fracasar.

 

Quizás tengan razón. Esta no es la primera vez en la historia de Estados Unidos en que se ataca ferozmente a los inmigrantes. Y, al final de cuentas, el futuro de Estados Unidos es de Jersey y de Jacqueline, no de Trump. El primer paso siempre, como me enseñaron los Dreamers, es superar el miedo.

 

 

Por Maribel Hastings

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

En medio de la batalla entre la administración de Donald J. Trump y los tribunales en torno a su veto migratorio a ciudadanos de siete países predominantemente musulmanes, se incrementaron reportes sobre la detención y deportación de indocumentados a través del país por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

 

La red de comunicaciones que siempre ha existido entre la comunidad indocumentada y quienes la apoyan se activó automáticamente, y más en estos tiempos de predominio de las redes sociales, con advertencias sobre la presencia de agentes en centros de trabajo, negocios y hogares e incluso de retenes en algunas zonas del país.

 

Las autoridades migratorias niegan que se trate de “redadas” en el sentido tradicional de la palabra, sino de la detención de personas con previas órdenes de deportación y con historial delictivo. Después de todo, argumentan, lo mismo ocurría durante el gobierno de Barack Obama que rompió récord de deportaciones, particularmente en 2012 cuando rebasó por mucho las 400,000 remociones.

 

Pero la comunidad indocumentada y sus aliados saben más que eso. La diferencia estriba en que tras la dura presión de los grupos pro inmigrantes, especialmente a nivel comunitario, la administración Obama priorizó las deportaciones para tratar de centrarse en verdaderos criminales y amenazas a la seguridad nacional y pública y no en madres y padres detenidos por tener un foco de frenos descompuesto o por haber utilizado un documento de identidad falso, no para robar sino para poder trabajar como han hecho millones de personas de prácticamente todas las nacionalidades antes que ellos.

 

Pero con su orden migratoria del 25 de enero, tanto en la frontera como al interior del país, Trump desechó de un plumazo la priorización que se consiguió a pulso durante la administración Obama, declarando “temporada de cacería” de indocumentados.

 

Ciertamente, entre la comunidad inmigrante puede haber elementos criminales, como los hay entre todos los sectores de nuestra población. Nadie defiende lo indefendible. Pero la marcada diferencia es que en esta era de Trump y con base en los lineamientos de la orden ejecutiva migratoria del 25 de enero cualquier indocumentado puede ser considerado “criminal” y prioridad de deportación, aunque no haya sido acusado ni condenado de ningún delito.

Deportaciones a la carta

El decreto del 25 de enero amplía el concepto de lo que podría considerarse un delincuente y esto incluye, según la orden, a quienes “hayan cometido actos que constituyan una ofensa criminal por la que puedan ser acusados”, aunque la persona nunca haya sido acusada ni condenada.

 

A esto se suma que Trump quiere agregar 10.000 agentes migratorios al interior del país y resucitar programas de colaboración entre las autoridades migratorias federales y policías locales y estatales, Comunidades Seguras y 287g, los mismos programas que resultaron en un repunte en las deportaciones durante el gobierno de Obama.

 

También se reporta que al acudir a detener indocumentados con órdenes de deportación o acusados de delitos mayores, si ICE se topa con indocumentados que no han sido acusados ni condenados por nada, también se los llevan. Para ICE y para Trump son todos delincuentes. Son daño colateral.

 

ICE asegura que nada ha cambiado, pero no engañan a nadie. La Fuerza de Deportación de Trump se hace presente.

 

El gran majadero

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Hoy por hoy se ve mucha diferencia entre ser un gobernante estadista, y uno dictatorial. La diferencia es que el estadista, aparte de ser práctico, ejecutivo, empresarial y otras virtudes, usa la racionalidad, la diplomacia, el carisma, y el don de gentes para gobernar. Es hábil negociador y usa estrategias incluyentes y no excluyentes. Pero quedan pocos de esa escuela.

 

En cambio al dictatorial le fascina pegar el martillazo en la mesa, imponer su pensamiento y no tiene la tolerancia para resistir opiniones en su contra, por eso tiene un comportamiento tipo “brutus” en el poder, una neo-escuela política de gente nada racional. De éstos han nacido muchos, desafortunadamente.

 

Con esta introducción, me gustaría hacer un comparativo-analítico, sobre  las nuevas tendencias que se están presentando aquí en los Estados Unidos, país de la democracia, y en algunos países de América Latina.  La situación se está poniendo intolerante  debido a la falta de tolerancia a la oposición política, parte esencial de la democracia.

 

Una de las señales claras del autoritarismo  es la incapacidad de “negociar” con el Congreso, y y las instituciones del país. El uso extremo de las órdenes ejecutivas en los Estados Unidos o “decretos” en América Latina, es cuando un gobernante no tiene la habilidad de negociar, ni la tolerancia de escuchar a otros.  Es decir le gusta más mandar, que gobernar, ordenar antes que dialogar.

 

Es muy fácil echar mano a ese importante recurso, en vez de demostrar la habilidad de ser un estadista.  Demuestra un sesgo autoritario de un mandatario.  Ta vez es una manera de  demostrar una “crisis de gestión”. Donald Trump está haciendo eso sin freno alguno. Pero en la región latinoamericana, no se salva el autoritarismo de la revolución del siglo XXI que sí está dejando ejemplos perfectos en la historia de lo que es la intolerancia política y de ajeno pensamiento y pone ejecutores de este tipo de perfil que con sus hechos dejan plasmado su mal ejemplo.

 

Pienso y creo que si vivimos en una democracia, ésta debe estar lista a repeler este tipo de acciones equivocadas que terminen de destruir y erosionar las instituciones de un país, que a la final estas son la que pueden mantener con vida política y democrática sana a cualquiera sea en Estados Unidos o en América Latina. Por lo general los pueblos, tienden a equivocarse con la elección de la radicalidad;  ejemplos hemos tenido, tales como: Hitler en Alemania con políticas sanguinarias hacia otro forma de pensamiento, Donald Trump, ahora, con órdenes ejecutivas de reformas de migración, con las construcción de gasoductos, la ayuda social, etc,etc.

 

No se ha visto aún una acción reconciliadora e incluyente a los demás sectores políticos e industriales del país, que por fuerza un mandatario americano debería hacerlo para demostrar su liderazgo y no solo su fuerza imponente. Para los que no tienen un perfil estadista, negociar es un signo de debilidad y de entrega,

 

En América Latina, se ha llenado de demagogos, dictadores, populistas, con tendencia dizque bolivariana y éstos sí han abusado del poder con decretos y la mayoría de estos injustos; vemos el caso de Nicolás Maduro en Venezuela, un incompetente de la política y de TODO pues hablar mucho de él sería perder el tiempo. Sus hechos hablan solitos. Vemos el caso de Rafael Correa, que en un comienzo dio dotes y comportamiento de un estadista, pero sus acciones y perfil le dio vuelta a la tortilla y ha demostrado con hechos lo contrario, haciendo persecuciones políticas injustas, abanderándose con la famosa Revolución Ciudadana, y diciendo

 

 

“avanzamos patria”, tratando a las Fuerzas Armadas, en especial a la Marina de manera despectiva, usando ex guerrilleros de Alfaro Vive Carajo (uUna vergüenza en la historia del Ecuador) como miembros en comisiones y políticas para destruir las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, poniéndolas al mando de un ex guerrillero sandinista como Ricardo Patiño…..¿Se imaginan ustedes eso? ¿Como Ministro de Defensa? ¡Qué ridículo!. Aparte de que Correa tiene problemas en conducirse con equilibrio, tiene algunos nudos en el alma, que lo hacen más dictador., por el autoritarismo, odio y rencor hacia él mismo y sus opositores políticos consecuentemente usa más los decretos innecesariamente.

 

Encontrar a un estadista es difícil, ejemplos como: Álvaro Uribe,  Juan Manuel Santos (Colombia), Ricardo Lagos (Chile), Mauricio Macri (Argentina), Alan García (Perú) , la mayoría en Sudamérica, muy pocos en Centroamérica, como el caso de Costa Rica, con quien fuera presidente Oscar Arias, el actual Presidente  de Panamá Juan Carlos Varela y en el Caribe, República Dominicana como Leonel Fernández. Pocos de esa escuela que hacían del perfil de un gobernante un maestro  en el Political Managemet.

 

Para concluir es un tema de mucha intensidad, pienso de manera sencilla que al asunto no hay que darle tanta ciencia. Gobernar por decretos ú órdenes ejecutivas, no es el camino para alcanzar consensos que duren y se proyecten con el tiempo que logran con más bien

sobreponer la fuerza antes que la razón.  Cuando se escribe se escribe con sangre, con buena intención, con pasión, mas no con agua tibia. Hasta la próxima edición ¡

 

 

 

Optimista, a pesar de todo

Por Jorge Ramos

‘“¿Cómo estás?” me preguntan, como si hubiera tenido una muerte en la familia o me hubiera golpeado una enfermedad fulminante. Entiendo y agradezco la pregunta. Con Donald Trump se están materializando, una por una, sus propuestas contra los inmigrantes…y no lleva ni siquiera un mes en la Casa Blanca.

 

Hay mucho miedo entre las familias de inmigrantes Latinos en Estados Unidos. Hace poco, en el Noticiero Univision, presentamos un reportaje de cómo algunos padres indocumentados están haciendo planes de emergencia con sus hijos en caso que los deporten. En Phoenix deportaron a Guadalupe García luego de vivir indocumentada 22 años en este país. Otros van a seguir.

 

El temor se basa en dos acciones ejecutivas tomadas por Trump: una para construir un absurdo muro en la frontera con México y otra para evitar temporalmente la entrada de refugiados y personas de siete países. Ahí, en letra chiquita, está el diablo.

 

Las propuestas anti-migratorias de Trump cambian también las prioridades de deportación. El diario Los Angeles Times calculó que ahora ocho de los 11 millones de indocumentados corren peligro de ser expulsados de Estados Unidos, no únicamente los que hayan cometido algún crimen. Eso le quita el sueño a cualquiera.

 

A pesar de todo, estoy optimista. Les cuento por qué. Apenas unas horas después de que Trump tomara posesión, vi a cientos de miles de personas en Washington protestar en contra de quien había llamado “perro” y “cerdo” a varias mujeres, y “criminales” y “violadores” a inmigrantes. Por primera vez oigo a padres de familia decirle a sus hijos: no quiero que seas como el presidente.

 

La ausencia de decenas de congresistas a la ceremonia de toma de posesión es una simbólica pero importante decisión. Hay veces en que solo basta decir no.

 

La prensa ha entendido bien que su función es ser contrapoder. Cada mentira de Trump -como la del supuesto voto de tres millones de indocumentados o que los asesinatos están en su peor nivel en 47 años- ha sido refutada con datos y con firmeza. Esta actitud de muchos periodistas contrasta con la suavidad y tolerancia que Trump disfrutó durante la campaña presidencial. Tarde pero, al menos ahora, Trump sabe que no puede mentir con total impunidad.

 

 

 

Decenas de empresas de alta tecnología han apoyado la demanda del estado de Washington en contra de la decisión del gobierno de Trump de prohibir temporalmente la entrada a refugiados e inmigrantes con visa. Howard Schultz, el CEO de Starbucks, fue de los más claros. “No nos quedaremos parados ni callados”, dijo Shultz en un comunicado. “Hay más de 65 millones de personas reconocidas como refugiados por Naciones Unidas, y estamos desarrollando planes para contratar a 10 mil de ellos en los próximos cinco años en los 75 países alrededor del mundo donde Starbucks tiene negocios.”

 

La oposición a Trump va más allá de Estados Unidos. El presidente de México, Enrique Peña Nieto, sigue con su política de apaciguamiento y acercamiento con Trump. Lo han golpeado y pone la otra mejilla. Los bullies se alimentan de la debilidad de los otros. Pero miles de mexicanos en las redes sociales y en protestas en las calles han tomado un rumbo distinto, más digno, inteligente y práctico. El primer paso es decir NO.

 

Lo mismo ocurrió en Gran Bretaña. El líder de la Cámara de los Comunes, John Bercow, se niega a que Trump hable ante el parlamento británico este año. ¿Por qué? Por su “oposición al racismo y al sexismo” de Trump. La decisión será tomada más adelante pero Bercow ya marcó su raya.

 

Baso mi optimismo en todos estos ejemplos. Todo cambio comienza con un gran NO. Trump no es el rey. Contrario a lo que ocurrió con Hugo Chávez en Venezuela, Trump no puede apropiarse del congreso, la corte suprema de justicia, el ejército, medios de comunicación y cambiar la constitución para eternizarse en el poder. Doscientos cuarenta años de democracia sirven para algo.

 

La resistencia a Trump se está formando. Pero lo primero es marcar una distancia con el nuevo presidente estadounidense y decir en qué no estamos de acuerdo. Sí, Trump es el nuevo presidente de Estados Unidos pero no tiene el respeto de millones. Esa es su principal debilidad. Y ahí empieza mi optimismo.

 

“avanzamos patria”, tratando a las Fuerzas Armadas, en especial a la Marina de manera despectiva, usando ex guerrilleros de Alfaro Vive Carajo (uUna vergüenza en la historia del Ecuador) como miembros en comisiones y políticas para destruir las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, poniéndolas al mando de un ex guerrillero sandinista como Ricardo Patiño…..¿Se imaginan ustedes eso? ¿Como Ministro de Defensa? ¡Qué ridículo!. Aparte de que Correa tiene problemas en conducirse con equilibrio, tiene algunos nudos en el alma, que lo hacen más dictador., por el autoritarismo, odio y rencor hacia él mismo y sus opositores políticos consecuentemente usa más los decretos innecesariamente.

 

Encontrar a un estadista es difícil, ejemplos como: Álvaro Uribe,  Juan Manuel Santos (Colombia), Ricardo Lagos (Chile), Mauricio Macri (Argentina), Alan García (Perú) , la mayoría en Sudamérica, muy pocos en Centroamérica, como el caso de Costa Rica, con quien fuera presidente Oscar Arias, el actual Presidente  de Panamá Juan Carlos Varela y en el Caribe, República Dominicana como Leonel Fernández. Pocos de esa escuela que hacían del perfil de un gobernante un maestro  en el Political Managemet.

 

Para concluir es un tema de mucha intensidad, pienso de manera sencilla que al asunto no hay que darle tanta ciencia. Gobernar por decretos ú órdenes ejecutivas, no es el camino para alcanzar consensos que duren y se proyecten con el tiempo que logran con más bien

sobreponer la fuerza antes que la razón.  Cuando se escribe se escribe con sangre, con buena intención, con pasión, mas no con agua tibia. Hasta la próxima edición ¡

 

 

 

Los decretazos ú órdenes ejecutivas, son una herramienta para gobernar?

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Hoy por hoy se ve mucha diferencia entre ser un gobernante estadista, y uno dictatorial. La diferencia es que el estadista, aparte de ser práctico, ejecutivo, empresarial y otras virtudes, usa la racionalidad, la diplomacia, el carisma, y el don de gentes para gobernar. Es hábil negociador y usa estrategias incluyentes y no excluyentes. Pero quedan pocos de esa escuela.

 

En cambio al dictatorial le fascina pegar el martillazo en la mesa, imponer su pensamiento y no tiene la tolerancia para resistir opiniones en su contra, por eso tiene un comportamiento tipo “brutus” en el poder, una neo-escuela política de gente nada racional. De éstos han nacido muchos, desafortunadamente.

 

Con esta introducción, me gustaría hacer un comparativo-analítico, sobre  las nuevas tendencias que se están presentando aquí en los Estados Unidos, país de la democracia, y en algunos países de América Latina.  La situación se está poniendo intolerante  debido a la falta de tolerancia a la oposición política, parte esencial de la democracia.

 

Una de las señales claras del autoritarismo  es la incapacidad de “negociar” con el Congreso, y y las instituciones del país. El uso extremo de las órdenes ejecutivas en los Estados Unidos o “decretos” en América Latina, es cuando un gobernante no tiene la habilidad de negociar, ni la tolerancia de escuchar a otros.  Es decir le gusta más mandar, que gobernar, ordenar antes que dialogar.

 

Es muy fácil echar mano a ese importante recurso, en vez de demostrar la habilidad de ser un estadista.  Demuestra un sesgo autoritario de un mandatario.  Ta vez es una manera de  demostrar una “crisis de gestión”. Donald Trump está haciendo eso sin freno alguno. Pero en la región latinoamericana, no se salva el autoritarismo de la revolución del siglo XXI que sí está dejando ejemplos perfectos en la historia de lo que es la intolerancia política y de ajeno pensamiento y pone ejecutores de este tipo de perfil que con sus hechos dejan plasmado su mal ejemplo.

 

Pienso y creo que si vivimos en una democracia, ésta debe estar lista a repeler este tipo de acciones equivocadas que terminen de destruir y erosionar las instituciones de un país, que a la final estas son la que pueden mantener con vida política y democrática sana a cualquiera sea en Estados Unidos o en América Latina. Por lo general los pueblos, tienden a equivocarse con la elección de la radicalidad;  ejemplos hemos tenido, tales como: Hitler en Alemania con políticas sanguinarias hacia otro forma de pensamiento, Donald Trump, ahora, con órdenes ejecutivas de reformas de migración, con las construcción de gasoductos, la ayuda social, etc,etc.

 

No se ha visto aún una acción reconciliadora e incluyente a los demás sectores políticos e industriales del país, que por fuerza un mandatario americano debería hacerlo para demostrar su liderazgo y no solo su fuerza imponente. Para los que no tienen un perfil estadista, negociar es un signo de debilidad y de entrega,

 

En América Latina, se ha llenado de demagogos, dictadores, populistas, con tendencia dizque bolivariana y éstos sí han abusado del poder con decretos y la mayoría de estos injustos; vemos el caso de Nicolás Maduro en Venezuela, un incompetente de la política y de TODO pues hablar mucho de él sería perder el tiempo. Sus hechos hablan solitos. Vemos el caso de Rafael Correa, que en un comienzo dio dotes y comportamiento de un estadista, pero sus acciones y perfil le dio vuelta a la tortilla y ha demostrado con hechos lo contrario, haciendo persecuciones políticas injustas, abanderándose con la famosa Revolución Ciudadana, y diciendo

 

 

No reconozco a este país

Por Jorge Ramos

Siempre he reconocido públicamente que Estados Unidos me dio las oportunidades que mi país de origen, México, no me pudo dar. Pero hoy, con Donald Trump en la presidencia, están ocurriendo cosas que jamás me hubiera imaginado. Desconozco a este país.

 

Estados Unidos me dejó hablar, sin límites, después de sufrir censura de prensa en México. Me dio trabajo y oportunidades económicas que no hubiera podido conseguir, posiblemente, en ninguna otra parte del mundo. Luego, con enorme generosidad, me protegió como inmigrante y me otorgó los mismos derechos que cualquiera de sus ciudadanos. Aquí trabajo como periodista, aquí voto y aquí nacieron mis hijos.

 

Así que lo único que quisiera es que los nuevos inmigrantes disfruten de las mismas oportunidades que yo tuve. Eso es todo. Pero por el momento, con Trump en la presidencia, eso es imposible.

 

Millones de mexicanos que llegaron después de mí a Estados Unidos podrían ser deportados. En la misma orden ejecutiva en que Trump anuncia la construcción de su muro con México, hay un cambio radical en las prioridades para deportación. Ahora podrán ser deportados quienes hayan “cometido actos que constituyan una ofensa criminal” (aunque nunca sean declarados culpables). Y también los que hayan realizado un “fraude…ante una agencia del gobierno”, es decir, cualquiera que haya usado una licencia de manejar falsa o inventado un número de seguro social.

 

Traducción: prácticamente todos los 11 millones de indocumentados que hay en Estados Unidos son ahora una prioridad de deportación. El gran temor es que el siguiente paso sean redadas masivas en lugares de trabajo, casas y centros comerciales. ¿Quién puede ser deportado? Cualquiera que un agente de inmigración así lo considere.

 

Trump, que tanto desea parecerse al expresidente Ronald Reagan, no quiere darle la oportunidad de legalizarse a los indocumentados. Podría hacerlo perfectamente ya que controla ambas cámaras del congreso. Pero no quiere. En 1986 Reagan dio una amnistía a tres millones de personas. Trump, en cambio, los quiere sacar del país.

 

El rechazo xenofóbico de Trump va más allá de sus vecinos.

 

 

En sus primeros días en la presidencia Trump decidió suspender la entrada a refugiados por 120 días y prohibir por tres meses la llegada de personas de siete países: Irak, Irán, Libia, Siria, Sudán, Somalia y Yemen. Trump, que en la campaña presidencial había propuesto prohibir la entrada a los 1,600 millones de musulmanes en el planeta, dijo que su nueva prohibición no está basada en la religión. Pero para nadie es un secreto que esos siete países tienen una mayoría musulmana y que son musulmanes inocentes los más perjudicados.

 

Nadie, por supuesto, quiere ser una víctima del terrorismo. Pero ningún ciudadano de los siete países incluidos en la prohibición ha participado en un reciente ataque terrorista contra Estados Unidos: la mayoría de los 19 atacantes del 11 de septiembre del 2001 eran de Arabia Saudita; los dos hermanos acusados por la bomba en el maratón de Boston son de Chechenia; y la pareja responsable por la muerte de 14 personas en San Bernardino era de Estados Unidos y Paquistán.

 

Yo llegué a Estados Unidos en 1983. Si el presidente Reagan hubiera creado una lista de exclusión -como la que se acaba de inventar Trump- y hubiera incluido a México, yo no estaría aquí. Habría sido una decisión injusta y arbitraria.

 

Bueno, lo mismo ocurre ahora con personas de siete países y con los refugiados del resto del mundo. Ellos están siendo discriminados, simplemente, por haber nacido en un país en específico. Eso es todo. No hay nada más injusto que ser rechazado por algo en lo que no tuviste nada que ver, como tu lugar de nacimiento. Y eso es lo que está haciendo Trump.

 

Las grandes naciones son juzgadas, no por la manera en que tratan a los más ricos y poderosos, sino por su solidaridad con los más débiles y vulnerables. Estados Unidos tenía una maravillosa tradición de apoyo y aceptación por los inmigrantes…hasta que llegó Trump a la Casa Blanca. Es irónico que estas decisiones antiinmigrantes las tome alguien cuya madre era escocesa, que tuvo un abuelo alemán y casado con una eslovena.

 

Hay días en que no reconozco a este país que tanto me ayudó…

 

 

Guerra avisada., no mata….

Por Tito I Ortiz Burbano de Lara

En todas las posesiones de un Presidente siempre tiene que haber un discurso, en el cual,  denota su plan de gobierno y el perfil del mismo con cambios, sean éstos para bien o para mal, pero siempre hay cambios. Una cuestión estratégica de palabras donde el Presidente expresa lo quiere hacer y hace fluir sus ideas y pensamientos, de los cuales estos se convertirán en hechos, y estos hechos sean malos, mediocres o buenos, harán que su pueblo lo pase a la historia para recordarlo ú olvidarlo. A la final, guste a unos o no, el pueblo tiene el poder de recordar, vivir y juzgar sin abogados, ni fiscales,  y según estos, la imagen de un político es labrada.

 

Donald Trump estructuró una campaña muy bien organizada, con ideas que no a todo el mundo le gustó, en especial a los liberales y minorías, pero hasta cierto punto ciertas y objetivas para volver a los Estados Unidos en un curso donde los principios que lo fundaron vuelvan a funcionar y establecerse, ya que con Barak Obama algunos de estos se habían perdido, por su falta de mano dura en ciertos escenarios de la geopolítica mundial. Las palabras tienen poder, cuando declaras y adjuntas éstas con una visión, se cumplen. Es algo místico pero es así, Donald Trump en su discurso inaugural ya como Presidente de esta nación dio un discurso de características nacionalistas, de mucho ego, con firmeza, no hubo racismo, eso hay que ser claros, y más que todo empeñado en hacer cumplir las leyes de este país a “raja tabla”, por así decirlo.

 

De manera más ejecutiva, como empresario que es, más que política su discurso estuvo lleno de pragmatismo, mezcló de manera balanceada la parte emocional que le gusta al pueblo, y la manera pragmática e intelectual que le gusta a la élite, dos estructuras de su oratoria que proyectaron sus palabras para que todos le entendamos. Uno de los puntos que me llamó la atención es cuando él dijo, que “Washington prosperaba, PERO el pueblo no compartía su riqueza, que los políticos prosperaban y el empleo desaparecía, las fábricas cerraban, que el aparato se protegía a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país, sus victorias no han sido vuestras victorias, y sus triunfos no han sido vuestros triunfos”, esto dice muchísimo.

 

Básicamente que no habido una correcta distribución de la riqueza, muy poca productividad y eficiencia en la economía y una injusticia en todos los aspectos para el pueblo. En política TODO es posible, yo no creo que haya habido una incorrecta distribución de la riqueza. Después de esa horrenda crisis nos hemos recuperado, tampoco creo que la justicia haya sido manipulada para beneficiar a los preferidos o ricos. En sí el sistema judicial anglosajón es más firme y rudo y justo que el Derecho Romano, que se practica en nuestros países, por eso las leyes en América Latina son inestables y de mucha falta de justicia.

 

El tema de Primero América y después los demás, es una decisión muy personal dentro de su estrategia como gobernante, pero no necesariamente la más justa. Estaríamos volviendo a la doctrina Monroe de hace dos siglos: “América para los Americanos”, ya que ésta tiene su trasfondo. Esta doctrina fue egoísta con los países emergentes y sería egoísta especialmente con América Latina. Trump dice mucho con esto: “El nacionalismo mal llevado levanta las abruptas masas, especialmente la masa ignorante”. Al buen entendedor, pocas palabras bastan.

 

 

 

 

Si se lleva un nacionalismo controlado y racional Trump podría lograr más de lo que históricamente los Estados Unidos ya han logrado, pero allí va a estar su termómetro político de Trump. También ya hay decretos muy radicales que ha hecho, como congelar las residencias legales o green cards a países de Medio Oriente, un acto injusto, ya más de 100 alcaldes en los Estados Unidos se han puesto en contra de esta decisión, que lo que nos trata de decir es que paguen justos por pecadores. En el caso de NAFTA y la absurda construcción del “muro de la vergüenza” hay estrategias y decisiones que dan vergüenza en un país del primer mundo como los Estados unidos. Este país necesita de México, no más vuelta que darle, sus productos, su mano de obra, hasta su comida….

 

Otra mención es su discurso fue de que hemos hecho ricos a otros países del mundo, mientras los Estados Unidos desaparecía…Esto no hace sentido, el crear riqueza y dar la oportunidad de que otros sean ricos es una de las características del libre mercado. Pienso que llevar a la praxis de la economía a un escenario nacionalista-ideológico, nos traería consecuencias graves aquí. Los Estados Unidos siempre han estado acostumbrados a hacer negocios sin tapujos ni complejos, es la naturaleza del capitalismo, crear riqueza a como dé lugar.

 

El lema de: “Vamos hacer América grande de nuevo” esperemos que sea real y no sólo una promesa de boca, para llegar al poder ser dictatorial, gobernar por medio de decretos ejecutivos en vez de estrategias conciliadoras, oportunas y de unión de este país.  Hasta la próxima edición!

 

El muro mental de Trump

Por Jorge Ramos

Digamos que tú quieres construir una cerca en tu casa y que, de pronto, se te ocurre que puedes forzar a tu vecino a que pague por ella. Por supuesto, esta es una idea descabellada, irracional e injusta. Bueno, eso es exactamente lo que el nuevo presidente Donald Trump quería que México hiciera.

 

Desafortunadamente el presidente Enrique Peña Nieto se tardó un año y medio en responder y decirle que no a Trump. Desde que Trump anunció la idea a mediados del 2015, el gobierno mexicano debió haber dicho que no pagaría ni un centavo por ese muro. Pero no lo hizo. Cuando Peña Nieto tuvo la oportunidad de decírselo en su cara a Trump -en esa fatídica conferencia de prensa en la ciudad de México en agosto del año pasado- no se atrevió. Por eso Trump creía que, una vez más, se saldría con la suya.

 

Así que, por ahora, el muro de Trump lo van a pagar los estadounidenses, no los mexicanos. El líder del senado, Mitch McConnell, dijo que el muro costaría entre 12 mil y 15 mil millones de dólares. Y lo peor de todo es que no va a servir para nada.

 

El muro de Trump será un elefante blanco: una construcción gigante, muy visible y totalmente inútil. México y Estados Unidos comparten 1.954 millas de frontera. Ya hay algún tipo de muro o cerca en unas 700 millas. Así que habría que extender esas barreras físicas al menos 1.200 millas más. Será una estratosférica pérdida de tiempo y dinero.

 

A Donald Trump le encanta recordarnos que él es muy inteligente y que es un gran hombre de negocios. Pero si eso es cierto, entonces ¿por qué quiere construir un muro totalmente inútil? Sería como construir un hotel sin baños, puertas o elevadores.

 

Aquí les explico por qué el muro es inútil. Alrededor del 40 por ciento de todos los indocumentados en Estados Unidos llegaron con una visa -muchos por avión- y luego se quedaron, según un estudio del Pew Research Center. Es decir, no importa que tan largo o tan alto sea el muro, no podría parar a muchos inmigrantes.

 

 

Aún así, Trump quiere su muro. ¿Por qué? Aquí hay una tendencia que nos da la posible explicación. Trump escogió como sus enemigos a México, a los inmigrantes mexicanos y a millones de indocumentados que, según él, votaron en su contra en noviembre. Para eso quiere su muro. Para separarse de ellos.

 

El muro es innecesario porque no hay ninguna invasión de inmigrantes como, falsamente, nos quiere hacer creer Trump. El número de indocumentados se ha mantenido estable, en alrededor de 11 millones, y en los últimos años más mexicanos se han ido de Estados Unidos que los que han entrado. (En el 2014 había en Estados Unidos 140 mil mexicanos menos que en el 2009, según el centro Pew.

 

El muro tampoco pararía la entrada de drogas. Esto es algo que no quieren escuchar en Estados Unidos pero hay que decirlo. Mientras haya millones de estadounidenses consumiendo drogas, habrá narcotraficantes en México y en el resto de América Latina dispuestos a fabricarla y transportarla al norte. Un muro no va a terminar con los narcotúneles -y con otras creativas maneras de traer narcóticos y estupefacientes- porque la demanda de drogas es enorme.

 

Estos son los terribles datos. En el 2013 había en Estados Unidos 24.6 millones de personas que dijeron haber consumido algún tipo de droga el mes anterior, según el estudio del National Institute of Drug Abuse. El negocio de las drogas es imparable mientras haya consumidores que lo sostengan. El Chapo, el principal narcotraficante del mundo, ya está en una cárcel de Nueva York. Pero a falta de “Chapo”, Chapitos. Rápidamente ha sido reemplazado por una nueva generación de capos.

 

Y si por alguna extraña razón el billonario muro de Trump pudiera detener inmigrantes y drogas, las nuevas rutas ilícitas serían por el mar (como hábil y valientemente demostraron por años los balseros cubanos). La solución no está en un muro sino en un sistema multinacional que proteja la inmigración legal.

 

El muro entre México y Estados Unidos es irrealizable, es impagable, es inútil y ha generado los peores enfrentamientos en décadas entre dos países amigos. El verdadero muro de Trump está solamente en su cabeza.

 

Insultos, mentiras y verdades

Por Jorge Ramos

Lo que parecía casi imposible, según la mayoría de las encuestas, ocurrió. Hoy Donald Trump es el presidente de Estados Unidos. Sin embargo, eso no quiere decir que sus mentiras e insultos se convierten mágicamente en verdades y dejen de doler por el simple hecho de mudarse a la Casa Blanca.

 

Trump le ganó fácilmente a Hillary Clinton (con 304 votos electorales contra 227) el pasado 8 de noviembre. Pero también es cierto que Trump perdió el voto popular por casi tres millones de votos y que los rusos, de acuerdo con el reporte de las agencias de espionaje estadounidense, trataron de influir en la campaña presidencial a favor de Trump.

 

Nunca sabremos cuántos votantes decidieron apoyar a Trump luego de leer la información que hackearon y filtraron los rusos. Sea como sea, las agencias de inteligencia aseguran que los rusos no influyeron en el conteo de votos y, por lo tanto, Trump hoy es el líder de Estados Unidos. A pesar de lo anterior, Trump está equivocado.

 

Sí, hoy es el nuevo presidente, pero estuvo equivocado al decir que los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores. Todos los estudios que he leído – basta ver el reporte del American Immigration Council- concluyen que los inmigrantes son menos propensos a cometer crímenes y a terminar en la cárcel que los nacidos en Estados Unidos.

 

Trump, asimismo, hizo comentarios racistas al decir que el juez Gonzalo Curiel no podía ser imparcial en un caso que involucraba a la Universidad Trump por su origen hispano. Sus padres son de México pero Curiel nació en Indiana (igual que el vicepresidente Mike Pence). Esa visión prejuiciada no cambia por entrar a la oficina oval.

 

Trump ya está en la Casa Blanca. Pero eso no condona sus burlas a un reportero del diario The New York Times que tiene una discapacidad física (como valientemente denunció la actriz Meryl Streep durante la ceremonia de los Golden Globe).

 

Sí, Trump reemplazó al primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos luego de haber mentido durante años sobre el lugar de nacimiento de Barack Obama. Sus mentiras no desaparecen solo porque su nuevo dormitorio es el mismo que usó Obama.

 

 

 

Trump dice que quiere ser un presidente para todos pero en la campaña propuso discriminar a mil millones de musulmanes -y prohibirles la entrada a Estados Unidos- simplemente por su fe religiosa. Ese bloque mental no se derrite al caminar por el jardín de las rosas en primavera.

 

Y sus comentarios despectivos y sexistas contra las mujeres –las llamó cerdos, perros, animales…- quedarán como la parte más vergonzosa de una campaña presidencial llena de ofensas personales. Aún resulta increíble que la misma persona que habla en el video de Access Hollywood –diciendo que podía tocarle la vagina a algunas mujeres solo porque era famoso- es la que hoy ocupa la oficina de la persona más poderosa del mundo.

 

Por eso Luis Gutierrez, junto con decenas de otros congresistas Demócratas, decidió boicotear la toma de posesión de Trump. El fue el primero en anunciarlo en un emotivo discurso. Gutierrez dijo que su boicot era para atreverse a ver a los ojos a sus dos hijas.

 

He conocido y entrevistado a muchos candidatos que creían que, por haber ganado las elecciones presidenciales, tenían razón en todo lo que dijeron durante la campaña. Grave error, Las campañas, por definición, están marcadas por promesas y exageraciones.

 

A los candidatos se les juzga por lo que dicen. Y eso hicimos con Trump. Pero a los presidentes se les juzga por lo que hacen. Ahora nos toca a los periodistas vigilar lo que hace el nuevo mandatario.

 

Estoy acostumbrado a las groserías y abusos de los presidentes latinoamericanos. Mis tres décadas cubriendo líderes autoritarios en América Latina me han preparado bien para cubrir la presidencia de Trump. Pero espero que Estados Unidos no se parezca a su presidente.

 

Los presidentes suelen ser un ejemplo para los jóvenes. Pero Trump no lo es. Al contrario. El mensaje para los niños y adolescentes estadounidenses debe ser muy claro: ustedes pueden y deben ser mucho mejores que su presidente. Por favor, no lo copien. Ganó, sí, pero muchas de sus ideas están equivocadas.

 

Trump no es mi jefe

Por Jorge Ramos

Volvió a ocurrir. En su última conferencia de prensa Donald Trump atacó a un periodista que quería hacerle una pregunta. Sí, esta semana Trump será el nuevo presidente de Estados Unidos. Pero lo que Trump no entiende es que, para nosotros los periodistas, él no es nuestro jefe.

 

Durante la conferencia de prensa en Nueva York, el corresponsal de CNN, Jim Acosta, trató en vano de hacerle una pregunta a Trump. La pregunta iba a ser sobre un controversial informe de inteligencia que había recibido Trump y que destaca la interferencia de Rusia en la pasada elección presidencial. Pero el presidente electo no lo dejó preguntar.

 

“Tú no” le dijo Trump a Acosta. “Tu empresa es terrible”. Acosta insistió. “Usted está atacando a nuestra organización de noticias”, le dijo el periodista. “¿Nos puede dar la oportunidad de hacerle una pregunta?” Trump no cedió. “No seas maleducado”, le dijo el empresario. “No te voy a permitir hacer una pregunta. Tú reportas noticias falsas” (o fake news en inglés).

 

De pronto se oyeron unos aplausos. Eran los empleados y asesores de Trump aplaudiéndole a su jefe. Ese gesto servil me recordó tanto al fallecido dictadorcillo venezolano, Hugo Chávez, quien llevaba a sus simpatizantes a las entrevistas para que se rieran de sus chistes, para abuchear las preguntas incómodas de los reporteros y para aplaudir sus respuestas. Hay tantas cosas de Trump que me recuerdan a Chávez.

 

Tras el intento de Acosta de hacer la pregunta, vino la amenaza. Acosta denunció por televisión que Sean Spicer, quien será el nuevo vocero de la Casa Blanca, le advirtió que “si volvía a hacer eso otra vez, sería expulsado de la conferencia de prensa”. CNN, que tanto tiempo le dio a Trump durante la campaña presidencial, se convertía así en el nuevo enemigo del presidente electo.

 

No importa. Acosta hizo lo correcto y lo apoyo totalmente. Eso es lo que hacen los reporteros: preguntan (aunque no les quieran contestar). A mí me ocurrió algo parecido.

 

 

En agosto del 2015 -luego que Trump acusara falsamente a los inmigrantes mexicanos de ser criminales y violadores, y tras anunciar su plan de un muro en la frontera con México- yo también tenía muchas preguntas para Trump. Le pedí una entrevista y, en cambio, publicó mi celular por internet.

 

Así que me presenté en una conferencia de prensa en Dubuque, Iowa. Levanté la mano, me paré y comencé a hacer mi pregunta. A Trump eso no le gustó. Me mandó a callar y sentar. No le hice caso. “Regrésate a Univision”, me dijo, y luego envió a un guardaespaldas para expulsarme del salón. (Poco después acepté regresar a la conferencia con la condición de que me dejaran preguntar y así fue.)

 

Parece ser que Trump tiene problemas con los reporteros latinos. A mí me expulsó por la fuerza de una conferencia de prensa. A Acosta le prohibió hacerle preguntas y un asistente lo amenazó. Y durante la campaña insultó a Tom Llamas de ABC News –le llamó sinvergüenza o sleaze en inglés- por sus agudos reportajes sobre supuestas donaciones que había hecho Trump. Al final, es un honor que Trump te critique públicamente; su enojo refleja que te estás acercando a la verdad. Tiene la piel muy finita.

 

Trump no es mi jefe. En Univision tengo la suerte de tener un par de jefes extraordinarios que me dan absoluta libertad. Además, los dueños de la empresa para la que trabajo hace más de 30 años jamás me han dicho qué decir. Pero mi responsabilidad más importante es con la gente que me ve y me oye. Con ellos estoy obligado a ser independiente y a decirles la verdad. Siempre. Ellos son mis verdaderos jefes. No Trump.

 

Trump se equivoca si cree que él puede censurar o amenazar, como lo haría cualquier caudillo latinoamericano, e imponer limitaciones a los periodistas en Estados Unidos. Los reporteros aquí tenemos la libertad y el derecho de preguntar lo que queramos. No hay pregunta prohibida. Ni tonta. Y si Trump evita a un reportero o evade un tema, este es mi consejo para cualquier periodista: no le hagas caso a Trump y pregunta. Como lo hicieron Tom Llamas y Jim Acosta. Lo peor que te puede pasar es que te ataque, te insulte o te expulse del lugar. Pero al menos tendrás la paz mental de saber que realmente estás haciendo bien tu trabajo.

 

El fin de una política abusada y

los pecados de mi pueblo

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Antes que nada, me gustaría expresar y advertir de manera cordial y respetuosa, que este artículo no es con la intención de ofender a ninguna institución de tipo social o comunitario, ni a ninguna comunidad latinoamericana, ni a nadie de manera personal. Es una realidad que se la ha querido tapar con trapo blanco y transparente, y hacer creer que la justicia es garantizada, simplemente por ser de determinada nacionalidad, o vivir en determinado establishment político.

 

Por eso hay que ser claros y transparentes desde el comienzo. Cuando se escribe estos temas hay que hacerlo con buena sangre, es decir con pasión y no con agua tibia, en el buen idioma castizo, “tomar el toro por los cuernos”.  Bueno, ¡empecemos!

 

Cuando se pone fin a una política por parte de un gobierno es porque algo no funcionó bien, o los beneficiarios de ésta abusaron de la ventaja, o simplemente se cansaron de ayudar o aparentar ser un Robin Hood del escenario geopolítico en el mundo o en una región geoestratégica específicamente. “Me refiero a la política de Pies Mojados/Pies Secos para los cubanos” aquí en los Estados Unidos.

 

Haciendo un resumen, de este importante escenario político en relaciones internacionales, el Gobierno de los EEUU puso el jueves pasado 12 de Enero del 2017, fin a esta política. ¿Cómo ésta funcionaba y beneficiaba?. Bueno, era así: permitía a los cubanos la posibilidad de obtener la residencia permanente un año después de que llegaran a los Estados Unidos, INCLUSO si lo hacían ILEGALMENTE (¿Fue justa esta política?). Esto pone fin de manera inmediata, a la política adoptada por los Estados Unidos en 1995, y que devuelve de manera inmediata a Cuba, a los cubanos que se interceptan en el mar.

 

El fin de esta política era un reclamo que mantenía el Gobierno de Cuba hacia los Estados Unidos para normalizar la relaciones bilaterales de dos viejos enemigos acérrimos desde 1959. La política es una enmienda a la Ley de Ajuste Cubano desde 1966. Esta decisión, suspicazmente sucede, una semana antes de que el  Presidente Barak Obama deje el poder y se lo entregue a Donald Trump, quien amenazó con poner fin al restablecimiento diplomático con Cuba.

 

Ahora, bueno analicemos varias cosas con mente fría y justa. Las primeras generaciones de cubanos que llegaron a Miami (Florida), desde 1960, tuvieron una estrategia excepcional, de hacer de Miami una ciudad próspera y de excelencia, cultivando a sus recientes generaciones el culto al estudio, superación y productividad como comunidad, dando ejemplo en todos los escenarios, pues venían de vivir un trauma político-social cuando la nefasta revolución de los hermanos Castro ocupó la isla de manera brutal.

 

De esa generación de cubanos salieron excelentes políticos,  empresarios, profesionales que fueron ejemplo  para los demás hispanos que llegaban a este país en busca de oportunidades, y quienes rompieron el hielo del racismo y discriminación y abrieron camino a nuestra comunidad. Eso no se puede negar y quien lo haga es injusto e ignorante. Ellos respetaban las leyes de este país, la constitución, y a DIOS.

 

Pasaron años y décadas, hasta llegar al siglo de la nueva era; el siglo XXI, el escenario geopolítico del mundo cambio con la caída del muro de Berlín, y la llegada de manera inclusiva y fuerte de la globalización económica en todos los países latinoamericanos, incluyendo a Cuba. Pero ahora la situación y escenario es totalmente diferente, las mentalidades, son diferentes y los principios también, y para peor!.

 

Las juventudes cubanas y otras latinoamericanas ya han perdido esos valores y principios de antes, ahora se creen que todo es garantizado, abusando de la generosidad de este país y las oportunidades que brinda con brazos abiertos. Los nuevos cubanos han sido contagiados de manera arrogante por mentalidades mediocres y que abusan del beneficio humanitario que los Estados Unidos les ha dado, creen que este país tiene la “obligación” de darles asilo, residencia Permanente, todos los beneficios incluidos, simplemente por ser cubanos y venir en una balsa huyendo (situación lamentable, porque son seres humanos).

 

 

 

¡NO, SEÑORES, ESO NO ES ASI! Y aquí viene la explicación de estos pecados como título en este artículo arriba: Hay personas que han abusado de este beneficio (no me refiero a todos) y lo han explotado de manera exagerada.

Me explico: estas nuevas generaciones vienen, se acomodan con el Welfare, no trabajan como deben hacerlo, no pagan sus impuestos. Es más, en otras comunidades latinoamericanas que no son cubanas necesariamente, roban los seguros sociales, hacen taxes con ellos (crimen federal por lo alto), otros son honestos, sacan un Tax ID y pagan sus impuestos y demuestran el respeto a las leyes de este país y son gente honesta y próspera.

 

Otros no sacan nada, trabajan por debajo de la mesa, explotan el sistema, hasta se regresan a sus países con los bolsillos llenos de dólares sin haber pagado sus impuestos, y los que tienen que pagar estas nefastas situaciones somos los que han trabajado duro, han pagado sus impuestos, han sufrido pobreza y necesidades., cumpliendo las leyes de este país.

 

Es que hay vivos malintencionados que vienen con una mentalidad corrupta, mediocre y quieren vivir de otros. Mis preguntas a todos ustedes, y pónganse la mano en el pecho, son las siguientes: ¿Es esto honesto? ¿Es esto justo?, ¿Es esto merecedor de transformar de una comunidad trabajadora y esforzada a transtornar a una comunidad experta en tranzas ilegales?. La respuesta y beneficio de la duda solamente la tienen ustedes y esto es para crear un poquito de conciencia en cada uno de nosotros sobre el tema sin querer ofender a nadie. Ahora aquí también tienen su porción los pastores corruptos de algunas iglesias evangélicas, a las cuales respeto porque también soy creyente en Dios, que hacen sus tranzas con los taxes aprovechándose de los demás, pero ese tema es “harina de otro costal”, lo escribiré en otro momento con una investigación más intensa y sin tapujos.

 

Hay países que merecen igual ayuda como se las dieron a los cubanos, que viven y han vivido situaciones PEORES que las que vive Cuba en la actualidad. Un ejemplo justo,  miren Centroamérica no más es terrible, llenos de pobreza, delincuencia y las terribles pandilla. Es como una segunda guerra civil lo que viven. ¿Ellos no merecen la misma oportunidad?.  La verdad se tiene que decir, sin ofender, pero sin miedo tampoco. Lo más hermoso que tiene la democracia, como la de este país es de poder ser libres pensadores, poder escribir temas de interés, y poder expresar lo que uno piensa y siente que son dos cosas distintas. ¡Hasta la próxima edición!!

 

 

El legado latino de Obama

Por Jorge Ramos

El legado del presidente Barack Obama con la comunidad Latina es complicado. Incluye esperanza y deportaciones, protección a 750 mil Dreamers, muchas buenas intenciones y una gran promesa incumplida.

 

Empecemos por ahí. Cuando Obama era candidato a la presidencia en el 2008 y aún no tenía asegurado el apoyo del voto latino, prometió lo siguiente: “Lo que sí puedo garantizar es que tendremos en el primer año una propuesta migratoria que yo pueda apoyar.”

 

Cuando Obama llegó a la Casa Blanca con el 67 por ciento del voto Latino, tuvo la oportunidad de cumplir su promesa. Pero no lo hizo. Los Demócratas durante 8 meses -hasta la muerte del Senador Edward Kennedy el 25 de agosto del 2009- controlaron ambas cámaras del congreso. Y por una decisión política de Obama y sus asesores, no presentaron una propuesta de ley sobre inmigración.

 

Ese fue un grave y costosísimo error que hasta hoy estamos pagando. Los inmigrantes que Obama no legalizó durante su primer año de gobierno podrían ahora ser deportados masivamente por Donald Trump.

 

El principal logro migratorio de Obama fue su orden ejecutiva del 2012 para proteger a unos 750 mil Dreamers con el programa conocido como DACA. Los Dreamers, que llegaron ilegalmente a Estados Unidos con sus padres cuando eran muy pequeños, hoy pueden trabajar y están protegidos contra deportaciones. Pero Trump puede terminar con ese programa desde el primer día de su presidencia.

 

Lo peor de Obama fueron sus deportaciones. Obama, desafortunadamente, será recordado por muchas familias Latinas como el “deportador en Jefe” (frase que acuñó la presidenta del Consejo Nacional de la Raza, Janet Murguia, y que, hasta esta fecha, molesta enormemente al presidente). Desde enero del 2009 hasta septiembre del 2016 Obama deportó a 2,656,585 inmigrantes, según cifras de ICE. Deportó, en promedio, a más de 900 personas cada día.

 

Ningún presidente ha deportado a más inmigrantes que Obama y, aunque se enoje, será recordado por eso. Así Obama destruyó a miles de familias Latinas. A pesar de que su intención era demostrar que en Estados Unidos se cumplía la ley, deportó a miles de personas que no tenían un record criminal y cuyo único crimen fue entrar ilegalmente al país para trabajar.

 

 

A pesar de lo anterior, el legado de Obama con los Latinos va más allá de las deportaciones y de una promesa rota. Tras darse cuenta de su error, Obama presionó durante años a los Republicanos para aprobar una reforma migratoria con camino a la ciudadanía. Pero los Republicanos nunca cooperaron.

Obama sentó a los Latinos en la mesa principal. Siempre tuvo secretarios y asesores hispanos y nombró a la primera mujer Latina, Sonia Sotomayor, a la Corte Suprema de Justicia. Eso no es poca cosa. Pero hay más.

 

Como periodista tengo que agradecer el acceso que tuvimos los medios de comunicación en español a la Casa Blanca. Siempre nos trató igual que a los otros periodistas estadounidenses y eso fue un gran avance. A mí, personalmente, me dio cuatro entrevistas como presidente y participó en dos foros de Univision. A pesar de que varias de las preguntas le incomodaban, siempre estuvo dispuesto a mantener abierta la conversación.

 

Me impresionaba ver cómo Obama pensaba en público. Con sus características pausas se notaba su mente trabajando para encontrar la palabra exacta. Eso lo vamos a extrañar, y mucho, en la época de Trump.

 

Por último, la gran contribución de Obama con los hispanos -particularmente con los más jóvenes- es el contagio de la esperanza. Me explico. Desde que Obama llegó a la presidencia veo a más niños hispanos con el deseo de convertirse en el primer presidente Latino. O en la primera presidenta.

 

La lección es clara. Si Obama logró convertirse en el primer presidente afroamericano, en un país con historia de esclavitud, racismo y discriminación, un Latino o una Latina también podrían llegar pronto a la Casa Blanca. Estoy absolutamente convencido que el primer presidente Latino ya nació y que Obama ayudó a abrir el camino.

 

Cuando Obama lanzó su candidatura presidencial, usó una frase de César Chávez y de Dolores Huerta: “Sí se puede.” Ese, para mí, es su gran legado. Si él pudo, otros podrán también después de él.

Adiós Obama.

 

El Aguila vs El Oso

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

El título puesto arriba en este artículo es para hacer un pequeño análisis comparativo sobre los liderazgos en la actual geopolítica del mundo. El águila representa a Norteamérica, los Estados Unidos. Y el oso a Rusia. Cada uno con sus presidentes, el de los Estados Unidos con Donald Trump y Rusia con Vladimir Putin. Dos líderes de las mayores potencias mundiales en lo militar y económico del mundo.

 

El primero Trump tendrá que afianzar su liderazgo de manera firme, porque recién comienza su periodo como presidente de este país y mayor potencia militar y económica del mundo. Putin ya tiene muchos años establecido en el poder y ya ha demostrado su poder y liderazgo en Europa y Medio Oriente, entonces la competencia es ardua.

 

En mi artículo anterior ‘Los amargos retos de Trump’, explicaba brevemente cómo Trump podría afianzar su liderazgo en este país y en la geopolítica del mundo, y algunos de esos puntos fueron la política internacional, la inmigración y la situación en Medio Oriente. Donald Trump necesita actuar de inmediato sin perder tiempo específicamente en cuestión de liderazgo, en contra de ISIS, y Medio Oriente, ya ha dado un paso importante que es el apoyo a Israel, decisión bastante inteligente y bien calculada para establecer un aliado geopolítico y geoestratégico en Medio Oriente.

 

Pero falta Siria, este es el termómetro de medición de  liderazgo para cualquier líder de potencia mundial, porque su situación se vuelve más grave e insostenible.  También no creo que Donald Trump mire a Latinoamérica como el patio trasero de su casa, ahora la necesita más que nunca como aliada para combatir los gobiernos socialistas corruptos, esta ideología corrupta y establecer una zona de libre mercado eficiente, para beneficio de la región en sí.

 

Pero en Medio Oriente tiene una competencia dura y eficiente, se llama Rusia, liderada por Vladimir Putin, que ha sido el UNICO líder europeo que ha metido mano militarmente a ISIS con cierto éxito, y está teniendo una penetración ideológica y militar contundente. Obviamente esto es parte de Medio Oriente y allí aún están sensibles los negocios del petróleo.

 

“Putin no es tonto”, no se mete solamente por solidaridad humana, “por así decirlo” lo hace porque de allí saca una tajada para beneficio geoestratégico de su país, Rusia. Vladimir Putin sabe que la OTAN, es decir la alianza atlántica,  es  débil y aprovecha esa situación penetrando en Oriente Medio y ciertos países bálticos de Europa de forma impresionante.

 

 

 

 

Putin ha sido declarado el político más influyente en el mundo, y está haciendo el cálculo correcto para penetrar en América Latina, de eso que no quepa la menor duda, y no con ideologías de comunismo, que ya no existe, ni socialismo, sino con alto nivel de mercantilismo, donde los chinos se verán afectados. Es allí donde Trump tiene que “ponerse las pilas”, como se dice en el argot popular, porque terreno el ruso ya lo tiene ganado. El debilitamiento de sus competidores, como el de Barack Obama por ejemplo le ha dado más oportunidad a Putin a demostrar su praxis en el liderazgo mundial, sin objeción alguna.

 

Donald Trump tiene liderazgo y ego, va a tener que balancear bien esos dos puntos y hacer de Estados Unidos una nación influyente para poder mantener el status-quo y establishment en el mundo, es otro reto amargo para Donald Trump, que solo el tiempo y las estrategias correctas que tome darán sus resultados acertados o no. Hasta la próxima edición!

Cool-tura

Ser cool es, hoy en día, el principal halago o señal de admiración. Mejor que ser listo, guapo, bueno, estudioso, amado, respetado, armonioso o poderoso. Hay gente cool y gente que, por más que trate, nunca será cool. Es, más que nada, una actitud frente a la vida.

 

Llevo meses preguntándole a gente cool qué es ser cool y este artículo -altamente cuestionable y nada científico- es mi muy tentativo acercamiento a la nueva cool-tura.

 

¿Qué es ser cool? Por principio, el que es genuino, transparente, que es como lo ves, que no tiene duplicidades, que dice lo que piensa y actúa con congruencia. Autenticidad: esta es la principal característica del que es cool. Por eso hay tantos artistas y escritores que nos parecen cool. Decidieron vivir sin muchos filtros y se nota. Pero eso no basta.

 

Otra característica esencial de ser cool es cierto grado de rebeldía. Toda persona cool es transgresora. Alguien cool no se adapta totalmente a las reglas sociales. Al contrario, las cuestiona, las reta, las lleva al límite y, muchas veces, las viola e impone nuevos comportamientos.

 

El o la cool no vive solo para dentro. Su vida tiene sentido si impacta positivamente a otros -cuidando el medio ambiente, defendiendo a los que tienen menos y cuestionando el estatus quo. Hay muchas celebridades que se creen cool pero que viven solo para ellos. Aclaremos: ser famoso no es ser cool.

 

Ser cool requiere de una buena dosis de habilidades sociales. Eso diferencia al cool del nerd o del geek. Estar al día en las nuevas tecnologías es casi obligatorio para estar conectado al resto del planeta. Pero hay un creciente movimiento muy cool que promueve un menor uso del celular, de Twitter, Facebook y cualquier aparato que nos separe de los que están junto a nosotros.

 

Así lo definió el chef y escritor Anthony Bourdain: “La esencia de ser cool es, después de todo, que no te importe lo que piensen de ti”. El cool sabe reírse de sí mismo, vive con humor y suele diferenciar lo importante de lo superficial. El cool es lo opuesto del arrogante y creído. Las divas y las personas con un entourage no son cool.

 

Nadie puede ser cool si no es tolerante. Aceptar y hasta abrazar nuestras diferencias está entre lo mejor de ser cool. Además, el cool sospecha de reinas y príncipes, herederos e hijos de papi y, en general, de cualquiera que se defina por lo que ha hecho otra persona. Por eso los mirreyes mexicanos no son cool. Reflejan, sin duda, lo peor del país.

 

 

Para mí estos personajes tienen algo de cool: los Dreamers, la jueza Sonia Sotomayor, el ex presidente uruguayo José Mujica, el disidente chino Ai Weiwei, el artista francés J.R. y el músico Lin-Manuel Miranda, el Dalai Lama, el poeta Richard Blanco, las escritoras Elena Poniatowska e Isabel Allende, y Nelson Mandela en cualquier de sus días. Pero Bob Dylan se pasó de cool cuando dijo que no podía asistir a la ceremonia de su premio Nobel de literatura porque tenía “compromisos previos”. ¿En serio?

 

Los cool -digámoslo también- tienen su ego. Claro; el cool muchas veces prefiere una selfie a que le tomen una foto. Otras veces, sin embargo, puede dejar el teléfono en paz por más de una hora. O dos.

 

¿Cómo se viste alguien cool? Hay algo de descuido en su aspecto personal (que se nota en barbas y pelos despeinados, en la ropa interior no tan interior y en combinaciones que pocos se atreverían a probar). Hay, también, algo zen o minimalista en toda persona cool. Aquí hay dos reglas infalibles: una, el cool no copia ni sigue la moda y, dos, el cool se inventa su propio estilo. Antes que agradar a otros, el cool prefiere ir a gusto, a su manera. Ser cool requiere una reinvención constante.

 

Cool viene de la palabra en inglés que denota frío. En realidad se refiere al autocontrol, a ser dueño de tu propio destino. Ante un mundo caótico y lleno de amenazas, se trata de sobrevivir sin muchas heridas. Pero el peligro de ser demasiado cool es perder la capacidad de reaccionar emocionalmente a lo que nos rodea.

 

Tratar de ser cool es, invariablemente, señal de que no eres cool. Esforzarse demasiado por actuar o vestirse cool suele llevar a vergonzosos resultados. Al final de cuentas, los verdaderamente cool nunca pretendieron serlo. Y eso sí es cool.

 

 

 

La mentalidad corrupta

y su estructura sistemática

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Hablar de mentalidades y de un sistema es un tema complicado, especialmente cuando de corrupción se trata. Exponer y analizar estadísticas y números es complicado por los cientos de millones de dólares que se “coimaron” en todo el proceso de la súper producción petrolera de esta década perdida en Suramérica, sobre todo en los países productores de petróleo que hacen incluyentes a los gobiernos de turno. Estos están más intensamente entre Ecuador y Brasil.

 

Vamos a tratar de explicar lo más sencillo posible las cifras y la estructura sistemática que ha exisistido entre los gobiernos socialistas de  Luis Ignacio Lula de Brasil, anterior presidente, la depuesta Vilma Rousseff, el actual presidente brasileño Michel Temer  y Rafael Correa Delgado del Ecuador en el área petrolera. Brasil con Petrobras y la Odebretch; y Ecuador con Petroecuador y la Refinería Estatal de Esmeraldas, una conexión geopolítica, geoestratégica, y además corrupta sin límites y sin vergüenza de los hechos ocurridos.

 

En Ecuador revienta el asunto con la denuncia y descubrimiento de una red de corrupción de alto nivel en la refinería de Esmeraldas con un grupo llamados. Y esto no es broma, es verdad; “los magníficos” formado de varios miembros directos de asuntos estratégicos del gobierno como el caso de Carlos Pareja Yanuzzelli y otros (ya muchos de estos fugados del Ecuador y protegidos del gobierno, son hombres invisibles no se saben donde están, ni se los ve). Se les decían los “magníficos”, comparándolos como algo sin igual, insuperables, nadie mejor que éstos para llevar la corrupción al más alto nivel, con proyectos estratégicos, de éstos encargado el actual vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas, junto con una empresa fiscalizadora llamada Worley Parsons, cuya subcontratista de nombre AZUL, es de propiedad de William Phillips y Mónica Hernández, esta última asesora del Presidente Rafael Correa Delgado.

 

Allí no más miren ustedes la conexión y el sistema estratégico para la corrupción que la hace sistemática.  La cifra de contratos directos a éstos suman de 1.500 a 2.000 millones de dólares…¿Se pueden imaginar ustedes qué se hubiera podido hacer con ese capital para esa provincia de Esmeraldas una de las más discriminadas y pobres del Ecuador?....Muchísimo!!.. este grupo de pseudoiluminados y dizque “magníficos” se convirtieron en acaudalados millonarios de un momento a otro, eran socialistas “pobres” de clase social media del Ecuador;  ahora con propiedades opulentas, carros de lujo, yates, con capital y empresas off-shore fuera del país. Qué podredumbre!!  Una práctica corrupta y grotesca a la vista y oídos de quienes aún les gusta trabajar con honestidad y trasparencia.

 

 

Ahora en Brasil el asunto es peor y fue peor!. Me explico. Entre Petrobras y la empresa constructora Odebretch, han cometido el peor sistema de corrupción de Brasil y América Latina. En la historia de esta región, solamente Petrobras sobornó con más de 7.500 millones de dólares a políticos y diputados de ese país. Es más, dentro de ese presupuesto de corrupción está la distribución de dinero a partidos políticos y políticos a sus campañas, para a la final conseguir los contratos por el triple de dinero de sus sobornos, esto es imperdonable.

 

La estructura sistematizada de estos dos gigantes empresariales “corruptos” salpica a casi toda América Latina. Es decir suman una cantidad de 450 millones de dólares, esto es astronómico, si fueron tan socialistas y preocupados por el “pueblo” ya hubieran pagado hasta las deudas externas de cada país. La estructura de sobornos en millones de dólares de Odebretch se establece así:

 

 

Como habrán podido apreciar y observar, la gráfica dice todo. Es más, el Departamento de Estado de los Estados Unidos obligó a esta constructora a decir la verdad. ¿En qué pobreza mental se les ocurre delinquir así? Personas preparadas en Universidades en el exterior demuestran su pobreza mental en estos casos por tres maneras:

1) Su moral y falta de conciencia es poca

2) Su paradigma mental hereditario en la corrupción es lógico

3) La ambición los enloquece y cometen actos de vergüenza

Pueden ser personas preparadas, pero su nivel de conciencia es baja, son adictos a la corrupción, y creen que todavía hay estúpidos que se las creen y que el sol se puede tapar con un dedo. Ahora serán pasados por el trapiche y sacarles todo lo que saben para al fin descubrir el cadáver podrido de la corrupción socialista. Cuando se escribe, se escribe con sangre, con pasión, no con agua tibia, al buen entendedor pocas palabras Hasta la próxima edición!

 

 

 

El  Angel  del  Mar

Esta es la historia de cómo una sola persona con un celular puede salvar muchas vidas.

Este año más de 4,650 personas han muerto tratando de llegar de Africa a Europa, según la Organización Internacional para la Migración. El Mediterráneo es el cruce ilegal más peligroso del mundo. Este año ya han muerto unas mil personas más que en el 2015. Y las cosas no parecen mejorar.

 

Los barcos cargados de inmigrantes salen, generalmente, de las costas de Libia, Túnez y Argelia para tratar de llegar a Italia o Grecia. Una cuarta parte de los refugiados viene huyendo de Siria. El resto proviene de Afganistán, Irak, Sudán, Nigeria, Eritrea y otros países africanos y del medio oriente. La mayoría son hombres (55%) pero el 27 por ciento son niños.

 

Hay barcos que, sencillamente, no llegan y todos sus pasajeros se ahogan. Otros se quedan sin gasolina, se pierden o a van a la deriva. Y ese es el momento de llamar al padre Mussie Zerai, un sacerdote católico que huyó de adolescente del régimen militar de Eritrea y que divide su tiempo entre Italia y Suiza.

 

Un día en el 2003 el padre Zerai le dió su teléfono a un periodista que visitaba a un grupo de refugiados de Eritrea y Etiopía en un centro de detención en Libia. Ahí el periodista escribió el número telefónico del padre en una pared del centro de detención con el siguiente mensaje: “En caso de emergencia, llama a este número.”

 

Las emergencias son frecuentes. Cuando el padre Zerai recibe una llamada, toma todos los datos sobre el barco, incluyendo el número de personas que lleva, trata de conseguir las coordenadas del teléfono satelital que usan los refugiados y luego le da la información a la guardia costera italiana y a organizaciones de rescate. El resultado son cientos, quizás miles, de vidas salvadas.

 

Solo este año más de 345 mil personas han llegado como refugiados a Europa y esa corriente no parece tener fin. Las guerras en Irak, Afganistán, Libia y Siria -y la pobreza, el caos y los regímenes autoritarios en varios países africanos- indican, claramente, que cientos de miles de inmigrantes seguirán llegando a Europa en los próximos años. La pregunta es ¿qué hacer con ellos?

 

 

El padre Zerai tiene la respuesta: hay que ayudarlos. “La alternativa”, me dijo en una entrevista, “es luchar contra los traficantes (de personas) y al mismo tiempo tener canales de inmigración legal.” Esto implica un corredor humanitario para los que huyen de la guerra y la pobreza, programas de asentamiento en terceros países, visas humanitarias y acuerdos bilaterales entre países que expulsan gente y los que los reciben.

 

Pero el ambiente político en Europa no es propicio para este tipo de soluciones.

 

Al igual que en Estados Unidos, en Europa hay un fuerte movimiento anti-inmigrante.

 

A pesar de que Alemania, por ejemplo, recibió más de un millón de refugiados en el 2015, en otros países se han cerrado las puertas totalmente y, como Donald Trump, proponen muros y cárcel a los recién llegados.

 

Pero con ese plan los únicos que ganan son los traficantes de personas. “Mientras más restrictivas sean las políticas migratorias en Europa”, me dijo el padre Zerai, “más negocio para los traficantes de humanos.”

 

El religioso calcula que los traficantes ganan más de mil millones de dólares al año llevando inmigrantes ilegalmente de Africa a Europa. Muchos de los inmigrantes corren el riesgo de ser usados en el tráfico de órganos y las mujeres podrían ser vendidas a bandas criminales para explotarlas sexualmente.

 

Sería fácil e injusto criticar a los inmigrantes por tratar de irse a un país que no es el suyo. Pero, como dice el padre Zerai, lo único que están buscando es una vida digna para ellos y sus hijos. Y una vida digna comienza con el simple hecho de sobrevivir en otro país.

 

La verdad, no hay una solución fácil y a corto plazo para esta crisis humanitaria. Una vez que pase el invierno y las aguas del Mediterráneo se calienten de nuevo, volveremos a escuchar de tragedias masivas en el mar. Pero lo que no escucharemos en las noticias es sobre los inmigrantes que, gracias a una llamada al padre Zerai, salvaron la vida. Por eso le llaman el ángel del mar.

 

 

PROTEGER A LOS DREAMERS

Por David Torres

America’s Voice

La subjetividad con la que se escoge algo en la vida tiene que ver directamente con la serie de valores que nos respaldan, esos que nos han formado a lo largo de los años y que nos definen de pies a cabeza. Son nuestro reflejo, lo que proyectamos hacia el Otro, lo que nos hace ser aceptados o rechazados por nuestro entorno, en nuestro tiempo y nuestro espacio. Así se trate de la persona más humilde o de la más encumbrada; la que trabaje limpiando casas o la que vaya a ocupar la Casa Blanca.

 

Precisamente en este último caso es donde sorprende la decisión de la revista TIME esta vez. Ha escogido al presidente electo de Estados Unidos como “Persona del Año”, una práctica habitual de este medio de comunicación, cuyos criterios no siempre han caído en el ámbito positivo de la condición humana –lo que dicha persona ha hecho en bien de la humanidad, por ejemplo–, sino que han estado en función solamente de la producción noticiosa que generen, así sean las personas más despreciables del planeta.

 

De este modo, por sus portadas han pasado, por ejemplo, Adolfo Hitler, Josep Stalin, el Ayatola Jomeini y Vladimir Putin, por las cuales recibió dicho medio severas críticas en su momento.

 

No se trata aquí de juzgar la decisión unilateral a la que tiene derecho una junta editorial, ya sea para publicar un reportaje, una foto o, como en este caso, una portada. Lo que llama la atención es que voluntaria o involuntariamente se preste al envilecimiento de un país que se pensaba estaba ya muy alejado del prejuicio y del racismo, y ayude a la propagación sobre todo del sentimiento antiinmigrante.

 

Al colocar al futuro presidente en su portada –lo cual no le agrega valor periodístico alguno a la revista, pues ese ya lo tiene ganado desde hace mucho tiempo–  está validando la imposición de una forma de poder y de pensar amparada en la supremacía blanca, que ha hecho todo lo posible por reivindicar en el reciente proceso electoral una serie de privilegios de todo tipo, tan solo por su color, rechazando la actual realidad estadounidense, verdaderamente rica en su diversidad y potencialmente trascendental en términos históricos por su constante y variada migración humana, como ninguna otra nación en la historia.

 

¿Debe ser “Persona del Año” alguien que aboga por las deportaciones masivas? ¿Alguien que se burla de discapacitados; que llama violadores, narcotraficantes y delincuentes a un grupo específico de inmigrantes como los mexicanos, cuyo trabajo ha sido fundamental en el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de infinidad de estados del país durante décadas? ¿Alguien en cuyo nombre se han realizado ataques contra miembros de minorías por cuestiones raciales, antes y después de las elecciones; que ha despertado en su favor a grupos supremacistas como el KKK?

 

¿Alguien que prefirió pagar para no ir a juicio en el caso de las acusaciones de fraude que tenía su “Universidad”; que había acusado al juez que atendía el caso de no estar “calificado” para ello por su origen mexicano? ¿Alguien que utiliza de manera frenética su cuenta de Twitter a la menor provocación sin darse cuenta que ya es presidente electo y debería estar atendiendo verdaderas prioridades? ¿Alguien que ha insultado a mujeres de la manera más ruin, mostrando una misoginia absoluta; que dijo ser capaz de disparar en medio de la 5a Avenida sin que nadie le dijera nada; que propuso una prohibición al ingreso de musulmanes al país; que se mofó de la familia musulmana cuyo hijo perdió la vida en Irak y es considerado un héroe de guerra?

La lista es larga, y cada vez que emite una nueva declaración no se sabe si su contenido debe ubicarse en la insania que provee la tentación del poder absoluto o considerarla una desviación deliberada para consumo informativo-especulativo de los medios y complacencia para sus seguidores.

 

Decir, además, con todo cinismo que lo que le asombra a mucha gente es que está sentado en un apartamento de una categoría que jamás nadie ha visto y que, sin embargo, representa él mismo a los trabajadores del mundo, es como echar más sal a la herida de la pobreza interna y externa, esa que no se resuelve con una varita mágica ni con discursos llenos de demagogia para ganar votos.

 

Eran precisamente todos esos criterios los que habrían descalificado a cualquiera para ser considerado “Persona del Año” en cualquier certamen, publicación, concurso de barrio, kermés o feria de pueblo.

 

En todo caso, con esa plataforma no alcanzaría más que la calificación de la “Peor Persona del Año”. Y aún falta que le muestre a este país y al mundo su desempeño presidencial.

 

¿Habrá portada para eso?

 

 

Diez segundos con el  Papa

Por Jorge Ramos

Todo comenzó con una pregunta. Si solo tuviera 10 segundos con el Papa Francisco ¿qué le diría?

Los editores de las revistas Fortune y Time me invitaron a participar en el Foro Global en Roma junto con un centenar de empresarios, filántropos, académicos, sindicalistas, religiosos y periodistas de todo el mundo. El objetivo era proponer soluciones concretas a problemas muy graves -pobreza, medio ambiente, salud, migración…- y luego presentárselas en persona al Papa. Eso lo hacía irresistible.

 

Una entrevista con el Papa es, sin duda, una de las ambiciones de cualquier periodista. Pero, la verdad, es casi imposible. Muy pocos lo logran. Además, mis fuertes críticas públicas a los abusos sexuales de sacerdotes contra niños y a la complicidad de la jerarquía clerical en esos crímenes, prácticamente me descalificaron hace años para sentarme en una entrevista con cualquier Papa. Y si a eso le sumamos mi condición de ex-católico y agnóstico, las posibilidades se reducen a casi cero.

 

Por eso brinqué ante la oportunidad de conocer al Papa, aunque fuera solo por unos segundos. Todo, por supuesto, comenzó en el infierno. Antes de ver al Papa visitamos la Capilla Sixtina y ahí pasamos por una puerta debajo del infierno que pintó el artista Miguel Angel hace más de 450 años. Es terrorífico. El sufrimiento eterno que sugiere asusta hasta al más escéptico.

 

Tras una larga caminata por pasillos cargados de lujo, excesos e historia, llegamos a la maravillosa sala Clementina donde tendríamos una reunión íntima con el sumo pontífice. Intima, en la definición del Vaticano, implica por supuesto 400 personas.

 

Nunca he visto a gente tan poderosa esperar tanto tiempo por alguien. Pero cuando entró el Papa argentino al salón, vestido de blanco y sonriendo, hubo un ahhhh colectivo. El impacto fue tal que nadie se atrevió, ni siquiera, a aplaudir. Silencio absoluto.

 

El Papa de casi 80 años no se siente a gusto hablando inglés, el idioma del poder. Así que en italiano nos pidió lo siguiente: “Rezo para que involucren en sus esfuerzos a quienes quieren ayudar; denles una voz, escuchen sus historias, aprendan de sus experiencias y comprendan sus necesidades. Vean en ellos a un hermano o hermana, a un hijo o hija, a una madre o un padre. En medio de los retos de nuestros días, vean las caras humanas en aquellos que tanto quieren ayudar”. Esto se entiende en cualquier lenguaje.

 

 

 

 

Luego llegó el momento que todos estábamos esperando. El encuentro -y la foto- con el Papa. Pero nada es fácil en el Vaticano. Todo requiere de un protocolo, de uniformes y de reglas centenarias.

 

El Papa Francisco se paró de su enorme silla blanca, dio una decena de pasos y acompañado de un ayudante personal, un encargado de protocolo y otro de seguridad, un monseñor, un fotógrafo, un camarógrafo y un guardia suizo a lo lejos, comenzó a tomarse fotos con todos y cada uno de sus invitados.

 

No sé cómo pero en el tedioso ejercicio fotográfico que duró unos 20 minutos, el Papa nunca perdió la sonrisa ni dejó de saludar de mano y establecer contacto visual con cada persona. El efecto fue inmediato. Gente emocionada, llorando; otros paralizados; los más agresivos convertidos, de pronto, en tímidos y silenciosos. “Es lo más cerca que he estado de Dios”, me dijo una conmovida invitada.

 

Hice la fila y llegó mi turno. El Papa todavía sonreía, sin aparente esfuerzo. Di un paso adelante y él tendió su mano. La sentí firme pero acogedora. Suave. Casi pequeña. Busqué sus ojos aunque estuve tarde. El ya tenía los suyos sobre mí. Respiré a la mitad y solté lo memorizado: “Papa Francisco, no olvide a los inmigrantes que Trump quiere deportar.”

 

Jorge Mario Bergoglio subió levemente la cabeza, abrió sus ojos un poco más y estoy seguro que oyó bien lo que le dije. Pero no dijo absolutamente nada, ante la mirada vigilante de sus asistentes. Este, supongo, no era el momento de crear un nuevo conflicto trasatlántico. Lo que sale del Vaticano siempre está pensado y repensado. La espontaneidad en la diplomacia es pecado. Escuché cinco o seis clicks del fotógrafo, con sus respectivos flashazos. Luego el Papa soltó mi mano y dirigió su mirada al siguiente de la fila. Eso fue todo.

 

Así fueron mis 10 segundos con el Papa. Hay días que sabes que no se podrán repetir ni superar. Este fue uno de ellos.

 

 

La “Persona del Año”

Por David Torres

America’s Voice

La subjetividad con la que se escoge algo en la vida tiene que ver directamente con la serie de valores que nos respaldan, esos que nos han formado a lo largo de los años y que nos definen de pies a cabeza. Son nuestro reflejo, lo que proyectamos hacia el Otro, lo que nos hace ser aceptados o rechazados por nuestro entorno, en nuestro tiempo y nuestro espacio. Así se trate de la persona más humilde o de la más encumbrada; la que trabaje limpiando casas o la que vaya a ocupar la Casa Blanca.

 

Precisamente en este último caso es donde sorprende la decisión de la revista TIME esta vez. Ha escogido al presidente electo de Estados Unidos como “Persona del Año”, una práctica habitual de este medio de comunicación, cuyos criterios no siempre han caído en el ámbito positivo de la condición humana –lo que dicha persona ha hecho en bien de la humanidad, por ejemplo–, sino que han estado en función solamente de la producción noticiosa que generen, así sean las personas más despreciables del planeta.

 

De este modo, por sus portadas han pasado, por ejemplo, Adolfo Hitler, Josep Stalin, el Ayatola Jomeini y Vladimir Putin, por las cuales recibió dicho medio severas críticas en su momento.

 

No se trata aquí de juzgar la decisión unilateral a la que tiene derecho una junta editorial, ya sea para publicar un reportaje, una foto o, como en este caso, una portada. Lo que llama la atención es que voluntaria o involuntariamente se preste al envilecimiento de un país que se pensaba estaba ya muy alejado del prejuicio y del racismo, y ayude a la propagación sobre todo del sentimiento antiinmigrante.

 

Al colocar al futuro presidente en su portada –lo cual no le agrega valor periodístico alguno a la revista, pues ese ya lo tiene ganado desde hace mucho tiempo–  está validando la imposición de una forma de poder y de pensar amparada en la supremacía blanca, que ha hecho todo lo posible por reivindicar en el reciente proceso electoral una serie de privilegios de todo tipo, tan solo por su color, rechazando la actual realidad estadounidense, verdaderamente rica en su diversidad y potencialmente trascendental en términos históricos por su constante y variada migración humana, como ninguna otra nación en la historia.

 

¿Debe ser “Persona del Año” alguien que aboga por las deportaciones masivas? ¿Alguien que se burla de discapacitados; que llama violadores, narcotraficantes y delincuentes a un grupo específico de inmigrantes como los mexicanos, cuyo trabajo ha sido fundamental en el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de infinidad de estados del país durante décadas? ¿Alguien en cuyo nombre se han realizado ataques contra miembros de minorías por cuestiones raciales, antes y después de las elecciones; que ha despertado en su favor a grupos supremacistas como el KKK?

 

¿Alguien que prefirió pagar para no ir a juicio en el caso de las acusaciones de fraude que tenía su “Universidad”; que había acusado al juez que atendía el caso de no estar “calificado” para ello por su origen mexicano? ¿Alguien que utiliza de manera frenética su cuenta de Twitter a la menor provocación sin darse cuenta que ya es presidente electo y debería estar atendiendo verdaderas prioridades? ¿Alguien que ha insultado a mujeres de la manera más ruin, mostrando una misoginia absoluta; que dijo ser capaz de disparar en medio de la 5a Avenida sin que nadie le dijera nada; que propuso una prohibición al ingreso de musulmanes al país; que se mofó de la familia musulmana cuyo hijo perdió la vida en Irak y es considerado un héroe de guerra?

La lista es larga, y cada vez que emite una nueva declaración no se sabe si su contenido debe ubicarse en la insania que provee la tentación del poder absoluto o considerarla una desviación deliberada para consumo informativo-especulativo de los medios y complacencia para sus seguidores.

 

Decir, además, con todo cinismo que lo que le asombra a mucha gente es que está sentado en un apartamento de una categoría que jamás nadie ha visto y que, sin embargo, representa él mismo a los trabajadores del mundo, es como echar más sal a la herida de la pobreza interna y externa, esa que no se resuelve con una varita mágica ni con discursos llenos de demagogia para ganar votos.

 

Eran precisamente todos esos criterios los que habrían descalificado a cualquiera para ser considerado “Persona del Año” en cualquier certamen, publicación, concurso de barrio, kermés o feria de pueblo.

 

En todo caso, con esa plataforma no alcanzaría más que la calificación de la “Peor Persona del Año”. Y aún falta que le muestre a este país y al mundo su desempeño presidencial.

 

¿Habrá portada para eso?

 

 

Arrodillado ante Trump

Por Jorge Ramos

De entrada, vamos a calmar los nervios y la ansiedad del presidente de México, Enrique Peña Nieto. Puede estar tranquilo. Nadie espera nada de él. No conozco a nadie que crea que Peña Nieto va a defender exitosa y eficazmente a los mexicanos -dentro o fuera del país- frente a Donald Trump.

 

Esta tiene que haber sido una de las negociaciones más fáciles que haya realizado Donald Trump, el autor del libro The Art of the Deal. No tuvo que hacer nada. Solo gritó y amenazó y Peña Nieto le entregó la casa antes de que se la pidieran.

 

México y Estados Unidos ni siquiera se han sentado a negociar y Peña Nieto ya cedió frente a Trump en tres puntos esenciales: en cambiar el Tratado de Libre Comercio (TLC), en la construcción de un muro en la frontera y en la deportación de miles -quizás millones- de indocumentados mexicanos. Peña Nieto nunca opuso resistencia.

 

Muchos recuerdan cómo Peña Nieto se paralizó frente a Trump en esa fatídica conferencia de prensa en Los Pinos a finales de Agosto (donde no se atrevió a decirle que México no pagaría por una extensión del muro en la frontera). Pero pocos recuerdan que Peña Nieto, ahí mismo, cedió en algo mucho más importante: en modificar el TLC.

 

“El próximo presidente (de Estados Unidos) encontrará a un socio para encontrar la ruta para modernizar el TLC”, dijo, repetitivo y nervioso, Peña Nieto. “Modernizar” es un eufemismo. Trump quiere cambiar el TLC para su beneficio o salirse del tratado y Peña Nieto le abrió la puerta. Literalmente.

 

Peña Nieto repitió su oferta de cambiar el TLC en su reciente discurso en Lima en la reunión de la APEC. “Más que hablar de renegociación, es hablar de modernización”, dijo. En lugar de decirle “no” tres veces a Trump – no a la modificación del TLC, no al muro y no a las deportaciones masivas, como lo sugirió el ex canciller Jorge Castañeda en un artículo del The New York Times, el presidente mexicano se convirtió, de hecho, en un cómplice de Trump.

 

Esto parece una adaptación de ese chiste del porfiriato: ¿Qué hora es? pregunta Trump. La que usted ordene, responde Peña Nieto.

 

México, sin duda, tendría mucho que perder si se modifica el TLC. Más del 70 por ciento de las exportaciones mexicanas van a su vecino del norte. Pero Estados Unidos también perdería mucho.

 

 

 

El 15 por ciento de las exportaciones de Estados Unidos van a México, según el Banco Mundial. Esto genera entre cinco y seis millones de empleos en Estados Unidos. En el 2015 Estados Unidos exportó a México productos por 236 mil millones de dólares. Conclusión: ambos países pierden si se modifica el TLC.

 

Nadie gana en una guerra de aguacates y camiones. Nadie gana si te imponen 35 por ciento de impuestos a los productos que exportas. Pero en lugar de que Peña Nieto -al menos como posición inicial- le dijera que no a Trump, ya se agachó y cedió. La hora que usted diga, señor Trump.

 

Alerta: Trump no va a cambiar. Es un error creer que Trump, de pronto, se va a convertir en una monjita de la caridad. Escogió tácticamente a México como su enemigo al anunciar su campaña presidencial en Junio del 2015, insultó a sus inmigrantes al llamarles “criminales” y “violadores”, quiere deportar a millones, insiste en extender el muro o reja en la frontera y ganó el voto blanco acusando a México (y a China) de robarles sus trabajos. Este es el enemigo que México tiene enfrente, no la versión azucarada e inocente de la diplomacia mexicana.

 

Es triste e ingenuo creer que como Peña Nieto invitó a su casa a Trump, ahora el presidente electo se va a portar bien con México. No. Esas transacciones de cortesía quizás le funcionan al presidente con contratistas de su propio gobierno. Pero no con Trump.

 

Trump no es un hombre de formas. Su objetivo no es quedar bien con su anfitrión en Los Pinos sino con los 62 millones que votaron por él. México para Trump es una piedra en el camino. No entiende la relación bilateral como algo esencial. México, dejémoslo claro, nunca será una prioridad para Trump.

 

Hay momentos para negociar y hay momentos para pelear. Este es un momento para pelear. Pero esto es algo que Peña Nieto no sabe hacer. Lo suyo, desde un principio, ha sido hincarse ante Trump.

 

 

America’s Voice

Una de las primeras batallas de la presidencia de Donald Trump será en torno al futuro y el sustento de 750,000 jóvenes amparados en el estatus de la Acción Diferida para Quienes Llegaron en la Infancia (DACA). Aunque Trump ha prometido eliminar DACA desde el primer día de su presidencia, sería un error monumental. Un reciente análisis económico por parte del Center for American Progress (CAP), por ejemplo, encontró que terminar DACA “eliminaría al menos $434.4 billones del PIB estadounidense en 10 años”.

 

Pero los argumentos más sólidos en contra de la eliminación de DACA provienen de las historias personales de los beneficiarios del programa. El Washington Post publicó recientemente que quitar las protecciones para evitar la deportación a los DREAMers, así como sus permisos de trabajo, no tendría otro propósito que truncar el sustento, el futuro y las contribuciones de jóvenes que son “tan culturalmente estadounidenses como sus vecinos nacidos en Estados Unidos”.

 

En recientes discursos en el pleno del Senado, el veterano defensor de los DREAMers y los inmigrantes, el senador Dick Durbin, ha estado enalteciendo el perfil de historias individuales de Dreamers, dejando en claro que quitarles su permiso de trabajo y exponerlos a la deportación perjudicaría no solamente a los Dreamers, sino al país entero.

 

Durbin habló del caso del padre Rey Pineda, beneficiario de DACA y sacerdote católico de la Catedral de Cristo Rey en Atlanta, Georgia, y quien ha vivido en Estados Unidos desde la edad de dos años y cuyo futuro como sacerdote depende de DACA.

 

Escuchar la historia del padre Pineda hace plantear las siguientes preguntas: ¿de qué manera Estados Unidos se beneficiaría si el padre Pineda no pudiera ayudar más a sus feligreses ni a su comunidad? ¿Cómo el país mejora si se elimina DACA si se trunca el futuro y las oportunidades del padre Pineda y la de otros cientos de miles de beneficiarios del programa?

 

Enseguida compartimos fragmentos del poderoso discurso del senador Durbin sobre el padre Rey Pineda:

 

“En 1990, cuando Rey ten 161a dos años de edad, su familia vino a Estados Unidos desde México. Rey creció en Atlanta, Georgia, estudió con ahínco y fue un estudiante con honores en la secundaria, y así se convirtió en el primer miembro de su familia en ir a la Universidad. En 2010 se graduó con una licenciatura en filosofía del Campus Sur en Georgia. Es un católico devoto. Decidió estudiar el seminario en mi estado, Illinois. Sintió que Dios le llamaba para ser sacerdote, pero su senda espiritual fue bloqueada. Es indocumentado. Es un Dreamer. Luego, en 2012, todo cambió. El presidente Obama firmó la orden ejecutiva para crear DACA. En marzo de 2013, Rey fue aprobado. Pasó por la revisión de antecedentes e hizo todo lo que se le pidió. Recibió su estatus de beneficiario de DACA y supo que al menos durante dos años no sería sujeto de deportación. Eso le permitió convertirse en diácono en la iglesia Católica dos meses después, en marzo de 2013. En 2014, ingresó al sacerdocio tras graduarse magna cum laude del seminario en Illinois. Tiene una maestría en Teología. Actualmente es sacerdote”.

 

 

La historia del padre Rey Pineda

y la incertidumbre del DACA

 

 

En un momento en que Estados Unidos está trayendo activamente ministros y sacerdotes del extranjero, ¿por qué queremos deportar al padre Rey Pineda? No tiene sentido. Escuchen lo que el padre Rey me dijo sobre su papel como sacerdote y también como inmigrante indocumentado:

‘Creo que todo mi viaje me ha preparado para ser compasivo con los sufrimientos de la mucha gente que encuentro. Considero mi ministerio como un llamado para construir puentes entre la gente de toda clase. La diversidad a veces trae consigo desafíos entre la gente. Quiero sanar esas diferencias’.

 

Luego de la más divisiva elección de que se tenga memoria, creo que el padre Rey Pineda y otros Dreamers como él tienen una importante labor que cumplir en sanar las diferencias que dividen a Estados Unidos. Confío en que el presidente electo Trump considere esto y dé continuación al programa DACA; pero déjenme ser claro: si hay un intento de cancelar DACA, haré todo lo que esté en mi poder como senador de Estados Unidos para proteger a los Dreamers que han ofrecido y aportado su talento a este gran país.

 

…Ahora le toca a Estados Unidos, esta nación de inmigrantes, sanar las heridas que nos guiaron y nos dividieron durante esta elección. Empecemos con los Dreamers. Empecemos con DACA. Empecemos con los jóvenes que harán mejor y más fuerte a Estados Unidos en los años por venir. Son lo mejor de este país. Convirtámoslos en lo mejor del futuro de Estados Unidos”.

 

 

Sobrevivir al dictador

En honor a mis amigos cubanos en el exilio.

Por Jorge Ramos

MIAMI. Desde que me vine a vivir a Miami en 1986 he oído muchas veces de la muerte del dictador Fidel Castro. De hecho, en esta ciudad mataban a Fidel dos o tres veces al año. En innumerables ocasiones recibí llamadas y textos avisándome de su muerte. Todas fueron falsas. Menos la última.

 

Al principio corría al estudio de televisión de Univision para estar preparado ante el anuncio de su muerte. Pero conforme pasaban los años comprendí que se trataba de un ejercicio inútil. Las noticias de su muerte, para repetir a Twain, siempre eran exageradas. Fueron casi 58 años con Fidel en el poder en Cuba.

 

Lo conocí una sola vez y recuerdo sus uñas largas sobre mi hombro izquierdo. Corría el año 1991, había caído el muro de Berlín, se desmoronaban los países comunistas y se realizaba en Guadalajara, México, la primera Cumbre Iberoamericana. Lo agarré saliendo de su cuarto de hotel y hablé con él solo 63 segundos.

 

Mientras Fidel me trataba de abrazar y yo me alejaba de su brazo-pulpo, le pregunté si había llegado el momento de dejar el poder. “Muchos creen que este es el momento para que usted pida un plebiscito”, le dije. Me contestó que nadie tenía el derecho de reclamarle algo así a Cuba y, de pronto, uno de sus guardaespaldas me empujó, perdí el balance y Fidel siguió caminando sin voltear. Fue todo.

 

Fidel era un brutal dictador. Ordenó ejecuciones de opositores, mantuvo prisioneros políticos, violó sistemáticamente los derechos humanos, evitó siempre elecciones multipartidistas, censuró brutalmente a la prensa y tuvo un control absoluto de todos los rincones de la isla. Fidel fue un perverso en la aplicación de la violencia. Por eso hoy no podemos presentarlo como un héroe. No lo fue.

 

Durante años le pregunté a muchos presidentes latinoamericanos si, para ellos, Fidel era un dictador. Muy pocos se atrevieron a decírmelo en cámara. Le tenían miedo, respeto y siempre le admiraron su resistencia frente a Estados Unidos. Solo en privado criticaban las gravísimas faltas de libertades en Cuba.

 

 

 

Pero, en realidad, no me interesa hablar del dictador sino de sus millones de víctimas. He sido testigo durante tres décadas del sufrimiento del exilio cubano. Tengo muchos amigos cubanos, trabajo con ellos, son mis vecinos y conozco íntimamente sus historias, sus huidas y cómo se reinventaron en Estados Unidos luego de perderlo todo.

 

Los cuatro abuelos de mis dos hijos, Paola y Nicolás, tuvieron que huir de la dictadura cubana. Una vez -durante la visita del Papa Juan Pablo II y antes de que me quitaran la visa para ir a Cuba- pude visitar los barrios que caminaron y tratar de imaginarme la vida que dejaron atrás. Por eso, cuando escucho la facilidad con que critican a los exiliados cubanos en otros países, me parece que es una terrible crueldad y una enorme falta de conocimiento. ¿Por qué esa doble moral con el régimen de los Castro? Fidel ha sido tan asesino o más que Augusto Pinochet y, sin embargo, nunca recibió el rechazo internacional que tuvo el dictador chileno.

 

Cuba ha sido por casi seis décadas, y sigue siendo, una de las dictaduras más despiadadas del mundo. Entiendo, sin duda, el efecto negativo que el embargo estadounidense haya podido tener entre la mayoría de los cubanos. Pero no hay ninguna justificación para que Cuba sea una de las naciones más represivas y menos conectadas a la internet. Por algo los balseros cubanos siguen llegando por miles a las costas de la Florida.

 

No sé si habrá castrismo sin Fidel Castro. El régimen autoritario de Venezuela ha demostrado, tristemente, que puede haber chavismo sin Hugo Chávez. Lo mismo podría ocurrir en la isla. Hasta ahora el dictador suplente desde el 2008, Raúl Castro, no ha dado ninguna señal de cambio democrático a pesar de la apertura diplomática con el presidente Barack Obama.

 

Es posible que la muerte de Fidel Castro no cambie nada en Cuba. Pero sé que entre mis amigos exiliados hay una serena sensación de victoria. No diría que es una alegría desenfrenada. Después de todo, han sufrido mucho. Pero sí es el honor y la dignidad que da el haberse enfrentado y sobrevivido al dictador.

 

 

¿Y si me deportan?

Por Jorge Ramos

Esa es la pregunta que se hacen muchos de los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos. Y tienen razón.

 

Se basan exclusivamente en lo que ha dicho Donald Trump en la campaña presidencial. Nada más. Por eso hay tanto temor en la comunidad hispana de Estados Unidos.

 

Es ridículo el tratar de normalizar a Donald Trump. Yo sí le creo. Trump de verdad piensa que los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores, como dijo literalmente el 16 de junio del 2015. Está equivocado. Pero eso es lo que piensa.

 

En el intento de normalizar a un candidato extremista como Trump, sus seguidores nos piden que no tomemos literalmente lo que ha dicho. Pero ¿cómo no tomar en serio las palabras del próximo presidente de Estados Unidos?

 

Algunos trumpistas, con sed de venganza, nos acusan a los periodistas de sembrar miedo en la comunidad Latina al hablar de deportaciones masivas. Pero quisiera corregirlos aquí: quien ha creado miedo es el mismo Trump; nosotros solo hemos reportado lo que ha dicho. Y lo que ha dicho es que quiere deportar a millones.

 

En su última entrevista con el programa 60 Minutos, Trump dijo que inicialmente buscaría la deportación de hasta tres millones de indocumentados que, según él, tienen un record criminal. No sé de dónde sacó esas cifras pero están equivocadas. Solo 690 mil indocumentados han cometido algún tipo de delito serio, según el Migration Policy Institute. No tres millones.

 

Esos 690 mil inmigrantes con historial delictivo son apenas el 6.3 por ciento del total de la población indocumentada. Eso quiere decir que el 93.7 por ciento de los indocumentados -una vasta mayoría- son gente buena y trabajadora.

 

Pero el problema va a ser cuando comiencen las redadas buscando a los inmigrantes con antecedentes penales. Ellos, por supuesto, no viven solos. Esas operaciones separarían familias y crearían terror. Anthony Romero, el director de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), ya lo advirtió en una entrevista con MSNBC: hay el riesgo de violaciones a los derechos humanos, arrestos injustificados y detenciones de personas a quienes no estaban buscando.

 

 

Nadie estaba preparado para esto. Ni siquiera el gobierno de México. Su Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, ofreció un plan de 11 puntos para proteger a los 5.7 millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos. Las medidas incluyen el dar una mayor protección en los 50 consulados y un número telefónico de ayuda. Eso está muy bien y aquí está el video. Pero su pedido de “calma” llega tarde.

 

No hay ninguna calma entre millones de mexicanos -y centroamericanos- que viven en Estados Unidos. Este asunto no se puede resolver a nivel individual. Es una cuestión de gobiernos. Pero está muy claro que Enrique Peña Nieto ya es un presidente irrelevante y que no tiene ninguna capacidad de negociación frente a Trump -quien lo humilló en una conferencia de prensa en la ciudad de México.

 

De hecho, la contienda por la presidencia de México en el 2018 será definida, en buena medida, por quien pueda oponerse con efectividad a Trump, su muro y sus redadas. Peña Nieto ya va de salida y es uno de los presidentes más débiles que ha tenido México.

 

Por eso los alcaldes de las principales ciudades de Estados Unidos -Los Angeles, Nueva York, Chicago, San Francisco, Denver…- son quienes han asumido la defensa de los indocumentados frente a Trump y mantendrán sus urbes como “santuarios”. En esas ciudades “la migra” no será bienvenida, no darán información personal de sus residentes y los cuerpos de policía no cooperarán con los arrestos.

 

Lo que nos espera a partir del 20 de enero es una durísima lucha por los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos. Que Trump sea el próximo presidente no significa que tiene razón en todo. Trump insistirá en sus planes de deportaciones masivas, las más grandes jamás planeadas aquí. Pero una buena parte del país aún se resiste a las ideas racistas y antiinmigrantes del ganador de la Casa Blanca. Por algo perdió el voto popular. Vienen cuatro años muy difíciles.

 

Sí, yo sí le creo a Trump. El miedo entre los inmigrantes es real. Pero la resistencia también.

 

 

Una cosa es hacer campaña….

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice.

¿Cuál Donald Trump asumirá la presidencia en enero? ¿El de la visión divisiva, prejuiciosa y fatalista que vendió en la campaña; o el que tomará decisiones más pragmáticas forzado por la realidad?

 

Una cosa es hacer campaña y otra es gobernar. Y sí, Trump llega a la Casa Blanca con la bendición de tener ambas cámaras bajo control republicano. Pero aún entre esos republicanos hay diversas posturas; y los demócratas, aunque debilitados, tampoco están pintados en la pared, así que todavía hay que buscar acuerdos.

 

Si de inmigración se trata, todo apunta a que Trump estaría suavizando al menos el lenguaje de algunas de sus propuestas. Pero una cosa es suavizar el lenguaje y otra muy diferente es qué tipo de política pública se aplicará.

 

Como candidato, Trump afirmó que habría deportaciones masivas; prometió levantar un muro en la frontera sur por el que México pagará; y también dijo que revocará las acciones ejecutivas migratorias, incluyendo la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) que ha protegido a unos 700 mil Dreamers de la deportación.

 

A corto plazo, la preocupación central de muchos indocumentados y de sus familiares y aliados es precisamente qué ocurrirá con DACA. El temor, la confusión y la incertidumbre son enormes.

 

A mediano y largo plazos la pregunta es si Trump impulsará las medidas migratorias más extremas que esbozó en la campaña, defendidas por algunas de las figuras más antiinmigrantes que le asesoran, incluyendo el Secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, impulsor del concepto de autodeportación, y el senador republicano de Alabama, Jeff Sessions. Y ni qué decir de su asesor ejecutivo y estratega en jefe, Stephen Bannon, un antisemita que esboza ideas supremacistas.

 

En una entrevista con la cadena CBS, Trump aparenta suavizar algunas de las propuestas.

Declaró, por ejemplo, que planifica deportar o encarcelar 2 y hasta 3 millones de indocumentados con historial delictivo, “pandilleros, narcotraficantes”. “Luego de que la frontera esté segura haremos una determinación sobre la gente que ya está aquí, que son fantásticos… pero tomaremos una determinación sobre eso”, afirmó Trump refiriéndose a los indocumentados.

 

El interrogante es a quiénes considerará el gobierno de Trump como “criminales”. El Centro de Política Migratoria (MPI) calcula que hay 690 mil indocumentados con condenas criminales o delitos agravados. Trump habla de dos y hasta de tres millones. ¿Quiénes caerán bajo la categoría de “criminales”?

 

Y sobre el muro, Trump ahora dice que algunas partes habrá construcción y en otras una verja.

 

Trump requerirá de un Congreso, que si bien está en manos republicanas, no quiere decir que será carta blanca para todas sus propuestas.

 

 

 

 

De hecho, el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, dijo en CNN que durante la presidencia de Trump no habrá una fuerza de deportación. El periodista Jake Tapper le mencionó a Ryan el temor que existe entre la comunidad inmigrante ante la posibilidad de que se inicien las deportaciones que Trump prometió.

 

“Debemos calmar a las personas porque ese no es nuestro enfoque. No estamos planificando erigir una fuerza de deportación. Donald Trump no está planificando eso”, aseguró Ryan.

 

El jefe de gabinete de Trump será Reince Priebus, hasta ahora el presidente del Comité Nacional Republicano (RNC), el mismo que comisionó la autopsia del Partido Republicano tras la derrota presidencial de 2012 y que concluyó que si el tema migratorio no se saca de la mesa, los latinos no escucharán nada más que tengan que decir los republicanos. ¿Pero a quién escuchará Trump? ¿A Priebus o a sus más cercanos anti-inmigrantes?

 

Durante la campaña, Trump usó a los inmigrantes como chivos expiatorios para atizar a su base. La campaña ya pasó, pero el temor persiste, sobre todo entre niños que temen que sus padres sean deportados.

 

Resta por ver el curso que tomará la presidencia de Trump en materia migratoria: aterrorizar a toda una comunidad, o el pragmatismo que produce soluciones sensatas.

Los retos amargos de Trump

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha sido potente y devastador para la maquinaria política opositora americana. Nadie se imaginaba de manera tan tangible que Trump iba a ganar, y con mucha ventaja electoral y popular. Ganó con 279 votos electorales y en 30 estados, en otras palabras le dio una paliza electoral a Hillary Clinton, favorita candidata liberal.

 

Después de las alegrías de los republicanos, quienes serán mayoría en el Congreso y el Senado ganando estas elecciones, tendremos que ver cuáles son los retos que Trump tendrá y la eficiencia que estos tendrán que demostrar para reformar muchas cosas en este país con justicia y eficiencia.

 

Donald Trump conquistó la presidencia de los Estados Unidos con su bandera de una drástica reforma migratoria y de cierta manera con tonos ofensivos y racistas, la optimización económica-industrial “Make America Great Again” y el tema de la seguridad. Pero estas ofertas no quedaran allí solamente; en la praxis las cosas son distintas, en otras palabras, como dice el argot popular: “una cosa es con guitarra, y otra con violín”.

 

Este gobierno de tono conservador, más que ningún otro en muchos años, tendrá cinco retos que conquistar y éstos determinarán qué calidad y tipo de Presidente Estadista tendremos, estos son:

1) El trato que se le dará a una re-ingeniería al sistema migratorio de este país a que sea justo, eficiente y efectivo

2) La relación que Trump le dará a NAFTA (Tratado Libre Comercio) con México específicamente.

3) La relación de Trump con América Latina.

4) La guerra con ISIS.

5) Y una muy asustadora, la guerra comercial a China.

Comencemos, sabemos que una de las preocupaciones más grandes es qué va a pasar con los inmigrantes que están de manera ilegal en este país, serán deportados? ¿Tendrán una oportunidad? No lo sabemos, aunque el presidente electo ha confirmado que sacará entre dos a tres millones de indocumentados. Pero mencionó características específicas para justificar estas deportaciones, tales como: los que hayan tenido récord con pandillas, crimen organizado o narcotráfico, violadores, y que hayan desfalcado al IRS y otras. Y luego, sobre los que queden tomará una decisión ejecutiva al respecto, es decir después de la cernedera o “limpieza”.

 

Es importante mencionar que el tono y trato que dará Trump a México con relación a NAFTA será de extrema importancia en la economía mexicana, ya que está hipotecada básicamente a los Estados Unidos con este tratado. Los cambios radicales que éste promete podrían afectar a la sociedad mexicana en demasía. Pues los productos mexicanos se venden mucho en este país, y podría darse una nueva estructuración de aranceles (impuestos) que no beneficiarían a México en nada, o romper con Nafta, pues con Trump todo es posible! Desafortunadamente.

 

En el punto de relación con América Latina, es crucial, ¿qué planes tendrá con los países de tendencia socialista? ¿Qué estrategia y decisión tomará con relación a la extrema pobreza en Venezuela?. ¿Qué pensara hacer con el gravísimo problema de la pandillas en Centroamérica?. ¿Qué tipo de interés y trato le dará a la región después de tanto jarabe del socialismo del siglo XXI en esta, que ya quedó intoxicada de este sistema ineficiente que ha causado pobreza y no abundancia, peor prosperidad?. ¡Hay mucha tela que cortar! Y estar pendientes del asunto.

 

 

 

Nos hemos puesto a pensar cómo se manejara la guerra con ISIS. Este grupo terrorista donde tiene en su ejército hackers de primer orden, desgraciadamente. Armamento sofisticado, gente preparada, estrategas militares y es financiado por jeques musulmanes de mucho poder. La cosa aquí se pone color de hormiga, Donald Trump tendrá que obligadamente combatirlos, demostrar su hegemonía geoestratégica en Medio Oriente, demostrar su firme, fuerte y táctico liderazgo con Vladimir Putin, actual presidente de Rusia.

Ahora no se habla de un monstruo comercial que causa daño a las economías del primer mundo, que se llama ‘China’. Donald Trump tendrá que poner un pare a la introducción de éstos en Estados Unidos, tomando una estrategia de inclusión industrial de calidad hacia la mano de obra americana. Pues en sí la “fayuca barata” (contrabando) de los chinos ha invadido todo el mundo y con todos los productos, imagínense hasta la comida kosher la están haciendo. La pregunta es: ¿qué calidad tiene China?. La respuesta es sencilla. China es una potencia de producción en masa, es decir cuantitativa, pero absolutamente NO de forma cualitativa.

 

Los retos y objetivos que Donald Trump tiene no son, ni serán fáciles, tomando en cuenta que es el presidente de la economía más poderosa del mundo y las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo, también pienso que tiene el liderazgo para imponer ciertas cosas, pero no tiene la tolerancia, ni el tacto para actuar en otras. Hoy por hoy se necesita en la estructura de un gobierno un Presidente de corte y mentalidad ESTADISTA, no sólo  de experiencia política o empresarial.

 

La nomenclatura perfecta de este balance se da en el conocimiento de estas dos áreas y poderlas manejar y proyectar de manera eficiente e intachable hacia el mundo entero…. Con todo el respeto que usted se merece, mucha suerte Señor Presidente Trump!.

 

Cuando se escribe con “buena sangre, con pasión, y no con agua tibia, al buen entendedor. pocas palabras…” Hasta la próxima edición. ¡Happy Thanksgiving!

 

En la otra orilla de Trump

Por Jorge Ramos

Esta no es la columna que pensaba escribir. Pero hay que adaptarse porque con Donald Trump nos equivocamos en casi todo. Las encuestas estaban mal (al igual que en Brexit y en Colombia).

 

Muchos periodistas no vimos, como Trump, el enorme resentimiento que había en muchos rincones de Estados Unidos y no hicimos suficientes preguntas duras.

 

Yo, personalmente, me equivoqué al creer que Trump no podría llegar a la Casa Blanca sin el voto latino. Lo reconozco: los latinos no pudieron evitar el triunfo de Donald Trump. Votaron en su gran mayoría por Hillary Clinton; 65 por ciento según las encuestas de Edison Research. Pero, aun así, uno de cada tres latinos (29%) votó por Trump.

 

Eso me sorprendió. Es decir, hubo miles de latinos (que por vergüenza o por otras razones) escondieron a encuestadores y periodistas su voto y, el día de la elección, se lo dieron al candidato Republicano.

 

Trump obtuvo un mayor apoyo entre los latinos que Mitt Romney en el 2012, según estos datos. Es difícil entender este comportamiento después de todos los insultos de Trump a los inmigrantes. Quizás se trata de personas a quienes no les preocupa tanto el tema migratorio o que sencillamente no podían confiar en Hillary Clinton.

 

Pero, poniendo a un lado el tema de Trump, el 8 de noviembre fue un buen día para los votantes latinos. El número de hispanos en el congreso en Washington pasó de 29 a 34 y ahora habrá cuatro senadores, en lugar de tres, con la elección de la primera senadora latina, Catherine Cortez-Masto. Además, los votantes latinos ayudaron a derrotar al sheriff, Joe Arpaio, en Arizona, acusado durante años de maltratar a inmigrantes e hispanos.

 

Tampoco entiendo como el 53 por ciento de las mujeres blancas votó por Trump, a pesar de sus comentarios machistas y en un año en que se pudo hacer historia al elegir a la primera mujer a la Casa Blanca. Pero así fue. El video del programa Access Hollywood en que Trump dice que por ser estrella puede agarrar a las mujeres de la vagina le hubiera costado la presidencia a cualquier político. No a Trump.

 

Tal vez es que Hillary Clinton no generó ningún entusiasmo. El tema de los 30 mil emails borrados afectó su credibilidad y reforzó su imagen como la típica política tradicional. Trump propuso ser el cambio y millones de votantes blancos lo apoyaron mayoritariamente.

 

 

Pero el problema es que el cambio que Trump propone es a costa de inmigrantes, musulmanes y minorías. No propuso un país para todos.

 

Las deportaciones masivas que quería Trump como candidato eran un horror antes de su elección y lo siguen siendo ahora. Imagínense las redadas, la violencia de los arrestos separando a padres de sus hijos, los centros de detención, y los aviones y autobuses necesarios para deportar a 11 millones de personas en dos años. Serían más de 15 mil deportados diarios.

 

Pero no hay que esperar a que Trump tome posesión el 20 de enero. El miedo y la angustia ya se sienten. Estoy escuchando muchas historias de niños llorando y preocupados de que vayan a deportar a sus padres. Quisiera decirle a esos niños que todo va a estar bien, pero no puedo.

 

Y me rompe el corazón los más de 700 mil Dreamers –jóvenes indocumentados que llegaron muy pequeños con sus padres a Estados Unidos- que podrían perder sus permisos de trabajo y hasta ser deportados si Trump elimina la acción ejecutiva (DACA) tomada por Barack Obama. Los Dreamers son tan estadounidenses como Barron, el hijo de 10 años de Trump. La única diferencia es que ellos no tienen un papel para demostrarlo. Y yo sé que no se van a dejar.

 

En una democracia, como la estadounidense que lleva 240 años, siempre hay que aceptar los resultados de una elección y, por supuesto, reconozco el triunfo de Trump. Pero esto no significa que esté de acuerdo con sus propuestas antiinmigrantes y xenofóbicas ni con sus declaraciones racistas y sexistas. El gran temor es que Trump se convierta en un bully con todo el poder y todo el dinero del mundo. Y la solución no es apaciguarlo por temor a sus berrinches.

 

De tal manera que, respetuosa pero firmemente, le diré: no señor Trump. Me colocaré del lado opuesto de Donald Trump y seguiré haciendo preguntas, aunque no le gusten. El periodismo siempre debe ser contrapoder. Gane quien gane.

 

 

Aceptar SI, conformarnos NO

Por Pedro Luis Moreno

Mientras en la mente de muchos el miedo anida, siendo seguidor de Sanders en un momento y luego de Clinton, el triunfo de Trump es ahora de toda mi consideración y respeto.

 

El Sr. Trump no solo pateó el tablero político doméstico: cambió la realidad política del planeta y tengo la absoluta seguridad de que en nuestras manos está que este hombre que no siendo un ángel sino un hombre como cualquiera de nosotros, y que ha podido lograr su objetivo, frente a todo pronóstico, frente a los grandes medios, lo haga mejor.

 

Invirtió trescientos millones y algo más de dólares mientras que Clinton usó casi 600. Pero la free press, la publicidad gratuita que generó su controversial puesta en escena, ha sido valorada en 2.400 millones de dólares en todo el mundo.

 

La noche del martes el planeta entero estaba intranquilo. De esa magnitud es el hombre que hemos elegido y afortunadamente su primer discurso logró calmar las aguas.

 

Y ahora me permito soñar, como inmigrante, como amante de este país tan singular que en un mismo mes, cada año, obtiene varios nobeles y en esta ocasión uno para su cantor más sensible.

 

Si Mr. Trump desde su ego vendió la estrategia del miedo, lo pudo hacer solamente si entre nosotros había caldo de cultivo. Y lo hay.

 

He verificado hasta la saciedad que el cielo o el infierno lo crea uno mismo. Durante muchas vidas de manera inconsciente y solo al final del camino humano, conscientemente.

 

Lo que vemos afuera es solamente el reflejo, la proyección del mundo realmente de verdad, El Interior, en una pantalla asombrosa del tamaño de Universos para que experimentemos las vidas hasta aprender a Amar y a Ser felices por nosotros mismos.

 

En nuestras manos, en nuestro interior, en nuestras mentes conectadas a nuestros corazones, está la capacidad de apoyar al Sr. Trump para que haga un liderazgo que inspire a miles en cada lugar del planeta a exponer porqué quisieran liderar un país.

 

Quizá por eso, sumado a su ego actuante, la gran prensa mundial se puso tan nerviosa y cuando quisieron atajarlo y ya no alcanzaron, porque a partir de la noche del martes, cualquier persona puede pensar que puede lograr ser presidente en cualquier lugar del mundo, o alcalde, gobernador, etc. Que NO SE NECESITAN a los políticos. Se necesita a la gente.

 

Sólo por venir a enseñarnos eso, le debemos respeto. Ahora bien, qué sucedería si realmente lo recibimos como nuestro presidente, lo Respetamos y le enviamos los mejores deseos y lo alentamos a seguir disruptiendo en la política y ejercer un liderazgo inspirador que le permita cerrar con broche de diamante una vida singular que desde ya sabe que puede narrar tranquilamente a sus nietos en la total vejez.

 

 

Yo por mi parte, lo Acepto, lo Respeto, y lo veo creando esa clase de liderazgo de un líder que la sociedad no le pasó cuenta de cobro por toooodas las cosas que de él se dijeron (seguramente verdades), que deben ser la caja menor de travesuras porque ambos candidatos sabían lo que hay que hacer en este planeta para lograr ciertas cumbres, porque si supiéramos lo que han hecho ella por ahí en una fundación sin ánimo de lucro y él como especulador inmobiliario, lo más parecido a un ilusionista, nos habría dado más miedo.

 

Pero quizá por eso ganó, porque se mostró tal cual es. Estoy seguro que es un buen padre, excelente abuelo (no sé si ya lo sea) y regularongo marido tirando a malo, pero eso es lo que hay. Y dice lo que tiene que decir, como nosotros, como cualquier, y por eso Putin, y toda la recua de líderes del mundo pasado que aún sobreviven (los últimos en ser elegidos a ciegas) saben a qué atenerse con él, porque no sabe manejar ese lenguaje bífido de los políticos de las formas por encima del fondo sin darse cuenta que son un circo costoso y malo de esta realidad que hemos creado.

 

Yo desde hace horas le estoy enviando mis mejores pensamientos y confío en que se brinde a sí mismo la oportunidad de aplicar lo que Pixar con la película Monsters nos vino a recordar: con miedo CREEMOS que logramos algo de la gente. Con AMOR (Lease humor, compromiso, voluntad, decisión, ecuanimidad, serenidad, conocimiento) se logra realmente más. Conozco la prueba de esto: el Universo fue hecho por Amor.

 

Siento una fuerza que me une a través del corazón a su corazón. Ya no tiene que demostrarle nada nadie. Solo Ser.

 

 

Donald y la sombra

Artículo de Deepak Chopra publicado en ww.infomistico.com y traducido por Marcela Borean.

 

Hay una poderosa manera de explicar el alza de Donald Trump que la mayoría de los comentaristas se han perdido por completo o la han infravalorado. La línea estándar describe a Trump como una extraña anomalía. Comenzando como un candidato de celebridad improbable, él ha desafiado todas las reglas convencionales de la política, lo que debería haber sido mortal.

 

Pero en cambio Donald Trump ha barrido todo lo que tenía por delante en el lado republicano. Poseyendo un “genio” para aprovechar la oportunidad, sigue dominando la escena de manera que ningún político anterior lo ha logrado en los tiempos modernos – por lo que la visión convencional continúa.

 

Pero en realidad Donald Trump no es extraño o anómalo. Respalda algo universal, algo justo delante de nuestros ojos. Es un aspecto de la psiquis humana del que nos sentimos turbados y avergonzados, lo cual lo convierte en nuestro secreto colectivo. Retrocediendo un siglo en el campo de la psicología profunda, el lado secreto de la naturaleza humana adquirió un nombre especial: la sombra.

 

La sombra combina todos los oscuros impulsos – el odio, la agresión, el sadismo, el egoísmo, los celos, el resentimiento, la transgresión sexual – que están ocultas a la vista. El nombre se originó con Carl Jung, pero su origen básico provenía de una visión de Freud de que nuestras psiquis son duales, fuertemente divididas entre el consciente y el inconsciente. El surgimiento de la civilización es un tributo a lo bien que obedecemos a nuestra mente consciente y reprimimos nuestro lado inconsciente. Pero lo que se esconde en las sombras saldrá a la luz.

 

Cuando lo hace, las sociedades que se ven bien ordenadas y racionales, justas y equitativas, cultas y refinadas, de repente estallan en horribles despliegues de todo lo que no son: violencia, prejuicios, caos e irracionalidad ingobernable. De hecho, la trágica ironía es que las peores erupciones de la sombra se producen en las sociedades que en la superficie tienen menos de qué preocuparse. Esto explica por qué toda Europa, en el apogeo de su comportamiento asentado, civilizado, se arrojó a sí misma al infierno de la Primera Guerra Mundial.

 

Si Donald Trump es la última expresión de la sombra no es una anomalía extraña, lo cual sería cierto si los valores racionales normales fueran el único estándar de medición. Den vuelta a la moneda, haciendo que el inconsciente sea su nivel de medición, y él es absolutamente típico. Cuando la sombra estalla, lo que está mal es correcto. Ser transgresor se siente como un alivio, porque de repente la psiquis colectiva puede brincar en campos prohibidos.

 

Cuando Donald Trump se entrega a la mala conducta desenfrenada y al mismo tiempo dice a sus audiencias tumultuosas “Esto es divertido, ¿verdad?”, él está expresando en público nuestro impulso vergonzoso de dejar de obedecer las reglas.

 

Pero la diversión de la Primera Guerra Mundial, que casi alegremente envió jóvenes a luchar, rápidamente se convirtió en horror, y la sombra cerró una trampa insidiosa. Una vez liberada, es muy difícil obligar a la sombra a regresar a su búnker subterráneo. El partido republicano ha mantenido a la sombra a fuego lento durante décadas, desde que Nixon descubrió cómo tomar ventaja del racismo sureño, de las agresiones de la ley y el orden en contra de las minorías, y las actitudes de “ellos contra nosotros” hacia el movimiento en contra de la guerra de Vietnam.

 

 

 

 

Con el fin de no sentir vergüenza de sí mismos, las buenas gentes de la derecha encontraron después de Nixon figuras decorativas que inspiraban respetabilidad. La ironía es que, tal como en las sociedades civilizadas que parecen las menos propensas a permitir que la sombra corra libremente, cuanto más benignos actuaron un Reagan o un Bush, más fuerte se volvió la sombra detrás de la fachada.

 

Donald Trump ha arrancado la fachada, intoxicado por la “diversión” de dejar a sus demonios correr y descubriendo para su sorpresa (tanto como lo hizo Nixon) que millones de personas rugieron con aprobación. Sin embargo, en comparación, Nixon retuvo un relativo control sobre las fuerzas que desató, mientras que Trump puede que esté montando un tigre – esa parte de la historia aún tiene que mostrar sus efectos.

 

Si la sombra se niega a volver bajo tierra, que siempre es el caso, ¿qué resultados podemos anticipar para los próximos meses? La situación actual nos encuentra atrapados entre la negación y el desastre. La negación es cuando ignoras la sombra; el desastre es cuando te rindes totalmente a ella. Sin estar en cualquiera de los extremos, en este momento muchos estadounidenses sienten el síntoma inquietante de estar fuera de control. Trump glorifica el estar fuera de control, y mientras este estallido siga su curso – el cual nadie puede predecir – él permanecerá inmune a todas las restricciones normales.

 

¿Qué hacer mientras tanto? Algunas cosas vienen a la mente.

-Ver el Trumpismo como lo que es, un enfrentamiento con la sombra.

-En vez de demonizarlo, reconocer que la sombra se encuentra en todo el mundo y así lo ha sido siempre.

-Encontrar cada oportunidad de reforzar el valor de volver a lo correcto y razonable en tu propia vida.

-No combatir la sombra con la sombra, lo que significa no agacharse a jugar con las reglas de Donald Trump – él siempre estará dispuesto a ir más bajo de lo que estás dispuesto a ir.

 

Estados Unidos ha sido afortunado con nuestra capacidad para dejar salir el vapor y reconocer que tenemos demonios. Durante la Gran Depresión, los ladrones de banco se convirtieron en héroes populares, pero nadie sugirió elegir de presidentes a Bonnie y Clyde. Las limitaciones racionales que permiten la evolución humana han tenido éxito durante miles de años, ya que la parte superior del cerebro se convirtió en dominante sobre la parte inferior del cerebro.

 

Ese dominio todavía es válido, sin importar lo cerca que coqueteemos con las áreas primitivas de la mente. Donald Trump representa algo auténtico en la naturaleza humana, y en tiempos difíciles él es el chico malo que se convierte en un héroe popular. Nadie podía predecir si su postura Incorrecto = correcto lo llevaría a la Casa Blanca. Posiblemente la contienda con nuestra propia sombra apenas comienza.

 

 

 

Mis 30 años de TV

Por Jorge Ramos

Treinta años -lo siento Gardel- son muchos, particularmente cuando se pasan cubriendo noticias para la televisión. Acabo de cumplir tres décadas como conductor del Noticiero Univision en Estados Unidos y mi primer pensamiento es de agradecimiento. El único sentido que tiene trabajar como periodista en la televisión es que la gente crea lo que dices y que vea lo que haces. Sin esos dos requisitos, ninguna carrera aguanta.

 

Cuando me escogieron como anchor del noticiero el 3 de noviembre de 1986 tenía apenas 28 años de edad. Y me trepé, literalmente, a la ola latina. En esos años había solo 15 millones de Latinos. Hoy somos más de 55 millones. Antes, casi nadie nos hacía caso. En estos días nadie puede ganar una elección sin nuestros votos. La televisión en español en Estados Unidos pasó de ser una curiosidad mediática a convertirse en líder de audiencia en ciudades como Los Angeles, Miami, Chicago y Nueva York, entre muchas otras. Eso se llama surfear con la historia.

 

Me hubiera gustado quedarme a trabajar en el país donde nací. Pero no pude. El México de los años ochenta estaba lleno de censura y represión y calculé, correctamente, que tardaría mucho en llegar un cambio democrático. Eso me hizo un inmigrante. Llegué primero a Los Angeles y luego me asenté en Miami, donde nacieron mis hijos Nicolás y Paola. Ellos me enseñaron lo verdaderamente importante y la alegría de con-jugar siempre en presente.

 

Uno no escoge ser inmigrante; las circunstancias te obligan. Y dejarlo todo -casa, familia, amigos- te marca para siempre. Temo, por ejemplo, volver a perderlo todo de un momento a otro. Aprendí a convivir con la nostalgia, extrañando olores y sabores, y me he pasado media vida buscando mi casa. Al final, Estados Unidos me dio generosamente las oportunidades que México no pudo. Hoy vivo con los brazos estirados agarrando a mis dos países, saltando continuamente la frontera con dos pasaportes y votando en dos lugares.

 

Este maravilloso oficio del periodismo ha sido mi boleto al mundo. Ser reportero me salvó de los nacionalismos. El planeta es nuestra sala de redacción. Una aerolínea dice que he volado más de dos millones de millas con ellos -y sospecho que millones más con otras- y tengo una regla al empacar: nunca checo equipaje, solo llevo lo que va conmigo. Así me he ido de guerras y de turista. A pesar de todo, tengo una confesión: todavía me da miedo volar.

 

 

Me siento más a gusto pisando tierra. Mis mejores lecciones periodísticas las aprendí haciendo calle. Así aprendí a contar las historias de los invisibles, de los que no tienen voz, y a hacerle preguntas incómodas a quienes tienen el poder. No puedo decir que ha sido fácil. Pero duermo en paz todas las noches.

 

En la cadena Univision encontré a mi familia adoptiva. ¿Quién tiene la suerte de trabajar felizmente durante más de tres décadas en el mismo lugar? Mis compañeros de Univision, Fusion y yo sabemos que esta no es una ocupación para gente normal. Me he perdido muchos cumpleaños, aniversarios y fiestas. Pero a cambio he tenido muestras extraordinarias e irremplazables de cariño y solidaridad.

 

En estos 30 años he compartido el escritorio del Noticiero Univision con Teresa Rodríguez, Andrea Kutyas y María Elena Salinas. Es toda una vida. Lo sé. Pero solo quiero que sepan que les agradezco su infinita paciencia. Gracias, de verdad, por aguantarme.

 

La televisión es el medio más artificial que existe. Por eso los que más éxito tienen en la TV son aquellos que pueden actuar con naturalidad frente a las cámaras. Sin embargo, quienes trabajamos en este medio a veces nos equivocamos y creemos que la televisión es lo más importante. No lo es. La vida real -esa que duele y se disfruta- no ocurre frente a una cámara. Y cuando eso se me olvida, repito mi mantra: It’s only television.

 

Escogí bien. Mi papá quería que fuera abogado, doctor, ingeniero o arquitecto, como él. Cuando le conté que quería estudiar comunicación en la universidad, me dijo: “¿Y qué vas a hacer con eso?” No sé, le contesté. Pero no me quería pasar la vida haciendo algo que no me gustaba. Y así me lancé a esta aventura, admirando el trabajo de Elena Poniatowska y Oriana Fallaci.

 

Los actores pueden vivir muchas vidas a través de sus personajes. Los periodistas no. Solo tenemos una pero llena de intensidad. Hoy estoy seguro que no podría haber escogido una mejor manera de vivir estos últimos 30 años.

 

 

 

Irán, el enemigo silencioso

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

En este tiempo creo que hay que darle importancia a los escenarios que están pasando en Oriente Medio. Estos tienen y van a tener de manera directa influencia en nosotros, los Estados Unidos. Muchas veces y por hechos e historia se han tenido diferencias grandes en todos los sentidos con los países de Oriente Medio, hasta con la misma Israel, hemos espiado a todos los países, nos hemos metido en algunas guerritas absurdas, con la intención de combatir el terrorismo, hemos influenciado en la ONU para pelear de una ú otra manera en contra de Irak, Siria, Arabia Saudita, Omán, Afganistán, Libia, y otros más. En fin, creamos monstruos y también nos hicimos de enemigos con muchos, PERO nos olvidamos por BASTANTE tiempo de uno tremendamente silencioso, estratégico, peligroso e inteligente se llama: IRAN, el enemigo silencioso.

 

Un hecho comprobado en las guerras y en la política es usar a Maquiavelo, en el libro del El Príncipe, su principal lema: “divide y reinarás. Y también a tus enemigos manténlos de cerca mas no de lejos, para saber lo que hacen”. Pero esta estrategia se nos olvidó con los persas y ahora nos están ganando la carrera.

 

En una explicación básica y sencilla a nuestra comunidad sin tanta confusión de este país persa, históricamente y bíblicamente, éstos han sido difíciles de dominar, por su fuerte cultura arraigada desde hace miles de años, por su sabiduría en extremas guerras ( entiéndase, que NO estoy dando crédito a lo que éstos hagan o hayan hecho o dicho) y su más peligrosa arma, “que no es la energía o bomba nuclear o sus fuerzas armadas”, sino más bien algo que se da el lujo de matar todo y decir de todo, que es: SU RELIGION de características fundamentalista, de extremo, de fanatismo!.

 

En los estados musulmanes la religión está sobre el poder del estado, así de simple, está en su estructura (sin necesidad de ofender a los musulmanes del mundo, solo hablando temas de manera objetiva y estadista). La historia con relación a Irán no miente, un país muy próspero, con una cultura milenaria, sabia, con un alto grado de altruísmo en su pueblo, pero sus emociones basadas en su religión extremista, dada desde los finales de los años setenta y la década de los ochenta, con la revolución islámica, ordenada y dictada por ya fallecido Ayatola Jomeini, derrocando al Sha de Irán, convirtiendo a este país en un aliado a la violencia geopolítica y soporte al terrorismo de diferentes maneras.

 

Después de la guerra entre Irán e Irak en la década de los ochenta, siendo ganador Irak con nuestro caudillo formado en “secreto” de ese tiempo Saddam Hussein, ganó la guerra, quedando Irán en vergüenza y humillado, situación que éste jamás olvido, ni perdono. La OTAN, los Estados Unidos, inclusive Israel se olvidaron de Irán, hasta lo ignoraron como amenaza geoestratégica y geopolítica del mundo, peor aún militar, después de esa derrota humillante.

 

 

 

Un error fatal que se cometió fue el ignorar “la capacidad de recuperación de Irán y su potencialidad intelectual y científica”, así de simple! Esto se ha convertido con el tiempo en un “horror” que tenemos que pagar un alto precio, y éste es el de negociar, con un estado y nación que ya tiene músculos y muy fuertes, además, tener la vergüenza de sentarnos a negociar con un país que promueve la violencia política internacional, especialmente la terrorista, que se ha dado el lujo de decir en las NNUU, que Israel tiene que desaparecer del mapa con el entonces presidente, loco y desquiciado Mahmud Ahmadineyad, capitán del micrófono para predicar la violencia un ser lleno de odio, impresionante!, la humillación de pedir a nuestro congreso debatir y aprobar el desarrollo nuclear de Irán, después de que éste asesinó a diplomáticos americanos orden dada directamente por el otro desquiciado ya difunto, Ayatola Jomeini,  en la tal revolución islámica.

 

Como potencia mundial nos debería dar vergüenza haber pasado por ese proceso, donde hemos sido burlados y convertidos en el hazmerreír de Irán. Poniendo y exigiendo estos sus condiciones, cuándo nos hubiéramos imaginado este escenario en la nuestra política internacional, hubiera parecido un cuento chino! Difícil de que se cumpla, pero se cumplió. Gracias al descuido de los infantiles confiados que manejaban la política internacional americana de ese tiempo, pasando de ingenuos a tontos.

 

En política internacional se cometen errores, pero siempre digo, que tiene que haber un riesgo prudente, una escala y límite de tolerancia con países como Irán. Siempre ser calculador en este ambiente y situaciones es prever situaciones vergonzantes y de riesgo, para una potencia como la nuestra. Cuando se escribe, hay que hacerlo con buena sangre y no con agua tibia!!. Hasta la próxima edición!

 

 

La elección de Nicolás

Por Jorge Ramos

Hay libros que se escriben con pluma y papel. Otros en computadora. Pero el del prisionero político venezolano, Leopoldo López, se escribió literalmente en la piel.

 

Los guardias en la prisión de Ramo Verde en Venezuela, donde está encarcelado López desde el 18 de febrero del 2014, tienen instrucciones de evitar que escriba. El régimen de Nicolás Maduro no quiere que sus palabras se escuchen fuera de la prisión. Pero hay maneras de hacerlo.

 

Así me lo contó su esposa y activista por los derechos humanos, Lilian Tintori: “Lo que hacía su hermana Diana es que escribía en su piel párrafos (del libro). Su mamá se escribió en una pierna y así se los llevaba. Yo también me llevaba papelitos o en mi misma piel”. Lo que estas tres mujeres se escribieron en su piel, más algunas notas y dibujos que pudieron burlar la vigilancia de sus carceleros, aparecen en el libro Preso Pero Libre.

 

El libro cuenta el primer año de cárcel de Leopoldo, cuando todavía podía escoger sus lecturas. Logró acumular hasta 300 libros en su celda. Hoy no le dejan tener más de tres a la vez. “El tratamiento que recibimos de la autoridad superior en Ramo Verde es el de prisioneros de guerra en un país extranjero”, escribió. “Somos considerados enemigos.”

 

La primera noche en la cárcel, Leopoldo se encontró con “una sábana vieja y un colchón desgastado que parecía haber sido víctima de un usuario de media tonelada de peso.” Las condiciones no han mejorado.

 

“Es tortura y trato intimidatorio”, me explicó Lilian, quien lo visita dos veces a la semana. “A Leopoldo lo desnudan diez veces al día; no hay ninguna razón pero lo desnudan para torturarlo, para tratar de quebrarlo mentalmente.” Sin embargo, no lo han logrado.

 

“Desde que llegué a Ramo Verde entendí que mi principal terreno de lucha estaba en mi estado de ánimo y en mi mente”, escribió Leopoldo. “Si yo estoy bien, mi familia está mejor y mi equipo político está más motivado.” Leopoldo tiene su rutina: se levanta a las cinco de la mañana, tiende la cama, toma café, reza, hace ejercicio, practica boxeo con otro reo y a media mañana comienza lo que él llama su primer bloque de lectura. La disciplina marca el resto de su día. Su mantra: “El que se cansa, pierde.”

 

 

 

 

Leopoldo López fue condenado a más de 13 años de prisión por, supuestamente, instigar a una rebelión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Contrario a lo que pensaba su familia, Leopoldo tomó la decisión de entregarse a las autoridades. Ahora su liberación depende de un cambio de gobierno. “Quien tiene preso a Leopoldo es Nicolás Maduro”, me dijo Lilian.

 

Ella y la oposición venezolana están empujando por la realización de un referéndum revocatorio, como indica la ley, para sacar a Maduro de la presidencia. Pero el gobierno está haciendo todo lo posible para invalidarlo o posponerlo hasta el próximo año. Sin un cambio de gobierno sería casi imposible que liberaran a Leopoldo y a los otros 108 prisioneros políticos que hay en Venezuela, según el conteo de Lilian.

 

“Estamos hablando de una dictadura en Venezuela”, me dijo ella en una reciente entrevista en Miami. “Maduro es un dictador. El sabe que en Venezuela no hay comida, no hay medicinas y hay violencia. Cada 18 minutos matan a un venezolano. El lo sabe y no hace nada para evitarlo.”

 

Mientras crece la presión contra el gobierno de Maduro han empeorado, también, las condiciones carcelarias contra Leopoldo. “Hoy Leopoldo ya no puede escribir”, me contó su esposa, quien ha liderado una campaña mundial para liberarlo y, en el proceso, se ha convertido en una de las principales defensoras de los derechos humanos del hemisferio. “Nos quitaron las llamadas familiares por dos meses. Lo encierran todas las noches a las ocho, sin luz, y no le permiten ni una vela, ni una lámpara, para leer.”

 

Lilian, la mamá y la hermana de Leopoldo, ya no pueden escribir en la piel de sus piernas y brazos las cosas que Leopoldo quiere decir desde la cárcel. “Hoy en la requisa nos limpian la piel con alcohol para que no podamos escribir nada”, me explicó Lilian. Pero para Maduro y sus secuaces ya es demasiado tarde. Todo se sabe. El libro está escrito y Venezuela se rebela. No hay nada que pueda detener una idea cuando su tiempo ha llegado.

 

 

El terror del ISIS

Por Tito I Ortiz Burbano de Lara

Como todo tema o tópico que se trate de un asunto geoestratégico, geopolítico y venga relacionado con el Medio-Oriente, es complicado por su naturaleza de origen y violenta historia. El mismo caso es de ISIS, el grupo islámico-terrorista más fatal que la historia del mundo ha tenido. Trataré de ser lo más conciso en este análisis práctico y frío con relación a este grupo, pues su historia es ‘corta aún’, pero sus acciones son desastrosas e inhumanas de forma incalculable e inmensurable.

 

Siempre y con seguridad, todo grupo, sea éste guerrillero, revolucionario, terrorista es creado por algo, o por alguien, sea persona, grupo de personas, países o instituciones de poder, esa es la realidad, aunque muchas veces se la quiera dorar la píldora de otra manera. El sol no se puede tapar con un dedo.

 

ISIS nace cronológicamente por un factor causa-efecto curioso. El factor, directamente fue a inicios de la guerra con Irak, año 2003, guerra que no fue exactamente para combatir el terrorismo o amenaza de éste, eso no fue cierto más bien fue para defender “la matrix del Dólar contra el Euro”, que este último estaba predominando en las negociaciones del petróleo en Oriente Medio ganando más autonomía y poder, así no mas era la cosa, sin más cuentos. En sus inicios su fallido líder Abu Musab Al Zarqaui, muerto en combate en el 2006 fue sustituido por Rashid Al-Baghgadi, bajo la tutela de Osama bin Laden, éste los ayudó y financió para expandirse en toda Babilonia. Estratégicamente, quienes crearon a ISIS fue una trinidad geopolítica que todos lo saben, fue entre los E.U., la OTAN e Israel.

 

¿Para qué? Usarlos como ejercito quasi-privado y combatir al gobierno de Siria comandado por su eterno y sangriento dictador Bashar al-Assad y otras guerras sangrientas, pero siendo más específico la peor ha sido la de  Siria. El efecto de este monstruo fundamentalista ha sido fuera de lugar comparando históricamente de lo que ha pasado en otras guerras, es decir, violaciones de lesa humanidad a todos los ciudadanos del mundo, decapitaciones horrorosas, alta mortandad infantil, no del efecto de la guerra solamente, sino por asesinatos a infantes menores, violaciones sexuales a mujeres que no son musulmanas.

 

ISIS es parte de la estructura terrorista fundamentalista, pero este último es el más mortal, ahora nos preguntamos: ¿por qué?? Si igual son terroristas…allí les va la respuesta: ‘El Califato’.  ¿Qué es el Califato? Este reclama la sumisión y autoridad total SOBRE TODOS LOS MUSULMANES, incluyendo el Estado, es decir la ideología absurda, humanoide, sangrienta, y religiosa de ISIS está inclusive sobre el Estado.

 

Por eso se hacen llamar El Estado Islámico. Apuntan este Califato como pretexto de ley totalitaria para usarla como excusa y someter a todas las naciones árabes y musulmanas a su autoridad de manera radical. Los terroristas en las filas de ISIS son inclusive de diferentes nacionalidades y eso los hace más peligrosos aún. La ideología de ISIS es la siguiente y espero hacerme entender; El Wahhabismo, Yidadismo, Takfirismo, Anticristianismo,, Antisemita, y Xenofobia. Estos boludos! (perdón la expresión), son “Antitodo”. El odio es su bandera, el fanatismo su estructura ideológica, la ambición del poder su propósito.

 

 

 

Nosotros creamos ISIS, junto con la OTAN e Israel, para estratégicamente tener también, un ejército en contra de Irán, el problema está, en que creamos los monstritos, los frankestein geopolíticos, crecen, se fortalecen, los financian, y después no sabemos qué hacer con ellos. No hay duda que últimamente Rusia se ha encargado muy bien de los terroristas de ISIS, con el presidente ruso Vladimir Putin a la cabeza que ha demostrado su firme y decidido liderazgo combatiendo a ISIS con eficacia dando de baja a muchos de sus cabecillas, y ahora último infestando un duro golpe el Aleppo y otras ciudades de Siria, haciendo retroceder a estos fanáticos. Todo grupo extremista debe tener recursos financieros, es decir alguien que los financie, para que realicen sus operaciones militares. Estos países son: Arabia Saudí, Qatar, Kuwait. Se benefician de hombres acaudalados de dineros y fortunas billonarias, eso es un secreto a voces. Son donantes privados que creen en el proyecto de un Estado Islámico Totalitario y Absoluto, qué tenaz!

 

Hasta en esas estructuras de sociedades altas llega la pobreza mental y la falta de sentido humano, creyendo y ayudando a monstruos que después se les va en su propia contra. “El Estado Islámico, es un proyecto de Estado, con armas sofisticadas, una ideología totalitaria, abundante financiación”, avanzada tecnología, y actúan con brutalidad. El Estado Islámico con su modelo de economía política y el papel de de los actores externos han complicado más aún la región. Pues la venta de petróleo es su supervivencia. Y un dato que me gustaría compartir con ustedes es que el mismo Edward Snowden, americano fugitivo de la CIA que filtro información confidencial sin autorización, y es perseguido por la justicia americana y sus aliados por todo el mundo, dijo que especialmente la inteligencia del Mossad israelita, pretendía unir todos los grupos terroristas y extremistas del mundo a un sitio, usando la estrategia denominada “El Nido del Avispón”, es decir juntarlos cerca de sus fronteras para acabar con ellos de una vez por todas.

 

Para terminar este artículo quiero expresar que no he tenido la intención de ofender a la religión musulmana ni a la raza árabe, no quiero mal interpretaciones, la fraseología y estructura del mismo está orientada a informar sobre el extremismo ideológico que es el peor enemigo del hombre porque no tiene un balance y además se hacen las víctimas de todo. Cuando se escribe, se escribe con objetividad, con realismo, con pasión controlada y balanceada, con buena sangre!, no con agua tibia. Hasta la próxima edición.

 

La piedra en el zapato del Ecuador llamada Julian Assange

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Antes de comenzar mi artículo, primero, quiero agradecer sinceramente a la Nación Hispana por continuar dándome la exquisita oportunidad de escribir en este respetable periódico de nuestra comunidad. Y también a los lectores, quienes me han expresado sus mensajes y opiniones de buena fe y sus palabras de aliento hacia el método de cómo escribo mis artículos, pues sin lectores, nada somos!. ‘Pues me gusta escribir con sangre’, es decir con pasión, no me malinterpreten esta expresión. Con conocimiento de causa, mas no con agua tibia; al buen entendedor pocas palabras’. De mis lectores también aprendo y mucho. Mil gracias a vosotros!.

 

Pues bien, continuando, la historia es muy larga, y tiene mucha tela que cortar, un tema que a nivel diplomático ha tenido una percepción muy liviana y una visión equivocada, y más que todo comprometer a la diplomacia bien estructurada de un país a pasajes de vergüenza y riesgos imprudentes. Empecemos.

 

Mr. Julian Assange, un especialista en programación de nacionalidad australiana, especialista en diseños de diferentes tipos de programas de avanzada, con altos estudios universitarios y fundador de WikiLeaks, se convirtió en un espía mundial, usando a WikiLeaks como base para poder espiar y obtener información secreta y confidencial de personajes, instituciones y gobiernos, por medio de un delito penalizado que es el hackeo de sistemas, método ilegal y deshonesto de espiar de manera no muy transparente a políticos de alta alcurnia en todo el mundo, y hasta comprometiendo el mismo proceso de elecciones de los Estados Unidos en este 2016.

 

La historia de este señor es muy complicada, inclusive ha sido acusado de acoso sexual en Suecia, donde este delito es penalizado de manera radical. Y  ahora por más de cuatro años huésped y refugiado “indeseado” en la embajada del Ecuador, en Londres, Inglaterra. A la caza de este personaje están los Estados Unidos, Suecia, Inglaterra misma, y algunos países de la unión Europea y los nórdicos. La pregunta es por qué?...

 

La explicación es obvia’ sin tanta ciencia y dilema, hablar de más y espiar de más! Comprometiendo información secreta de muchos países al público, información sensitiva que podría involucrar muchas élites y terminar con la paz política del mundo. Es decir, hacerse de enemigos con otros sin tener necesidad por una inteligencia mal encaminada.

 

El ejemplo más reciente de la forma como Assange hackea son las elecciones de los Estados Unidos. Este se ha tomado la molestia desde una oficina en la misma Embajada del Ecuador en Londres, Inglaterra (qué cinismo) de revelar conversaciones y discursos privados de la candidata demócrata Hilary Clinton, donde éstas han sido tan serias que el mismo gobierno ecuatoriano, ha preferido hacerse el de la vista gorda. ¿Qué propósito e intención hay detrás de todo esto?. Simplemente tratar de ser el Robín Hood de la información secreta y difundirla de manera totalmente antiética. Es cierto que cualquier medio de comunicación debe difundir las noticias para quitar la venda a la ciudadanía. ¡Es lógico!, Pero lo importante es analizar qué método se utiliza, y qué intenciones tiene; y la última pesa más.

 

 

 

 

Tanto ha llegado el asunto que el gobierno ecuatoriano tuvo que tomar la decisión en este mes, de restringir temporalmente la comunicación con Assange, para evitar un problema diplomático con potencias que no le convendría hacerse de enemigos, solamente por un imprudente intelectual. La moraleja aquí es la siguiente: Cómo un gobierno, con una diplomacia bien estructurada, muchas veces bien representada, con diplomáticos de carrera dentro de su estructura consular, ha podido dar asilo político a un cuasi-delincuente informático?.

 

El asilo político, se le da una persona por solidaridad humana, cuando su vida está en riesgo, ese argumento Julian Assange lo tomó como pretexto, y excusa para refugiarse en la embajada del Ecuador en Londres, después de que intentó hacerlo en otras y fue rechazado, por el riesgo que implicaba tener un hacker informático como él, en su sede diplomática.

 

El gobierno del Ecuador ha abanderado a Assange como “el defensor de la libertad de prensa”, cosa absurda y sin sentido alguno. Pero ahora están viendo basado en esta amarga experiencia que dar asilo en una embajada no es para todos,  y peor a una persona que dirige su inteligencia con mala intención usando la bandera de la libertad de prensa para beneficios personales.

 

También otra pregunta que nos debemos hacer, es quién financia a Julian Assange para hacer todo lo que hace en contra de Hilary Clinton y beneficiar a Donad Trump? Me imagino que él necesita vivir de algo. Esta parte se las dejo a su criterio, y beneficio de la duda.

 

Para concluir la diplomacia de un país no puede ser manipulada por una juerga de irresponsables e interesados (perdón la expresión), tanto del gobierno, como también de Assange. Es mucho el riesgo que hay que tomar y la imagen a perder. El cálculo político y de riesgo tiene que ser hecho con pragmatismo y no con mucho humanismo en estos casos. Hasta la próxima edición.

 

Diez consejos para emprendedores

“La pregunta no es quién va a dejarme; sino quién va a pararme”, Ayn Rand, autora de La Rebelión de Atlas.

 

Blog de Alberto Sardiñas

Sea o no fanático de Ayn Rand, estas palabras hablan del corazón de todo emprendedor: una persona que crea algo donde antes no había nada. Se trata de tomar el control y hacer que las cosas sucedan. Se trata de ser increíble.

 

El mundo de los negocios entrega varios ejemplos de lo que significa ser un emprendedor increíble. Se trata de crear algo que la gente necesita, de reunir a un equipo talentoso y de ganar dinero; todo ello mientras es usted mismo.

 

Tome nota de las lecciones de 10 empresarios exitosos sobre cómo ser ‘increíble’:

1. Sea usted mismo: Tony Hawk, emprendedor e ícono del skateboarding

El momento más 'humilde' en los negocios para Tony Hawk ocurrió en una tarea de su hijo en la que le preguntaban en qué trabajaba su padre. Su respuesta: "Nunca he visto trabajar a mi papá”.

 

Para Hawk, esto se debe a que su trabajo es algo que ama. "Encontré esta forma de expresarme en algo que es creativo y atlético", dice. No me importaba que el skateboarding no fuera algo popular. Me daba una identidad que me diferenciaba de los demás".

 

2. No sólo persiga el dinero: Dennis Crowley, fundador de Foursquare

Si quiere iniciar una empresa increíble, no la base en un producto o servicio que cree que es bueno sólo porque le hará ganar dinero. La clave es crear algo que la gente aprenda a no poder vivir sin ello. El dinero sencillamente llegará.

 

"Construimos Foursquare para nosotros y un grupo de 10 amigos. Y resulta que cuando uno crea cosas que le gustan a 10 de sus amigos, a sus amigos también les gustará y a los amigos de ellos también. Y de pronto tendrá millones de usuarios", dice Crowley.

 

3. Trabaje duro: Mark Cuban, millonario tecnológico

Una cosa es tener una buena idea de negocios; y otra tener el compromiso y el empuje para venderla exitosamente. Mark Cuban, emprendedor tecnológico multimillonario y dueño del equipo de basquetbol Dallas Mavericks, dice que los dueños de negocios deben estar listos para trabajar y moverse rápidamente. "No se trata del dinero o de las conexiones, sino de la voluntad de esforzarse y adelantarse a los demás cuando se trata de su negocio", dice Cuban.

 

4. Contrate a un equipo excepcional: Bill Gates, fundador de Microsoft

Sí, Bill Gates es un genio tecnológico. Pero cuando arrancó Microsoft, una de sus prioridades fue crear un equipo de gente talentosa. Trabajar con gente inteligente y apasionada que funciona bien junta puede ayudarte a alcanzar sus metas más rápido. "Ser capaz de reunir a personas diferentes con las que era divertido trabajar y pensar cómo conseguir que esas personas, con esas habilidades, trabajaran bien juntas fue uno de los retos más grandes", dijo Gates en una entrevista en 2005.

 

5. Encuentre al 'editor' de tu idea: David Karp, fundador de Tumblr

Incluso los emprendedores increíbles a veces necesitan rebotar sus grandes ideas a alguien en quien confían. Para David Karp, el popular sitio de blogging Tumblr era su visión. En los comienzos contrató a Marco Arment como jefe de desarrollo para que le ayudara con la programación y codificación, pero Karp muchas veces lo usó como un pizarrón parlante.

 

"Seguido funcionaba como un editor de ideas", dice Arment. "David llegaba con una gran idea para una nueva funcionalidad y yo le decía qué partes eran inviables o imposibles, qué condiciones había que tener en mente o qué otros detalles agregar".

 

 

 

 

6. Encuentre el 'factor X' en tu cultura empresarial: Cher Wang, co-fundadora de HTC

Una vez que tenga un equipo talentoso, debe trabajar por mantener la cultura empresarial. "Suele haber un 'factor X' que es difícil de definir", dice Cher Wang. “Para HTC creo que es nuestra cultura. Tomamos lo mejor de nuestras raíces orientales y las combinamos con lo mejor de las culturas occidentales donde tenemos líderes y oficinas. Esto hace a nuestra cultura colorida, enérgica y creativa".

 

7. Aprenda cómo y cuándo escuchar: Steve Case, co-fundador de AOL

Un emprendedor increíble no siempre dicta. Necesita tener la habilidad de escuchar sobre todos los aspectos relacionados a su negocio. "Tiene que asegurarse de que su gente está enfocada en la dirección correcta. Debes prestar atención a lo que se dice el mercado, a lo que dicen sus clientes y a lo que dice su competencia", afirma Stave Case.

 

8. Acepte ayuda cuando la necesite: Gurbaksh Chahal, emprendedor serial

Chahal emigró de India a California con su familia cuando tenía cuatro años y siempre batalló con bullies en la escuela. A los 16 dejó la secundaria e inició su primer negocio, una startup de publicidad llamada ClickAgents, la cual vendió dos años después por 40 millones de dólares. Ése fue sólo el inicio. Vendió su segunda empresa BlueLithium por 300 millones y recientemente inició la tercera, RadiumOne.

 

9. No le tema al rechazo: Barbara Corcoran, emprendedora en bienes raíces

Los aspirantes a emprendedores, incluso los increíbles, escuchan  muchos 'no' antes de escuchar un 'sí'. Al momento de buscar una inversión, la magnate de las bienes raíces y estrella del show Shark Tank, quiere encontrar emprendedores que no se detengan con un 'no'. "La gente insistente siempre cumple", ha aprendido Corcoran de su experiencia. "Lo quieren, lo quieren, lo quieren".

 

10. Debe estar dispuesto a fracasar: Steve Jobs, co-fundador de Apple

Mientras lideraba Apple, Jobs aprendió una o dos cosas sobre el fracaso. Las pésimas ventas de la Apple III y su seguidora (una computadora impulsada por Jobs llamada Lisa) causaron que Apple perdiera cerca de su mercado a su rival IBM en 1980.

 

"Algunas veces el mercado, las personas y las ideas no son las correctas pero debes seguir adelante e intentar de nuevo", dice el fundador de Atari, Nolan Bushnell, sobre Jobs de quien fuera mentor. "Si pierdes un juego de ajedrez, puedes poner el tablero y jugar de nuevo", dice.

 

 

Sembrando odios

Por Jorge Ramos

Hay libros que se escriben con pluma y papel. Otros en computadora. Pero el del prisionero político venezolano, Leopoldo López, se escribió literalmente en la piel.

 

Los guardias en la prisión de Ramo Verde en Venezuela, donde está encarcelado López desde el 18 de febrero del 2014, tienen instrucciones de evitar que escriba. El régimen de Nicolás Maduro no quiere que sus palabras se escuchen fuera de la prisión. Pero hay maneras de hacerlo.

 

Así me lo contó su esposa y activista por los derechos humanos, Lilian Tintori: “Lo que hacía su hermana Diana es que escribía en su piel párrafos (del libro). Su mamá se escribió en una pierna y así se los llevaba. Yo también me llevaba papelitos o en mi misma piel”. Lo que estas tres mujeres se escribieron en su piel, más algunas notas y dibujos que pudieron burlar la vigilancia de sus carceleros, aparecen en el libro Preso Pero Libre.

 

El libro cuenta el primer año de cárcel de Leopoldo, cuando todavía podía escoger sus lecturas. Logró acumular hasta 300 libros en su celda. Hoy no le dejan tener más de tres a la vez. “El tratamiento que recibimos de la autoridad superior en Ramo Verde es el de prisioneros de guerra en un país extranjero”, escribió. “Somos considerados enemigos.”

 

La primera noche en la cárcel, Leopoldo se encontró con “una sábana vieja y un colchón desgastado que parecía haber sido víctima de un usuario de media tonelada de peso.” Las condiciones no han mejorado.

 

“Es tortura y trato intimidatorio”, me explicó Lilian, quien lo visita dos veces a la semana. “A Leopoldo lo desnudan diez veces al día; no hay ninguna razón pero lo desnudan para torturarlo, para tratar de quebrarlo mentalmente.” Sin embargo, no lo han logrado.

 

“Desde que llegué a Ramo Verde entendí que mi principal terreno de lucha estaba en mi estado de ánimo y en mi mente”, escribió Leopoldo. “Si yo estoy bien, mi familia está mejor y mi equipo político está más motivado.” Leopoldo tiene su rutina: se levanta a las cinco de la mañana, tiende la cama, toma café, reza, hace ejercicio, practica boxeo con otro reo y a media mañana comienza lo que él llama su primer bloque de lectura. La disciplina marca el resto de su día. Su mantra: “El que se cansa, pierde.”

 

 

 

 

Leopoldo López fue condenado a más de 13 años de prisión por, supuestamente, instigar a una rebelión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Contrario a lo que pensaba su familia, Leopoldo tomó la decisión de entregarse a las autoridades. Ahora su liberación depende de un cambio de gobierno. “Quien tiene preso a Leopoldo es Nicolás Maduro”, me dijo Lilian.

 

Ella y la oposición venezolana están empujando por la realización de un referéndum revocatorio, como indica la ley, para sacar a Maduro de la presidencia. Pero el gobierno está haciendo todo lo posible para invalidarlo o posponerlo hasta el próximo año. Sin un cambio de gobierno sería casi imposible que liberaran a Leopoldo y a los otros 108 prisioneros políticos que hay en Venezuela, según el conteo de Lilian.

 

“Estamos hablando de una dictadura en Venezuela”, me dijo ella en una reciente entrevista en Miami. “Maduro es un dictador. El sabe que en Venezuela no hay comida, no hay medicinas y hay violencia. Cada 18 minutos matan a un venezolano. El lo sabe y no hace nada para evitarlo.”

 

Mientras crece la presión contra el gobierno de Maduro han empeorado, también, las condiciones carcelarias contra Leopoldo. “Hoy Leopoldo ya no puede escribir”, me contó su esposa, quien ha liderado una campaña mundial para liberarlo y, en el proceso, se ha convertido en una de las principales defensoras de los derechos humanos del hemisferio. “Nos quitaron las llamadas familiares por dos meses. Lo encierran todas las noches a las ocho, sin luz, y no le permiten ni una vela, ni una lámpara, para leer.”

 

Lilian, la mamá y la hermana de Leopoldo, ya no pueden escribir en la piel de sus piernas y brazos las cosas que Leopoldo quiere decir desde la cárcel. “Hoy en la requisa nos limpian la piel con alcohol para que no podamos escribir nada”, me explicó Lilian. Pero para Maduro y sus secuaces ya es demasiado tarde. Todo se sabe. El libro está escrito y Venezuela se rebela. No hay nada que pueda detener una idea cuando su tiempo ha llegado.

 

 

La papa caliente

Por Maribel Hastings

America’s Voice

La crisis interna del Partido Republicano, donde su ala más extremista ha fijado su mensaje y su agenda, llevaba años cocinándose. Alcanzó su nivel más crítico cuando el empresario Donald Trump se alzó con la nominación presidencial republicana mediante una campaña racista, sexista y prejuiciosa que la plana mayor republicana prefirió ignorar con el argumento de que cualquier cosa, así sea Trump, era mejor que la demócrata Hillary Clinton en la Casa Blanca.

 

La conducta errática y los insultos de Trump fueron creciendo a lo largo del pasado año, pero no importaba lo que dijera, pues el apoyo, así fuera renuente, de los líderes republicanos, se mantuvo. Pero al revelarse el video de Trump utilizando lenguaje soez y vulgar contra las mujeres e incluso jactándose de que por ser una estrella puede hacer lo que sea con una mujer, así sea asaltarla sexualmente, la dinámica cambió, pero hasta cierto nivel.

 

Sólo entonces algo hizo “clic” entre algunas figuras republicanas, pero no porque realmente lo sientan sino porque Trump insultó a las mujeres que representan 53% de los electores de este país. Las mismas mujeres cuyo voto no sólo es esencial en la carrera por la Casa Blanca, sino que es vital en las contiendas por mantener las mayorías republicanas en el Senado y la Cámara Baja.

 

Sin embargo, los líderes republicanos del Congreso enfrentan una disyuntiva: por una parte temen que los excesos de Trump les cuesten votos que pongan en peligro sus mayorías en ambas cámaras del Congreso y, al mismo tiempo, temen que enfrentar a Trump o retirarle su apoyo también les cueste los votos del sector extremista republicano que constituye la base sólida del nominado republicano y que no lo abandona pase lo que pase.

 

Hace pocos días se reportó que el presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan (R-WI), le indicó a la conferencia republicana que no defenderá a Trump ni hará campaña por él, y sólo se dedicará a proteger la mayoría cameral. Ryan no retiró su apoyo a Trump.

 

No obstante, hubo reportes de que la decisión de Ryan no le sentó bien a varios congresistas republicanos que interpretaron que Ryan ya está aceptando que Trump no ganará la presidencia.

 

 

 

El más reciente sondeo de NBC/The Wall Street Journal da a Clinton una ventaja de 14 puntos sobre Trump, 52%-38%. Y aunque en el segundo debate Trump siguió apelando a su segura base, no le va muy bien con otros sectores requeridos para ganar la Casa Blanca, incluyendo los votantes blancos con educación universitaria. Y ni qué decir de los hispanos y los afroamericanos. A Trump tampoco le va bien en algunos de los estados pendulares necesarios para ganar la Casa Blanca. Incluso en Ohio, el nominado republicano está en problemas y ningún republicano ha ganado la Casa Blanca perdiendo en Ohio. Claro está, la elección será decidida por el nivel de participación de todos los sectores vitales para ganar la presidencia, incluyendo los votantes hispanos. Pero, hasta ahora, el colegio electoral no pinta bien para Trump.

 

El Partido Republicano se hizo de la vista larga cuando un charlatán sexista, machista y racista se convirtió en el rostro del partido de Abraham Lincoln. Ese mismo charlatán ha definido el partido ante los votantes estadounidenses.

 

Hace rato que el Partido Republicano está enfrascado en una lucha interna por su identidad, su alma y su propia existencia, y con esa papa caliente tendrá que lidiar pase lo que pase el 8 de noviembre.

 

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice.

 

 

Preso pero libre

Por Jorge Ramos

Hay libros que se escriben con pluma y papel. Otros en computadora. Pero el del prisionero político venezolano, Leopoldo López, se escribió literalmente en la piel.

 

Los guardias en la prisión de Ramo Verde en Venezuela, donde está encarcelado López desde el 18 de febrero del 2014, tienen instrucciones de evitar que escriba. El régimen de Nicolás Maduro no quiere que sus palabras se escuchen fuera de la prisión. Pero hay maneras de hacerlo.

 

Así me lo contó su esposa y activista por los derechos humanos, Lilian Tintori: “Lo que hacía su hermana Diana es que escribía en su piel párrafos (del libro). Su mamá se escribió en una pierna y así se los llevaba. Yo también me llevaba papelitos o en mi misma piel”. Lo que estas tres mujeres se escribieron en su piel, más algunas notas y dibujos que pudieron burlar la vigilancia de sus carceleros, aparecen en el libro Preso Pero Libre.

 

El libro cuenta el primer año de cárcel de Leopoldo, cuando todavía podía escoger sus lecturas. Logró acumular hasta 300 libros en su celda. Hoy no le dejan tener más de tres a la vez. “El tratamiento que recibimos de la autoridad superior en Ramo Verde es el de prisioneros de guerra en un país extranjero”, escribió. “Somos considerados enemigos.”

 

La primera noche en la cárcel, Leopoldo se encontró con “una sábana vieja y un colchón desgastado que parecía haber sido víctima de un usuario de media tonelada de peso.” Las condiciones no han mejorado.

 

“Es tortura y trato intimidatorio”, me explicó Lilian, quien lo visita dos veces a la semana. “A Leopoldo lo desnudan diez veces al día; no hay ninguna razón pero lo desnudan para torturarlo, para tratar de quebrarlo mentalmente.” Sin embargo, no lo han logrado.

 

“Desde que llegué a Ramo Verde entendí que mi principal terreno de lucha estaba en mi estado de ánimo y en mi mente”, escribió Leopoldo. “Si yo estoy bien, mi familia está mejor y mi equipo político está más motivado.” Leopoldo tiene su rutina: se levanta a las cinco de la mañana, tiende la cama, toma café, reza, hace ejercicio, practica boxeo con otro reo y a media mañana comienza lo que él llama su primer bloque de lectura. La disciplina marca el resto de su día. Su mantra: “El que se cansa, pierde.”

 

 

 

 

Leopoldo López fue condenado a más de 13 años de prisión por, supuestamente, instigar a una rebelión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Contrario a lo que pensaba su familia, Leopoldo tomó la decisión de entregarse a las autoridades. Ahora su liberación depende de un cambio de gobierno. “Quien tiene preso a Leopoldo es Nicolás Maduro”, me dijo Lilian.

 

Ella y la oposición venezolana están empujando por la realización de un referéndum revocatorio, como indica la ley, para sacar a Maduro de la presidencia. Pero el gobierno está haciendo todo lo posible para invalidarlo o posponerlo hasta el próximo año. Sin un cambio de gobierno sería casi imposible que liberaran a Leopoldo y a los otros 108 prisioneros políticos que hay en Venezuela, según el conteo de Lilian.

 

“Estamos hablando de una dictadura en Venezuela”, me dijo ella en una reciente entrevista en Miami. “Maduro es un dictador. El sabe que en Venezuela no hay comida, no hay medicinas y hay violencia. Cada 18 minutos matan a un venezolano. El lo sabe y no hace nada para evitarlo.”

 

Mientras crece la presión contra el gobierno de Maduro han empeorado, también, las condiciones carcelarias contra Leopoldo. “Hoy Leopoldo ya no puede escribir”, me contó su esposa, quien ha liderado una campaña mundial para liberarlo y, en el proceso, se ha convertido en una de las principales defensoras de los derechos humanos del hemisferio. “Nos quitaron las llamadas familiares por dos meses. Lo encierran todas las noches a las ocho, sin luz, y no le permiten ni una vela, ni una lámpara, para leer.”

 

Lilian, la mamá y la hermana de Leopoldo, ya no pueden escribir en la piel de sus piernas y brazos las cosas que Leopoldo quiere decir desde la cárcel. “Hoy en la requisa nos limpian la piel con alcohol para que no podamos escribir nada”, me explicó Lilian. Pero para Maduro y sus secuaces ya es demasiado tarde. Todo se sabe. El libro está escrito y Venezuela se rebela. No hay nada que pueda detener una idea cuando su tiempo ha llegado.

 

 

Somos más que una cosa:

somos un voto

Por David Torres

America’s Voice

 Cada vez que escucho comentarios como el que emitió con cierto disgusto y clasismo el gobernador republicano Mike Pence durante el debate vicepresidencial de la semana pasada, al referirse a “la cosa mexicana esa”, luego de que el tema lo trajo a colación su contendiente demócrata Tim Kaine, trato de no pensar en mí en primera instancia. Aunque como mexicano es realmente difícil no sentirse insultado, dadas las circunstancias.

 

Bueno, podría reaccionar, como ocurrió, pensando en una serie de esas hermosas y significativas “malas palabras a la mexicana” listas para ser usadas en contra del Trumpismo y de todos aquellos que apoyan las ideas del candidato presidencial republicano, incluyendo a Pence y a una buena parte de sus ancestros, aunque estos últimos, claro está, no tienen la culpa de tan mala semilla, ni es mi estilo rebajarme a ese nivel de insultos.

 

Incluso podría reaccionar de una manera, digamos, “más educada o intelectual”, tratando de entender la moderna psique estadounidense en relación con el racismo, un racismo que intenta ser impuesto como algo “normal” en la sociedad contemporánea a través de una campaña sostenida por fanáticos, demagogos y xenófobos.

 

Sin embargo, prefiero pensar en las millones de personas del pasado y del presente que sacrificaron todo —y cuando digo todo es todo— para venir a esta “tierra de oportunidades”, dando a este país lo mejor de sus vidas y proveyendo a esta nación al mismo tiempo la oportunidad de reinventarse una vez más, como ha sido a lo largo de toda su historia.

 

 

 

 

Pero en lugar de que el sacrificio –militar, económico, social, cultural, demográfico, lingüístico, etc.– que esos millones de inmigrantes han hecho a lo largo de la historia de Estados Unidos sea reconocido, o al menos esperar un decente y humano nivel de aceptación, somos considerados como “una cosa”, sólo una “cosa” que puede ser usada en un debate para continuar con el vituperio, la majadería cultural y el insulto claro y evidente contra una comunidad como la mexicana.

 

Pence también ha mostrado de este modo la despreciable y verdadera esencia de un racista que aspira a ganar la Casa Blanca, con el fin de imponer su visión de un país que, muy a su pesar, cambió hace mucho, mucho tiempo. Pero parece que la xenofobia no les permite ver más allá de un solo color.

 

Aun así, estoy convencido, como inmigrante que sufragará por primera vez con base en los derechos que me otorga la Constitución como nuevo ciudadano, de que los mexicanos y, en general, los inmigrantes naturalizados de cualquier origen, somos más que “una cosa”: somos un voto.

 

Y noviembre está cada vez más cerca. Esa es la buena noticia.

Veo a Trump, oigo a Chávez

Por Jorge Ramos

No lo puedo evitar. Cuando veo hablar a Donald Trump inmediatamente me acuerdo de Hugo Chávez. No son igualitos pero tienen muchas cosas en común.

 

¿En qué se parece el magnate multimillonario que quiere llegar a la Casa Blanca con el líder bolivariano que atacó la democracia en Venezuela y murió en el 2013? Más de lo que pareciera a simple vista. Basta googlear los nombres de los dos líderes juntos para tener una larga lista de artículos y blogs sobre demagogia, populismo y autoritarismo a principios del siglo XXI.

 

Les cuento lo que yo vi de ellos dos. Lo primero que sorprende a quienes han estado frente a Trump o Chávez es que todo es sobre ellos. La palabra “yo” se repite interminablemente en sus discursos y hablan de sí mismos en tercera persona. Esa es la primera señal de arrogancia y megalomanía.

 

Concentran el poder. Esa es otra característica esencial. No aceptan críticas, son su mejor consejero, son siempre el centro de atención, se presentan como todopoderosos, no permiten que nadie compita contra ellos y su voluntad va por encima de leyes y tradiciones.

 

Odian a la prensa. Los altera enormemente que alguien los cuestione. Y si eso ocurre, agreden e insultan. Cuando confronté a Chávez durante una entrevista en Venezuela en 1999 lo primero que hizo fue insultarme: “Estás repitiendo basura”. Trump hizo lo mismo en el 2015 en Iowa; en lugar de contestar mis preguntas me expulsó con un guardaespaldas de una conferencia de prensa.

 

Trump y Chávez aprendieron a saltarse a la prensa. ¿Para qué dar entrevistas a periodistas que hacen preguntas incómodas si pueden conseguir una mayor audiencia en discursos televisivos (que han transmitido ingenuamente las estaciones de Estados Unidos y en las obligatorias cadenas nacionales en Venezuela)?

 

No recuerdo nunca haber visto a Chávez usar un teleprompter. Improvisaba por horas y se alimentaba del estado de ánimo de quienes lo oían. Trump casi nunca lo usa -salvo cuando quiere parecer lo que no es- y tiene la misma capacidad chavista de decir lo que la gente quiere oír.

 

 

 

 

Sí, ambos leen mentes. Ese es su don político. Entienden qué es lo que le duele a la gente, escogen a un enemigo, dividen al país y luego se presentan cómo sus salvadores. Son enojones. Saben que la indignación es un gran instrumento político y dirigen la rabia de los electores contra sus enemigos.

 

Profesan una especie de pensamiento mágico; creen que las cosas van a ocurrir sólo porque ellos lo dijeron y piden una confianza ciega en sus promesas. Tienen una autoestima gigantesca. Su historia personal -Chávez surgiendo de la pobreza y Trump convirtiéndose en billonario- refuerza su narrativa electoral: yo puedo transformar al país a mi imagen y semejanza.

 

Son el centro de cualquier campaña electoral. Los otros candidatos suelen desaparecer. Toda votación es un referendo sobre su persona. Trump ¿si o no? Chávez ¿sí o no?

 

Son muy inescrupulosos. Hugo Chávez era un gran mentiroso. Mintió flagrantemente para llegar al poder en 1998; dijo que entregaría la presidencia en cinco años o menos, y que no tomaría el control de ninguna empresa privada o medio de comunicación. No cumplió su palabra, cambió las leyes y, sin pudor, se quedó 13 años en el poder hasta su muerte.

 

Trump, también, miente descaradamente. El fin de semana pasado The New York Times detectó 31 mentiras públicas de Trump y el sitio Politico identificó 87 ocasiones en que el candidato exageró o dijo algo falso.

 

Trump y Chávez son los típicos caudillos. De esos, desafortunadamente, hemos tenido muchos en América Latina. Debido a la fragilidad del sistema democrático en Venezuela, Chávez abusó de su poder y se convirtió en un líder casi dictatorial. Eso no puede ocurrir en Estados Unidos y es, quizás, la diferencia más grande entre los dos.

 

Trump no podría tomar control del ejército, la Corte Suprema, el Congreso y los medios de comunicación como lo hizo Chávez en Venezuela. Pero lo que sorprende tanto es que Trump haya aparecido en una democracia con 240 años de historia. Por eso, cuando veo a Trump me brinca el corazón porque sigo oyendo a Chávez.

 

 

 

 

Empleadas de limpieza,

a mucho honor

El enfoque continuo del “Momento Alicia Machado” en el primer debate presidencial fue especialmente devastador para Donald Trump, al poner al desnudo su crueldad, racismo y misoginia, además de exhibir ante todos su oscura visión de Estados Unidos. Al reflexionar sobre las implicaciones de esta historia, Gabe Ortíz, de America’s Voice, escribió un artículo titulado “Por todas las ‘Señoritas Empleadas de Limpieza’, entre ellas mi mamá”. El artículo, una poderosa reflexión personal, se reproduce a continuación:

 

“Cuando Donald Trump atacó a la ex Miss Universo Alicia Machado al referirse a ella como “Señorita Empleada de Limpieza” (Miss Housekeeping) , iba más allá de ser un insulto personal y racista. Él mostró el desprecio que tiene hacia las mujeres inmigrantes que mantienen a sus familias como empleadas de limpieza y trabajadoras domésticas, como mi mamá.

 

“Cuando era pequeño, mantuve en secreto el hecho de que mi mamá trabajaba como empleada de limpieza para que mis amigos no lo supieran. Me daba mucho miedo el ser etiquetado como “el pobre niño mexicano”. Era como si todos los niños de mi escuela vivieran en grandes casas y tuvieran padres que trabajaran en bonitas oficinas. Mi madre trabajaba limpiándolas.

 

“Al crecer me di cuenta finalmente del significado de la palabra “dignidad”. El trabajo de mi madre nunca había sido insignificante para ella. Le permitió mantener a su familia y ser independiente, tras dejar a un esposo abusivo. Pero lo más importante es que era feliz. ¿Entonces por qué habría de ser insignificante para mí?

 

“Sabemos que Donald Trump no valora la dignidad ni el trabajo de las mujeres inmigrantes como mi madre, a pesar de que él y sus empresas se benefician de su fuerza laboral. En Las Vegas, a las mujeres inmigrantes que limpian los cuartos de su hotel de 64 pisos, el multibillonario les paga $3 dólares menos la hora que a la mayoría de los trabajadores del área.

 

“Cuando algunas de esas mujeres intentaron sindicalizarse, tal como el 98% de los otros trabajadores de los casinos, a fin de obtener un salario justo, fueron despedidas en el acto por la administración del Hotel Trump.

 

 

Seamos realistas, Trump no sería capaz de mantener sus hoteles sin las miles de “Señoritas Empleadas de Limpieza” que trabajan duro para que él gane dinero. “Ni siquiera las mujeres inmigrantes en posiciones más privilegiadas se han salvado de su avaricia. Como Miss Universo, a Machado se le debía pagar por contrato 10% de las ganancias de sus anuncios y comerciales. “Participé como Miss Universo en más campañas que la mayoría”, ha dicho. “En un año, le hice ganar a la compañía mucho dinero”. Nunca le pagaron.

 

“Lo que queda claro es que Donald Trump no sabe nada de lo que significa trabajar duro. Trabajar duro es atender las casas de otros a costa de la tuya. Trabajar duro es cocinar y alimentar niños de otras madres y no poder ver a los tuyos hasta la noche. Trabajar duro es ser visto como algo insignificante, o no ser visto para nada.

 

“De tal modo que cuando Donald Trump intenta denigrar a Alicia Machado al decirle “Señorita Empleada de Limpieza”, es algo personal. Donald Trump no sólo la insulta a ella, sino me insulta a mí y a muchas otras ciudadanas estadounidenses empleadas de limpieza y trabajadoras domésticas que son nuestras madres. Nuestro mensaje para Donald Trump debe ser claro: no olvidaremos y vamos a votar.

“Estoy muy orgulloso de Alicia Machado y de todas las madres, y las llevaré orgullosamente en mi corazón cuando emita mi voto el 8 de noviembre”.

 

 

Hacer la guerra es fácil

Para mis amigos colombianos, que no han tenido un solo día de paz en su vida.

Por Jorge Ramos

“En esta guerra no hubo vencedores ni vencidos”, dijo hace unos días Timochenko, uno de los líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Y lo primero que pensé fue: qué desperdicio de vidas y de tiempo.

 

Llevan 52 años en guerra y 220 mil muertos (según el Centro Nacional de Memoria Histórica) y ¿hasta ahora se dan cuenta de que no sirvió para nada?

 

Pudieron haber parado la guerra al primer año, a los 10 o incluso cuando ya llevaban 40 años luchando. Pero siguieron peleando con la esperanza, supongo, de que en algún momento destrozarían a su enemigo. No pasó.

 

En varios de mis viajes a Colombia durante las últimas tres décadas recuerdo haber regresado con la misma conclusión: los guerrilleros nunca le podrán ganar al ejército y los soldados tampoco podrán vencer a las guerrillas. Incluso en la época de Alvaro Uribe -cuando con un altísimo costo se redujo el número de guerrilleros- los colombianos nunca estuvieron cerca del fin de la guerra.

 

Por eso, ahora que la posibilidad de paz se acerca, espero que no la desperdicien. Los colombianos decidirán en un referéndum, el próximo dos de octubre, si ratifican los acuerdos de paz entre las guerrillas de las FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Es una oportunidad histórica y una de las mejores noticias que hemos tenido en América Latina.

 

“Después de la paz comienza lo difícil: la construcción de esa paz”, dijo el presidente Santos hace poco ante Naciones Unidas. Tiene razón.

 

Lo más fácil sería seguir peleando. Las inercias y los resentimientos están bien aceitados. Los dos lados han mandado a pelear a sus niños y jóvenes y esa es la fórmula perfecta para transmitir el odio de generación en generación. ¿Quién no quiere vengar la muerte de un hijo o una hija, de un padre, una madre o un hermano?

 

 

 

Imposible ponerse en el lugar de un padre que perdió a su hijo o de los niños que crecieron solos por el secuestro de su madre. Estoy seguro que el dolor es insoportable, paralizante y que nunca desaparece por completo. Pero solo desearía que casos como esos no se volvieran a repetir. Es todo. La paz les da esa oportunidad. La guerra no.

 

“¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?” le preguntó una vez en una carta en 1932 el científico Albert Einstein al doctor Sigmund Freud. “¿Cómo es posible que las masas se dejen enardecer hasta llegar al delirio y la autodestrucción…?”

 

La primera respuesta de Freud a Einstein, también en una carta, fue desalentadora. “En principio, pues, los conflictos de intereses entre los seres humanos se solucionan mediante el recurso a la violencia”, escribió Freud. “Así sucede en todo el reino animal, del cual el hombre no habría de excluirse.” Pero después nos da la solución a las guerras. “La violencia es vencida por la unión: el poder de los unidos representa ahora el derecho, que se opone a la violencia del individuo aislado”, concluye Freud.

 

Eso es precisamente lo que está pasando en Colombia. Es el poder de los unidos; es la unión de los enemigos que deciden dejar de serlo. Y ese acuerdo negociado en Cuba durante cuatro años entre los antiguos opositores da lugar a nuevas reglas.

 

La paz va a doler. Sí, sé que será repugnante que un asesino camine, impune, por las calles de Santa Marta o que un antiguo secuestrador viva a solo cuadras de una de sus víctimas en Bogotá. Los crímenes contra la humanidad no prescriben y deben ser, siempre, procesados. Pero habrá otras violaciones a los derechos humanos, igual de trágicas para las víctimas o sus familiares, que no serán perseguidas bajo los acuerdos de paz o que se perderán en el olvido.

 

Al final, solo una comisión de la verdad, creada en un momento más propicio, podrá poner punto final a más de cinco décadas de abusos. Si la verdad es lo primero que se pierde en una guerra, solo la paz podrá regresar a Colombia el estado de ánimo necesario para ver hacia atrás, con calma y justicia.

 

Me siguen resonando las palabras de Timochenko. Que en esta guerra entre hermanos y vecinos nadie ganó y nadie perdió. Cuántas vidas perdidas en vano. Qué guerra tan inútil y absurda.

Un país atrapado en las mentiras

Por Maribel Hastings

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

 

Me imagino que el presidente Barack Obama “respiró aliviado” cuando el nominado presidencial republicano, Donald Trump, reconoció hace pocos días que el mandatario nació en Estados Unidos, tras encabezar por cinco años el movimiento que cuestionó la legalidad de la presidencia de Obama por presuntamente haber nacido en el extranjero.

 

Obviamente digo con ironía que Obama respiró aliviado. Lo que no es irónico sino indignante es el descaro de Trump, que ahora, en la recta final de la contienda presidencial, hace como que da marcha atrás a sus locuras, prácticamente obligado, para tratar de parecer “razonable” ante el electorado. Todo tras haber perpetuado y explotado una más de sus mentiras para echarle leña al fuego del prejuicio que sustenta su campaña de odio y división.

 

Y, como es la costumbre de los cobardes, ni se disculpan y buscan a quién echarle la culpa. Trump tuvo la osadía de afirmar que fue Hillary Clinton, en la lucha por la nominación demócrata contra Obama en 2008, quien inició el rumor y que él sólo “lo terminó”. Trump es como Jalisco, nunca pierde y si pierde, arrebata.

 

Lo que es peor, el burdo intento de parecer razonable y presidencial no tiene ningún peso, pues dizque retractarse a regañadientes no disfraza lo que ya Trump demostró que es: prejuicioso, clasista, sexista, burlón, cruel, cínico y errático, entre muchas otras cosas.

 

En esta contienda presidencial ha sido imposible tener una discusión de altura de los retos que enfrenta el país, porque toda la atención se ha centrado en los excesos y exabruptos racistas, sexistas y xenófobos de Trump, o en los benditos emails de la nominada presidencial demócrata, Hillary Clinton, quien al menos ha hecho propuestas más detalladas en diversos asuntos.

 

Trump sólo dice generalidades y si aparenta ser más específico, nunca aclara con certeza qué quiso decir, como ha probado su presunto plan migratorio. Siempre dice que “más adelante” proveerá detalles, al igual que se ha negado a revelar sus declaraciones de impuestos diciendo que lo hará “más adelante”, cuando concluya la auditoría de la que presuntamente es objeto.

 

Y a una semana del primer debate presidencial y a escasos días para las elecciones, Trump quiere que los votantes lo compremos sin saber qué propone, aunque ya conocemos sus defectos: su crasa falta de respeto hacia los demás, su prepotencia y su total desconocimiento del mundo que lo rodea.

 

 

 

Es como comprar un auto sin probarlo o sin saber sus especificaciones; como casarse sin haber conocido a la persona. Este individuo pretende que se le confíen las riendas de una nación. A una persona que ama las teorías de la conspiración y las explota a su favor, como también explota el prejuicio y el racismo de un sector de este país. Un individuo que elogia dictadores, que desdeña a las minorías y a la prensa.

 

Este petulante que apela a lo peor de este país está en una cerrada lucha con Clinton, lo que no sólo pone de manifiesto las debilidades de la nominada demócrata, sino que dice mucho del electorado.

 

¿Estamos tan desconectados y decepcionados del sistema que lo mismo nos da quién asuma las riendas de este país? ¿Estamos realmente tan desesperados que le daremos esas riendas a un mitómano y megalómano inestable, sobre todo si optamos por no votar?

 

En pocos días lo sabremos.

 

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice.

 

Debatiendo los debates

Por Jorge Ramos

Nunca antes habíamos tenido dos candidatos presidenciales tan impopulares en Estados Unidos. Así que los próximos tres debates entre Hillary Clinton y Donald Trump serán para ver a cuál de los dos rechazan menos los votantes.

 

La indignación y enojo que ha generado Trump está ampliamente documentado: ha comparado a mujeres con animales, le ha llamado criminales y violadores a inmigrantes, propone discriminar a millones de musulmanes sólo por su religión, ha ofendido a personas con discapacidades físicas, cree que el calentamiento global es un invento de los chinos y por años se rehusó a decir que el presidente Obama había nacido en Estados Unidos.

 

En el país que es sinónimo del capitalismo, un empresario multimillonario no nos quiere decir cuánto ha pagado de impuestos. La excusa es que le están haciendo una auditoria. Pero cualquier votante desde el este de Los Angeles hasta Hialeah en la Florida debería saber si ha pagado un mayor porcentaje de impuestos que Trump.

 

Hillary Clinton, por su parte, ha tenido tos y un problema de credibilidad. Las encuestas dicen que mucha gente no le cree. ¿Por qué? Porque sospechan que borrar miles de correos electrónicos de un servidor privado es para esconder algo. Y porque tomar decisiones simultáneamente en el Departamento de Estado y en la Fundación Clinton pudo haber generado conflictos de interés.

 

Lo de la tos, causada por una neumonía, nos puede pasar a cualquiera. Pero ¿por qué el retraso de varios días en informar el diagnóstico a la prensa? ¿Será esa su misma manera de operar en la Casa Blanca?

 

No estoy muy seguro que en los debates obtendremos respuestas a todas nuestras preguntas para ambos candidatos. Pero sí espero que quede claro quién puede liderar la nación más poderosa del mundo en un momento de tanta división interna.

 

 

Yo, personalmente, quiero ver los debates para entender qué es lo que quieren hacer con los 11 millones de inmigrantes indocumentados. Solo les adelanto algo: esos inmigrantes son ya parte de nuestra economía y de nuestra sociedad y no se van a ir voluntariamente. Están aquí porque hay miles de empresas que los contratan y porque hay millones de personas que se benefician de su trabajo.

Solo veremos a dos candidatos debatir. Pero me hubiera gustado que fueran cuatro.

 

Es una pena que en el primer debate presidencial no incluirán al candidato del partido Libertario, Gary Johnson, y a la candidata del Partido Verde, Jill Stein. He organizado foros con Johnson y con Stein y, sin duda, tienen ideas que nunca escucharíamos de Hillary Clinton y de Donald Trump. Son una verdadera tercera opción y es difícil entender por qué la Comisión de Debates Presidenciales, en una campaña electoral única como esta, no fue más flexible en su regla de solo aceptar a candidatos que tuvieran un 15 por ciento de apoyo en un promedio de encuestas. Todos perdemos.

 

Por último, tengo una gran admiración por todos los periodistas que participarán como moderadores en los tres debates presidenciales y en el vicepresidencial. Sé que están bajo enorme presión. Pero espero que entiendan que su rol, en esta ocasión, es muy distinto al de otros debates presidenciales.

 

El moderador que solo planteaba temas y luego se distanciaba para que los candidatos dijeran cualquier cosa es una forma muy vieja de hacer periodismo. En esta ocasión los moderadores deben asumirse, antes que nada, como periodistas, no como policías de tránsito; activos y participantes, no pasivos y pacientes; haciendo las preguntas que nosotros los telespectadores quisiéramos hacer.

 

Les pido a los moderadores, por favor, que tomen partido. No, no por ningún candidato sino que tomen partido por la audiencia y por los votantes. Es el periodismo como servicio público. Están obligados a hacer preguntas duras e incómodas, a corregir a los candidatos si mienten, a presionarlos si no quieren contestar y a evitar que tiren rollos llenos de generalidades. Al final, si las dos campañas se quejan del moderador será la mejor señal de que hicieron bien su trabajo.

 

Cualquiera de los dos candidatos puede ganar la Casa Blanca. Hay mucho en juego. Los debates son la última prueba de fuego. El mundo, no exagero, estará debatiendo los debates.

 

 

Al racismo por su nombre

Por Maribel Hastings (*)

Hillary Clinton declaró hace pocos días que la mitad de los seguidores de Trump son “una canasta de deplorables” racistas, sexistas, homófobos, xenófobos, antitodo, particularmente antimusulmanes y antiinmigrantes.

 

De inmediato, se generó un furor por sus declaraciones, pues parece que los seguidores de Trump, que tanto se jactan de que su candidato es “auténtico” y no teme llamar a las cosas por su nombre, se ofenden si la crítica es en su contra.

 

¿Debió Clinton bajar al nivel de cloaca que caracteriza la campaña de Trump y el tono del candidato y de sus voceros? Me parece que no, pues sólo les da armas para decir lo que están diciendo: que la candidata demócrata insultó a los 13 millones de votantes que eligieron a Trump como su nominado.

 

Clinton, al final, se disculpó y dijo que no debió hacer el comentario. A lo que no se le prestó mucha atención es que Clinton también reconoció que el apoyo de un sector a Trump responde a que se sienten abandonados e ignorados por el sistema.

 

Y aunque insisto en que Clinton no debió hacer el comentario, me parece el colmo del cinismo y del descaro de parte de Trump y de sus voceros de hacerse los dignos cuando por más de un año el actual nominado se ha dedicado a insultar y a vejar a inmigrantes, mexicanos, mexicoamericanos, mujeres, afroamericanos, veteranos, discapacitados, musulmanes, y a decir barbaridades del presidente Barack Obama, incluyendo que no nació en Estados Unidos y que es el fundador del Estado Islámico. Y todavía no ha tenido la decencia de disculparse por nada de lo dicho.

 

Seamos realistas. ¿Han visto o escuchado lo que se dice en los mítines de Trump? El racismo, el sexismo, la violencia. Son encuentros de miedo. Trump, astutamente, apeló con su lenguaje y sus propuestas a ese sector desagradable de nuestra sociedad: los racistas, los que se enarbolan en la bandera de Estados Unidos y en nombre de un patriotismo de bolsillo, destilan rabia y odio racial. Los ha sacado de debajo de las piedras.

 

Son los que no se recuperan de que un afroamericano haya ganado la presidencia, no una sino dos veces. Los que han estado aguardando por su Mesías que llegó en la figura de Trump.

 

 

El asesor de asuntos de veteranos de Trump declaró en un programa radial durante la Convención Nacional Republicana que Clinton debería ser fusilada por su manejo del tema de Bengasi. En los mítines le piden que la encarcelen y profieren improperios contra ella e insultos raciales contra el presidente de Estados Unidos. Se comportan como una turba de odio.

 

Si vamos a llamar las cosas por su nombre, insisto en que Clinton no debió bajar al nivel de Trump, pero también reconozcamos que el candidato republicano apela a un sector racista, prejuicioso y xenófobo. La campaña de Trump se ha sostenido precisamente en el prejuicio y la falta de respeto y no se disculpa por ello.

 

Si tan orgullosos están de su campaña de prejuicio, entonces que la asuman.

 

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice.

 

 

La trompada

Por Jorge Ramos

La culpa de la visita de Donald Trump a México es del presidente Enrique Peña Nieto y de nadie más. Claro, sus cuates y asesores le dan ideas. Pero el poder ejecutivo radica, precisamente, en la toma de decisiones. Peña Nieto se puso de pechito para la trompada y el bully de Trump lo destrozó.

 

Hubo, sin duda, un serio problema de planeación y uno mucho más grave de ejecución. El equipo del presidente nunca cuidó a su jefe ni al país. Pero la ejecución presidencial fue terrible y vergonzosa.

 

La razón es sencilla: Peña Nieto nunca ha estado preparado para ser presidente de México. Todos lo sabíamos pero muchos no lo querían ver. Desde la entrevista en que no supo responder de qué había muerto su primera esposa hasta su imposibilidad de dar los nombres de tres libros que habían afectado su vida, era claro que estábamos ante un improvisado de la política.

 

Si como candidato falló e hizo trampa, como presidente no ha podido. El país es quien paga las consecuencias. Su gobierno podría convertirse en el más violento en la historia moderna de México. Sigue pendiente el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Y por más que lo quieran tapar, nadie se cree la “investigación oficial” sobre el grave conflicto de intereses en la compra de una casa de siete millones de dólares a un contratista del gobierno.

 

Por eso hay una marcha en la ciudad de México para pedir su renuncia el próximo 15 de septiembre. (La convocatoria de la marcha en Twitter es #RenunciaYa) El artículo 86 de la constitución mexicana contempla la renuncia presidencial “por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión”. Pero aunque haya muchos mexicanos que así lo deseen, no hay ninguna indicación de que Peña Nieto esté considerando renunciar ni que el congreso lo quiera acusar de “traición a la patria o delitos graves del orden común”, como establece el artículo 108.

 

Tampoco es factible que un grupo expertos de Naciones Unidas investigue las compras y propiedades de la familia presidencial, como ocurrió en Guatemala. La oposición política en México tiene, también, mucha cola que le pisen. Así que tenemos Peña Nieto para rato.

 

 

Pero quien sí se fue es Luis Videgaray, su Secretario de Hacienda y principal asesor. Videgaray quería preparar a México ante el peor escenario: un triunfo electoral de Trump. “Este señor (Trump) puede ser presidente y es ahí donde (Peña Nieto) tenía la opción de quedarse de brazos cruzados, intentar una estrategia de insulto recíproco o buscar el diálogo,” dijo en una entrevista antes de renunciar. “Vamos a volver a ver este día, si (Trump) es electo y vamos a decir: oye, a lo mejor eso que criticamos, que en su momento parecía un error político, pues tal vez fue un acierto”.

 

No fue un acierto. El error garrafal de Videgaray y de su jefe fue creer que este era el momento de apaciguar a Trump. No, este es el momento de enfrentarlo y desmentirlo. Y la actitud pasiva, miedosa e incompetente de Peña Nieto en esa humillante conferencia de prensa es un fiel reflejo de su fallida presidencia. Así era de candidato y así es de presidente. ¿Qué esperaban?

 

Invitar a Trump a México fue contraproducente. El error fue tan grande que Peña Nieto, sin quererlo, ayudó a que Trump remontara la distancia que le llevaba Hillary Clinton en las encuestas durante casi todo el verano.

 

Un día después del encuentro Trump-Peña Nieto, CNN inició una encuesta como 1.001 personas (incluyendo a 886 votantes registrados). Al terminarla, cuatro días después, Trump le ganaba con 45 por ciento de la intención de voto a Hillary Clinton, quien tenía un 43 por ciento. Cierto, la encuesta tiene un margen de error del 3.5 por ciento. Pero muestra a un Trump a la alza. No me extrañaría que uno de estos días Trump le enviara un mensaje a Peña Nieto diciendo: Thank you, Enrique.

 

Lo más significativo de todo esto es que Peña Nieto, al igual que muchos otros, se están preparando para lo que hace poco más de un año parecía imposible: una presidencia de Donald Trump. Ya veremos. Aún quedan dos meses de una brutal campaña. Pero lo que es totalmente inaceptable, en cualquier parte del mundo, es seguir el método Peña Nieto frente a Trump: bajando la cabeza y esperando la trompada.

 

 

El traidor abre la puerta al verdugo

Por David Torres

America’s Voice

Los asesores de ambas partes seguramente se quebraron la cabeza para llegar a la misma conclusión: un acercamiento entre Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, y Enrique Peña Nieto, presidente de México, “limaría” asperezas, tras una larga lista de insultos antimexicanos que ha proferido el magnate durante más de 15 meses.

 

Pero lo primero que ha provocado la visita de Trump –a invitación expresa de Peña Nieto— es una ola de indignación dentro y fuera de los dos países, a sabiendas de que el millonario ve en México a su enemigo personal número uno y de que su retórica antiinmigrante se ha fortificado básicamente emitiendo epítetos más que ofensivos contra toda una cultura que no entiende, ni conoce, ni le interesa conocer.

 

El caso es que no se pueden cambiar las ideas de una persona racista respecto del país que más odia con un simple viaje; tampoco se puede cambiar la percepción que tiene un pueblo de su gobernante cuando éste entrega en bandeja de plata la dignidad de su país a su propio verdugo.

 

La altísima desaprobación de Peña Nieto como presidente de unos 130 millones de mexicanos, que ronda el 80%, seguramente mañana rebasará otros tantos dígitos, mañana que, coincidentemente, da su Informe de Gobierno. ¿Pero le importa acaso? Tal vez no, con base en la impunidad que ha mostrado, incluso decidiendo pasar por alto todos los históricos protocolos diplomáticos mexicanos y darle, sin la venia del Congreso, una recepción oficial como si Trump fuera jefe de Estado, incluyendo una declaración conjunta en la residencia oficial de Los Pinos, aunque no se haya incluido la bandera estadounidense.

 

Eso es lo de menos: el hecho es que la presencia de Trump no puede ser digerida ni entendida, aunque ambos se hayan dicho “amigos” en su discurso.

 

Y es cierto que la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México declaró persona non grata a Donald Trump por todo lo que ha dicho contra un país y su gente, amenazando además con construir un muro en la frontera que, en sus planes, México “deberá pagar”. Pero la cuestión es que la sola presencia de Trump en territorio mexicano en una instancia oficial es ya un insulto a los valores que él mismo ha pisoteado con su retórica y que no podrá borrar ni con esta ni con ninguna otra visita a México, dentro o fuera de protocolo.

 

 

 

En su intervención, a Trump no se le escuchó expresar disculpa alguna. No se esperaba que lo hiciera. En su turno, Peña Nieto no le exigió una aclaración al respecto, a pesar de sus palabras en el sentido de que, según su deber, es defender a los mexicanos donde quiera que se encuentren.

 

“Vacuo” y “cobarde” son los términos más apropiados para su mensaje en esa parte. Hay un dicho mexicano que por popular gusta mucho a quienes lo aprenden: “No me ayudes, compadre”; el cual, en realidad, significa todo lo contrario a una muestra de solidaridad con el desvalido.

 

Así Peña Nieto, así su impunidad y la de Trump, personajes que han dado muestra, una vez más, de que la clase en el poder –político o económico– hace exactamente lo contrario de lo que sus pueblos necesitan, pues la ciudadanía deja de contar y se convierte únicamente en materia de retórica para los discursos oficiales, a conveniencia personal.

 

Un traidor ha abierto las puertas al verdugo de su pueblo. Eso, precisamente eso, es alta traición.

 

 

El “presidentito” de México

Por Jorge Ramos

¿En que estaba pensando el presidente de México, Enrique Peña Nieto, cuando invitó a Donald Trump a Los Pinos? Estaba pensando, por supuesto, en que le podía ganar. Pero calculó muy mal. Este será uno de los puntos más bajos de su presidencia. Y eso es mucho decir después de Ayotzinapa, Nochxitlán, la Casa Blanca, el “depa” de Miami y más de 57 mil muertos.

 

Trump se fue de México sin dar una disculpa y sin cambiar, en lo más mínimo, su plan migratorio. Fue vergonzoso ver a Peña Nieto callado e inmóvil en su propia casa mientras Trump tomaba el control de la conferencia de prensa y escogía a los periodistas que le hacían preguntas en inglés. Trump dijo que que sí habían hablado sobre el muro pero no sobre quién lo iba a pagar. Y Peña Nieto, que sabía que eso no era cierto, se quedó callado. Ese fue el día en que Peña Nieto se encogió y se convirtió en presidentito.

 

Cuando Trump terminó su show le dio la palabra a Peña Nieto. Ahí, ya sin un texto que leer, insistió en que su responsabilidad era “defender al pueblo de México”. Pero, irónicamente, no lo hizo. Dos horas y media después del encuentro, Peña Nieto sacó un tuit diciendo que al principio de la reunión le dejó claro a Trump que México no pagaría por su muro. Entonces ¿por qué no se atrevió a desmentir a Trump en público durante la conferencia de prensa?

 

Eso no es diplomacia. Eso es falta de carácter y liderazgo. No, Peña Nieto no representa a millones de mexicanos que son muy distintos a él.

 

Peña Nieto nos ha puesto a los mexicanos a jugar al sicólogo. ¿Por qué invitó a Trump? ¿Por qué se paralizó frente a él? ¿Por qué suavizó los insultos de Trump al decir que eran “malinterpretaciones”? ¿Lo asustó el bully de Trump?

 

Fue una reunión entre dos de las personas más odiadas por los mexicanos, tanto en México como Estados Unidos. Peña Nieto tiene la mayor desaprobación -66%- de un presidente mexicano desde 1995, cuando Reforma empezó a medirlo. En cuanto a Trump, el 73 por ciento de los latinos en Estados Unidos lo considera un racista, según una encuesta de Univision. Tal para cual.

 

 

 

¿Por qué se juntan los impopulares? Porque, en el fondo, quieren que la gente los quiera y están dispuestos a tomar altos riesgos. Peña Nieto no acaba de salir de las acusaciones de corrupción, plagio e incompetencia y necesitaba un fuerte golpe de timón. Presentarse como el defensor de los mexicanos frente al ogro de Trump le hubiera dado muchos puntos. Y Trump está en medio de una controvertida campaña y perdiendo en las encuestas.

 

Eso explica la reunión. Pero salió tan mal que esa misma noche en Phoenix, Arizona, Trump insistió en que construiría un muro de 1.900 millas en la frontera y que los mexicanos lo pagarían aunque ellos no lo supieran. Hasta ahí el éxito de la diplomacia mexicana.

 

Al final, Trump se salió con la suya y Peña Nieto fue el loser (perdedor). Trump aprovechó la situación al máximo. Fue la primera vez que se reunía, como candidato, con un presidente y demostró que estos encuentros de alto nivel pueden arreglarse en solo unas horas, no meses. Además, ejercitó internacionalmente su ya famosa terquedad. Usó a Peña Nieto, como lo tituló con buen ojo el Reforma, y se fue sin una herida.

 

El verdadero muro de Trump está en su cabeza. El quiere aislar a Estados Unidos del mundo y preservar su tradición anglosajona. Por eso el muro y su lucha contra los inmigrantes latinoamericanos, por eso su rechazo a los tratados de libre comercio y su desdén por las organizaciones planetarias.

 

Pero la apuesta de Trump es muy arriesgada. El cree que puede ganar solo con el voto de los estadounidenses blancos y yo creo que se equivoca. Ya no hay suficientes votos blancos en Estados Unidos como para ganar la Casa Blanca. Sin afroamericanos, latinos y asiáticos se acabó la fiesta. En dos meses veremos si tuvo la razón.

 

Peña Nieto, por su parte, desaprovechó una oportunidad única para cambiar la narrativa de su fallida presidencia. El patriotismo, tanto en política como en el futbol, debe ser utilizado en muy contadas ocasiones. Pero en este caso Peña Nieto tenía todo el derecho -y el apoyo de millones de mexicanos- para mostrar su indignación y enojo frente a Trump.

 

No lo hizo. Le faltó…todo.

 

El socialismo en América Latina:

su estructura, su filosofía, su pensamiento, su obra y su total desastre

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

El privilegio más grande que puede tener un ser pensante es el poder expresar por medio de sus escritos sus ideas correctas, políticamente hablando a su comunidad, mas no sus ideales,  qué es lo que piensas, y lograr poner un granito de arena en el pensamiento crítico de las personas, es decir crear una conciencia real, pero también justa y no utópica. Es decir esta última, irreal,  basada en mentiras absurdas que vendan la inteligencia y visión de un pueblo frente a una mentira mediática, como lo es el nefasto socialismo, estructurado de diferentes formas, y llevar a un pueblo a su desgracia humana, lleno de aristas equivocadas procedentes de intelectuales sin un buen sentido de la racionalidad, que es lo que te hace ver las cosas con mejor y clara perspectiva. Comencemos.

 

La estructura básica del socialismo, son las igualdad de las clases sociales, para ellos todos tienen que tener los mismos niveles y derechos, mas quienes los dirigen son los nuevos millonarios y les falta el título de jeque. Un alto contenido de carga ideológica; es decir en una filosofía irreal de los problemas sociales y el manejo de la economía bastante tercermundista, y bastante utópica por supuesto. Es enemigo del libre mercado, cuando éste nos da la oportunidad de practicar la excelencia en las empresas y hacer de las nuevas generaciones más eficientes. Odia los libres pensadores que les digan sus verdades, es decir la intolerancia en el debate es la bandera insignia, también el manejo ineficiente de las economías latinoamericanas  y querer tener de manera totalitaria el control de los poderes del Estado; y consecuentemente el de la región entera y su pueblo. Adherimos también las mentiras mediáticas.

 

La manera de pensar de un líder socialista es totalmente cerrada, son tendientes al populismo, creando estos complejos e ideas horribles en un pueblo, generalmente generan complejos sociales muy rudos, y transmiten una intolerancia hacia las ideas diferentes a las suyas de manera radical. El radicalismo es base de su “pedigrí” ideológico.

 

Sus obras, comienzan bien, pero terminan mal, me explico. Ofrecen el oro y el moro a toda una población echándole la culpa siempre al capitalismo, o a su opositor político de turno anterior, los cuentos y ofertas, especialmente en campaña política, son mejores que los cuentos de blanca nieves y los siete enanitos; pero llegando al poder hacen lo contrario, el lobo del Estado, son ellos mismos.

 

 Hacen a las instituciones democráticas enemigos del pueblo, rigiendo su regla de manera indescriptible. La pobreza es la mejor bandera del socialismo, creando caos, limitando las necesidades del ser humano. Ofrecen todo gratis, pero de muy poca calidad, me explico: en hospitales medicina gratis y cirugías gratis, pero sus componentes malos y pésima atención, en la educación todo gratis pero sin tecnología y sin innovación. Los deportistas, muy atléticos pero no hay chance para que hagan una carrera comercial con sus dones. La burocracia es el dinosaurio de las instituciones gubernamentales.

 

Todo esto conlleva a un desastre socio-económico de la región, desinstitucionalizan las Fuerzas Armadas, pilar importante de una democracia. ¿Cómo cumplen con este propósito mediocre y maquiavélico? Simple: aplican la estrategia castrista y ésta es:

 

“A los que se opongan siémbrales delitos, eso los descalifica para siempre, por todos los medios mantén la mayoría en la asamblea y congreso, mantén a tu lado por lo mínimo a la fiscalía y tribunal. Compra a todos los militares, con ropa, sueldos y equipo, todos los que tengan comandos pónlos donde hay bastante dinero, corrómpelos para lograr fidelidad”.

 

Pues allí tienen la respuesta, ahora, ¿tú apoyarías tremenda barbarie en la región latinoamericana? En este tiempo ser un ROJO  (comunista o socialista), es ser parte del mundo de los  pendejos! (perdón la palabra). Hasta la próxima edición.

 

No nos quieren invitar a los debates

Por Jorge Ramos

Son, digamos, las fiestas a las que todos quieren ir. Pero el problema son los tipos de la entrada que tienen fama de duros y sólo dejan pasar a gente que ya conocen. Las fiestas a las que me refiero son los tres debates presidenciales en Estados Unidos -el primero de los cuales ocurrirá el lunes 26 de septiembre.

 

Los tipos de la entrada son de la Comisión de Debates Presidenciales que desde 1987 se han encargado de organizar, con bastante éxito y autonomía, la logística para enfrentar a los aspirantes a la Casa Blanca. Esos debates suelen ser decisivos y separan a los improvisados de quienes tienen el carácter y preparación para ocupar el trabajo más difícil del mundo.

 

Sin embargo, la preocupación es que, por tradición e inercia, dicha comisión defienda los intereses de los partidos Demócrata y Republicano. Así, otros partidos o un candidato independiente tienen un obstáculo casi infranqueable para participar en los debates: el 15 por ciento de apoyo entre los votantes en un promedio de cinco encuestas.

 

En una elección como la del ocho de noviembre, con dos de los candidatos más impopulares en la historia moderna de Estados Unidos, sería recomendable tener más opciones. Donald Trump tiene un 63 por ciento de opinión negativa y Hillary Clinton un 55 por ciento, según una encuesta de Gallup. Las opciones existen pero el problema es que pocos saben quiénes son.

 

“El setenta por ciento de los estadounidenses no saben quiénes somos”, me dijo en un foro el candidato presidencial del Partido Libertario, Gary Johnson. “En los últimos días hemos recaudado varios millones de dólares que nos servirán para que la gente reconozcan nuestros nombres.” Por ahora los Libertarios apenas alcanzan un 10 por ciento en algunas encuestas.

 

Jill Stein, la candidata presidencial del Partido Verde, está en una situación aún más difícil. Las encuestas le dan un cuatro o cinco por ciento. “Ahí estaré”, le dijo al diario USA Today. Ella aseguró que está dispuesta a ser arrestada si no la dejan participar. “Me sentiría terrible si gana Donald y me sentiría igual de mal si Hillary es elegida”, agregó.

 

 

Jill Stein y Gary Johnson no han sido invitados a la fiesta. Y los periodistas latinos tampoco.

Los hispanos son el grupo de electores de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Este año habrá 27 millones de latinos elegibles para votar. El voto hispano es fundamental en estados claves como Colorado, Nevada y Florida. No exagero al decir que sin los latinos nadie puede llegar a la Casa Blanca. Pero nunca han querido invitar a un periodista latino a moderar uno de los debates presidenciales.

 

¿Por qué? No lo sé. Hay una larga lista de periodistas latinos sumamente capaces que podrían hacer un trabajo extraordinario en esos debates, desde María Elena Salinas de Univision y José Díaz-Balart de Telemundo hasta los periodistas de la cadena ABC, Cecilia Vega y Tom Llamas, y María Hinojosa de NPR.

 

Pero mi sospecha es que ambos candidatos tienen miedo de las preguntas que hagan. Sí, es verdad, estos reporteros -y muchos más- forman parte de un grupo del que no se habla lo suficiente y sus preguntas podrían resultar poco convencionales. Pero ya es hora. El país está cambiando. En el 2044, según la Oficina del Censo, los blancos se convertirán en una minoría en Estados Unidos y los debates presidenciales deben reflejar la creciente diversidad del país.

 

Los debates presidenciales han sido una especie de fiesta entre conocidos con un buen equipo de seguridad en la entrada. Los nuevos chicos del barrio no son siempre bienvenidos. Pero los debates no deben manejarse con las mismas reglas de un club privado. Esta nación también es de nosotros y debe incluir todos los colores y acentos.

 

Hasta el momento, ni los Libertarios, ni los Verdes, ni los periodistas latinos han sido invitados. Pero este es el momento para que la Comisión de Debates Presidenciales revise sus listas y haga nuevas invitaciones.

 

¡Abran los debates! Les aseguro que, si lo hacen, su fiesta servirá para renovar esta democracia en un momento de crisis (además que será mucho más divertida). No queremos ser los aguafiestas. Pero si no nos invitan, pueden esperar muchos gritos en la puerta de entrada.

 

Juan Gabriel y su Amor Eterno

Por Maribel Hastings

Directora Ejecutiva de America’s Voice

 

Me van a disculpar porque esta vez no escribiré ni de Trump ni de Clinton. Falleció el Divo de Juárez, Juan Gabriel, y me conmovió mucho la noticia.

 

Verán, comenzó a gustarme Juan Gabriel porque era de los favoritos de mi madre. Poco a poco nos convirtió a mi padre y a mí en fans del cantautor. Nos gustaba lo variado de sus letras, desde cosas jocosas e inocentes hasta las más desgarradoras de amor y desamor; y a mí en particular me gustaban sus rancheras, en especial “Inocente Pobre Amigo”, “Hasta que te conocí” y “La Farsante”.

 

Sin proponérselo, Juan Gabriel compuso la canción que es himno para muchos que hemos perdido a nuestra madre, “Amor Eterno”, que cuando mi madre falleció hace casi 15 años fue mi mejor refugio junto a “Canto a la Madre”, de otro grande, el panameño Rubén Blades. La música para mí es terapia y escuchar esas canciones se tornó en mi mejor tratamiento sin necesidad de acudir a un psicólogo.

 

Mi madre, sin embargo, nunca vio a Juan Gabriel en concierto. La dicha la tuvimos mi padre y yo precisamente el año pasado, en San Juan, Puerto Rico, sin sospechar que sería también la última vez que disfrutaríamos de uno de sus espectáculos.

 

Nos impresionó su capacidad de echarse al público en la bolsa. Era difícil escucharlo cantar porque de principio a fin el público lo acompañó en todas y cada una de sus interpretaciones, desde las más viejitas hasta las más recientes.

 

Se ponían de pie, le gritaban “¡Te amo!” y él agradecía el enorme cariño que le profesaba su público boricua. Llamaba la atención que ese público incluía personas de diversas generaciones, desde los mayores hasta los más jóvenes probando que su alcance era multigeneracional.

 

Su energía, versatilidad y simpatía en el escenario lo convirtieron en un verdadero “showman” como pocos.

 

Fue sin duda uno de los más grandes embajadores musicales de México para el mundo, y, al mismo tiempo, uno de los más comprometidos promotores de la reforma migratoria, no sólo por el amor a su gente que por necesidad tenía que emigrar a este país, sino por la gran cantidad de sacrificios y rechazos que sufrían, sobre todo los indocumentados.

 

 

Precisamente uno de sus mejores álbumes lo tituló “El México que se nos fue”, una de cuyas más emblemáticas obras es “Canción 187”, sobre la proposición que con ese mismo número el exgobernador republicano de California, Pete Wilson, desató una ola anti-inmigrante en ese estado. Juan Gabriel, de ese modo, también habló y cantó por los suyos en Estados Unidos.

 

El protagonista de “Canción 187”, un indocumentado de Michoacán, va de estado en estado fronterizo probando suerte y declara: “Y por si fuera poquito, tienes otro gran problema, tienes que andarte cuidando siempre de la migración”. Al final regresa a Michoacán y concluye: “Adiós gringos peleoneros, buenos pa’ las guerras son, ellos creen que Dios es blanco y es más moreno que yo”.

 

Juan Gabriel defendió a los indocumentados, a sus compatriotas de este lado de la franja, y amó a su público. Y como su canción, el amor de ese fiel público será, sin duda, eterno.

 

 

Juanga y la “Canción 187”

Por David Torres

America’s Voice

Con toda seguridad no fue la mejor de sus composiciones, a juzgar por las pocas menciones al respecto en torno a su amplio repertorio de 1.800 canciones de su autoría. En eso, los especialistas sabrán juzgar mejor. Pero la “Canción 187” de Juan Gabriel coloca al cantante mexicano, fallecido el domingo en Los Ángeles, en otra dimensión: en una incluso más polifacética que en el tema del amor-desamor que tanto agrada a propios y extraños.

 

Es decir, por si fuera poca su influencia en el ámbito de la lírica popular mexicana –ubicándose sin aspavientos a la altura de cualesquiera otro de los monstruos de la música vernácula latinoamericana–, Juan Gabriel también contribuyó a su manera en la lucha por la reforma migratoria en Estados Unidos con aquel álbum de 1995 titulado “El México que se nos fue”.

 

La Proposición 187, una de las más xenófobas de que se tenga memoria para un estado tan hispanizado como California, desataba un rechazo inusitado en contra de una comunidad asentada durante décadas en esa entidad y a la que se sumaban cada vez más nuevos inmigrantes en busca de otra oportunidad en la vida. Así de sencillo, pero así de difícil de entender para los antiinmigrantes. Pero Juan Gabriel, como muchos otros artistas, no tardó en reaccionar.

 

Y como inmigrante él mismo con residencia en California se dio a la tarea de producir el álbum mencionado, en el que incluye 10 títulos, como “La herencia”, “Mi bendita tierra” y, por supuesto, “Canción 187”, un mensaje directo a la plana mayor del entonces gobierno de California encabezado por el republicano Pete Wilson, pero asimismo a los propios inmigrantes, a los que conminaba con su canción de algún modo a recrear el mito del eterno retorno a la tierra que los vio nacer.

A la postre, la racista Proposición 187 fue derrotada, mientras la “Canción 187” de Juan Gabriel se tarareaba. Y aunque sería demasiado asegurar que su composición fue determinante en ese triunfo pro inmigrante, es al menos justo decir que constituyó un granito de arena en esa batalla tan sufrida, pero tan estoicamente ganada. Cuánta falta hace un Juanga en los tiempos de Trump.

Las casas de Sandra Cisneros

Por Jorge Ramos

Llegué a la entrevista con una pregunta. ¿Qué hace que una de las escritoras más reconocidas de Estados Unidos -una verdadera leyenda de la llamada literatura chicana- decida dejarlo todo e irse a vivir a México? Bueno, eso es exactamente lo que hizo Sandra Cisneros.

 

A los 57 años de edad, Sandra recogió sus cosas, cruzó la frontera -de norte a sur- y se fue a vivir a San Miguel de Allende, Guanajuato. “Me sentí más en mi casa, más feliz y más conectada a mi comunidad”, me contó. “Me siento muy segura ahí. Los vecinos te están vigilando. En Estados Unidos mi temor era morir y que mis perritos me fueran a comer; que nadie me iba a encontrar hasta después de tres días. En México eso es imposible. Todos tocan la puerta. ¿Gas? ¿Agua? ¿Doñita?.

 

Las casas y las mudanzas han marcado la vida y los libros de Sandra. Nació en Chicago, estudió en Iowa y luego se fue a dar clases a San Antonio. Pero en “Estados Unidos”, me dijo, “siempre me siento como una extranjera”. Eso, irónicamente, le ayudo a convertirse en la escritora que es.

 

“Encontré mi voz en el momento en que me di cuenta que era distinta”, escribió en su último libro A House of My Own. “No quería sonar como mis compañeros de clase; no quería imitar a los escritores que estaba leyendo. Esas voces estaban bien para ellos pero no para mí”. De ese descubrimiento nació Esperanza, la protagonista de su famosa novela La Casa de Mango Street.

 

Esta es una lección esencial para cualquier joven escritor: “Empecé a dedicarme a esos temas de los que nadie más podía escribir”.

 

Y escribió de ella. “Yo soy la única hija en una familia con seis hermanos. Eso lo explica todo.” Pero luego, como toda buen escritora, fue profundizando. Era la única hija en una familia mexicana. O, más bien, la única hija de un padre mexicano y de una madre mexicoamericana. México estaba en su destino.

 

 

Así que Sandra se llevó su escritura a México. Y sus experiencias también. “He tenido la experiencia de los espíritus, de lo paranormal, que yo no sé cómo explicar”, me dijo, casi en confesión. “Así que yo no tengo fe; tengo experiencias de algo después de la muerte. No me asusta la muerte porque yo sé que hay algo más allá”.

 

Y luego me habló de su padre. “El amor existe mucho más allá de la muerte. Es muy bonito saber eso. Yo lo sé porque lo siento. Siento el amor de mi padre, que sigue amándome aún más allá. Quizás mi religión es el amor.”

 

Cuando Sandra era niña visitaba frecuentemente la casa de su abuelo paterno en la colonia Tepeyac de la ciudad de México. Fue tantas veces ahí que hasta llegó a pensar que ese era su verdadero hogar. Pero en sus libros -y, sobre todo, conversando con ella- me he quedado con la impresión de que Sandra sigue buscando su casa. Por eso se fue a vivir a México.

 

Al final de cuentas, Sandra sabe que cambiarse de casa no va a resolver nada. Su verdadera casa no está en ningún lugar particular sino en lo que escribe. “Encontré mi voz y mi hogar en la escritura. Y la escritura me la puedo llevar a cualquier país”.

 

Sandra, sospecho, tiene todavía algunas mudanzas y libros en su vida. Lo único que quisiera pedirle es que nos invite a su próxima casa (donde quiera que esté).

 

 

 

La ceguera del racismo

David Torres

America’s Voice

El racista odia. El racista rechaza al Otro sin pensar. El racista no respeta principio alguno más que el que le indica su propia ley: el prejuicio. El racista se encierra en su propio color: la ignorancia. El racista atenta contra sí mismo al odiar a los demás.

 

El racista aún cree anacrónicamente en la “superioridad”, que es, a su vez, prueba inequívoca de su propia inferioridad moral. El racista quiere seguir dividiendo en colores su visión del mundo, a pesar de que el mundo le prueba día con día que esa forma de interpretar la realidad ya no funciona en esta etapa de la historia humana, tan diversa.

 

El racista señala en otros las culpas que él mismo comete y no acepta. El racista propaga el alarmismo ante un “enemigo” que tiene precisamente frente a su propio espejo.

 

El racista emplea la mentira como materia prima de su discurso. El racista piensa que su “verdad” es la única y está convencido de que debe imponerla, incluso con violencia. El racista justifica el ataque de sus huestes contra quienes considera “minorías” o “gente de color”.

 

El racista dice amar a su patria, a pesar de que su patología atente contra los principios constitucionales. El racista no cree en las libertades para todos, salvo las que considera consagradas únicamente para sí mismo.

 

El racista no revoluciona una sociedad, sino que la involuciona y la confunde. El racista atropella con insultos el buen entendimiento entre las sociedades. El racista es incapaz de ser capaz.

 

El racista acapara fácilmente la atención de sus iguales. El racista se exhibe tal y como es de cuerpo entero.

 

 

El racista –como el alcohólico que no acepta que padece de alcoholismo– tampoco acepta que padece de racismo.

 

El racista día con día inventa sobre las rodillas sus propios escenarios de terror, infundiendo de ese modo miedo y pánico en quien sigue hipnotizado en su discurso.

 

El racista se ríe del sufrimiento del más débil, y en cada carcajada quisiera verlo hundido en la ignominia.

 

El racista pone pruebas sin haberlas superado plenamente.

 

¿Quién, entonces, impondrá el “riguroso escrutinio” al racista para ver si su puntaje lo hace digno de ser parte de esta Historia en que se encuentra el presente y el futuro de un país que para tantos es hogar, es refugio y es la Vida?

 

 

Un presidente pequeño

Por Jorge Ramos

Muy cerca de aquí, en un cuarto piso, huele a corrupción. Otra vez se refuerza la percepción de que la familia presidencial mexicana se beneficia de su posición. La historia se repite. Y todo comenzó con reporteros haciendo su trabajo.

 

Un reportaje de José Luis Montenegro y Julio Roa de The Guardian asegura que el empresario mexicano, Ricardo Pierdant, le presta su apartamento en Key Biscayne a la familia presidencial. El apartamento en cuestión -el número 404 del Ocean Tower One- queda exactamente arriba del número 304 que la primera dama, Angélica Rivera, compró en el 2005. Ambos condominios, según el reportaje, se administran como si fuera uno solo y comparten el mismo número de teléfono.

 

Pero hay más. Pierdant, a través de la compañía Biscayne Ocean Holdings, pagó $ 29.703 dólares de impuestos prediales del año 2013 del apartamento de Rivera (#304), dice The Guardian. En ese momento Peña Nieto ya era presidente de México.

 

El periodista Gerardo Reyes de Univisión Investiga reporta que Ricardo Pierdant y Peña Nieto se conocen hace mucho -antes, incluso, de su matrimonio con Angélica Rivera. Ellos fueron compañeros en la Universidad Panamericana. Peña Nieto no puede decir que no sabía del apartamento

 

¿Qué esperaba ganar el empresario a cambio de prestar su propiedad de dos millones de dólares y pagar impuestos de la primera dama? No lo sabemos. Pero el diario británico asegura que la empresa de Pierdant (Grupo Pierdant) es un “contratista potencial” para construir puertos y “se espera que concurse para lucrativos contratos gubernamentales”.

 

La presidencia de México, a través de un comunicado, dijo que The Guardian “faltó a la verdad” y que se trata de una “especulación” decir que Pierdant es un contratista potencial. Pero no negó lo esencial del reportaje.

 

Es muy preocupante que un empresario, con operaciones aquí y en México, pague impuestos de la familia Peña Rivera y les preste un departamento de lujo. Más allá del problema de percepción, se trata de un gravísimo error de juicio. ¿Quién asesora al presidente de México sobre cuestiones de imagen y corrupción?

 

 

Menos mal que, en este caso, el gobierno no podrá presionar para que despidan a los reporteros de The Guardian (como hicieron antes con Carmen Aristegui y su equipo). Pero lo más lamentable es que el presidente y su esposa no aprenden. El ejemplo que dan es fatal. ¿Qué pasaría si todos los funcionarios públicos aceptaran favores como el presidente y su esposa?

 

Además, hay una cuestión legal. ¿Violaron el presidente y su esposa la Ley Federal de Responsabilidades de Servidores Públicos? En el artículo 88 la ley prohíbe recibir dinero, donaciones o servicios. Y en el artículo 89 establece que un funcionario público -como el presidente- debe informar de “obsequios, donativos o beneficios en general”. ¿Lo hizo? Por eso hay que investigar. Pero es poco probable que el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción se estrene con el presidente.

 

Hace poco Peña Nieto pidió perdón por la llamada Casa Blanca mexicana, valuada en siete millones de dólares, y que su esposa compró a un importante contratista del gobierno. Realizaron una falsa investigación oficial -encargada a un subalterno- y dijeron no haber violado la ley. Pero el golpe a su reputación fue terrible. O eso creíamos.

 

Después de pedir perdón, la pareja presidencial debió haber arreglado todos sus asuntos y evitar otro conflicto ético. No fue así.

 

Luego del escándalo de la Casa Blanca, Rivera fue obligada a regresar la propiedad. Tras este nuevo escándalo lo menos que pueden hacer ella y su esposo es desalojar el departamento que les prestaron en Key Biscayne y reembolsar los impuestos. Pero ya me sé el cuento. Dirán que no hay nada ilegal en lo que hicieron y la vida seguirá igual.

 

Lo más triste es que uno de los presidentes más jóvenes que ha tenido México será recordado, no por grandes obras o ideas, sino por la frivolidad de tratar de beneficiar a su familia con otra casa y otro apartamento. Qué presidente tan pequeño. No es el líder que necesitaba México en estos momentos.

 

 

 

La recta final

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Esta última campaña política entre demócratas y republicanos has sido una de las más agresivas de estas últimas décadas, la competencia entre miembros del partido republicano, este dividido desde hace mucho, y los demócratas, ha sido feroz. Los candidatos nominados finalmente para la presidencia de este país, ya han terminado.

 

Por el lado demócrata Hilary Clinton, y por el republicano Donald Trump. Cada uno características específicas, perfiles diferentes, objetivos diferentes, plataforma política totalmente divorciada, con un solo objetivo común, obtener más poder y popularidad, y más que todo ganar las elecciones para ser presidente en este país. Hagamos un simple análisis de estos dos personajes en la recta final.

 

En estas últimas semanas de Donald Trump han sido muy criticado, nunca cambió su plataforma política a nivel nacional, peor su actitud de godzilla engreído, y sus discursos vacios de inteligencia y de mucha verborrea, hacen mucho ruido, por lo mismo; porque él tiene la mente vacía, y éstas son las que más ruido hacen.

 

Las promesas vacías de “Make América Great Again” son irreales, sus expresiones en contra de los latinos, su tangible racismo, y más que todo su asombroso nivel de estupidez humana, que es infinita como la del universo. Ofrecer construir un muro para discriminar a un pueblo trabajador, que hacen el trabajo esforzado y tenaz que ningún americano lo haría en el campo y otras labores sacrificadas, incentivar el odio en contra de otras religiones o creencias, NO dar soluciones prácticas y tangibles para mejorar la economía y mantener nuestro status- quo como primera potencia mundial, si no solamente gritar, agredir e insultar, es y ha sido su perfil.

 

Agredir a sus contrarios políticos de manera insultante, su esposa, copiando discursos de la misma Michelle Obama, actual primera dama y ésta si es una dama, ha sido para destrucción de su imagen, dando a entender de manera tacita y tangible lo poco capaz que ésta sería como primera dama, su moral y comportamiento han sido cuestionadas varias veces, sin importarle a él una pócima. Hasta eso se ve en un candidato, su compañera, que no tenga fama de moral muy relajada pues! Por así decirlo.

 

En cuestión de relaciones diplomáticas sería un  caos, una de la mejores estrategias de un gobernante de corte estadista, es ser un diplomático de primer nivel, así sus alianzas estratégicas serian de mas penetración e impacto en otras regiones y de mejor influencia en Naciones Unidas. La solvencia económica de Donald Trump en su campaña, NO demuestra que con la plata se puede todo, hay otros valores que no se compran, ni se venden, ni se negocian.

 

Hilary Clinton también ha tenido su ‘rabo de paja’, por así decirlo, no ha sido una candidata perfecta, ni una santa del escenario político norteamericano, tiene mucho que aclarar del cuál fue la verdadera situación en Benghazi, una tragedia americana a nivel diplomático-político y militar que se vio vía life-time y no hizo nada para salvaguardar la vida de los Navy Seals allá en Medio Oriente, y más aún salvar la vida de un diplomático de carrera como lo fue el embajador Christopher Stevens, muerto en acción por terroristas que bien se los pudo combatir, pero no hubo la firme decisión de hacerlo, la gran pregunta en esto hacia Hilary es: ¿por qué no lo hizo?.

 

 

Pero comparando de forma práctica y analítica, pese a los errores de cada uno en su independiente gestión, estoy convencido que Hilary Clinton sería más conveniente que ganara, debido a muchos factores:

El Primero, es mujer, la primera mujer que rompería un iceberg de hielo,  de discriminación a este género humano y el machismo, que aunque ustedes no lo crean, en el ambiente político los hay aún esas mentes cerradas y trogloditas que piensan que la mujer no es capaz de muchas cosas, lo son y en algunas áreas y mucho más capaces.

Segundo su experiencia como gestora de la diplomacia del gobierno es fuerte, es decir como Secretaria de Estado; tiene cancha ganada y corrida al respecto, Tercero, tiene como asesor político de su campaña a uno de los mejores expresidentes de este país, Bill Clinton, entonces si ponemos en una balanza tendríamos lo siguiente:

Donald Trump ha quebrado más de cuatro veces en sus negocios, es imprudente, intolerante, racista se ha dado el lujo de tener conversaciones para favor a su campaña con el líder neonazi del Kux Klux Klan David Duke, qué vergüenza!,  y además de mente vacía, cabe para el nombre de una novela como título: el desastre indomable.

En cambio Hillary Clinton es una política de carrera, mucho más balanceada emocional y mentalmente, más prudente, diplomática de carrera, con buena asesoría, ejemplo tangible como primera dama y madre; firme de carácter,  más no vulgar como el otro.  ¿Por quién votarías? Haz un balance práctico y no emocional, excluyendo ofertas baratas de la politiquería, tendremos la esperanza y la fe de que la buena razón y el buen sentido común se hagan sentir en este gran país, hasta la próxima edición!.

 

 

Cantarle a los celulares

Por Jorge Ramos

Ahí estaban frente a mí. Dos ídolos: Joan Manuel Serrat –cuya música forma parte de la banda sonora de mi vida- y Joaquín Sabina –cuyo realismo e ironía llegué a apreciar en mi última década. Conseguí muy buenos boletos para el concierto en Miami y tenía a los dos cantantes a solo unos metros. Era feliz. Pero, de pronto, algo me brincó.

 

Estaba rodeado de fanáticos –parados, bailando y tan emocionados como yo- pero en lugar de escuchar el concierto, lo estaban grabando y tomaban fotos en sus teléfonos celulares. Serrat y Sabina, por supuesto, se daban cuenta de lo que estaba pasando. Qué triste, pensé, venir de tan lejos para cantarle a celulares.

 

Un par de años después, en una entrevista, le pregunté a Serrat sobre esa noche. “No está bien”, me dijo, reconociendo luego que le ocurría en todos sus conciertos y que él, como espectador, no lo hacía. “Cuando voy a un concierto prefiero verlo en directo. Es más lindo ver las cosas en directo. Uno se sienta ahí y puedes ver todo lo que está ocurriendo alrededor”.

 

Lo que le pasa a Serrat y a Sabina en sus conciertos está repitiéndose en todos lados. Jorge Domm, del dueto Camila, me contó como una vez le pidió a sus fanáticos bajar sus celulares por una canción y recibió muchas miradas hostiles. No lo ha vuelto a hacer.

 

En lugar de ponerle atención a la gente, preferimos meternos en nuestros teléfonos celulares. Te doy el número. El 89 por ciento de los norteamericanos reconoce haber usado su celular durante su más reciente reunión social, según un estudio del centro Pew. Es decir, su celular los alejó del lugar donde estaban y de la gente con quien compartían.

 

Más números. El 76 por ciento de los estadounidenses nunca apagan su teléfono o rara vez. Dormir con el celular e ir al baño con él es, casi, lo normal. Y un estudio de Common Sense Media descubrió que la mitad de todos los jóvenes teenagers en Estados Unidos se sienten adictos a su celular.

 

 

 

 

El problema ya no es estar conectados. Recuerdo, casi con nostalgia, cuando mi papá logró poner un teléfono en casa en México después de años de trámites burocráticos. Mis tres hermanos, mi hermana y yo, hacíamos fila para usarlo. Hoy el problema es cómo desconectarse del teléfono.

 

De hecho ya existe una palabra –phubbing- para describir cuando alguien te ignora para atender su celular. No hay, todavía, traducción al español. Por eso, en las redes sociales, pedí sugerencias: ¿Cómo traduces phubbing? El resultado fue una fiesta.

 

“Se llama falta de respeto”, “Yo diría bobear”, “Lo puedes traducir como un imbécil”, fueron algunas de las respuestas en Twitter. “Una persona con quien jamás saldría”, “Ignorar, así de fácil”, “Celulomaníaco”, me sugirieron en Facebook. Pero al final, recibí una frase fulminante: “Esta es la clásica que todos criticamos pero que todos aplicamos”.

 

Tenía toda la razón. En teoría a todos nos parece aborrecible el ignorar a la gente con quienes estamos –en casa, en el trabajo, en una reunión, en un concierto- para usar el celular. Pero la realidad es que todos lo hacemos y nos está dañando.

 

Rob Wile publicó una interesantísima columna en Fusion.net sobre cómo las relaciones de pareja estaban siendo afectadas por los celulares. La columna cita un estudio de Baylor University que indica que el 46 por ciento de los encuestados dice que su pareja los ha ignorado en algún momento por usar su celular. Y el 22 por ciento asegura que eso está ocasionando problemas entre ellos. La conclusión es lógica: si prefieres tu celular a tu pareja, algo anda mal.

 

La verdad es que ya no sorprende llegar a una reunión social y ver a la mayoría de la gente con el celular en la mano o en la mesa. ¿Y has visto cómo reacciona la gente cuando pierde su celular? Es como una muerte en la familia.

 

Nuestra identidad está cada vez más ligada al celular. Es lo primero que buscan los detectives después de un crimen. Pero la verdad es que la vida no cabe en un celular.

 

Mientras tanto, Joan Manuel Serrat se sigue resistiendo al cambio. En un concierto notó cómo un señor estaba grabando todo en un celular. Detuvo el concierto y le preguntó: “¿Cómo va la grabación? ¿No le gustaría ver el concierto en directo?”.

 

Rompiendo barreras

Por Maribel Hastings

Asesora Ejecutiva de America’s Voice

Ver la historia desarrollarse ante tus propios ojos, sean cosas positivas o negativas, es un proceso educativo y edificante. Hillary Rodham Clinton hizo historia como la primera mujer en aceptar la nominación presidencial de un principal partido nacional, 97 años después que se aprobara la Decimonovena Enmienda de la Constitución, que garantiza el derecho al voto de las mujeres en este país, y casi 96 años después que dicha enmienda fuera ratificada el 18 de agosto de 1920.

 

Si resulta electa el 8 de noviembre, Clinton rompería otra barrera como la primera presidenta de esta nación. En 2008, Barack Obama rompió otra barrera como el primer afroamericano en ser nominado presidencial y posteriormente electo presidente de esta nación, 145 años después que un presidente republicano, Abraham Lincoln, proclamara el fin de la esclavitud en Estados Unidos y 143 años después que fuera ratificada en la Decimotercera Enmienda de la Constitución.

 

Su elección en 2008 se produjo además 44 años después que se ratificara la Ley de Derechos Civiles de 1964 que prohibió la discriminación por raza, color, religión, género u origen nacional. Y 43 años después de promulgada la Ley de Derecho al Voto que prohíbe la discriminación racial a la hora de sufragar.

 

No sólo eso. Obama fue reelecto en 2012, y aunque es imposible conseguir todo lo que un presidente se propone, así sea en los dos periodos permitidos en Estados Unidos, su presidencia ha tenido significativos logros. La anhelada reforma migratoria que ayudaría a millones quedó en el tintero; la Acción Diferida para los llegados en la Infancia, DACA 2012, ha ayudado a miles de DREAMers, pero las deportaciones han separado familias. Ahora Clinton asume la deuda pendiente con la comunidad inmigrante y los votantes latinos.

 

Y en mi muy personal opinión, el discurso de unidad y una positiva visión de futuro que ofreció Obama  a favor de la candidata presidencial demócrata, Hillary Rodham Clinton, ha sido uno de los más inspiradores del mandatario desde su discurso de aceptación de la nominación presidencial en 2008.

 

 

 

Ahora Clinton se encamina a unificar su fragmentado Partido Demócrata, a convencer a los seguidores de su rival en las primarias demócratas, Bernie Sanders, de que la visión que ofrece, aunque imperfecta, es una mejor alternativa que abstenerse de votar, porque la alternativa republicana de xenofobia, miedo y exclusión no refleja los valores de este país.

 

Si Obama y Clinton rompieron barreras tras décadas de intentos, las nuevas generaciones que se están levantando y que acogieron con brazos abiertos la agenda social y política de Sanders, no pueden quitar el dedo del renglón para conseguir las transformaciones progresistas que tanto defienden.

 

Su trabajo apenas comienza. En los casi 30 años que llevo cubriendo estos procesos, me ha tocado ver el ascenso de un afroamericano a la presidencia no una, sino dos veces; el ascenso de una mujer a la nominación presidencial y potencialmente a la presidencia; y la revolución progresista de un senador de 74 años que ha inspirado a millones a través del país, sobre todo jóvenes. Son, en efecto, transformaciones históricas que se han ganado por derecho propio.

 

Y algún día, un latino o una latina también hará historia como presidente o presidenta de esta gran nación. Algún histórico día, no muy lejano, que también espero ver.

 

El experimento USA

Por Jorge Ramos

El odio anda suelto en Estados Unidos. Lo que antes solo se pensaba a solas en una recámara o se decía en secreto en la cocina, de pronto, se escucha en la televisión, se lee en las redes sociales y se grita en las campañas por la presidencia. El odio se ha convertido en lo normal.

 

Ese odio será amplificado en las convenciones de los partidos políticos -primero la Republicana en Cleveland, y luego la Demócrata en Filadelfia- y entraremos al caluroso agosto con un país dividido. Este ya es, por definición, un verano de odio. Y el otoño no pinta mucho mejor.

 

El principal factor de odio en este país tiene nombre y apellido: Donald Trump. Él permitió que los prejuicios raciales más íntimos -esos que nunca se mencionaban en público- se convirtieran en el mensaje central de su lucha por la presidencia. Así acusó injustificadamente a los inmigrantes mexicanos de ser criminales y violadores, propuso prohibirle la entrada a 1.600 millones de musulmanes, se burló de un periodista con una discapacidad física y de un veterano de guerra como el senador John McCain, y ha rehusado disculparse por llamarles “cerdos” y “perros” a las mujeres.

 

Trump es un “hater”. Nunca en mi vida he oído hablar así a un político norteamericano. Y muchos de sus seguidores creen que si un candidato insulta y agrede, ellos también pueden hacer lo mismo. El resultado es un preocupante ambiente donde los ataques, la vulgaridad y el racismo se han vuelto la norma.

 

Pero Trump no es el único factor de odio. Las muertes de dos afroamericanos —uno en Minnesota y otro en Luisiana— a manos de policías blancos (y sin aparente razón) destacan una triste realidad: Mientras más oscuro sea el color de tu piel, hay más probabilidades de que seas víctima de abuso policial en Estados Unidos.

 

El gran cambio está en que, por primera vez, estamos viendo cómo opera el odio racial. Es la tecnología al servicio de la justicia. Después que la policía de St. Paul, Minnesota, disparó contra el conductor afroamericano, Philando Castile, su novia empezó a transmitir todo a través de Facebook Live. Miles de personas observaron en vivo mientras la vida de Castile desaparecía tras un incidente que empezó cuando él fue detenido por tener rota una luz trasera.

Lo mismo ocurrió a las afueras de una tienda de Baton Rouge, Luisiana. Un testigo filmó con su celular el momento en que dos policías tiraron al suelo al afroamericano Alton Sterling, y luego captó cuando uno de ellos le disparó en el pecho. La indignación es mucho mayor cuando se ve una injusticia que cuando te la cuentan.

 

Sin embargo, la animosidad racial también puede conducir a los ataques específicos en contra de blancos, como quedó demostrado por los recientes asesinatos de cinco oficiales de policía en Dallas y tres oficiales en Baton Rouge a manos de dos hombres afroamericanos. (Uno de los oficiales en Baton Rouge era afroamericano).

Además, las cifras muestran a una nación que se está quedando sin puentes y sin comunicación entre las autoridades y la ciudadanía que debería proteger. El 69 por ciento de los estadounidenses cree que las relaciones raciales están en su peor momento desde 1992, según una encuesta del New York Times.

 

Ante la matanza de agentes policiales de Dallas y la constante muerte de afroamericanos a manos de policías, al presidente Obama —el primer afroamericano en la Casa Blanca— no le ha quedado más remedio que reconocer lo obvio: “Me parece justo decir que veremos más tensión en la policía — entre la policía y comunidades este mes, el próximo mes, el siguiente año, durante bastante tiempo”, dijo en conferencia de prensa previamente en el mes.

 

Me temo que este verano de odio se va a extender hasta las elecciones del martes 8 de noviembre. No veo ninguna indicación de que los ataques étnicos y raciales vayan a desaparecer. Al contrario; conforme se acerque el día de votación, pudieran aumentar en intensidad.

 

Pero quisiera creer que, por el factor Trump, se trata tan solo de un triste paréntesis en la historia moderna de Estados Unidos y que, para principios de 2017, el civismo y la racionalidad volverán a dominar. Aunque, claro, si gana Trump habrá que tirar esta teoría por la ventana.

 

 

 

 

Cómo ser un buen banquero

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

La banca, hoy por hoy, como trabajo y como carrera es mucho más competitiva, tecnificada, agresiva, y profesional, pero siempre arriesgada también con muchas regulaciones y leyes que protegen a un cliente y a un sistema sensible para fraudes y engaños, debido a la diversidad de productos y servicios que la banca ofrece en todo el mundo. Banqueros hay muchos, pero buenos banqueros pocos; y a los clientes házlos que te busquen no por saber hacer trampas o tu astucia, sino más bien por la calidad profesional que tienes y más que todo por la virtud que actualmente la sociedad carece: la honestidad.

 

Resumiendo un poco de historia comparativa, a veces la gente piensa que ser banquero es estar sentado en un hermoso escritorio de madera, con silla de cuero, tomando una rica taza de café, acompañado de un bizcocho gourmet, leer el periódico y vestirse opulentamente. PUES ESO YA NO ES ASI, ERA! Hace muchísimas décadas atrás, Pero ya no más. El negocio de la banca en si es totalmente diferente, la globalización económica, las altas tecnologías, los diferentes mercados de valores, las técnicas de mercadeo, los estilos de gerencia, los core values y la cultura corporativa son otro mundo en este siglo y para siempre!.

 

El negocio de la banca y los banqueros tienen un objetivo común y está dentro de la naturaleza y ética del negocio, hacer dinero, como todo el mundo tiene derecho hacerlo, pero de manera honesta. Hay mucha mal interpretación de la gente de que los banqueros son ladrones, deshonestos y usurpadores, es un concepto totalmente errado, si bien es cierto han habido banqueros de diferentes niveles y esferas que no han hecho su trabajo de manera correcta. Pero hay algunos que si hacen la diferencia. Ser un pésimo profesional o banquero es fácil, haz todo lo ilegal e incorrecto y veras tus resultados, que no son los mejores en especial en la parte ética y tu futuro profesional se arruinara en un circulo tan pequeño como es la de la banca donde se sabe de todo y de todos!.

 

Por eso si una persona decide tomar como profesión ser banquero tiene que trazarse líneas de negocio claras relacionada con la banca, tener una estrategia objetiva mas no tan soñadora!, la banca es números y ventas y estos son fríos, así de simple!, por lo tanto no se puede ser tan emocional en esta carrera, eso no quiere decir que dejes tu sensibilidad humana ante una situación en la cual tú puedas ayudar a alguien, claro que no!, más bien eso te exalta como persona y profesional.  Me gustaría mencionar algunos puntos importantes que se pueden aplicar para ser un banquero de éxito, dentro del campo de la honestidad y transparencia:

1) Sé honesto, no mientas a tu cliente, la honestidad te exalta, la mentira te menoscaba, aunque al cliente no le uste, dile la verdad.

2) Se organizado en tu oficina y tus archivos, así la ejecución de tu trabajo es más eficiente

 

 

 

3) Practica la buenas relaciones públicas, practica la cortesía y buena educación con tus clientes

4) Jamás juzgues a tus clientes por su forma física o de vestimenta, te podrías llevar una mala sorpresa, pues debajo de esa sencillez puede haber un potencial millonario, o poderoso empresario que le gusta la práctica de la sencillez en vez del orgullo y la vanidad.

 

Para terminar, si decides ser un banquero neto;  profesional, eficiente y ejecutivo, solamente practica y dedícate a la banca, no combines nomenclaturas de negocios que no puedan tener buena química y se te “quema el pan en la puerta del horno” ( al buen entendedor, pocas palabras). Deja siempre las peores preocupaciones y dificultades de esta Industria al que tiene la solución de TODO, Dios.  Hasta la próxima edición!

Un verano de odio

Por Jorge Ramos

El odio anda suelto en Estados Unidos. Lo que antes solo se pensaba a solas en una recámara o se decía en secreto en la cocina, de pronto, se escucha en la televisión, se lee en las redes sociales y se grita en las campañas por la presidencia. El odio se ha convertido en lo normal.

 

Ese odio será amplificado en las convenciones de los partidos políticos -primero la Republicana en Cleveland, y luego la Demócrata en Filadelfia- y entraremos al caluroso agosto con un país dividido. Este ya es, por definición, un verano de odio. Y el otoño no pinta mucho mejor.

 

El principal factor de odio en este país tiene nombre y apellido: Donald Trump. Él permitió que los prejuicios raciales más íntimos -esos que nunca se mencionaban en público- se convirtieran en el mensaje central de su lucha por la presidencia. Así acusó injustificadamente a los inmigrantes mexicanos de ser criminales y violadores, propuso prohibirle la entrada a 1.600 millones de musulmanes, se burló de un periodista con una discapacidad física y de un veterano de guerra como el senador John McCain, y ha rehusado disculparse por llamarles “cerdos” y “perros” a las mujeres.

 

Trump es un “hater”. Nunca en mi vida he oído hablar así a un político norteamericano. Y muchos de sus seguidores creen que si un candidato insulta y agrede, ellos también pueden hacer lo mismo. El resultado es un preocupante ambiente donde los ataques, la vulgaridad y el racismo se han vuelto la norma.

 

Pero Trump no es el único factor de odio. Las muertes de dos afroamericanos —uno en Minnesota y otro en Luisiana— a manos de policías blancos (y sin aparente razón) destacan una triste realidad: Mientras más oscuro sea el color de tu piel, hay más probabilidades de que seas víctima de abuso policial en Estados Unidos.

 

El gran cambio está en que, por primera vez, estamos viendo cómo opera el odio racial. Es la tecnología al servicio de la justicia. Después que la policía de St. Paul, Minnesota, disparó contra el conductor afroamericano, Philando Castile, su novia empezó a transmitir todo a través de Facebook Live. Miles de personas observaron en vivo mientras la vida de Castile desaparecía tras un incidente que empezó cuando él fue detenido por tener rota una luz trasera.

Lo mismo ocurrió a las afueras de una tienda de Baton Rouge, Luisiana. Un testigo filmó con su celular el momento en que dos policías tiraron al suelo al afroamericano Alton Sterling, y luego captó cuando uno de ellos le disparó en el pecho. La indignación es mucho mayor cuando se ve una injusticia que cuando te la cuentan.

 

Sin embargo, la animosidad racial también puede conducir a los ataques específicos en contra de blancos, como quedó demostrado por los recientes asesinatos de cinco oficiales de policía en Dallas y tres oficiales en Baton Rouge a manos de dos hombres afroamericanos. (Uno de los oficiales en Baton Rouge era afroamericano).

Además, las cifras muestran a una nación que se está quedando sin puentes y sin comunicación entre las autoridades y la ciudadanía que debería proteger. El 69 por ciento de los estadounidenses cree que las relaciones raciales están en su peor momento desde 1992, según una encuesta del New York Times.

 

Ante la matanza de agentes policiales de Dallas y la constante muerte de afroamericanos a manos de policías, al presidente Obama —el primer afroamericano en la Casa Blanca— no le ha quedado más remedio que reconocer lo obvio: “Me parece justo decir que veremos más tensión en la policía — entre la policía y comunidades este mes, el próximo mes, el siguiente año, durante bastante tiempo”, dijo en conferencia de prensa previamente en el mes.

 

Me temo que este verano de odio se va a extender hasta las elecciones del martes 8 de noviembre. No veo ninguna indicación de que los ataques étnicos y raciales vayan a desaparecer. Al contrario; conforme se acerque el día de votación, pudieran aumentar en intensidad.

 

Pero quisiera creer que, por el factor Trump, se trata tan solo de un triste paréntesis en la historia moderna de Estados Unidos y que, para principios de 2017, el civismo y la racionalidad volverán a dominar. Aunque, claro, si gana Trump habrá que tirar esta teoría por la ventana.

 

 

 

 

Trump y su severo

problema latino

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice

A poco más de tres meses de las elecciones generales, la campaña del aspirante presidencial republicano, Donald Trump, anunció una gira para atraer el voto latino. Pero la pregunta obligada es si después de sus insultos contra los inmigrantes y los hispanos y de la atmósfera poco incluyente que ha caracterizado a la Convención Nacional Republicana en esta ciudad, ya es irremediablemente tarde para que Trump atraiga el sufragio hispano.

 

En un foro de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados (NALEO), Arturo Vargas, director ejecutivo de la organización, dio un consejo a ambos partidos políticos: “No asumir que los latinos no votarán por ti por tu afiliación política y no asumir que los latinos votarán por ti por tu afiliación política”.

 

En juego están los 13.1 millones de hispanos que se espera acudan a las urnas el 8 de noviembre, un alza de casi 9% del segmento electoral hispano con respecto a 2012 y un incremento de 17% de participación con respecto a 2012.

 

Claro está, los 13 millones son poco menos de la mitad de los 27.3 millones de hispanos elegibles para votar, lo que constituye el reto de NALEO y de otros grupos para lograr que se registren y voten. Entre 2012 y 2016 se han sumado cuatro millones de latinos elegibles: 3.2 millones de esos son estadounidenses de origen hispano que cumplieron los 18 años de edad, 1.2 millones que se hicieron ciudadanos, y 130 mil puertorriqueños que han migrado a este país.

 

Un 53% de los votantes latinos se concentran en tres estados: California, Nueva York y Texas, pero también en estados oscilantes y en otros donde a pesar de no constituir un alto porcentaje, pueden marcar la diferencia en una elección cerrada.

 

Hasta el momento el republicano Trump actúa como si sólo necesitara votantes anglosajones para ganar la Casa Blanca.

 

Daniel Garza, director ejecutivo de la conservadora Iniciativa LIBRE, lo ve de esta manera: “Hasta hoy la campaña de Donald Trump no ha tenido acercamiento con la comunidad latina y la única persona haciendo ese acercamiento ha sido (la aspirante presidencial demócrata) Hillary Clinton. Trump se ha dejado definir por Clinton. Es hora de que Trump tenga un acercamiento proactivo con la comunidad latina”, dijo Garza.

 

“Es tarde, pero todavía (Trump) está a tiempo porque hay una probabilidad de que sea nuestro presidente y la comunidad latina tiene que saber de primera mano quién es Trump; que salga por Univisión, por Telemundo, por todas las plataformas de medios en español. ¿Dónde está Donald Trump?”, cuestionó Garza.

 

 

 

 

Hay quienes opinan que Trump ya se definió perfectamente ante los latinos. La más reciente encuesta de Univisión concluye que 72% de los votantes hispanos cree que Trump es racista.

 

Luis Fortuño, exgobernador de Puerto Rico, otro líder republicano y delegado del senador Marco Rubio, acepta que la ruta republicana con los hispanos es difícil, pero no imposible.

 

“Todavía (Trump) no me ha convencido, a ver qué pasa. Tenemos una situación bien difícil entre dos candidatos con índices de desfavorabilidad altísimos y no es lo mejor que quisiéramos tener Todos los electores estamos en una situación sumamente complicada”, declaró el exgobernador.

 

Fortuño, como otros líderes hispanos republicanos que han asistido a esta convención, hacen malabares al responder preguntas sobre Trump y el voto latino. Pero serán esos votantes latinos los que tengan la última palabra. ¿Será realmente tarde para Trump?

Miguel no quería morir así

Por Jorge Ramos

Miguel Carrasquillo no murió como quería. Murió con mucho dolor. Sufriendo. Tras meses de una verdadera agonía.

 

Miguel, de 35 años, quería que los doctores lo ayudaran a morir. Pero ninguno lo hizo. Estaba en Puerto Rico y las leyes ahí no permiten la llamada “muerte asistida”. Y tampoco tenía el dinero para viajar a uno los cuatro estados –Oregon, Washington, Montana y Vermont- que sí lo permitían. (A partir del 9 de junio, California se ha sumado también a esos estados.)

 

En el proceso de “muerte asistida” los doctores dan los medicamentos e información necesaria para que sea el mismo paciente quien se quite la vida. Es distinto a la eutanasia en que el médico participa activamente quitándole la vida al paciente (como lo hizo en varias ocasiones el doctor Jack Kevorkian).

 

Hablé con Miguel, vía satélite, un par de semanas antes de su muerte. Estaba muy cansado. Su voz era lenta y apenas audible pero se entendía si le ponía mucha atención. Así me explicó la terrible noticia que recibió en marzo del 2012.

 

“Me dio un dolor de cabeza muy fuerte y me dio una parálisis completa del lado derecho”, me dijo. Le hicieron exámenes, tomografías y biopsias. La conclusión fue devastadora: un tumor cerebral incurable. “Ese tumor ya se había regado por todo mi cuerpo y yo no lo sabía”

 

Miguel, quien vivía en Chicago y era un chef, se quedó sin opciones. Fue entonces que decidió pasar sus últimos días en Puerto Rico, junto a su mamá. Pero cada día era una angustiosa rutina: despertar, dolor, medicamentos, dormir y luego volver a despertar por el dolor. “La gente dice que esto (de la muerte asistida) es un tabú”, me dijo. “Para mí no es un tabú. ¿Tú te imagines lo que es para una persona estar en una silla de rueda o encamado sufriendo dolores? ¿Por qué no tomar la decisión como ser humano de quitarte la vida, si la vida es tuya?”

 

Esa era su filosofía: “La vida es tuya y tú la vives como la quieras vivir… Esto no es nada malo. La vida es tuya. ¿Por qué no hacerlo?” Pero era una filosofía que no compartía la mayoría de los políticos en Puerto Rico ni la iglesia católica.

 

 

 

“Yo hago una pregunta”, me dijo Nilsa Centeno, la mamá de Miguel. “La iglesia católica me dice a mí que tenga fe. El morir dignamente para ellos es un pecado. Pero si para el ser humano ya no hay alternativa ¿por qué no podemos tener (la muerte asistida) como una consideración?… La muerte es lo más seguro que tenemos todos y debemos decidir cómo morir.”

 

Nilsa, al final de cuentas, tuvo que hacer lo más difícil que puede pedírsele a una madre: acompañar a su hijo a morir. “Sí, es fuerte, es fuerte. Porque yo fui la que lo traje al mundo. Pero esta decisión de morir dignamente él la quiere. Y si él la quiere, yo la voy a apoyar. Realmente el dolor que él siente, nadie se lo imagina.”

 

¿Estás preparado para morir? le pregunté a Miguel, cuidando cada una de mis palabras. “Oh sí”, me dijo. “Yo estoy listo hace ya un par de meses”. Pero se había quedado sin dinero -para mudarse a un estado que le permitiera morir con ayuda médica- y sin más alternativa que esperar el final. “Opciones, no tengo ninguna, ninguna”, me dijo. “He logrado lo que tenía que lograr. Es algo bien fuerte. Llevo la vida sentado (y tomando medicamentos). Apenas te dan ganas de comer. Y es bien triste, bien triste.”

 

Y entonces, Miguel cerró los ojos. No podía más. Estaba tan cansado que apenas podía subir los párpados. Había que terminar la entrevista, la última que dio antes de morir. ¿Por qué hablas conmigo? le pregunté antes de irme. Porque este es un tema del que hay que hablar abiertamente, me dijo.

 

Cada noche Miguel y Nilsa se despedían “con un beso y un abrazo”, según me dijo él. Ella, a su vez, le aseguraba que siempre estaría a su lado. Cuando me lo dijo, madre e hijo estaban agarrados de la mano. Pero, en realidad, Nilsa esperaba que una noche Miguel no despertara más: “La opción es que Miguel se acueste a dormir y no despierte. Todas las noches nos despedimos, porque él se me puede ir en un sueño profundo”.

 

Eso precisamente ocurrió. Una mañana de domingo, Miguel no despertó más. Y solo así dejó de sufrir.

 

 

 

Preámbulo violento

de una elección candente

Por Maribel Hastings

Asesora ejecutiva de America’s Voice.

La salida del primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos, Barack Obama, se aproxima veloz, y la campaña por su sucesor o sucesora entra, a partir de la semana que viene, en una de las etapas decisivas al iniciarse las convenciones que nominan oficialmente a los contendientes a la Casa Blanca.

 

Todo se produce en medio de una convulsa atmósfera marcada por la división en varios frentes: entre las élites partidistas y las bases de los partidos políticos; entre aquellos cuyos millones les compran conexiones y favores políticos, y quienes tienen que rascar la tierra para sobrevivir; entre afroamericanos, hispanos y otras minorías, y las autoridades que hacen de ellos su objetivo favorito para la práctica de perfiles raciales; entre autoridades que, a su vez, se convirtieron en víctimas de un francotirador afroamericano en Dallas, Texas que segó la vida de cinco uniformados. De división por el control de armas; de división entre dos aspirantes presidenciales con marcadas diferencias de visión sobre el futuro de Estados Unidos: uno, Donald Trump, que apela al pesimismo y la xenofobia; y otra, Hillary Clinton, que espera que ese pesimismo y esa xenobofia no prevalezcan en las urnas el próximo 8 de noviembre. Dos candidatos que incluso generan división dentro de sus propios partidos y no generan amplia confianza entre los electores.

 

Este verano ha visto una masacre en Orlando, Florida; malas noticias para los inmigrantes al no poder destrabarse las acciones ejecutivas migratorias que habrían amparado de la deportación a unos cinco millones de indocumentados; dos afroamericanos murieron a manos de policías en Minnesota y Louisiana. El odio ha sido doméstico e internacional.

 

Ha visto también el ascenso de un candidato presidencial republicano que ha basado su campaña en explotar tensiones raciales. Tras el ataque en Dallas reaccionó en un video diciendo que esas tensiones raciales “han empeorado” y pidió “oraciones, amor, unidad y liderazgo” a pesar de que sólo ha apelado a la división, al racismo, la xenofobia y lo menos que ha evidenciado es liderazgo.

 

Todos estos desarrollos son manifestaciones de una clara realidad que se reconoce pero que es difícil encarar o solucionar. Tras la elección de Obama en 2008 muchos cantaron victoria pensando erróneamente que habíamos entrado en una era post racial. Nada más apartado de la realidad.

 

 

 

 

 

Por el contrario. Hay sectores de este país que todavía no se recuperan de que un afroamericano haya ganado la presidencia, no una sino dos veces. Hay sectores que ven en la creciente diversidad de esta nación no una oportunidad sino una amenaza. Hay sectores que culpan a las minorías de todos los males que los aquejan; y los males que aquejan a las minorías parecen invisibles. La indiferencia, se ha visto, puede tener resultados explosivos.

 

Pero aunque Trump y su séquito nos quieran vender el pesimismo como motor de votación, Estados Unidos, con todo y sus problemas, sigue siendo un líder mundial al que aspiran a llegar millones alrededor del mundo.

 

En 2008 Obama ganó la presidencia apelando al cambio y la esperanza. No todo ha sido posible porque la solución no radica en un solo individuo sino en la sociedad y en cada uno de nosotros. La solución no se consigue en dos periodos presidenciales. Es un proceso largo y constante.

 

El cambio y la esperanza deben seguir siendo nuestro norte para evitar que el pesimismo nos paralice al grado de que prevalezca. En palabras del poeta nicaragüense Rubén Darío: “Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas”.

El dictadorzuelo no se quiere ir

Por Jorge Ramos

Los dictadores -y sus imitadores, los dictadorzuelos- nunca dejan el poder por las buenas. Es preciso sacarlos. Pero hay maneras de sacarlos.En el caso de Nicolás Maduro en Venezuela la cosa es complicada. Primero, porque él no se percibe a sí mismo como un dictador. Segundo, porque Venezuela todavía no es una dictadura tipo Cuba; la oposición controla la Asamblea Nacional. Y tercero porque la misma constitución bolivariana incluye una salida democrática a través de un referendum revocatorio. La pregunta es ¿cómo salir de un líder que ya no es demócrata en un sistema autoritario?

 

Cuando a Hugo Chávez se le ocurrió incluir en la constitución de 1999 un referendum revocatorio, nunca se imaginó que se le aplicaría a él -en el 2004- y luego al líder que escogería por dedazo para sustituirlo. Chávez superó el referendo y se quedó en el poder hasta su muerte. Pero pocos creen que Maduro podría hacer lo mismo con uno de los peores gobiernos en la historia de Venezuela.

 

¿Es Venezuela una dictadura? le pregunté al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. “Nosotros no hemos utilizado ese término en nuestro informe”, me explicó. “Pero sí hemos hecho referencias a problemas serios que existen en el funcionamiento democrático de Venezuela. La existencia de presos políticos es totalmente inconsistente con el concepto mismo de democracia. El hecho de poner obstáculo administrativos a la realización del referéndum revocatorio es obstaculizar a la gente para que se exprese. Es muy importante que se haga este año. No hacerlo afectaría variables de legitimidad del gobierno”.

 

Almagro se ha atrevido a hacer algo que su predecesor, Jose Miguel Insulza, evitó durante toda una década: invocar la Carta Democrática de la OEA. Insulza, cuidadoso de las formas y las palabras, nunca tuvo el valor y la decencia de enfrentar a Chávez y a Maduro. Prefirió no hacer olas. Almagro, en cambio, ha desatado una tormenta.

 

“Negarle la consulta al pueblo, negarle la posibilidad de decidir, te transforma en un dictadorzuelo más como tantos que ha tenido el continente”, le dijo Almagro a Maduro. Eso, sin duda, no es diplomático pero sí es la verdad.

 

 

 

 

La pobreza mental

(Aquí no hay la intención de ofender a nada ni a nadie)

 

Por Tito Ortiz Burbano de Lara

Hay muchos tipos de pobreza, tales como: la económica, la espiritual, y la mental, ¡QUE ES LA PEOR DE TODAS! La pobreza mental traducida a un lenguaje más entendible para algunos vendría a ser la Ignorancia! Y SON NIVELES DE IGNORANCIA INSULTANTES Y DE MUCHA RUDEZA.

 

Es decir la vamos descubriendo empíricamente con el trato a las personas, políticos, y a su vez según su nivel de educación y su nivel cultural dejan mucho que desear según los estándares de educación y cultura que no tengan o que éstos hayan adquirido.

 

La falta o escasez de conocimientos o estudios generan o crean en las personas un grado de ignorancia que inhabilitan a éstas poder realizar ciertas actividades y no les permite ver la realidad de una manera objetiva. La pobreza mental no empieza porque la gente no tenga dinero si no de cómo piensa, puede haber gente adinerada que no puede manejar su vida de manera ordenada, también éstos tienen pobreza mental. En sí la respuesta no está en los millones o fortuna, está en el poder de tu mente y cómo piensas.

 

También es bueno adherir que la pobreza mental se genera por la mala educación, la mala organización. Un caso patético de la pobreza mental es que esa persona piensa que siempre ha sido pobre, es pobre y va a ser pobre!, usualmente son personas egoístas que tienden a realizar fraudes y sus valores éticos son negociables ( al buen entendedor, pocas palaras).

 

Lo peor de todo es que las personas con alto nivel de pobreza mental llegan a una edad, que creen saberlo todo, que no necesitan estudiar o leer, les pones un tema culto al frente y lo desechan, les pones un libro al frente y lo insultan en vez de leerlo.  Aunque parezca mentira, son audaces para pensar en el fraude y el dinero fácil. Las características de un pobre mental son las siguientes:

1) Son intolerantes para aceptar un consejo que los eleve como personas y los haga más dignos en su forma y estilo de vida.

2) Tienen un alto grado de complejo social sea de superioridad o inferioridad. Los dos terribles.

3) El orgullo los carcome, pues es su bandera de guerrero

4) Se alimentan de los chismes, nunca verifican la información y afirman la ignorancia con su forma de pensar.

5) No creen en sí mismos, son expertos copiadores de personalidades, no son auténticos.

6) Desechan el conocimiento radicalmente.

 

 

 

La oposición venezolana -con el apoyo de 20 países en la OEA- por fin ha encontrado la salida. Maduro ve el final y por eso está peleando como gato en el agua. Trató de bloquear el proceso para activar la carta democrática en la OEA y no pudo. Ahora busca sacar el asunto de la OEA y llevarlo a una reunión en República Dominicana -o donde sea- para ganar tiempo y apoyo de sus incondicionales.

 

Mientras tanto, un grupo de chavistas busca que el Tribunal Supremo de Justicia desconozca a la Asamblea Nacional. En ninguna democracia un poder puede cancelar a otro. Pero en la Venezuela madurista todo es posible. Y esa falta del equilibrio de poderes le preocupa a Almagro. “Aquí hay un desconocimiento permanente del poder legislativo”, me dijo, “y eso afecta todo el funcionamiento de la democracia en Venezuela.”

 

Venezuela está al borde del colapso. El desabastecimiento está generando dramáticos casos de hambruna en un país que, hasta hace poco, era considerado uno de los más ricos del continente. La corrupción del chavismo es a plena luz del día; no hay que esconderse porque los del gobierno se sienten impunes. Y el crimen y la inflación son el purgatorio todos los días.

 

Un gobierno relativamente racional buscaría menos muertos y más orden. Pero el régimen de Maduro hace mucho que perdió el rumbo y me recuerda una frase del personaje central de la novela de Gabriel García Márquez, El General En Su Laberinto: “Nuestra autoridad y nuestras vidas no se pueden conservar sino a costa de la sangre de nuestros contrarios.”

 

Lo dicho: ningún dictadorzuelo se va por las buenas.

 

Posdata. Hay que prepararnos para la siguiente masacre en Estados Unidos. A pesar del enojo y la tristeza tras la matanza de 49 personas en Orlando, nada -¡absolutamente nada!- se ha hecho para evitar otro incidente similar. El congreso se cruzó de brazos y hoy es tan fácil comprar armas de guerra como lo fue antes de la tragedia en la discoteca Pulse. O sea, prepárense.

 

 

Ahora hay formas o métodos para salir de ese tipo de pobreza, estos son:

1) Estudiar y mejorar la educación

2) El mejoramiento de las relaciones familiares y socializar de manera moderada

3) Realizar o asistir a actos culturales que enriquezcan tu vida

4) Dedicación a la conciencia propia, es decir la reflexión

5) Programas televisivos de calidad no de cantidad, que te enriquezcan intelectualmente

6) Charlas motivacionales

7) No seas tan religioso, ni espiritualices todo. ( con todo el respeto)

8) Combate la delincuencia o la corrupción

9) Se un constructor de algo,  no un destructor de todo

 

Solo depende de la persona, si desea tener ese status quo en tu vida, el de la pobreza mental,  no se debe ser parte de las mentes vacías, que son las que más ruido hacen y este catastrófico, la educación, el conocimiento tienen poder negociador y decide el futuro, recuerda hay una gran brecha entre una persona educada y una culta, son dos cosas distintas y la segunda tiene más peso que nada. Recuerden esto: cuando la ignorancia critica y envidia, la inteligencia observa, escucha y se ríe. Pero lo más importante es poner la dedicación, fe y confianza en el  Maestro de TODO El Dios Altísimo y Eterno.

 

Hasta la próxima edición!

El Salvador: su

segunda Guerra Civil

Por Tito Ortiz

Desde los inicios de los años 80’s hasta el año  de 1992 se libró la guerra civil más sangrienta y de continuidad: la guerra civil de El Salvador, donde los combates furiosos entre los izquierdistas guerrilleros, y las fuerzas regulares, es decir los militares  se enfrentaron arduamente produciendo más de 75.000 muertes, muchos desaparecidos, masacres intolerantes como la de Mozote, y casi la toma de San Salvador por parte del FMLN (grupo guerrillero) causando estragos sociales y económicos en ese pequeño país centroamericano de la más alta escala en América Latina.

 

El objetivo de la guerra civil en ese tiempo era lograr una mejor distribución de la riqueza, acabar con el latifundio de los gamonales millonarios y la reconstrucción de la ‘clase media’ y supuestamente reducir los índices de pobreza que llegaban al 70% de la población, que en ese tiempo era una estadística aterradora y vergonzante hacia los políticos de turno de ese país.  A la final se logró consolidar la paz, con la firma del Acuerdo de Paz de Chapultepec el 16 de Enero de 1992, entre el Gobierno de El Salvador representado por el multimillonario y Presidente de ese entonces Alfredo Cristiani, y el Frente Farabundo Martí Para La Liberación Nacional con sus siglas FMLN, este último representado por sus máximos líderes  Shafick Handal  y Salvador Sánchez Ceren, actual Presidente de El Salvador.

 

Los problemas sociales en ese país son uno de las injusticias de la región latinoamericana, tomando en cuenta que cuando se firmó la paz no reestructuraron la parte social, solamente fue la política, es decir más espacio político a los de izquierda,  derecha y los militares.  La clase media ha sido eliminada por completo, es decir sólo hay ricos y pobres, pues lo peor que le puede pasar a un país es la polarización de clases. La poca clase media si se le puede llamar así es más cultural que económica. Todo este conflicto, agregando los grados de corrupción política a nivel de Estado, ha desatado una segunda crisis y está casi irreversible, se llaman: LAS

Pandillas o Maras Salvatruchas.

 

Estos se han propagado como ratas, perdón la expresión!, desatando una mortandad incontrolable de 90 muertos diarios , más del doble que la guerra civil pasada, haciendo de El Salvador el país más violento del mundo, con grados de extorsión incalculables,  superando a África. ¡Qué les parece!.

 

 

A éstos se los han querido tapar diciendo que son hijos lamentables de la guerra civil…Mentiras, una insensatez terrible…Las Naciones Unidas y otros gobiernos, ha donado y apoyado para que la educación y cualquier otro problema sea suplido allí con relación a la educación social básica, Las pandillas o maras salvatruchas son un grupo de delincuentes atroces que no deben ser considerados en nada, Los derechos humanos existen,  pero los derechos humanoides NO!

 

A este tipo de gente, estofa y lacra social considerados por el gobierno actual y en su constitución como terroristas, se los tiene que combatir de manera firme y agresiva, sin ninguna contemplación, porque sus acciones, sumado a sus hechos no los justifica, mejor dicho con terroristas no se negocia, así de simple, se les da!!.

 

La segunda guerra civil de este país se ha dado y declarado; desde los años noventa, es decir con los pandilleros, vagos irracionales, que no viven, ni dejan vivir.  Matan el espíritu de de prosperidad y de trabajo en el El Salvador, por medio del chantaje, el crimen, la extorsión,  las amenazas; causando muertes a gente honesta que lo único que quieren son dos cosas: trabajar y comer, porque para lujos no alcanza.

 

 

Pero quiero ir más ‘profundo’ aquí, así no les guste a algunitos, que se las dan de honestos y santos de la política social de ese país. Los partidos políticos de derecha e izquierda tienen y han tenido con algunos de sus miembros contactos con las pandillas realizando alianzas que no son estratégicas si no de vergüenza!! Para la estructura política de ese país, ya acabada por la corrupción sistemática que se vive.

 

Ese hecho ha complicado buscar una solución ‘racional y humana’ para reformar toda esa caterva de vagos y sinvergüenzas, como lo son los mareros o pandilleros.  He tenido la oportunidad ver de cerca la situación socio-política de este país, y es totalmente inaceptable, la pobreza abarca ahora al 80% de la población, peor que en la guerra civil, los gobiernos no han tenido la tenacidad, firmeza, coraje, peor… los que sabemos bien puestos…..para enfrentar y afrontar las pandillas a su tiempo, más bien han tenido la cobardía  de negociar con ellos, dándoles espacios sociales dentro de la legalidad de la sociedad salvadoreña. Injusto totalmente!!, Dar espacios a un grupo de vagos y antisociales, esto se lo atribuye al gobierno “funesto de Funes”, payaso de la política de izquierda que maquilló el pus con el arte de la mentira y el engaño.  El temple de un político se ve cuando toma decisiones firmes, que no le tiemble el alma, ni la mente;  para salvar a una nación de un desastre, y no maquillándola de beneficios sociales de baja calidad…..al buen entendedor pocas palabras.

 

Para concluir, la clase política salvadoreña  tiene muy pocos “Peter Pans”, que tengan un balance entre lo social y la prosperidad económica,  tienen aun una elite con  una pobreza de espíritu compasivo a su propia gente, tienen en su estructura el pensamiento feudal del siglo 18, es decir el que mi importismo por la clase media, peor la pobre.  Esa comportamiento de la élite política social de El Salvador ha dado espacio a la germinación de grupos intolerables como las maras salvatruchas o pandillas, seres humaniodes que deben ser combatidos en todos sus ángulos, social, del narco negocio, la extorción, etc., etc. NO SE PUEDE NEGOCIAR CON TERRORISTAS, a éstos se los combate.  Hasta la próxima edición.

 

 

El día más triste

Por Jorge Ramos

Algo no está bien cuando unos celebran el dolor de millones. Ese es un día muy triste. Vi a muchos políticos aplaudir la decisión de la Corte Suprema y a familias enteras llorar de enojo, de rabia, de frustración, de miedo. Aplauden que miles de padres y madres podrían ser deportados y separados de sus hijos.

 

Los ocho jueces de la Corte Suprema no se pusieron de acuerdo y, con una votación de cuatro contra cuatro, se lavaron las manos y decidieron no decidir. Así, quedó atorada la llamada “acción ejecutiva” del presidente Barack Obama que hubiera beneficiado (con permisos de trabajo y una protección contra la deportación) a más de cuatro millones de indocumentados. Obama, inexpresivo, salió en televisión a decir que, legalmente, ya no podía hacer más.

 

Todo queda pendiente. La pregunta es ¿qué vamos a hacer con los 11 millones de indocumentados que hay en Estados Unidos? Obama, cuando pudo hacer algo -en el 2009- no lo hizo y ahora ya es demasiado tarde. A la Corte Suprema le falta un juez y habrá que esperar hasta que el nuevo presidente o presidenta elija al noveno miembro. Pero ese es un proceso legal largo e incierto.

 

Esto nos deja con el congreso en Washington donde, por definición, todo se atora. Tirarse al piso y sentarse hasta que se apruebe una ley -como hicieron varios congresistas demócratas- tampoco funciona. Si no funcionó para limitar el uso de armas de fuego tampoco servirá para legalizar a 11 millones.

 

¿Entonces? Entonces nos quedan los “Dreamers”. En ellos sí confío. Confío en su honestidad y en sus estrategias. Ellos saben presionar a los congresistas y senadores hasta que los oigan. A veces se meten en sus oficinas y no se van hasta ser recibidos. Otras los persiguen a los restaurantes. Unas más los bombardean con llamadas y mensajes en las redes sociales. Sus tácticas no son muy tradicionales pero funcionan.

 

¿Por qué lo hacen los “Dreamers”? Porque no tienen nada más que perder. Sus papás pueden ser deportados en cualquier momento y, si Donald Trump llega a ser presidente, ya prometió cancelar las órdenes ejecutivas de Obama. Eso los dejaría en un limbo migratorio. Los “Dreamers” están acostumbrados al riesgo y han aprendido que lo primero es perder el miedo.

 

 

Su misión es convencer al líder de la Cámara de Representantes, el Republicano Paul Ryan, a hacer lo que John Boehner, cobardemente, no se atrevió desde el 2013: poner a votación una propuesta de reforma migratoria. Si eso ocurre, el Senado se vería obligado a actuar también. El problema es que los Republicanos en el congreso no piensan como la mayoría de los norteamericanos.

 

A pesar de la retórica antiinmigrante de Donald Trump, el 75 por ciento de los estadounidenses estaría dispuesto a que los indocumentados se quedaran, si cumplen ciertas condiciones, de acuerdo con una encuesta del Centro Pew del pasado mes de marzo. Sólo el 23 por ciento no los querrían aquí.

 

Entiendo, sin embargo, que estas cifras no han servido de mucho. A veces parecería que nos estamos enfrentando a un asunto totalmente irracional. Desde que llegué a este país en 1983 nunca había sentido tanto odio como ahora.

 

El efecto Trump, sin duda, ha sido muy nocivo en la percepción que hay sobre los inmigrantes. Si un candidato presidencial insulta a mexicanos y musulmanes ¿por qué sus seguidores no van a seguir su ejemplo? Mitt Romney, el excandidato presidencial Republicano, le llamó a esto “trickle down racism” (o la promoción del racismo desde arriba hacia abajo). Comentarios que antes sólo se decían en la cocina o en la recámara ahora se han vuelto virales. El odio se ha democratizado.

 

La decisión de la Corte Suprema ocurrió, por pura casualidad, el mismo día que Gran Bretaña votó por salirse de la Unión Europea. Hay días en que el miedo gana. La xenofobia puede voltear cualquier elección. Y a eso está apostando Donald Trump.

 

Espero que esta ventana de odio se cierre pronto y que Estados Unidos, que tan generosamente me ha tratado, haga lo mismo con los que llegaron después de mí. Pero si no es así, las votaciones del 8 de noviembre podrían corregirlo casi todo. Por cada indocumentado habrá, por lo menos, un votante hispano. Y los latinos suelen recordar a quien los acompaña en sus días más tristes.

 

 

Supremo golpe a las acciones ejecutivas; suprema importancia del voto latino

Por Maribel Hastings y David Torres

America’s Voice

Tras conocerse que la Corte Suprema de la nación no destrabó las acciones ejecutivas migratorias de 2014, la Acción Diferida para Padres de Ciudadanos y Residentes Permanentes (DAPA) y la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA plus), éstas fueron algunas de las reacciones de los inmigrantes que aguardaban fuera del máximo tribunal por mejores noticias:

 

“Es una triste noticia, y aunque no nos rendimos, vamos a seguir viviendo con ese temor (a la deportación)…Ahora vamos a trabajar duro para las elecciones, ver qué podemos hacer y mandarles un mensaje claro de que aquí estamos..Con más temor, sí, pero el temor te hace reaccionar con más energía y sin cansancio hasta llegar a la meta. No nos vamos”, dijo Isabel Aguilar, una hondureña indocumentada con 13 años viviendo en Estados Unidos y dos hijos ciudadanos.

 

“Nuestras esperanzas estaban puestas en ellos (el Supremo) porque tenemos muchos años de vivir acá, pagamos impuestos, acatamos las leyes. Nos decepcionaron, pero en noviembre vamos a actuar. Desde hoy vamos a seguir para lograr esa victoria”, agregó María de León, una guatemalteca indocumentada, madre de hijos ciudadanos y con 13 años viviendo en Estados Unidos.

 

El empate 4-4 del Supremo supone que se mantiene vigente el fallo del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito que sostuvo el bloqueo de las acciones ejecutivas migratorias emitido por el juez federal de distrito de Texas, Andrew Hanen.

 

Aunque el empate mantiene el caso con vida y no sienta un precedente nacional, es sin duda un brutal golpe a los millones de indocumentados y sus familiares ciudadanos y residentes permanentes que llevan años aguardando por una solución que les permita seguir contribuyendo a este país sin el constante espectro de la deportación.

 

 

Y más allá del terrible impacto humano, está el impacto político. La indecisión del Supremo resalta la enorme importancia que tendrá la próxima elección presidencial por lo que está en juego: no sólo el futuro de las acciones ejecutivas migratorias, sino el futuro de la reforma migratoria amplia por la vía legislativa, la única solución permanente.

 

Se refuerza además el peso del tema migratorio en medio de la agria campaña presidencial y es de anticipar que, a pesar de que el Supremo no falló en torno a los méritos del caso o la constitucionalidad de las acciones ejecutivas migratorias giradas por el presidente Barack Obama, el virtual nominado republicano, Donald Trump, y los detractores de las acciones ejecutivas echarán mano del empate para indicar que el presidente rebasó su autoridad constitucional cuando no es así.

 

De otra parte, este empate le agrega una arruga al legado del presidente Obama en materia migratoria. Primero no pudo promulgar la reforma migratoria que prometió en 2008, por las razones que fueran, y luego no fue hasta 2012 que giró el DACA original. Hay que aclarar, de paso, que lo ocurrido en el Supremo no afecta DACA 2012 en ningún modo.

 

Y Obama giró DACA plus y DAPA en 2014 luego de que en 2013 el Senado aprobara una reforma migratoria amplia que la Cámara Baja de mayoría republicana nunca consideró ni en 2013 ni en 2014. Cuando Obama giró las órdenes ejecutivas en 2014, entonces lo acusaron de saltarse al Congreso aunque ese Congreso de mayoría republicana claudicó a su responsabilidad de legislar y nunca hizo nada cuando tuvo la oportunidad.

 

Pero la realidad es que, de momento, el legado migratorio de Obama será DACA 2012, su intento de implementar DACA ampliado y DAPA, todo eso enmarcado en su récord de deportaciones.

 

 

Independientemente del fallo, se sabe que la única solución permanente que abarque al universo de 11 millones de indocumentados es una reforma migratoria por la vía legislativa.

 

Obama la prometió en 2008 cuando era aspirante presidencial, pero no la impulsó cuando su Partido Demócrata controló ambas cámaras del Congreso en 2009 y 2010, puesto que la economía y la reforma de salud se robaron todo el oxígeno.

 

Tras casi ocho años de espera por una salida legislativa que todavía no llega, la comunidad inmigrante había cifrado sus esperanzas en las acciones ejecutivas que habrían ayudado a poco menos de la mitad de los indocumentados que residen en Estados Unidos.

 

Con la elección presidencial en puerta, el asunto ha cobrado mayor interés dada las marcadas diferencias de los dos virtuales nominados presidenciales de ambos partidos.

 

La virtual nominada presidencial demócrata, Hillary Clinton, aboga por la reforma migratoria amplia aunque ha indicado que tiene mayores posibilidades con un Senado demócrata. La ex-Secretaria de Estado defiende además las acciones ejecutivas migratorias giradas por Obama.

 

El republicano Trump, por su parte, ha propuesto la deportación de los 11 millones de indocumentados, levantar un muro en la frontera con México y revocar las acciones ejecutivas.

 

De ahí que los defensores de los inmigrantes insistan en la importancia de registrarse y votar, pues tanto el futuro de la reforma migratoria legislativa como el de las acciones ejecutivas migratorias, sobre todo DACA 2012 que se está implementando, estarían en juego.

 

El supremo golpe a las acciones ejecutivas migratorias subraya la suprema resistencia de los indocumentados y sus familias, y la suprema importancia de elegir candidatos en noviembre que respondan a las necesidades de los inmigrantes y sus parientes ciudadanos, incluyendo muchos que acudirán a las urnas.

 

(*) Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice y David Torres es asesor de medios en español de America’s Voice.

 

 

Odio en Orlando

Por Jorge Ramos

“I love you”, decía el mensaje de texto. La mamá me enseñó su celular donde aparecía el mensaje de su hijo a las 2:07 de la mañana. Y después nada. Esa pantalla, fría y rallada, era lo único que le quedaba de su hijo. La mujer no pudo decirme más y se fue llorando. No sabía si su hijo había muerto o estaba herido. Me quedé inmóvil mientras la vi irse. (Luego, por la televisión, me enteraría que su hijo fue uno de los 49 muertos en el centro nocturno Pulse.)

 

A las afueras de un centro comunitario en Orlando, donde se estaban reuniendo los familiares de las víctimas, me encontré a un hombre mexicano que acababa de llegar de Chicago para identificar el cadáver de su hijo. Salió a buscar unos lentes oscuros de su auto. Tenía los ojos rojos, reventados de tanto llorar.

 

Una tía de Puerto Rico buscaba infructuosamente una foto de su sobrino en el celular para enseñármela. Pero ya lo había perdido dos veces; en su teléfono y en la discoteca.

 

Cuando llegué al hotel la noche del domingo –el mismo de la masacre- no podía sacarme de la cabeza a la madre del texto, al padre de Chicago, a la tía que buscaba un poquito de esperanza en su celular. Esas era caras de la tristeza más infinita. Y luego pensé: pude haber sido yo o mis vecinos o mis amigos.

 

Ese es el horror del terrorismo; que nos puede pasar a cualquiera en cualquier momento. Si el pistolero hubiera decidido viajar dos horas al sur, hacia Miami, en lugar de manejar dos horas al norte, hacia Orlando, la tragedia habría sido cerca de casa.

 

Como periodista, sigo tratando de entender lo que pasó en Orlando para luego explicarlo en la televisión, en mis columnas, Twitter y Facebook. Pero es complicado.

 

La masacre de Orlando –la peor en la historia de Estados Unidos realizada con un tiroteo- no puede explicarse tan solo como un acto terrorista. Ni simplemente como un ataque homofóbico. Ni tampoco como un problema por el fácil acceso a las armas de fuego. Ni como un asunto de salud mental. Ni como un agravio a la comunidad latina. Ni como un acto individual de un joven ególatra, trastornado y estúpido. No, lo de Orlando es todo esto junto y más.

Es, sin duda, un acto de odio, como lo describió el presidente Barack Obama. Pero el problema en Estados Unidos es que los que están llenos de odio pueden comprar un arma de guerra en solo unos minutos. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca en el 2008 ha dado 16 discursos después de una masacre. Diez y seis. Y Donald Trump o Hillary Clinton darán muchos más por qué aquí no hay ninguna voluntad política para limitar el acceso a los rifles y pistolas.

 

Traducción: hay que prepararse para la siguiente matanza. Hoy en el noticiero hicimos un reportaje sobre qué hacer en caso de que alguien se meta a un lugar público y empiece a disparar. Primero huye. Si no puedes, escóndete. No pierdas tiempo llamando a familiares, al 911 o a la policía. No te hagas el muerto; el pistolero puede venir a rematarte. Y si no tienes más remedio, ataca al atacante. Otros quizás hagan lo mismo y se salven. No quisiera tener esta plática con mis hijos pero ya es inevitable.

 

Nada, ni el dolor más personal, se escapa de la política en un año electoral. Trump insiste en su propuesta de prohibir temporalemente la entrada a los 1.600 millones de musulmanes en el mundo. Pero eso no hubiera evitado esta masacre ya que el pistolero, Omar Mateen, nació hace 29 años en Nueva York. Trump, que tiene una respuesta para todo, dijo que el terrorista nació aquí porque el gobierno le permitió a su familia emigrar a Estados Unidos. Eso es culpabilidad por vínculo sanguíneo.

 

La realidad es que no podemos sancionar a toda una religión por lo que hizo una sola persona. Eso sería tan absurdo como culpar a todos los estadounidenses blancos de la matanza realizada por Adam Lanza en una escuela de Connecticut en el 2012 -donde murieron 20 niños- o por el acto terrorista de Timothy McVeigh contra un edificio del gobierno en Oklahoma City que dejó 168 muertos en 1995.

 

Todos mis viajes anteriores a Orlando fueron para divertirme. Esta vez, sin embargo, fue para ver lo que hace el odio. Uno espera que después de un texto que diga “I Love You” haya, por lo menos, una sonrisa. No la muerte.

 

 

“Ser gay en USA es un acto subversivo”

Por Gabe Ortiz

America’s Voice

(Miembro de la familia de America’s Voice, Ortiz escribió este elocuente artículo para el Washington Post.

 

Al menos 50 personas fueron masacradas el fin de semana cuando un sujeto disparó dentro de un club en Orlando lleno de gente que festejaba el Mes del Orgullo Gay. Nos estamos enterando de más detalles sobre el asesino, quien aparentemente tiene una historia de violencia y fanatismo, con frecuencia hacia la comunidad LGBT. Según la información, el padre del asesino dijo que su hijo se había “enojado mucho” después de ver a dos hombres besándose en público hace algunos meses.

 

Es así como vivimos nuestras vidas como lesbianas, gay, bisexuales y trangénero en Estados Unidos. Aún en 2016, nuestra mera existencia puede todavía ser considerada una amenaza.

 

Nuestro movimiento ha hecho increíbles progresos en la batalla por la igualdad en años recientes. Un presidente en funciones respaldó el matrimonio igualitario. La Corte Suprema lo hizo ilegal. Al menos 225 ciudades y condados alrededor de Estados Unidos prohíben la discriminación en el empleo con base en la orientación sexual o la identidad de género. Nos estamos haciendo más visibles en la televisión y en las películas. Sería fácil pensar que la lucha por la igualdad se acabó.

 

Pero en la mayoría de los estados, a una persona aún se le puede negar el servicio por ser gay y puede ser despedida debido a su identidad de género. Recientemente, legisladores republicanos han intentado hacer la vida tan miserable como sea posible para los estadounidenses transgénero al restringirles el acceso a baños públicos. La matanza masiva en Orlando puede ser la peor en la historia de Estados Unidos, pero de ninguna manera es un acto aislado contra la gente LGBT. Estadounidenses han sido baleados, acuchillados, ahogados y golpeados por el delito de ser LGBT —por sus compañeros de clase, su padres, sus vecinos y con frecuencia por desconocidos. Ser gay en 2016 es aún de muchas maneras un acto peligroso y subversivo.

 

Bares y centros nocturnos como Pulse, de Orlando, han sido nuestros refugios, donde podemos reunirnos con las familias que hemos escogido cuando nuestras familias de sangre nos han rechazado. Esos son espacios libres de esas miradas incómodas que podemos reconocer muy fácilmente. Mucha gente LGBT prefiere no besarse o no tomarse de las manos en público como medida de protección contra insultos y ataques. Pero como vimos en Orlando, la mortal homofobia y transfobia nos persigue adonde quiera que vamos.

 

En un análisis de datos del FBI, el Southern Poverty Law Center encontró que “es dos veces más probable que la gente LGBT sea objeto de un ataque violento de crimen de odio que judíos o negros. Cuatro veces más que los musulmanes, y casi 14 veces más que los latinos”. La comunidad transgénero ha experimentado devastadores y desproporcionados niveles de violencia. En los primeros cinco meses de este año, 10 personas transgénero fueron asesinadas, la mayoría mujeres transgénero de color. En 2015, al menos 21 mujeres transgénero fueron asesinadas.

 

 

 

 

En 2002, Gwen Araujo, de 17 años, fue estrangulada por cuatro amigos hombres después de que descubrieron que ella era transgénero. En 2008, Lawrence King, de 15, fue baleado dos veces en la cabeza por un compañero de escuela, Brandon McInerney, de 14, enfrente de su grupo. El delito de King: pedirle a McInerney ser su pareja el Día de San Valentín. En 2007, Andrew Anthos, de 72, quien era gay, fue golpeado con un tubo de plomo en Detroit mientras su atacante le gritaba insultos antigay; Anthos murió 10 días después. Y clubes gay, bares y eventos han sido durante mucho tiempo el objetivo de balaceras e incendios provocados. El fin de semana, la policía de Los Ángeles habría evitado otro ataque de un sospechoso que portaba armas y explosivos, y quien dijo que “quería causar daño” al desfile del orgullo gay a realizarse en la ciudad.

 

Hemos hecho del prejuicio un asunto de política pública. No debe sorprendernos entonces que el prejuicio se haya filtrado en nuestras vidas en tantas devastadoras formas. Hasta principios de este año, Mississippi fue el último estado de la nación en no permitir que las parejas del mismo sexo adoptaran niños. Michelangelo Signorile escribió el pasado mes de febrero que los legisladores de más de 20 estados habían impulsado “proyectos de ley sobre libertades religiosas que permitirían discriminar contra los homosexuales a los trabajadores del gobierno, a grupos financiados por los contribuyentes y a las empresas cuyos dueños u operadores se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo”.

 

Como gay latino nunca olvidaré que el objetivo de este carnicero fue un club gay que celebraba su Noche Latina un sábado durante el Mes del Orgullo Gay. Las primeras siete víctimas identificadas fueron hispanas, cinco de las cuales tenían 23 años de edad o menos. Pienso en mí cuando tenía 23 años. Todavía estaba en el clóset, viviendo con el temor de que iba a ser descubierto, y sin sospechar las magníficas cosas que la vida me tenía reservadas. A las víctimas les robaron. A todos nos robaron.

 

Este acto de odio tuvo el objetivo de infligir temor. Es todavía más doloroso en momentos en que la retórica antilatina es tan común. Pero no debemos temer. De eso se alimentan la homofobia y la transfobia y ya hemos avanzando demasiado como para que nos empujen nuevamente hacia el clóset. Para muchos de nosotros esa vida de miedo terminó hace muchos años y así debe permanecer. Debemos seguir luchando por las voces silenciadas en Orlando y por los que siguen viviendo atemorizados en el cloóset.

 

Despertemos de nuestra insensibilidad

Padre Alejandro Mejía

Parroquia Nuestro Salvador

Iglesia Católica de tradición luterana

Estaba en la oficina de la Iglesia el domingo 12 de junio en la mañana cuando, por Facebook, me di cuenta que algo había sucedido en Orlando, Florida. Movido por la curiosidad busqué en Google qué era lo que estaba pasando. El primer resultado que apareció decía: cerca de 50 personas asesinadas en un club gay en Orlando, la peor masacre en la historia de los Estados Unidos. ¡Quedé en shock!.

 

¿Hasta dónde el odio y el miedo ha llevado a nuestra sociedad? Más shock me causó, cuando supe que la gran mayoría de las víctimas eran latinos/as, pues la noche que el asesino particularmente escogió para cometer esta barbarie, fue la noche en la que precisamente el tema de la fiesta en este club era Latino Night.

 

Este acto ha afectado a dos comunidades que se han visto atacadas por décadas. Ya no es simplemente chistes de mal gusto, o micro-agresiones, acerca de ser gay, o ser latino; ya no es simplemente una mirada de desprecio por los prejuicios que cada quien puede tener en contra de latinos/as y gays; ya no es simplemente discursos llenos de racismo y homofobia; se trata ahora de que asesinaron a nuestra gente.

 

Hace poco escuché a un líder religioso de California, quien dijo lo siguiente: “Los cristianos/as no deberíamos entristecernos porque habían asesinado 50 sodomitas. Al contrario, deberíamos entristecernos porque no mataron más. El gobierno deberían poner a todos los homosexuales contra un paredón y fusilarlos”.

 

¡Qué palabras más llenas de odio y violencia! Este mensaje no es para nada diferente al que fue dado a través de la masacre de Orlando. Por motivo de ese tipo de pensamientos y creencias, es que se presentan estos actos barbáricos en contra de minorías. Y es por esto también que hoy muchos y muchas tienen una concepción errónea de lo que es Dios y la iglesia.

 

Por esto, apreciado amigo/a lector/a, hoy, como siervo del Dios Vivo, del Dios de amor, del Dios de la misericordia, del Dios de la compasión, del Dios del perdón, como pastor de la iglesia de Cristo, y como párroco de la Parroquia Luterana Nuestro Salvador, puedo decir que esas palabras y la masacre del domingo 12 de junio no tienen que ver con lo que Dios quiere para su creación.

 

Desde mi fe y la fe que predica la Iglesia a la cual represento, estoy seguro al decir que al igual que nosotros como institución, Dios repudia éste y todo acto de violencia y muerte en contra de su creación, porque eso no es con lo que Él se identifica, no es lo que Él enseña, y esto lo podemos confirmar en la historia de la resurrección de Cristo. Dios es un Dios de vida y de amor.

 

Quizá para muchos podrá ser difícil creer que quienes son LGBTI también son hijos/as amados/as por Dios, y que Dios también les ama incondicionalmente, así como nos ama a todo el resto. Bien lo explicó el apóstol Pedro cuando dijo: ahora entiendo que Dios no hace excepción de personas. Sí, es que Dios no excluye a ninguno de su gracia y su amor. Y es por esa misma razón, que estoy seguro que Él no se alegra porque 50 de sus amados/as hijos/as fueron vilmente asesinados. Desde el domingo 12 de junio Dios ha estado de luto. Dios llora con las familias de las víctimas, y con todos y todas, nosotros y nosotras. Dios quiere consolar a quienes están sufriendo por este acto violento y por causa de todo tipo de discriminación. Y Dios hace esto a través de usted y a través mío. Porque somos nosotros/as quienes Él usa como sus instrumentos.

 

 

 

Viendo la respuesta de muchos y muchas, uniéndose en solidaridad con la comunidad latina y la comunidad gay, estoy convencido que hoy, más que nunca, Dios está con nosotros/as. También estoy seguro, que todo esto puede cambiar si todos y todas nos disponemos a ser verdaderos instrumentos para promover amor y respeto por nuestro prójimo, dejando a un lado nuestros prejuicios, haciendo de la causa de otros/as la nuestra también, de dejar de pensar sólo en nuestro propio dolor y conectarnos con el dolor del otro/a, de salir de nuestra zona de confort, para que representemos amor y clamemos por justicia y el reconocimiento de los derechos y dignidad que todos y todas merecemos por el simple hecho de ser seres humanos.

 

Este acto barbárico, puede ser finalmente el momento en el cual podamos despertar de nuestra insensibilidad, de pensar como verdaderos hijos e hijas de un Padre lleno de amor, y como todo buen hijo e hija, hace lo que su Padre le enseña. Es a través nuestro que Dios hace presente su gracia y misericordia. Es a través de nuestras acciones de bondad y compasión que Dios hace cumplir su voluntad.  Una de mis profesoras en seminario dijo una vez en clase: “Dios solo cuenta con nosotros/as, así como nosotros/as solo contamos con Dios”.

 

Que Dios en su inmenso amor, guarde las almas de estos/as 49 inocentes victimas en su regazo, y brinde su paz y esperanza a las mentes y corazones de las familias de las víctimas de Orlando, a nuestros/as hermanos/as de la comunidad LGBTI, y a nuestra comunidad Hispana. Y que quienes aún estamos en este mundo, nos de la fortaleza de denunciar y actuar en contra del odio, racismo, miedo, prejuicios, y homofobia, para que así podamos tener un mundo tal cual como Dios lo soñó que sería.